SOBRE LA HISTORIA DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

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SOBRE LA HISTORIA DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 1

Se cumplen 109 años desde aquel fatídico 8 de marzo de 1908, donde 129 mujeres fueron incineradas por su patrón en la fábrica Cotton (New York), luego de levantarse en huelga para defender y conquistar mejores condiciones de trabajo. Aunque haya pasado más de un siglo, aún nos duelen nuestras mujeres, sobre todo ahora, cuando el capitalismo en su etapa imperialista, se ensaña contra la mujer, degradando cada vez más su papel y condición en la sociedad.

Además de la doble explotación y opresión, encarnada en desigualdad salarial, maltrato marital, esclavitud doméstica, asesinatos, violaciones, golpes, etc., están también los proyectiles almibarados de la burguesía, que velan la opresión machista y en concreto embolatan la historia del por qué se conmemora el Día Internacional de la Mujer.

No es casual el hecho de que la historia no se quiera recordar, pues el asesinato de las 129 obreras textileras, da cuenta de que las mujeres han puesto su propia vida al transitar el camino de su emancipación, porque los capitalistas saben que este fue un hito que marcó el papel de la mujer en la sociedad, demostrando que su participación es determinante en la noble causa de la emancipación del proletariado mundial, tal y como se ha manifestado en las experiencias históricas de La Comuna de París, Rusia y China.

No es gratuito que la burguesía vea borrosa la historia, pues sabe que su derrota se acerca cuando una mujer se organiza y lucha junto al proletariado, y que sus días en el paraíso de la opresión y explotación van disminuyendo. De ahí que sus esfuerzos sean bastantes en la tarea de enlodar el honroso Día Internacional de la Mujer.

A diferencia de las fiestas, el trago, los chocolates y las flores que inundan cada 8 de marzo, los obreros de todo el mundo comenzaron a conmemorar este día a partir del II Congreso Internacional de Mujeres Comunistas en Copenhague en 1910, donde fue aprobada la resolución propuesta por la destacada dirigente Clara Zetkin que declaraba el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Una conmemoración que las mujeres comunistas de Alemania, Suecia, Austria y Finlandia empezaron a realizar organizando manifestaciones callejeras, donde se destaca la que protagonizaron las mujeres de Petrogrado (hoy San Petersburgo) el 8 de Marzo de 1917, manifestándose en contra del gobierno zarista, por pan y paz, precipitando con ello la revolución rusa.

Esta influencia no puede negarla la burguesía, por eso en el afán de disminuir la importancia revolucionaria de este día, en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 declaró 1975 Año Internacional de la Mujer, invitando en 1977 a todos los Estados a declararlo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, eso sí conforme a sus tradiciones históricas y costumbres nacionales. Una invitación y declaración hipócrita que incluso respeta esas tradiciones de sometimiento, castigo, golpizas y hasta asesinatos, protegidos y aceptados por la misma legislación.

Todo esto en el fin de mostrar al capitalismo como benefactor y protector de las mujeres, cuando en verdad es un verdugo que la convierte en objeto sexual y en una mercancía más que le genera multimillonarias ganancias. Por eso, cuentan la historia a medias, y ocultan la causa por la cual fue proclamado el Día Internacional de la Mujer, aludiendo que ya se celebraba desde antes un Woman’s Day en Estados Unidos, enredando la fecha del asesinato de las compañeras textileras en 1908 y la huelga de las camiseras de 1909 también en Estados Unidos, conocido como «el levantamiento de las 20 mil», trasladándola hacia 1857 para poner en duda el hecho, donde según la historiadora canadiense Renée Côté, no existen pruebas documentales de que un incendio de esas características se produjera ese año, ni que ese hecho fuera el motivo para establecer una jornada internacional de las mujeres.

Se rasgan las vestiduras, para hacer olvidar el repudiable hecho que hoy nos lleva a conmemorar un año en memoria de esas valientes mujeres, que ampliaron las miras no solo de las obreras, sino de todas las mujeres en la sociedad a quienes es dedicado el 8 de marzo, por ello, no se puede esperar que las mujeres de otras clases tomen la bandera de la emancipación, mucho menos que desde la ideología burguesa se exalte el valioso papel de la mujer en todos los asuntos de la sociedad; esa es labor principal de los comunistas, de las mujeres revolucionarias, de las doblemente explotadas y oprimidas, que una vez son conscientes de la necesidad de destruir este asqueroso sistema que agudiza su situación, actuarán con el filo revolucionario más potente siendo doblemente revolucionarias.

Por ello este 8 de marzo el movimiento obrero debe recordar como ya lo hecho en sus páginas, en sus actos especiales y en toda su propaganda que la emancipación de la mujer sólo puede lograrse en la medida en que se logre la emancipación de la clase obrera, que la experiencia de los movimientos liberadores confirma que el éxito de la Revolución depende del grado en que participen las mujeres», que las mujeres están llamadas a luchar al lado de los hombres contra el sistema capitalista, que es el que las explota en el infierno de las fábricas y que la burguesía es la clase que ha contaminado con su ideología reaccionaria a los obreros llevándolos a comportarse como burgueses en sus relaciones con la mujer, particularmente con su esposa y sus hijas, situación que sólo podrá cambiarse cuando el proletariado, en alianza con los campesinos, destruya el Estado burgués y sobre sus ruinas construya el Estado de Dictadura del Proletariado.

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