Culminó la Farsa de Negociación del Salario Mínimo para el 2019

Compartir

Culminó la Farsa de Negociación del Salario Mínimo para el 2019 1
Finalmente la Comisión de Concertación Salarial, en la que se sientan a parlotear un poco de parásitos (sindicales unos, sociales otros) dio su veredicto sobre el salario mínimo del 2019: el aumento nominal será del 6%, es decir $46.874; y el subsidio de transporte del 10%, es decir $8.821. Con estas cifras el salario mínimo queda en $828.116 y el subsidio de transporte en $97.032 lo que da entre ambos rubros un total de $925.148. Este dizque «incremento» real, es miserable y mezquino, ¡pues es de apenas $1.856 diarios que no alcanzan para nada y al final es una rebaja salarial, si se compara con los altos costos de la canasta familiar y la inflación!

Los artífices de esta miserable burla salieron a dar su parte de victoria. La burguesía y el Gobierno quedaron muy contentos con el resultado, afirmando que «es el mejor», «es el más alto», «el más significativo» y demás sarta de elogios.

Por su parte, el bandido Julio Roberto Gómez presidente de la CGT afirmó que el aumento debe ser «progresivo» y que es «absurdo» pensar que se puede negociar de una vez un salario que llegue al $1.600.000, correspondiente a la canasta familiar básica. Diógenes Orjuela, presidente de la CUT, afirmó que «La CUT y la Confederación de Pensionados de Colombia no suscribimos ese acuerdo porque consideramos que no llena las aspiraciones de los trabajadores…».

Partiendo del hecho de que el mentiroso DANE fija la canasta familiar en más de $1.500.000, se entiende la alegría de los representantes del Estado de los ricos y de los jefes de los monopolios económicos, al fijar un salario que está muy por debajo de las necesidades de las familias obreras y que les garantiza continuar con su reino de superexplotación capitalista.

Los actuales jefes de las Centrales Sindicales, dirigen el movimiento de acuerdo a la política de concertación y conciliación entre clases, la cual predomina en dichos cascarones vacíos que no le sirven a la clase obrera y en cambio sí benefician a los explotadores. Alegrarse por lo firmado, es ser cómplices con la degradación física y moral que amenaza a la clase obrera del país por los dueños del capital. Pararse de la mesa es una pataleta usada simplemente para dejar constancia y posar de «rebeldes y revolucionarios» ante los obreros incautos. Y claro, como su política es de ayuda al gran capital, les parece «absurdo» que la clase obrera conquiste un alza general de salarios por medio de la lucha directa como se consiguió con el Paro Cívico de 1977, o recientemente en Francia.

El movimiento sindical que requiere la clase obrera debe actuar con independencia del Estado, de los patronos y de los partidos políticos de la burguesía y la pequeña burguesía, además que no debe ser usado por sus jefes como trampolín para alcanzar puestos burocráticos dentro de la maquinaria estatal de los patronos, como sucede hoy en día. Eso implica la unidad consciente de todos los obreros en una nueva Central Sindical Revolucionaria que no concilie ni venda los intereses de los obreros con el patrón y su Estado. Una Central donde sus dirigentes se guíen por el principio de «todo con las bases, nada sin ellas», para que las decisiones sean tomadas por las bases de forma democrática. Una Central que movilice a los obreros y a sus familias para que preparen y ejecuten la huelga, por ser la mejor arma de lucha contra los capitalistas, porque afecta sus ganancias que son el corazón que los hace vivir como clase social.

Luchar y vencer no es un absurdo cuando se entiende que la clase obrera debe estar unida y organizada para luchar contra sus enemigos: burgueses, terratenientes e imperialistas. No lo es cuando predomina la política revolucionaria en el sindicalismo que consiste en comprender que la contradicción entre la burguesía y el proletariado es antagónica y por lo tanto imposible de conciliar.

También te podría gustar...