Acerca de la importancia del proletariado en una Huelga Política de Masas

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Acerca de la importancia del proletariado en una Huelga Política de Masas 1

Una necesaria aclaración

Un reciente artículo del Periódico Revolución Obrera, titulado “Mis impresiones de los encuentros realizados en Bogotá”; motivó que uno de nuestros lectores nos llamara la atención sobre una imprecisión en uno de sus párrafos; a saber:

“[…] aún la pequeña burguesía y sus ideas se atraviesan en el camino; de ahí la importancia de vincular a los obreros industriales revolucionarios que lleven las ideas comunistas, le impriman su espíritu y disciplina a la lucha y así lograr que las ideas y métodos correctos prendan profundamente en las masas.”

Lamentablemente no recibimos la autorización para que su nota fuera publicada, pero es nuestra obligación reconocer públicamente el error, y sobre todo aprovecharlo para insistir sobre algunos aspectos que trata el escrito, que son tocados por nuestro lector, y que cobran mucha importancia a propósito de la lucha actual que se libra con los oportunistas y reformistas en cuanto a avanzar hacia el Paro Nacional Indefinido.

Con toda justeza, nuestro lector nos llama la atención pues la forma como quedó escrito deja la puerta abierta para que se interprete como una concesión al espontaneismo. Es cierto que los obreros industriales, por sí mismos, y por el sólo hecho de pertenecer a la clase obrera no son portadores de las ideas comunistas; éstas, vienen desde fuera del movimiento de masas, no surgen espontáneamente, ni entre la clase obrera, ni entre ninguna otra clase; el comunismo, hoy marxismo-leninismo-maoísmo, es una ciencia que tiene profundas raíces en el movimiento social, en el desarrollo de la lucha de clases, en la experimentación científica, y en el desarrollo del pensamiento. Vale recordar, como un acicate para el estudio, que el propio Lenin, en su obra Tres Fuentes y Tres Partes Integrantes del Marxismo afirmó correctamente que “el marxismo es el heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creo en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés”. Hoy, esa ciencia se ha desarrollado a través de más de un siglo, y para comprenderla, hay que estudiarla a profundidad.

En cuanto a lo que aporta la clase obrera, y sobre todo el proletariado industrial al vincularse a la lucha de las masas contra el Estado, es otro aspecto que trata nuestro lector a propósito del párrafo, y en general del artículo en mención.

Debemos partir de reconocer que el Estado no es un aparato imparcial, que esté por encima de toda la sociedad, no representa a todas las clases sociales, y por ende su papel es el de resguardar los intereses de una o unas clases en detrimento del resto de la sociedad. Sobre esta base, un paro que no afecte la ganancia de los ricos, es a todas luces inservible, incapaz de hacer retroceder al gobierno de turno en las medidas contra los trabajadores. De suyo se desprende una de las cualidades que brinda la clase obrera al vincularse activamente, pues tienen la relación directa con la producción de la ganancia, y son la fuerza mayormente capaz de parar la producción.

Pero no es la única cualidad que le da el proletariado a la lucha. Los obreros, siendo -si se les mira individualmente- seres llenos de defectos y limitaciones, como lo puede ser cualquier ser humano bajo una sociedad como la capitalista, cuando se asocian, incluso sin conciencia alguna de ello, se transforman cualitativamente; cumplen horarios, hacen parte de una cadena productiva, la producción los asocia y organiza para el cumplimiento de objetivos comunes, se destaca lo que los hace comunes entre ellos por estar en la misma condición frente a la cadena de la explotación asalariada, etc. Toda esa condición social, objetiva, le imprime, por sí mismo al obrero la predisposición a adaptarse con toda naturalidad a la disciplina, al orden, al trabajo asociado, a destacar más el trabajo colectivo que el individual, y por ello, sin ir muy lejos, en las reuniones a propósito del paro, sí se puede diferenciar quién es obrero industrial y quién no; aún a pesar de la calidad del contenido en sus intervenciones. Así que, un paro con una mayoritaria fuerza obrera, sí tiene una base material más poderosa para la disciplina, el orden, el trabajo asociado, etc. Con toda seguridad, una asamblea obrera no tiene mayor dificultad para aplicar el centralismo democrático, someter todos los temas a votación, y cumplir disciplinadamente las decisiones tomadas.

Los obreros además, son más proclives por su condición social objetiva, a asimilar de mejor manera la ciencia del socialismo; para el pequeñoburgués, proveniente de la burguesía arruinada o del campesinado, (incluso para muchos intelectuales hijos de la clase obrera), que no han tenido vinculación a la producción, les es más difícil asumir como propia la ideología del proletariado, pues en los hechos, tienen que renunciar a los intereses de otra clase para abrazar los del proletariado; mientras que el obrero, cuando conoce el marxismo-leninismo-maoísmo, le brillan los ojos pues es como si una luz destellante le iluminara su oscura condición en la fábrica.

Para los comunistas revolucionarios, es mucho más conveniente que la fuerza social de un paro esté fincada sobre todo entre la clase obrera, que aunque no sea tan culta como la pequeña burguesía, sí asimila y se identifica con mayor rapidez con la táctica revolucionaria. Esta verdad objetiva a veces se opaca por los subes y bajas de la pequeña burguesía y los intelectuales, quienes en momentos de ascenso revolucionario aparecen como los más radicales y consecuentes luchadores, pero que en realidad son muchos de ellos, como espuma, que con la misma facilidad que aparecen y se destacan, se desvanecen, vacilan y cambian por ser muy proclives a cambiar de postura y hacer migas con los politiqueros y reformistas, o simplemente porque la falta de resultados rápidos y tangibles los desmoralizan.

Para los comunistas revolucionarios, la clase obrera debe ser el objetivo principal como fuerza social para la lucha actual, no solo por lo ya dicho, sino sobre todo, porque lo que se conquiste en las actuales jornadas debe servir de experiencia para avanzar en la reestructuración del movimiento sindical y hacia la preparación de las batallas por la revolución proletaria, que destruya con la violencia revolucionaria de las masas el actual Estado y construya uno basado en la alianza obrero-campesina. La experiencia que brinda las jornadas del Paro actual debe servir para acercar el Programa de la Revolución a los obreros y a la intelectualidad, ganarlos para la construcción del Partido, poner en evidencia que la táctica de los comunistas es la que más se corresponde con las necesidades de enfrentar al régimen paramilitar actual, convencer a los obreros revolucionarios que por odio a los vendeobreros se han aislado de las tareas del Paro, para que se vinculen activamente y disputen la dirección a los jefes de la centrales y al Moir.

Así que, en medio de la lucha, no debemos ahorrar esfuerzo alguno para vincular a la clase obrera, y sobre todo al proletariado industrial a este formidable camino hacia un Paro Nacional Indefinido.

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