El aumento salarial ya está pactado ¡A organizar la lucha!

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El capitalismo en Colombia hizo un gran desastre social. Es el culpable de una guerra reaccionaria que dejó millones de desplazados y cientos de miles de muertos; es el causante del enorme desempleo ocultado en las estadísticas oficiales; de los miserables salarios que pagan a los trabajadores; de la incapacidad de miles que han dejado su salud en el molino triturador de la producción fabril. Este sistema es el que aumenta la miseria, la muerte de niños por desnutrición, la crisis de la salud y la educación públicas, el de las crisis económicas cíclicas cada vez más intensas, continuas y devastadoras para la sociedad.

Pero las clases reaccionarias no reconocerán lo anterior y por el contrario todas sus instituciones y agentes andan ocultando esta verdad revelada a simple vista por la testaruda realidad. Ahora, cuando se discute el alza del salario mínimo, hablan de que la estabilidad del país depende de que los obreros se resignen con un infame aumento del 4%, lo cual no es más que $20.000 mensuales.

¡Hipócritas explotadores y sus lacayos! Son ustedes y su sistema el que produce alocadamente, el que expropia sin compasión, el que hace más miserable el salario, el que devora la naturaleza, el que arrincona a los trabajadores a la miseria más inhumana. Todo el tiempo que negocian el salario usan el distractor de la inflación, como si la clase obrera fuera estúpida. Hoy son ustedes y su gobierno el que subió el costo de vida, y no pasa nada, pero si los obreros exigen un alza general de su salario, ahí sí la economía se viene al piso.

Alguien por más elemental que conozca el mercado, sabe que la mayor demanda de productos básicos no dispara alocadamente los precios, y más aún cuando sobran productos que no se venden permaneciendo embodegados en enormes locales durante meses enteros. En cambio sí el monopolio al amarrar las mercancías, al cerrar las fronteras, al acordar los precios monopolistas internos como los del arroz (subido en un 30%), el azúcar (en más del 23%), la leche, etc., impone unos costos que no tienen razón de ser.

Los obreros no pueden seguir sacrificando sus escasos ingresos y su bienestar por un sistema en descomposición, por una clase asesina, corrupta y parásita. Este sistema no tiene remiendo, se está derrumbando por sí mismo y los trabajadores no deben tener compasión con él. La única alterativa de los obreros bajo este asqueroso sistema, es resistir como clase con lucha directa, con vías de hecho, sin conciliar y concertar con los enemigos, sin sufrir por su producción, que no es nacional, ¡es privada e internacional! Los únicos que se benefician de la producción en Colombia son los capitalistas, no las masas que mueren hasta de sed y pagan precios infames por productos producidos en el país como, el agua, la luz, la gasolina, el arroz, el azúcar, entre otros.

Esto es todo lo contrario a lo que pregonan los partidos reformistas y oportunistas, los jefes del sindicalismo burgués, que se encubren con la excusa del desempleo para confundir a los trabajadores. Como si la naturaleza de este sistema basado en la propiedad privada y la explotación del trabajo asalariado no fuese reducir el salario a su mínima expresión e incrementar la jornada a límites de esclavitud completa del obrero.

¡El capital en Colombia no tiene más alternativa para seguir creciendo, que salarios miserables y mucho desempleo para mantenerlos en su nivel más bajo! Que no vengan los hipócritas humanistas a pontificar que se puede alcanzar un modelo igualitario dejando a un lado esta inviolable ley económica del sistema de esclavitud moderno. Entre la clase obrera menos resista, entre más se bloquee para luchar por sus intereses mediante la huelga, las cosas estarán peor para ella.

Ese es el desafió que tienen los obreros hoy en medio de este huracán de la crisis capitalista y la amenaza de guerra imperialista. O luchan por sus propios medios y ponen sus organizaciones al servicio de la defensa de sus intereses generales, o simplemente el sistema los sigue mandando por miles a la calle, los hace méndigos en masa y los quema vivos si es necesidad de su interés económico, como pasa con el pueblo sirio en estos momentos.

Si urge al capital continuar ganando a manos llenas, no hay porqué pensar de que el decreto presidencial del aumento del salario mínimo será beneficioso, todo lo contrario. Por esto ya hay activistas que se están organizando en Bogotá de manera independiente para hacer manifestaciones frente al Ministerio de Trabajo, oponiéndose a los despidos masivos, a la farsa de negociación del salario mínimo, al decreto que acaba con la estabilidad reforzada, al censo sindical que facilitará la ilegalización de los sindicatos y la persecución legal de sus miembros… A este llamado deben acudir todos los obreros y sindicatos de Colombia.

Porque los obreros necesitan unirse por sus intereses, no por los de los explotadores como los dueños de la caña. Los jefes ejecutivos de las centrales obreras, demuestran una y otra vez que están interesados es en su carrera burocrática para servir al capital como empleados directos del Estado y contra los trabajadores. Por esto solo la lucha directa y revolucionaria, solo la reestructuración del movimiento sindical sobre la base de la independencia de clase; solo el pueblo salva al pueblo.

Todos los dirigentes y activistas obreros e intelectuales que estén inconformes con sus direcciones y con esta situación, deben comenzar a preparar unas jornadas de protesta a nivel nacional de manera independiente y concentrarlas en Bogotá durante los días de la farsa de negociación del salario mínimo, donde se sumen todas las reivindicaciones de los trabajadores. Este periódico dispone sus fuerzas y sus medios de difusión para ayudar en esta importante tarea inmediata.

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