Putin, un imperialista despreciable y su concepto sobre la mujer

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Vladimir Putin, presidente de la Rusia imperialista fue muy sincero a la hora de expresar su opinión frente a la mujer y a los homosexuales. Putin, al que un sector de las masas e incluso de los revolucionarios equivocadamente califican de progresista por oponerse a los planes de Trump y sus aliados, dijo: «No soy una mujer, así que no tengo días malos. No estoy tratando de insultar a nadie. Es sólo la naturaleza de las cosas. Hay ciertos ciclos naturales». Para este representante del imperialismo europeo la naturaleza de la mujer es tener días malos, léase, ser débil o «improductiva» en los días de ciclo menstrual. Nada más falso que eso, pues la experiencia ha demostrado que la mujer es mucho más fuerte que los hombres en muchos aspectos, más aguerrida y logra sobreponerse a las dificultades, y contra el dolor y la incomodidad que le generan los cólicos continúan su ritmo normal de trabajo, de crianza de sus hijos y de lucha.

Qué fácil es juzgar a las mujeres desde un mullido sillón presidencial, con cientos de sirvientes a su alrededor y custodiado por uno de los ejércitos más poderosos del mundo… ¡qué fácil le queda a un parásito social juzgar a las mujeres que tienen que enfrentarse a la opresión de la asquerosa sociedad capitalista y a la mayoría de ellas, a la doble explotación en la fábrica y en el hogar! Al final esto no es solo lo que piensa un burgués como Putin, es la ideología que sobre la mujer tienen las clases dominantes y que no cesan en su esfuerzo por establecer leyes que restrinjan la contratación laboral de la mujer, pues según esos ociosos, rinde menos en los días en que tiene la menstruación. Cuando las mujeres protestan o cuestionan no es porque «estén en sus días» como popularmente se les critica. La sociedad necesita más mujeres con ideas de liberación social y menos mujeres sumisas, que son al final las que les gustan a los asesinos y explotadores como Putin y su ralea.

A las mujeres del pueblo les corresponde educar con paciencia a los obreros y campesinos que alcanzan a permearse por esas asquerosas ideas, pero que no son propias del proletariado. Es deber de ellas ocupar su puesto en la batalla contra el sistema capitalista y erradicar de raíz en medio de la lucha directa contra el imperialismo la ideología burguesa que las denigra y humilla de todas las formas.

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