Los Planes Uribistas son un Llamado a la Lucha Obrera

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El gobierno uribista de Duque, tiene entre sus planes reducir la jornada laboral, contratación, trabajo y cotización a salud y pensión por horas, reducción de los impuestos a los opulentos empresarios, y más facilidades para que estos puedan botar a los obreros a las calles: “Nosotros creemos que las antiguas normas laborales lo que han hecho es generar más desempleo y por eso creemos que debe haber menos rigidez, menos impuestos, más facilidad para contratar y desvincular…” tal fue la afirmación del siniestro jefe paramilitar y del gobierno, Álvaro Uribe Vélez.

Es así como desde el gobierno quieren profundizar la inestabilidad laboral y rebajar aún más los miserables salarios, pues con estas facilidades la burguesía no tendrá ni la necesidad ni la obligación de contratar obreros a término indefinido aumentando la precarización del trabajo al afectar gravemente los derechos conquistados por la clase obrera históricamente, como lo son el derecho a la salud, al transporte, a las cesantías, vacaciones, primas de servicio, a la caja de compensación familiar, entre otros.

Ante este anuncio y como era de esperarse, la prensa mentirosa y prepago de los capitalistas no tardó en aplaudir estos planes que atentan contra la clase obrera. Por ejemplo, la revista Dinero, vocera de las clases parásitas afirmó: “Propuestas como las del senador Uribe caen bien” (…) “claramente se trata de una propuesta revolucionaria”. Sin embargo, los obreros saben que este plan reaccionario y antiobrero, le cae muy bien pero a los capitalistas, porque les incrementan sus ganancias exponencialmente al rebajar costos de contratación laboral, atentan contra el derecho a la libertad de asociación y merma la posibilidad de organizar huelgas, liga la “oportunidad” de contratación a partidos politiqueros o iglesias de diferentes religiones afines al gobierno uribista e incluso las obreras serán –aún más– víctimas de recibir trabajos por algunas horas o meses a costa de ser abusadas sexualmente por sus patronos.

Los jefes de las centrales sindicales no pasaron de “ladrarle a la luna” al reclamar el por qué este tipo de proyectos de ley no pasan primero por la Comisión de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, en la que supuestamente los trabajadores pueden opinar y hacer críticas y recomendaciones sobre diversos temas laborales. La confianza ciega que tienen en el Estado de dictadura de los ricos, del cual se benefician, los convierte en un obstáculo para la lucha directa de las bases obreras que por experiencia directa va comprendiendo que ese tipo de “comisiones” tripartitas, en las que los obreros quedan en minoría frente a la burguesía y los representantes de su Estado, no son útiles para defender y conquistar sus intereses comunes. El uribismo se siente fuerte porque sabe que la dirección de las centrales sindicales está guiada bajo la política de concertación y conciliación entre clases sociales, por lo que la indignación de tales direcciones no pasará de los discursos veintejulieros, de querellas jurídicas y de alegatos en el establo parlamentario, recursos inútiles cuando la situación exige la preparación de los trabajadores y sus familias para enfrentar con la lucha en las calles y la huelga las nuevas pretensiones de sus enemigos irreconciliables.

Esta bofetada que preparan los monopolios representados hoy en el uribismo, debe ser respondida con la unidad y la lucha organizada de todos los obreros, independientemente de su afiliación sindical; con independencia del Estado y los politiqueros; con la lucha directa en las calles, comprometiéndose con la organización de la Huelga Política de Masas, hoy en la forma de un Paro Nacional Indefinido, para enfrentar las políticas antiobreras del Estado burgués, terrateniente y pro imperialista, cuya cabeza es ahora el uribismo, representante y administrador de los negocios de los enemigos de la clase obrera.

El que los planes de los enemigos del pueblo colombiano no se concreten, depende de que triunfe el camino revolucionario de la movilización y lucha directa sobre el camino oportunista de la conciliación y concertación de clases, defendido y aplicado por los jefes de las centrales sindicales. A la vez, estas luchas deben trascender lo inmediato, pues en la medida que el proletariado se atreva, no solo ganará la presente batalla, no solo mejorará sus condiciones materiales y espirituales, sino que le permitirá organizar mejor sus fuerzas para desatar la lucha por una sociedad dirigida por los propios trabajadores, donde el empleo, la salud o la pensión estén garantizados.

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