¿DESOBEDIENCIA CIVIL O LUCHA REVOLUCIONARIA?

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¿DESOBEDIENCIA CIVIL O LUCHA REVOLUCIONARIA? 1

El jefe reformista Petro ha armado tremenda alharaca con su llamado a la desobediencia civil de no pagar impuestos y tarifas, de no reconocer la legalidad presidencial de Duque, de salir al Paro y sin decirlo abiertamente, disponerse a votar por Petro para presidente en el 2022.

Usando sus habilidades de viejo zorro politiquero, llama a hacer de la desobediencia civil la gran rebelión del pueblo colombiano. Petro vende carne de perro con piel de cordero como reza un viejo proverbio chino. La desobediencia civil lejos de ser una rebelión revolucionaria es una rebelión reformista burguesa. Como tal, fue ideada por David Thoreau en 1849 para negarse a cumplir una norma de obligatorio cumplimiento dentro del Estado, por ejemplo el pago de impuestos.

La desobediencia civil por ser una forma de protesta pacífica burguesa que presupone el respeto, obediencia y defensa del Estado burgués y de su Constitución política, ha sido validada por los reconocidos pacifistas Gandhi en la resistencia pacífica contra la ocupación británica de la India y Martin Luther King en la lucha no violenta contra el racismo en Estados Unidos.

Del mismo modo, la desobediencia civil a la que llama Petro jefe del partido reformista Colombia Humana, hace años también fue invocada por Robledo jefe del partido oportunista Moir, en calidad de rebelión sumisa contra normas del orden constitucional burgués, que no presupone el derrocamiento del poder político de los capitalistas, ni la destrucción de la máquina represiva, sino la preservación y el remiendo del Estado reaccionario burgués.

Petro se apoya en necesidades y sufrimientos del pueblo, para comprometer a trabajadores ingenuos o engañados por la politiquería reformista, a defender la legalidad de sus verdugos burgueses y la farsa electoral de sus opresores; a que protesten por la elección ilegal de Duque dizque por el fraude electoral de la “ñeñe política” en la costa Caribe, silenciando que siempre los electores decisorios son los dueños del capital y en las últimas décadas, han sido los capitalistas mafiosos en contubernio con los especuladores del capital financiero quienes han sentado en el solio presidencial a Turbay, Betancur, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe, Santos. Esa es la legalidad burguesa en Colombia, pues como en todo Estado, las leyes tienen carácter de clase, sirven exclusivamente a las clases dominantes, demostrado palpablemente en el sartal de decretos de Duque escudado en la pandemia.

En contraparte, los revolucionarios reconocen en el Estado burgués la dictadura de clase de los capitalistas sobre el pueblo; denuncian la hipócrita democracia burguesa que es dictadura para los trabajadores y democracia para los poseedores del capital; muestran el engaño oculto en la farsa electoral; denuncian el carácter de clase de las leyes, la Constitución y la justicia que protegen a los zánganos capitalistas pero condenan y encarcelan a los trabajadores.

Los revolucionarios no llaman a la rebelión sumisa o desobediencia civil contra los opresores, sino a la lucha revolucionaria contra su dictadura de clase, el terrorismo de Estado, la criminalización y represión violenta de toda protesta popular; contra las reformas del Gobierno que aumentan la explotación y los sufrimientos de los trabajadores; contra los abusivos impuestos y tarifas, contra la burda violación de acuerdos y compromisos pactados con diversos sectores del pueblo.

Los revolucionarios llaman a generalizar y radicalizar las luchas y movimientos emprendidos por las masas de la ciudad y del campo, uniéndolos en una sola lucha política huelguística contra el Estado, que hoy tiene nombre propio en Colombia: ¡Paro General Indefinido! y no para desgastarse y engañar a la gente con ilusiones en la farsa electoral, sino para avanzar en el rumbo de la necesidad social que exige la destrucción violenta del Estado capitalista y la construcción de un nuevo Estado socialista, cuya misión sea expropiar a los expropiadores, abolir todo tipo de explotación del hombre por el hombre e instaurar la verdadera democracia para el pueblo entendida como su poder armado omnímodo, ejercido contra quienes fueron sus centenarios enemigos opresores y explotadores.

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