LA DIRECCION DE LAS CENTRALES OBRERAS Y EL INTERES DE LOS INGENIOS

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A principios de octubre, se conoció que la Superintendencia de Industria y Comercio sancionó con una multa de 320.000 millones de pesos a 12 ingenios azucareros, a Asocaña y a dos empresas comercializadoras, por conformar un «cartel» que imponía barreras que dificultaban la importación de azúcar desde Bolivia, Guatemala, El Salvador y Costa Rica. De inmediato, la Confederación General del Trabajo (CGT), la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), se manifestaron enérgicamente contra dicha sanción que un organismo del Estado burgués le impuso a los explotadores de mano de obra barata en el sector azucarero, a pesar de saber que las multas impuestas a los capitalistas son puramente formales, pues el porcentaje en que se hacen efectivas llega apenas al 0,5% del total1. Cada organización elaboró pronunciamientos públicos y aparecieron en la prensa burguesa dando sus argumentos de lo lesivo e injusto, según ellos, que resulta dicha sanción para la «producción nacional», esgrimiendo además argumentos como que la aplicación de dicha medida, traería consigo miles de despidos y la rebaja sustancial del salario para los obreros que no sean tirados a la calle.

Una vez más las centrales obreras, gracias a la política que las dirige y que las corroe desde su dirección, hacen gala de la concertación y conciliación con las clases enemigas del proletariado, empezando por sus Comités Ejecutivos. Al defender una supuesta «producción nacional» de una tal «burguesía nacional» inexistente en Colombia, demuestran que la actual dirección de las centrales está realmente del lado de los patronos y de su podrido Estado. Y no existe «burguesía nacional» en Colombia porque esta clase parásita es socia y aliada de los imperialistas en la superexplotación del proletariado y en el saqueo de la nación. Y pese a las contradicciones interburguesas que existen entre las distintas capas de las clases dominantes, con el imperialismo existen acuerdos para realizar negocios que en últimas buscan acrecentar las ganancias de unos y otros a costa de la superexplotación y opresión de las clases trabajadoras del país.

Salir a defender los intereses de la burguesía, los terratenientes e imperialistas, mientras no se mueve un dedo para defender los intereses de los proletarios de la ciudad y campo, es desnudar el carácter colaboracionista que tienen las actuales direcciones de las centrales obreras con los patronos y su Estado. Es hacerse los ciegos ante lo sucedido por ejemplo en 2009, cuando los capitalistas de la caña despidieron a miles de corteros, recibiendo el apoyo incondicional del Estado terrorista, que por un lado envió al ESMAD a romper las cabezas de los luchadores, y por el otro, hizo todo lo posible por ilegalizar la huelga y destruir las incipientes organizaciones obreras que estaban naciendo. Mientras la dirección de las centrales no impulsa la lucha directa de los obreros ante los despidos masivos, o contra el anteproyecto que busca eliminar la estabilidad laboral reforzada, sí emiten llamados masivos y contundentes para defender los intereses capitalistas. ¡Salir a defender hoy a dicho sector de la burguesía, es en últimas, ser cómplice de todas las canalladas y atropellos que los dueños de los ingenios han cometido contra los corteros de caña y sus familias!

Si de verdad la dirección de las centrales obreras quisiera luchar por mantener los puestos de trabajo y los salarios de estos proletarios agrícolas, estarían yendo a los cañaduzales a crear o fortalecer las organizaciones obreras; realizarían las denuncias contra los explotadores cañeros que reciben todo el apoyo del Estado burgués a la hora de legislar contra los obreros; desde ya hubieran empezado a promover la solidaridad obrera internacional contra los despidos, contra la rebaja del salario y contra el terrorismo de Estado impuesto a los luchadores. Todas estas son acciones que las bases obreras saben que las direcciones de las centrales no van a promover, no van a orientar, porque es más fuerte su compromiso con los partidos politiqueros de la burguesía y la pequeñaburguesía -de los cuales son parte-, que con toda la clase obrera oprimida políticamente y superexplotada económicamente por burgueses, terratenientes e imperialistas. No van a promover ninguna acción en defensa de los obreros de la caña, porque es más fuerte su compromiso con la tal «burguesía nacional» que machaca en los cañaduzales los músculos y huesos de los humildes corteros a cambio de miserables salarios y paupérrimos contratos de trabajo; con el Estado que legisla en contra de los obreros cuando dicta políticas y leyes que lesionan la asociación sindical, el derecho a la protesta y a la huelga o contra el derecho a la estabilidad laboral reforzada; y con el gobierno de Santos al cual los jefes vendeobreros apoyaron para la reelección esperanzados con la paz de los ricos.

Una vez más han pelado el cobre los oportunistas, los representantes de la burguesía dentro del movimiento obrero, al filar del lado de los ricachones posando hipócritamente de defensores de los derechos de la clase obrera. Por eso más que nunca se hace necesaria la construcción de Federaciones Regionales independientes entre los obreros de base y con los dirigentes honestos y luchadores, que tengan como política el impulso a la lucha de clases, no la concertación y conciliación entre clases, cuya arma principal es la huelga y que se une a las luchas del pueblo por medio de su participación real en las Huelgas Políticas de Masas. Una política así echará atrás las medidas antiobreras y antipopulares del gobierno Santos en un solo movimiento nacional. Se necesita de una nueva Central Sindical Revolucionaria que unifique las fuerzas de los obreros a nivel nacional, las impulse en una fuerte resistencia de clase y las ligue al propósito de la emancipación del yugo del capital, por la destrucción del capitalismo y su Estado y por la construcción del Socialismo.

Será en una sociedad socialista donde la burguesía y demás parásitos sociales no tendrán ninguna consideración especial por parte de las organizaciones obreras, pues la política central de dicho Estado de Dictadura Proletaria será «el que no trabaja, no come».


  1. «Desde su creación en el 2010 Ministerio de Trabajo ha impuesto 9.048 sanciones y multas, pero solo se han cobrado 38, al rededor del 0,5% del total. Así que la función disuasiva de las sanciones es inexistente y el monto de las multas es irrisorio, la impunidad es casi completa.» (8º Informe Nacional de Trabajo Decente. Escuela Nacional Sindical Octubre 7 de 2015). 

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