Balance del 24 de enero: ¡A Preparar el Paro Nacional, a Generalizar la Huelga Política de Masas!

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Las razones más profundas de las gigantescas manifestaciones el 24 de enero en todo el país no tienen su causa en las pretensiones de uno u otro partido o grupo político, sino en la superexplotación, opresión y dictadura contra el pueblo, incrementadas con la crisis económica del capitalismo mundial. En ese día se concentró el repudio a todas las infames medidas antiobreras y antipopulares impuestas por el gobierno, que han enriquecido a unos cuantos zánganos explotadores y generalizado la miseria, el hambre, el desempleo y la devastación de la naturaleza.

Contra el pronóstico de los amigos del gobierno en el seno del movimiento obrero, esto es, de los partidos falsos amigos del pueblo que han respaldado la médula de su política de paz, un grupo de jóvenes, principalmente estudiantes —de esos sin oportunidades de empleo, candidatos a ser contratados como tercerizados o hijos de pequeños propietarios— iniciaron un llamado a un paro nacional por la red social Facebook; fueron ridiculizados por las camarillas de las centrales sindicales quienes les dijeron que no eran nadie para convocar un movimiento nacional, pero después, cuando vieron la magnitud de las movilizaciones y el respaldo conquistado por los jóvenes, se apresuraron a revivir el entreguista Comando Nacional Unitario, a hablar de paro y a redactar a puerta cerrada un pliego de peticiones para presentarlo al gobierno.

Los jóvenes hicieron un grupo al que se sumaron cientos en unas pocas semanas, se coordinaron por WhatsApp y organizaron unas llamadas «mesas de trabajo», que en realidad son direcciones regionales de la manifestación por ciudades, con el lema de que el movimiento no le pertenece a ningún partido político. Así encabezaron extraordinarias movilizaciones en muchas ciudades y municipios contra las que el Estado concentró una fuerza desmedida, acuartelando sus tropas en primer grado, temeroso ante un levantamiento popular.

La jornada del 24 de enero es una expresión de la fuerza que tiene el pueblo, destaca los nuevos dirigentes de masas que necesita para hacer frente, hasta hacer retroceder, a sus centenarios enemigos. Las marchas y concentraciones en más de 30 ciudades y municipios del país contaron con miles de manifestantes, entre ellos muchas organizaciones sindicales, que fueron al evento contra la orientación de sus direcciones.

Por los informes y videos circulados por las redes sociales se ven manifestándose masas compactas, beligerantes, desafiando al gobierno y empuñando ingeniosas denuncias; en todas las calles la aceptación y el respaldo del pueblo fue notoria; el denominador común fue la participación mayoritaria de la juventud; y la conclusión más general de la jornada: ¡El pueblo trabajador se puso de acuerdo en la necesidad de realizar un gran paro nacional!

El gigantesco ascenso de la lucha revolucionaria de las masas que se desarrolla en el país, y cuya tendencia es a un choque de todo el pueblo contra sus enemigos representados en el Estado, tiene nombre propio en el movimiento obrero: Huelga Política de Masas. Es una alianza de los explotados y oprimidos contra los explotadores y opresores; la jornada del 24 de enero fue parte de ese camino y se convirtió en un termómetro para medir la fuerza y el odio de los pobres contra el gobierno, como representante de los ricos.

Fue un movimiento con independencia espontánea frente a los partidos que han mangoneado la lucha, con un carácter fundamentalmente revolucionario, superando la intriga desmovilizadora de los falsos amigos del pueblo, que se han sumado a la paz y culpan de todos los males al rancio uribismo, quien trató de sacar provecho de esta manifestación, al igual que el Partido Conservador, pero que no tuvieron apoyo popular, porque ningún partido reaccionario puede representar el sentimiento y las reivindicaciones del pueblo oprimido y explotado. Dentro de los manifestantes se presentaron seguidores de esos partidos que defendieron su participación en la manifestación como gentes del pueblo y luchadores contra el gobierno. Así fue en Bogotá donde varias mujeres se enfrentaron a un sector de los manifestantes que quisieron señalaras como de derecha, pero que no se dejaron sacar porque esta lucha no le pertenecía a ningún partido político, así se dijera de izquierda como Marcha Patriótica.

La actitud de los partidos burgueses, incluido el uribismo, frente a este colosal movimiento, fue ignorarlo o lamentarlo porque no aceptó su intermediación hipócrita; las fuerzas armadas del Estado se prepararon como para provocar y bañar en sangre una insurrección, cuando esta apenas era una manifestación desarmada; el demagogo Santos discursó de que esta era acción de Uribe y que no subiría el IVA este año, la Iglesia trató desde el púlpito de apaciguar los ánimos de los oprimidos aun cuando el Papa habla de un mundo injusto y ruin; los jefes de las centrales ridiculizaron a los dirigentes porque no eran nadie, y los grandes medios de comunicación, una vez que no pudieron hacer pasar a los organizadores como unos aventureros, mostraron el evento como algo sin importancia, registrándolo parcial y muy superficialmente una vez realizado.

Como parte del inevitable desprestigio en que están los reformistas, los oportunistas y las camarillas sindicales vende obreras, junto con sus partidos como el Verde, Liberal, Progresistas, Marcha Patriótica, Polo-Moir, Partido Comunista Colombiano, entre otros, quedaron de hecho aislados de la manifestación del 24 de enero. Pero ahora, una vez tomada la iniciativa por las fuerzas del pueblo, principalmente juveniles, los jefes sindicales vendeobreros de las centrales CUT, CGT y CTC están hablando de paro, cuando han mostrado que en realidad no están interesados en organizar la lucha de los trabajadores, sino en coartarla, aislarla y desviarla con su intervención conciliadora y entreguista.

De otro lado, la jornada dejó ver la influencia del movimientismo moderno, presentado como un proyecto aparentemente apolítico, que ya en otros países de Asia, Europa y América Latina, demostró que no puede ir más allá de reunir a las masas contra el gobierno de turno, quedando impotente para conquistar las reivindicaciones más sentidas del pueblo trabajador, porque no logra defenderlas firmemente, ni garantizar la continuidad del movimiento, dado que no reconoce la división de la sociedad en clases sociales que luchan entre sí en defensa de sus intereses antagónicos, y solo pueden hacerlo dirigidas por sus partidos políticos. Los intereses de las masas y en particular los de la clase obrera no se pueden diluir en las intenciones de derrocar un mandatario y echar atrás unas privatizaciones.

Hay que decir a los compañeros organizadores de la jornada que los luchadores sí tienen color en las banderas que defienden, son las banderas de la lucha, del pueblo, que busca la emancipación del yugo de la explotación, que ataca el interés de la ganancia, para conquistar aumento del salario, estabilidad laboral, salud, educación, vivienda y quitar las usureras cargas tributarias a los trabajadores. El apoliticismo no es una alternativa para los oprimidos y explotados en esta sociedad dividida en clases, donde son inevitables los partidos políticos, que representan el interés de una u otra clase. Por tanto, es erróneo oponerse a la política en general y lo que debe hacer el pueblo es acercarse a la política de la clase obrera, la única que puede brindar una dirección justa a la lucha, porque defiende los intereses de la clase más numerosa del país y la más revolucionaria de toda la historia; porque solo los que trabajan por construir el partido revolucionario del proletariado pueden llevar a feliz término la agudización de la lucha de clases, pues en la lucha actual por las reivindicaciones inmediatas, defienden también el porvenir socialista, el futuro inevitable de la sociedad.

Los partidos que hoy se hacen llamar revolucionarios, obreros y hasta comunistas, no representan a la clase obrera, son defensores de la explotación capitalista y la propiedad privada, tienen profundos acuerdos con los explotadores y, en particular, con Santos a quien apoyaron para su reelección, en defensa de la paz mentirosa que negocian en La Habana entre los victimarios del pueblo, y cuyos compromisos son ajenos a las reivindicaciones que exigen hoy los trabajadores de manera directa y revolucionaria.

Por eso en este combate también los luchadores pudieron apreciar una posición de clase clara y revolucionaria, representada en el periódico Revolución Obrera, en los discursos de varios oradores populares y en el comunicado de los Comités de Lucha. Posición que tuvo una mayor audiencia, en parte, gracias a la ausencia de los grandes jefes del reformismo y el oportunismo, así como de la camarilla del sindicalismo burgués, apartados del movimiento por sus compromisos con el gobierno.

La jornada del 24 de enero demostró que un paro hay que organizarlo y sostenerlo con la fuerza, incluso contra el ataque de las fuerzas represivas y desafiando las leyes coercitivas, como lo hicieron los campesinos en el paro de 2013 y las comunidades en las regiones como los Llanos Orientales, Boyacá, Tolima y Huila, entre otros, contra el gobierno y las empresas mineras. De ahí que la tarea principal de los dirigentes y activistas es generalizar la huelga política de masas, ante lo cual la iniciativa de los jóvenes es muy valiosa, así como la invaluable experiencia de los viejos obreros y revolucionarios que pueden dar claridad en las ideas de organización necesarias para concretar los propósitos actuales.

Se necesita generalizar los Comités de Huelga o de Paro, para que esta lucha revolucionaria de las masas se funda en una sola y con su fuerza logre frenar los abusos de la explotación capitalista. Es el momento de realizar Encuentros Obrero-Campesinos-Populares por Regiones que acuerden la Plataforma de Lucha, planes inmediatos de lucha y elijan los Comités Regionales del Paro, como ya lo está impulsando un grupo de activistas en Medellín, partiendo de las experiencias pasadas de los paros en el Pacífico, Boyacá, Guajira, etc. Hay que juntar la pelea de los obreros como los de la USO, los que están resistiendo a los cierres y despidos masivos, con los estudiantes y maestros, con los trabajadores Estatales, con los trabajadores y usuarios de la salud a quienes les vienen cerrando hospitales y despidiendo, con los desplazados engañados, con los campesinos y los indígenas, con los recicladores y viviendistas, con los vendedores ambulantes y pequeños productores… todos bajo una sola Plataforma y un plan de preparación de un Gran Encuentro Nacional encaminado a definir el Pliego Único, elegir el Comité Nacional del Paro y la hora cero de la Huelga Política de Masas. No se debe permitir que los jefes vendeobreros de las centrales sindicales impongan su pliego recortado y demagógico, se autonombren dirigentes del paro y terminen traicionando el movimiento como siempre.

Los luchadores sí son capaces de llevar hasta el final un paro nacional, contando con el respaldo de las organizaciones obreras y populares desde la base, aún sin el consentimiento y el respaldo de los grandes jefes del reformismo y la camarilla sindical vendeobrera. Y lo pueden hacer si logran unirse para conquistar la unidad del pueblo en torno a una Plataforma de Lucha de Todo el Pueblo, si evitan que el gobierno engañe el movimiento con las desmovilizadoras “mesas de trabajo” e impiden que la lucha sea desviada en respaldo a la farsa de la paz.

Es tarea de los activistas crear los Comités de Paro o de Lucha por todas partes: fábricas y empresas, veredas y barrios, localidades y municipios, regionales y nacionales. Las tareas de esos Comités son la difusión de la Plataforma de lucha, el desarrollo de las tareas de movilización y de preparación del paro, donde se definan, entre otros, los sitios a bloquear, la consecución de materiales para hacerlo, tales como llantas, piedras, postes, canecas árboles, etc., y las formas de enfrentar al Esmad en cada caso. Además, como se trata de parar la producción, médula de las ganancias capitalistas, hay que preparar piquetes para bloquear porterías e impedir el ingreso de los trabajadores a las empresas el día del paro; resolver en cada parte cómo parar todo el transporte, trazar las manifestaciones en cada localidad, con sus respectivos recorridos y bloqueos, etc.

Es el momento de fortalecer la unidad, la organización y la confianza en la fuerza poderosa de las masas y afianzar la desconfianza total en el Estado burgués, terrateniente y pro-imperialista, porque éste representa los intereses de los explotadores; seguir confiando en este Estado y en el ideal de la democracia bajo este sistema opresor y explotador, es traicionar a la clase obrera y al pueblo trabajador que se levanta en lucha porque ya no aguantan más.

Sólo la unidad, la organización y movilización independiente de la influencia de todos los politiqueros y de todos los explotadores, darán la victoria al pueblo en esta lucha por sus reivindicaciones inmediatas y le permitirán avanzar hacia su liberación definitiva. El paro nacional es solo un episodio de la lucha en el camino hacia la revolución social y política que acabe con las causas de fondo de la situación del pueblo colombiano, que son la explotación capitalista y la opresión, ejercidas por la burguesía, los terratenientes y los imperialistas sobre quienes sostienen la sociedad con su trabajo.

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