San José de Uré y la Continuación de la Guerra Contra el Pueblo

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San José de Uré y la Continuación de la Guerra Contra el Pueblo 1

Imagínense que están en su rancho, han almorzado lo que se pudo hacer ese día, y mientras se ha reposado para continuar con las labores cotidianas, llegan al pueblo 10 hombres fuertemente armados gritando, insultado y apuntando con sus armas para que todos; los niños, la mamá, la abuela, el tío enfermo, los perros; TODOS se concentren en la plaza central; usted tiene mucho miedo, piensa en su familia e impotente para responder espera para ver qué sucede; los malditos se identifican como los Caparrapos y entre grosería y amenazas, llaman aparte a Jader Polo y a Jader Pertuz, los asesinan delante de todos, luego amenazan con que acribillarán a todos si llaman al Ejercito y se van jactándose de su criminal “hazaña”.

A una parte del pueblo, le es difícil imaginar algo así; pero fue la cotidianidad para muchos campesinos en la guerra reaccionaria que inició en la década del 80 y aún no ha terminado.

Esto sucedió la semana pasada, el 23 de mayo en San José de Uré, un municipio al sur de Córdoba; el cual ha venido siendo azotado por el asesinato de líderes, el desplazamiento forzoso y la miseria que campea en estas regiones estratégicas, puesto que son corredores de tráfico de drogas y con perspectivas de proyectos mineros, como lo denuncia la Asociación de Campesinos del Sur de Córdoba – Ascsucor en un comunicado emitido el 24 de mayo:

“Con el entretejido del conflicto armado repuntando, los intereses de explotación de minerales u otros recursos naturales (legal e ilegal) en su máxima expresión, la cruda presencia de agrupaciones armadas que dominan los territorios el panorama es plenamente aterrador; cabe resaltar que hemos denunciado todo lo sucedido anteriormente”. (Ver: Campea el terror en las comunidades campesinas…)

El asesinato de estos dos jóvenes y Luis Fernando Velásquez, otro campesino asesinado ese mismo día pero en otra vereda, son reportados por la prensa burguesa como muertos a manos del grupo criminal llamado los Caparrapos, una disidencia del Clan del Golfo; éste, según los informes oficiales, es el más importante grupo narcotraficante que está en disputa con otros por el control del negocio de los psicotrópicos. Todos los medios oficiales junto con los diferentes estamentos estatales “indignados” exigen que haya resultados por parte de las fuerzas militares y pronto capturen a los jefes de estas bandas criminales, para que llegue la tranquilidad a esas poblaciones.

Por su parte, los voceros de los partidos de la llamada oposición exigen el cumplimiento de los “acuerdos de paz”, que en uno de sus puntos contempla la sustitución de cultivos ilícitos, en los que precisamente estos jóvenes se habían inscrito, así como instan al gobierno Duque a no ponerle trabas a la JEP, para lograr así una “paz justa y duradera”… mientras tanto, la guerra el terror y la muerte continúan, corroborando lo dicho por Revolución Obrera en estos años: ¡La paz de los ricos es guerra contra el pueblo!

Por desgracia, los hechos demuestran que la guerra contra el pueblo se ha intensificado y que tanto el “proceso de paz”, como todos los llamados a la paz que hacen los partidos de la pequeña burguesía y voceros demócratas de la burguesía, han sido una mordaza para el pueblo que sigue recibiendo las balas mientras espera a que el Estado cumpla.

Los cánticos de paz que llaman a exigir por las vías legales y pacíficas, tratan de impedir que los obreros y campesinos se organicen de forma independiente y enfrenten a los verdaderos responsables de esta guerra, a los que han financiado estos ejércitos; podrán capturar o asesinar a los jefes de las bandas criminales, pero los verdaderos responsables, las empresas mineras nacionales y extranjeras, los Uribe, los Char, los Dangon, los Sarmiento Angulo, los Lafaurie, los Santos, los Valencia, y otras cuantas familias que tienen las manos ensangrentadas, solo pagarán cuando el pueblo se levante contra ellos.

Por ahora, los campesinos de todas esta regiones deben organizar sus propias guardias, no confiar en el Estado y unirse junto con los obreros de la ciudad para organizar un paro nacional que dure hasta que se cumplan las exigencias que les permitan mitigar temporalmente la situación; pero sobre todo, que sirva como entrenamiento para la revolución, pues el problema del campo no puede ser resuelto en el capitalismo, ya que la burguesía y los terratenientes defenderán a sangre y fuego la gran propiedad privada que han usurpado a los pobres; los únicos proyectos productivos que están dispuestos a impulsar son los que beneficien sus inversiones y las de los grandes monopolios imperialistas; su interés no es defender las fuentes hídricas, ni los páramos, ni acabar con el negocio de la coca, porque su único móvil es la ganancia.

Para el campo en Colombia el único camino que queda es la revolución proletaria; cuyo programa se propone nacionalizar inmediatamente toda la tierra y todos los recursos naturales (petróleo, carbón, minas, bosques, aguas). Expropiar y confiscar sin indemnización la tierra de los terratenientes, de las instituciones religiosas, de las concesiones dadas al imperialismo, de la burguesía industrial y comercial en el campo. Dejar en estricto usufructo la tierra de los campesinos medios (pequeña burguesía agraria) y de los campesinos pobres (semiproletarios). En determinados casos, entrega en posesión de una parte de la tierra confiscada. Prestar ayuda material inmediata a los aliados del proletariado en el campo (asistencia técnica y tecnológica, subsidios, mercadeo y todo lo que necesiten para mejorar sus condiciones económicas, sociales y políticas), estimular con el ejemplo y la ayuda socialista a los campesinos revolucionarios, para que puedan avanzar al trabajo colectivo de la tierra, y a la gran agricultura socialista.

Compañeros, no se pueden permitir otros 25 años de guerra contra el pueblo, esperando hasta que de buena manera los capitalistas repartan mejor sus riquezas; o a que llegue el “presidente del pueblo”; ni siquiera con el cumplimiento de los acuerdos de La Habana o con que se perdone a los criminales en la JEP, la paz llegará: a la guerra reaccionaria hay que responder con la guerra revolucionaria.

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