Con Motivo del Bicentenario (Tercera Parte)

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Con Motivo del Bicentenario (Tercera Parte) 1

Bolívar, Marx y el Bolivarianismo

Sobre el cadáver de Bolívar se elaboró una figura que fue trabajada y moldeada cuidadosamente, tanto por el mismo, como por las clases dominantes, en el sentido de su mistificación y sobre la necesidad de la creación de la leyenda popular del “libertador”. Para los terratenientes y también para parte de la burguesía, Bolívar es su representante más fidedigno, reclamado como “fundador y padre” del oscurantista y reaccionario Partido Conservador Colombiano, el mismo partido que a punta de rosario y plomo, desató el periodo de la violencia del siglo pasado que arrancó a mediados de la década de los 40. Los conservadores abogan en Bolívar al absolutista y dictador que implantó el orden en la república, quien repartió y designó a dedo los territorios de la Nueva Granada a generales gamonales.

De igual forma, una parte de la pequeña burguesía ha levantado las banderas de Bolívar y su pensamiento como doctrina para la “liberación y la lucha”, y no fueron pocos los grupos guerrilleros de los tantos que han existido en Colombia que han enarbolado el bolivarianismo, pasando desde el M-19 hasta las FARC; todos luchan por una “sociedad más justa” y por una “segunda y verdadera independencia”, en vano se baten para buscarle una cara más humana al monstruo capitalista. También en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia, los llamados países del Socialismo del siglo XXI han alegado seguir el bolivarianismo, estar de acuerdo y defender la figura de Bolívar y su legado.

Bolívar ha sido objeto de innumerable textos, biografías y libros donde se lo pinta como un héroe y un valiente que trajo la libertad a los pueblos latinoamericanos. Sin embargo, no faltó el crítico que corrió el velo de la mistificación y descubrió al Bolívar verdadero, al latino “afrancesado” y arribista, al admirador y seguidor de Napoleón Bonaparte, al demagogo capaz de manipular y conjurar a su favor y a sus intereses. La figura de Bolívar suscitó un vivo interés en el mismo Carlos Marx, quien procuró hacerse con bastante material para desentrañar y descubrir al hombre detrás de las estatuas y efigies. Tan pronto como The New American Cyclopedia solicitó a Marx una nota sobre él, éste empuño la pluma y no dio demora con su escrito donde quedó plasmada su investigación y argumentación sobre Bolívar, éste fue publicado en 1858 en el tomo III de la enciclopedia. Frente al escrito de Marx, los “bolivarianos” han salido en defensa de su ideólogo alegando que Marx se equivocó y que su material de estudio y fuente estaban corrompidos, ya que Marx fue presa de una argumentación tendenciosa de los enemigos de Bolívar. Sin embargo, como buen científico que era, Marx se procuró de todos los medios, también de muchas fuentes y de todas las opiniones posibles, antes de escribir. No basta sino echarle una leída a su corto texto para descubrir la argumentación de Marx, no basada en un ejercicio literario para desaprobar la figura de Bolívar, sino en un escrito a manera de biografía con una buena argumentación histórica al respecto.

Los otros dos aspectos del bolivarianismo de hoy, hacen referencia: primero, a lo que ellos llaman por sus discursos “revolución bolivariana” o “Socialismo del Siglo XXI”, que en los hechos dista mucho de ser una revolución socialista y no trasciende de algunas reformas del viejo Estado, algunos ajustes en la economía y de nombramientos a sus viejos ejércitos, y segundo, la cacareada “independencia y soberanía” frente al imperialismo norteamericano, que en los hechos no rebasa el formalismo de los discursos, pues países como Bolivia y Venezuela, donde gobiernan bajo la doctrina de las “ideas de Bolívar” no existe tal independencia y siguen siendo semicolonias de países imperialistas, ahora bajo la soga del capital financiero no solo de los gringos, sino también de los europeos y asiáticos (rusos y chinos), quienes los explotan como fuentes de recursos naturales y mano de obra barata, además que los usan como puntos estratégicos en su juego ajedrecístico con miras a la futura Tercera Guerra Mundial.

El proletariado revolucionario tiene toda una ciencia a su disposición acerca de las condiciones de su auténtica emancipación, una ciencia fundada por Marx y que tras echar sus cimentos y sus bases principales, se ha coronado en Marxismo Leninismo Maoísmo tras 200 años de lucha. Desechar tal ciencia implica renunciar y pactar de antemano con las clases enemigas. Esa es la suerte de las FARC, quienes en sus inicios acogieron la influencia del comunismo (ya revisado) y de la lucha solo por reformas del Partido Comunista (mamerto), acuñando su ideología con las tesis del pacifismo armado y de otras acogidas del revisionista Jruschev, para en los 80, periodo de bancarrota de las guerrillas revolucionarias, girar hacia el bolivarianismo y toda su retórica. Hoy día es palpable la bancarrota de las FARC, convertidas en un partido rosadito y politiquero al servicio del Estado de los explotadores, opresores y asesinos del pueblo y de por sí, bastante reprochable que sus máximos representantes se la pasen en abrazos y golpes de espalda con cavernarios, mafiosos y corruptos de otros partidos gobernantes.

Además, todos los bolivarianos en la actualidad le prestan un vil servicio a las clases dominantes latinoamericanas y al imperialismo al pregonar la paz entre las clases enemigas y entre los pueblos oprimidos y los países imperialistas. Minimizan el hecho de que la independencia de España, en la cual Bolívar indudablemente jugó un papel destacado como jefe político y estratega militar, se logró gracias a la guerra, al esfuerzo y a la participación de las masas populares en la gesta libertadora, la cual abonaron generosamente con su sangre.

El proletariado revolucionario con su ciencia tiene a su disposición una profunda comprensión sobre las contradicciones que rigen el imperialismo y pronostican su inevitable muerte a manos de la Revolución Proletaria Mundial. El imperialismo es un sistema que encadena a la inmensa mayoría de países oprimidos a una ínfima minoría de países opresores o imperialistas; dichos países se disputan entre si el mercado mundial y zonas de influencia, regidos por la norma y ley que gobierna todo el capital, la irrefrenable y voraz ganancia capitalista. Por tal motivo no existen imperialistas buenos o malos, como quieren hacer creer a los pueblos los seguidores del bolivarianismo. Todos los imperialistas sin excepción, son opresores, explotadores de los pueblos del mundo y despiadados destructores de la naturaleza, sin importar su color, cultura o idioma. También es completamente incorrecto apoyarse en un bando imperialista para combatir a otro, tal táctica es prestarse a ser peón en la disputa interimperialista. Todas estas tesis enturbian la conciencia de las masas y las confunden sobre sus despiadados enemigos.

Levantar las banderas del bolivarianismo, significa enarbolar una bandera vieja, reaccionaria e inservible para la lucha de los pueblos en la actualidad; es un anacronismo que se corresponde a quienes quieren devolver la rueda de la historia, a la época del capitalismo naciente, y quienes terminan actuando, cuando más, como curanderos del sistema moribundo y no como sus sepultureros. Al proletariado le corresponde estudiar y aplicar su ciencia para emanciparse a sí mismo y a toda la humanidad.

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