¡Respaldamos a nuestros hermanos indígenas Embera!

¡Respaldamos a nuestros hermanos indígenas Embera! 1

El despojo, al desarraigo y la miseria, sumado a la indolencia de los opulentos y la ineptitud de los gobernantes uribestias y alternativos, son las causas que ocasionaron los hechos ocurridos en el centro de Bogotá el 19 de octubre y que han generado un gran alboroto.

Desde el gobierno y la prensa de los ricos holgazanes se condena la furia de los desposeídos y se revictimiza a los ultrajados tratándolos de vándalos y criminales. “¡Esto no es protesta social! ¡Es violencia inaceptable, que no debe quedar impune!” vociferó la alcaldesa alternativa. “No fue una manifestación, fue un acto de violencia inaceptable” titula el editorial de El Espectador, donde exige a la policía “intervenir de forma decisiva cuando se empiezan a cometer crímenes”.

El presidente Petro por su parte, hace lo propio condenando la violencia de los pobres y acude solidario a respaldar a los apaleados perros guardianes del orden de los ricos.

Unos y otros saben y no pueden ocultar las condiciones inhumanas que soportan los indígenas. Unos y otros saben y no pueden ocultar que los acuerdos no han sido cumplidos, pero unos y otros, ahítos y opulentos no pueden admitir que el hambre no da espera, que la paciencia tiene un límite y que para hacerse oír en este asqueroso sistema hay que atreverse a empuñar el garrote, la piedra, la bomba molotov e incluso los fusiles.

¿Acaso la fuerza disponible y el ESMAD son hermanitas de la caridad y fueron sacadas de sus cuarteles a bendecir la manifestación de los indígenas? ¡No señores! Fueron sacados a reprimir al pueblo, fueron sacados a provocar a los manifestantes, fueron sacados a sembrar terror. Solo que sus cálculos fallaron porque se encontraron con la rabia contenida que desbordó su miserable propósito.

Están dolidos porque en el combate cuerpo a cuerpo sus perros salieron apaleados. Están furiosos porque un pequeño grupo de indígenas demostró una vez más que no son imbatibles y también les cabe un garrotazo. Por eso condenan a quienes pusieron en ridículo su poder.

Condenan la justa violencia de los pobres, los asesinos del pueblo y sus secuaces.

Condenan la justa rebelión de los desposeídos, los holgazanes y parásitos que cabalgan sobre el pueblo laborioso.

Condenan la justa indignación desbordada de los parias, los opulentos expropiadores.

Los proletarios revolucionarios por su parte, respaldan a sus hermanos y condenan a las clases reaccionarias, a sus gobernantes ineptos y venales, y a los loros cagatintas que pregonan la sumisión.

Sí, el proletariado revolucionario toma partido abiertamente por sus hermanos, víctimas de esta tragedia inmunda y deshumanizante que se llama capitalismo y que prometen humanizar los utópicos reformadores.

El proletariado revolucionario se opone a cualquier medida punitiva contra los indígenas Embera y llama al movimiento obrero y popular a respaldar a sus hermanos, a tender los lazos de unidad para conquistar con la lucha en las calles el cese del terror estatal, el cese de la criminalización de la protesta social, la liberación de todos los prisioneros de los levantamientos del 2019, 2020 y 2022, y las demandas que les dieron origen y no han sido resueltas.

El capitalismo no puede humanizarse, por eso se necesita el socialismo y el pueblo debe prepararse para conquistarlo con la revolución.

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