El gris plomo y la rebeldía en los muros

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Dos meses y medio de lucha popular en Colombia, más de 70 días de rebeldía extendida por las calles del país “más feliz del mundo”. La alegría que reconocemos en Revolución Obrera es la alegría del pueblo, de los jóvenes, del arte, de la música y los colores que le han puesto a la lucha, resaltamos siempre la necesidad de elevar el nivel de las manifestaciones y que no se limiten a desfiles y carnavales sin intenciones políticas, sin embargo no podemos negar de ninguna forma la capacidad creadora de las masas y en particular de la sangre nueva que ha alimentado las jornadas desde el 28 de Abril.

Y es que los colores que han acompañado las marchas y las actividades día a día, han venido cargados de reivindicaciones políticas, de historias, de denuncias, de solidaridad, de consciencia y de mucha rebeldía, los muros se han llenado de pinturas y carteles como nunca había sucedido en este oscuro país. Canciones emanadas de la indignación por la miseria y la opresión, así como de la rabia ante el actuar terrorista del régimen, se han convertido en la banda sonora de las Primeras Líneas y grupos de choque, en la calentura del tropel en Usmekistan, en Portal de la Resistencia, en Apocalipso, en las calles de Medallo, Cauca y Pasto, en Puerto Resistencia y en el eje cafetero, en Suba, en Facatativá, en Barranquilla, en La Luna y Siloé; de igual manera han acompañado las ollas comunitarias que alimentan a la madre soltera, al joven desempleado, al combatiente exhausto y al anciano sin hogar.

De estas expresiones de rebeldía a través del arte, hoy en particular respaldamos con firmeza las paredes llenas de verdades y mensajes contundentes, porque se han convertido en un arma contra la indiferencia, pero sobre todo contra las facciones más reaccionarias de la burguesía, la que administra este Estado a través de un régimen mafioso y paramilitar. Las grandes letras y pinturas que han adornado todas las ciudades y se han apropiado de espacios públicos para darles un ambiente distinto, un ambiente de poder obrero y popular, han sido el estandarte de la juventud rebelde.      

Respaldamos esta característica grandiosa del movimiento que reta a la legalidad burguesa y a la autoridad de los opresores, que se ha enfrentado a la violencia de las instituciones, los medios y la propaganda represiva de empresarios, políticos y “gente de bien”. Encontramos en ésta, una forma extraordinaria de explosión juvenil como una fuerza nueva de transformación social que se mueve en paralelo a la lucha de las barricadas con la fuerza de las ideas, combatiendo el olvido y la manipulación mediática.

Gente con ínfulas de paraco, “camisas blancas” y uno que otro borrego del uribismo que ni sabe lo que hace, siguiendo las campañas de propaganda negra emitida desde Uribe y su títere, desde los ministerios y los medios de desinformación, se han creído con el derecho de -según ellos- “rescatar las paredes de la ciudad”, reclamando una supuesta tranquilidad y para según ellos “no generar odio” con esos mensajes en los muros. El odio lo traen ellos con su gris pintura del silencio y la violencia, el odio lo cargan ellos con sus camisetas blancas, lo emanan sus alaridos con calificativos violentos contra los jóvenes, lo respiran ellos con la alegría que les causa cada herido, cada muerto, cada descuartizado y cada apaleado, porque “la muerte del pobre justifican” como lo cantan los Alkolirycoz en La caza de Nariño .

Todo el odio de las clases dominantes que hoy es reflejado con el gris de su pintura, es todo lo que tienen: ¡NADA!, cada letra que intentan cubrir es un mensaje cargado de desprecio y de violencia, que se convierte en la sombra del acto brutal de la desaparición, de la violación, de la masacre y de la represión estatal. El acto terrorista que viene de la orden del opresor desde su atril, ejecutado por el perro servil y el sicario uniformado, es luego reforzado con el acto violento de pretender silenciar los gritos del pueblo en muros, calles y andenes: una campaña de “recuperación del espacio”, es el paso siguiente a la operación de desbloqueo a la fuerza de la policía y el ejército, es la reafirmación de la actuación mafiosa de los agentes que sacan ojos, violan mujeres y dejan cuerpos en los ríos, no es únicamente el llamado de un empresario criminal que sale a disparar y a jugar al mercenario en Cali, es la política del Terrorismo de Estado que alimenta el odio de los que se sienten amenazados por el despertar revolucionario del pueblo.

Es el gris del terror su único color, su único mensaje, no les corresponde nada más y no tienen  nada más que ofrecer, porque ni el rojo de la sangre de nuestros muertos les pertenece, es nuestro dolor que se convierte en fuerza, que da a nuestra clase el aliento para continuar con la gran tarea de darle fin, no solo al régimen uribista de Duque, sino a todo aquel que pretenda oprimir e insistir en perpetuar esta estructura basada en la explotación, darle fin al Estado capitalista, construir una nueva sociedad.

El gris plomo y la rebeldía en los muros 3

Hemos insistido en que esas gentes de odio, solo pretenden e intentan silenciar los muros, porque así como ya lo hemos visto, el pueblo no lo permite, continua luchando contra ellos con pintura nueva sobre el gris plomo que cae por su propio peso, con nuevos muros llenos de color acompañados de actividades solidarias y con la firme intención de no dejar apagar la llama de la lucha.  No podrán detener este caudal que va creciendo, que aunque parezca reducido, se prepara bajo la aparente calma para nuevas batallas, sobre una base de unidad y consciencia distinta y más elevada, preparándose para no solo conquistar calles, sino preparándose para tomarlo todo y gobernarlo todo.

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