DOS TÁCTICAS FRENTE A LA PROFUNDA CRISIS SOCIAL

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DOS TÁCTICAS FRENTE A LA PROFUNDA CRISIS SOCIAL 1


Por su gran importancia y plena vigencia publicamos el aparte 7 del Documento Situación Actual Táctica Revolucionaria y Tareas de los Comunistas aprobado en la XI Asamblea de la Unión Obrera Comunista (mlm) realizada en agosto de 2017.


La táctica reformista parte de considerar que las contradicciones entre el trabajo y el capital entre el pueblo y el Estado, entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, son todas contradicciones reconciliables.

Aunque tradicionalmente en Colombia el reformismo ha tenido como principal la lucha electoral y parlamentaria, también ha aceptado la lucha armada de las guerrillas cuyos jefes se sientan a manteles hoy con la burguesía, porque ha sido una lucha armada no de las masas, sino de grupos que dicen «luchar por las masas», no para suprimir las causas y causantes de la explotación y opresión del pueblo, sino para forzar a los explotadores a «humanizar» la explotación, «democratizar» el capital, «suprimir los excesos» de los monopolios, «remodelar» el Estado reaccionario y «proteger la soberanía» de la nación.

Tal es el contexto y el límite de la táctica de lucha reformista contra la dominación y el saqueo del imperialismo y sus monopolios, contra las clases dominantes y su terrorismo estatal y paramilitar. Los hechos demuestran que la lucha reformista —electoral, parlamentaria y armada— no tiene una perspectiva revolucionaria; por esa vía siempre han perdido los trabajadores y ganado los explotadores. El norte de la táctica reformista es la conciliación de clases que solo sirve al fortalecimiento del poder económico de los explotadores y de su dominación política, de su dictadura de clase.

La táctica reformista de conciliación de clases ha sido plenamente abrazada por los partidos oportunistas, varios de los cuales han ido desdibujando su característica de proclamarse partidarios del marxismo o del comunismo y defensores de los intereses de clase del proletariado, de tal forma que se han ido apelmazando con los partidos reformistas burgueses y pequeñoburgueses demócratas, socialdemócratas, radicales, liberales, progresistas, verdes, ciudadanos, etc. De este apelmazamiento es prototipo el Polo Democrático en el cual conviven bajo un mismo programa reformista burgués, liberales y moiristas. También existen en Colombia partidos oportunistas llamados a sí mismos «comunistas», «socialistas», «marxistas-leninistas» y hasta «maoístas», que programáticamente proclaman la necesidad de la revolución, del socialismo y el comunismo, pero cuya táctica se centra en la lucha electoral, el parlamentarismo y el legalismo burgués, en el propósito de convertirse en «gobierno democrático» dentro de un «Estado social de derecho», para transitar pacíficamente al socialismo a través de la anacrónica revolución democrática o revolución burguesa. Los oportunistas no niegan la lucha de clases, pero renuncian a su necesaria dirección revolucionaria hacia un nuevo Estado de Dictadura del Proletariado. Su apoyo abierto o velado a la paz de los ricos, desnuda la profunda identidad de los partidos oportunistas colombianos con la raíz ideológica del revisionismo internacional: renegar de la violencia como partera de la historia, renegar de la lucha armada como medio para hacer la revolución, declararse en defensa de la transición pacífica, lo cual por su puesto, satisface no solo a la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, sino también a la franja demócrata burguesa y socialdemócrata donde se enmarcan muchos intelectuales blandengues que se arrepintieron de haber sido revolucionarios para convertirse en simples politólogos críticos de los desmanes de la burguesía y de las lacras del capitalismo.

La táctica reformista basada principalmente en la lucha electoral y parlamentaria de la democracia pequeñoburguesa, se complace con tener representantes entre los parlanchines del establo parlamentario ocupando el lugar de «oposición oficial» tan necesario para tapar la hipocresía de la democracia burguesa; sus denuncias y alegatos, cuando más, no pasan de ser doctas demostraciones de las consecuencias y calamidades devenidas del sistema económico, social y político capitalista, buscando siempre las causas y soluciones en el terreno de la política burguesa y de sus leyes. Jamás van a las verdaderas causas económicas de los males sociales y mucho menos a la necesaria forma de suprimirlas. Aunque siempre la democracia pequeñoburguesa ha pretendido ser gobierno nacional, solo ha podido ejercerlo en ciudades y departamentos, y lo ha ejercido como cualquier burgués de cuna con corrupción incluida, contra el pueblo y en favor de los poderosos dueños del capital. Algunas pequeñas enmiendas populares han sido intranscendentes porque no resuelven sus problemas básicos pero sí sirven para disimular las lacras del sistema y condicionar la conciencia social a la idea de que se puede vivir sin cambiar el sistema, porque sus dádivas no pesan nada frente al ejercicio general que han hecho del poder de la burguesía, de su dictadura de clase sobre el pueblo, para aumentar la superexplotación. Ha sido tan escandalosa y corrompida la actuación gobernante burguesa de la democracia pequeñoburguesa, que por sí mismo su descrédito es percibido por las masas del pueblo, siendo ya común el decir «gobiernan igual que los rancios partidos tradicionales».

Las luchas directas de los sindicatos y de las masas trabajadoras son tenidas en cuenta por la táctica reformista para suprimirles las formas y métodos revolucionarios, desviándolas de toda perspectiva verdaderamente liberadora, para colocarlas al servicio de la contienda electoral y el parlamentarismo, para cautivar una base social necesaria en el regateo con la burguesía. Es aquí donde peor daño hace la táctica reformista, porque inocula su concepción burguesa de conciliación de clases o «paz social» —como se le denomina ahora— directamente en la conciencia de los trabajadores.

El viraje de las clases dominantes con el Gobierno de Santos hacia la «paz con las guerrillas», cayó como anillo al dedo a la política de «colaboración de clases» de la táctica reformista, que de inmediato se alineó y adecuó a la táctica burguesa, promoviendo el apoyo a la reelección de Santos y a su programa de «paz», con quien ya la democracia pequeñoburguesa había obtenido la Vicepresidencia, luego el Ministerio de Trabajo y una Alta Consejería… y hace poco fue denunciado el nombramiento de los hijos de un jefe de la CUT y de Fecode en el Consulado de Boston USA y en una Gerencia de Ecopetrol. Esto de los cargos gobernantes en gentes que provienen del reformismo, en un comienzo ilusiona a algunos sectores de trabajadores pero vistos los resultados, despierta la indignación de las masas al ver convertidos en sus propios opresores a gentes con pasado en el partido «comunista» mamerto y en la presidencia de la CUT. El cogobierno con la burguesía ha incrementado el desprestigio del oportunismo y ahondado las divisiones internas del reformismo. El compromiso de apoyo directo, abierto y desvergonzado de la democracia pequeñoburguesa con el Gobierno de Santos, es en el fondo un compromiso con la dictadura de la burguesía, que no se puede disimular con la explicación de «apoyamos la paz no al Gobierno», como tampoco lo puede remediar la posición de los otros partidos oportunistas que sin estar formalmente en el compromiso, lo respaldan con su línea de «solución política del conflicto armado» y de apoyo a la política de «paz social».
El respaldo del reformismo a «la paz» de los ricos, ha mitigado temporalmente la disgregación del oportunismo pero no su desprestigio, pues deja al descubierto el compromiso real de los partidos oportunistas con los enemigos del pueblo. Ante tantas evidencias, no tardarán los días cuando las masas del pueblo, los obreros sindicalizados o no sindicalizados, los despojados por la guerra, los burlados guerrilleros de base, entiendan todos la necesidad de tomar en sus propias manos los destinos de sus organizaciones y revocar el poder de los jefes oportunistas políticos y sindicales, por ser lugartenientes al servicio de la burguesía y su régimen de opresión y explotación.

La política de «paz social» de la táctica reformista es hoy el mayor peligro para la lucha del pueblo colombiano, porque replica y amplifica en las filas trabajadoras la mentirosa paz de los ricos, la extiende de un acuerdo con jefes guerrilleros a las relaciones entre las clases irreconciliables de la sociedad, mientras induce al pueblo a declinar su lucha directa bajo la creencia de que «terminó la guerra» y todo se va a arreglar en armonía, quedan libres los enemigos para arreciar su dictadura y terrorismo de Estado, apelando como siempre a lavarse las manos achacando la responsabilidad a las «fuerzas oscuras».

La política de «paz social» es hoy el principal contra-ataque a los esfuerzos de los revolucionarios y comunistas por elevar la conciencia política de las masas y unir sus distintas manifestaciones de lucha, reorganizar las filas de las clases trabajadoras con independencia de los enemigos explotadores y de los falsos amigos politiqueros, cumplir la tarea de construir el Partido político del proletariado al calor de la lucha de clases en el rumbo de la Revolución Socialista.

La táctica revolucionaria, encuentra en las contradicciones antagónicas de la sociedad colombiana el motor y fuente de la fuerza social que las habrá de resolver por medio de la revolución socialista, hacia la cual objetivamente se dirige la aguda lucha de clases actual, cuya tendencia principal es el ascenso del movimiento espontaneo de masas hacia las huelgas políticas, principal forma de lucha política del pueblo, amplia, abierta y todavía desarmada, que exige nuevas formas de organización independientes tanto de los enemigos como de los falsos amigos del pueblo, siendo la dirección del golpe principal aislar la influencia reformista y oportunista en la dirección del movimiento de masas, la tarea central de los comunistas construir el Partido político del proletariado, e indispensable ligar la lucha de masas actual con la necesidad de la guerra popular, una guerra distinta y diametralmente opuesta a la guerra reaccionaria, por ser la guerra justa de los obreros y campesinos que mediante una insurrección derrocará el poder político de los capitalistas e instaurará un nuevo poder político de los trabajadores para barrer por siempre las profundas causas de la explotación, de la desigualdad y de la división de la sociedad en clases antagónicas.

La calamitosa crisis económica, la profunda crisis social, el desprestigio del Gobierno de Santos, las fuertes contradicciones inter-burguesas, el descrédito del oportunismo casado con la política pacifista de la burguesía, son todas condiciones muy favorables a la táctica revolucionaria de unir y generalizar las huelgas políticas de masas, unir y reestructurar el movimiento sindical ligando su lucha con las del pueblo, organizar las fuerzas revolucionarias principalmente las del proletariado y su Partido de vanguardia.

Condiciones muy favorables para el trabajo de los comunistas de enseñar a las masas a distinguir a sus verdaderos amigos y enemigos, para elevar en el curso mismo de la lucha directa de las masas su conciencia política sobre el carácter irreconciliable de la contradicción con los enemigos reaccionarios, donde todos los imperialistas, todos los terratenientes y toda la burguesía y sus facciones llámense santistas o uribistas, son enemigos a muerte del pueblo; sobre el nefasto papel del reformismo en general y del oportunismo en particular, como lugartenientes de los opresores y quintas columnas del sistema de la esclavitud asalariada. La política de conciliación de clases y de «paz social» aprieta los grilletes de la explotación y opresión sobre los trabajadores. La política de lucha independiente y revolucionaria de las masas, hará saltar las cadenas de la esclavitud asalariada y destrozará el látigo dictatorial de los capitalistas. ¡Contra la dictadura de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo… Avanzar a la generalización nacional de la Huelga Política de Masas! ¡Viva la Revolución Socialista! ¡Adelante en la preparación del Congreso del Partido!

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