EL ENGAÑO DE LA PAZ VS EL CAMINO DE LA LUCHA REVOLUCIONARIA

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Paz de los ricos

En los últimos meses, las reaccionarias clases dominantes han convertido la farsa de la paz en la noticia del día a día. Y en una sociedad dividida en clases como la colombiana, los explotados y oprimidos ―obreros y campesinos― se hacen diferentes preguntas como ¿de cuál paz se está hablando en La Habana y por cuál hay que luchar? ¿Por qué ahora, cuando se habla tanto de paz, aumenta la guerra contra el pueblo? y sobre todo se preguntan ¿Cuál será el camino que deben seguir los de abajo, para enfrentar los atropellos del capitalismo y la guerra reaccionaria que se vive en el país? Estos entre otros, son los interrogantes que se hace la gente del pueblo porque las promesas de paz y prosperidad no se corresponden con el infierno que se vive en realidad.

El pueblo quiere la paz pero frente a sus justos anhelos de paz se le proponen dos caminos: uno, el de la paz de los ricos, que es el camino de la conciliación y concertación con sus enemigos y victimarios que busca legalizar el despojo de los pobres del campo y no acabará con la guerra; el otro, es el camino de la lucha revolucionaria para conquistar las reivindicaciones inmediatas de los trabajadores del campo y la ciudad y de la preparación del pueblo para acabar con las causas de la guerra. Uno, es el camino de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo; el otro, es el camino del proletariado revolucionario. El camino de los enemigos de los trabajadores es apoyado por todos los partidos reformistas que se dicen amigos del pueblo y respaldan los diálogos del gobierno con los jefes de las Farc en La Habana; el camino del proletariado lo está escribiendo el pueblo mismo en su lucha constante, en los paros y bloqueos, en las huelgas y mítines, en las protestas, revueltas y asonadas contra los abusos de las clases dominantes representadas en el Estado.

¿Por qué el camino de la conciliación y concertación de clases no le sirve al pueblo?

La paz que negocian en La Habana no es la paz para el pueblo, allí se busca la paz de los ricos. Por ello pretenden persuadir al pueblo obrero y campesino que la paz es para todos y lo mismo los beneficios, ¡mentira! Los temas que allí se tratan son un engaño para los pobres, ya que las verdaderas aspiraciones de los señores dueños de tierras y capital, no es solucionar el problema de las víctimas y del pueblo trabajador; los diferentes imperialistas, la burguesía y los terratenientes quieren esa paz para explotar tranquilamente a sus esclavos asalariados, cobrar sus rentas y saquear el país.

Si se analiza así sea de manera superficial la agenda que llevan discutiendo en La Habano durante casi 4 años no quedan dudas:

1 Sobre la Política de Desarrollo Agrario Integral: con frases demagógicas manifiesta la oficina para el alto comisionado para la paz que «el acuerdo sienta las bases para la transformación del campo y crea las condiciones del buen vivir para la población rural. Busca la erradicación de la pobreza rural extrema y disminución en un 50% de la pobreza en el campo en un plazo de 10 años…» cuando en verdad busca dar un nuevo impulso al desarrollo del capitalismo en el campo; y como parte de dicho propósito, está legalizar el despojo de 10 millones de hectáreas expropiadas a sangre y fuego a los pobres del campo, para entregárselas a los grandes monopolios locales e internacionales. A pesar de la Ley de Reparación de Víctimas y Restitución de Tierras, la realidad es que hasta la fecha, después de 5 años, las tierras devueltas no equivalen siquiera al 1%, con el agravante de que los reclamantes están siendo asesinados o desplazados nuevamente. En cambio, desde ya grandes monopolios usufructúan el resultado del despojo, apropiándose fraudulentamente de las tierras, como son los casos, por ejemplo: de Cargill (agroindustria de cereales estadounidense) que “compró” 52.574 hectáreas en Vichada mediante 60 empresas fachada; ARGOS, demandada colectivamente por 22 familias campesinas del área rural de San Onofre despojadas de 2.000 hectáreas, manifiestan que «vendieron sus tierras obligadas por la guerra y que la empresa aprovechó su condición de desplazadas para comprar sus fincas»; el Grupo Sarmiento ―a través de Corficolombiana― es propietario de Mavalle la mayor plantación de caucho en Colombia; el Grupo Manuelita que tiene dos cultivos de palma en el Meta y en Casanare para atender la producción de biocombustibles.

De ahí que las diferentes formas de impulsar la pequeña producción campesina familiar, comunitaria, en las Zonas de Reserva Campesina y hasta la participación de campesinos pobres y medios en las Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (ZIDRES), aprobadas en los acuerdo de La Habana, van encaminadas a garantizar fuerza de trabajo barata para el desarrollo de la agricultura industrial en las tierras despojadas.

Por ello los pobres del campo ¡no deben dejarse engañar! deben denunciar el carácter reaccionario de los acuerdos de paz y tomar la iniciativa para recuperar mediante la lucha directa las tierras usurpadas, como lo están haciendo los hermanos indígenas del suroccidente colombiano.

2 Otro punto considerado como fundamental es el Acuerdo sobre las Víctimas: el eslogan de «Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición» es solo palabrería, como ya se puede apreciar, porque prometen exhaustivas investigaciones para determinar cuáles fueron los asesinos, despojadores, cuando en verdad los victimarios son muy conocidos: el Estado colombiano con sus fuerzas estatales y paraestatales como el caso del ex-presidente Uribe promotor y jefe de las Convivir y grupos de autodefensa; o Santos, que siendo Ministro de Defensa en el gobierno de Uribe, fue autor de una de las peores épocas de terror contra el pueblo conocida como «falsos positivos», o las guerrillas que también terminaron convertidas en azote de los pobres del campo y artífices de masacres como la de «La Chinita» por las Farc en Urabá, o la de Machuca en Segovia por el ELN. Y lo de no repetición de los crímenes es un discurso vil y sinvergüenza, porque Santos en su condición de presidente sigue dando las ordenes de masacrar al pueblo. Las exhaustivas investigaciones, la justicia, la reparación y no repetición es demagogia porque en los hechos están haciendo todo lo contrario.

3 La «Participación Política», apertura Democrática para Construir la Paz: es otro tema que causa incredulidad, si se compara el discurso con la cruel realidad del asesinato de dirigentes populares y el tratamiento militar a las manifestaciones del pueblo.

Llama la atención el punto que hace referencia a dar «garantías para la oposición política» cuando las clases dominantes se han caracterizado por sanguinarias, la trágica historia de la sociedad colombiana demuestra su crueldad, por ejemplo, la denominada época de la violencia de los años 50, los años 80 y 90 con el asesinato de más de 4 mil integrantes de la Unión Patriótica.

La actuación sanguinaria de las clases dominantes en Colombia no ha cambiado, y se puede apreciar desde el mismo inicio del gobierno de la «paz» de Santos, durante el cual no han cesado los asesinatos. Según el informe presentado el 12 de abril de 2016 en el parlamento británico por la organización Justice for Colombia se denuncia que «534 activistas políticos han sido asesinados en Colombia entre 2011 y 2015. Los asesinatos se dieron en 26 de los 32 departamentos del país. Antioquia fue el lugar más violento del país con 94 asesinatos durante los cinco años. Cauca le siguió con 59».

Mariela Kohon, Directora de Justice for Colombia dijo: «El informe demuestra que todo tipo de activista ha sido perseguido en Colombia, la lista de los activistas asesinados incluye activistas comunitarios, campesinos, indígenas, sindicales, ambientales, miembros del movimiento LGBT, impulsores del actual proceso de paz, además de activistas de restitución de tierras y por los derechos de las víctimas».

Mienten una vez más cuando hablan de mayor participación ciudadana y de «acciones para fortalecer y dar garantías a los movimientos y organizaciones sociales así como para la movilización y la protesta». Y si comparamos el discurso del gobierno de Santos que habla de paz, con los hechos día tras día, se ve que sigue masacrando al pueblo, por dar un ejemplo, durante las movilizaciones campesinas e indígenas de junio del presente año fueron asesinados tres indígenas y heridos más de un centenar, entre indígenas y campesinos en el suroccidente colombiano. Entonces ¿cuál es la paz de La Habana? …la de los cementerios para los pobres y luchadores y la de privilegios para las reaccionarias clases dominantes.

4 Solución al problema de cultivos ilícitos: Aquí no se trata de resolver la situación de los campesinos que cultivan la coca, marihuana, amapola o de curar a los adictos; la pretensión consiste en llegar a un acuerdo para repartirse la ganancia que genera la producción industrial de los psicotrópicos. Industria en la que participan las guerrillas, sectores de las clases dominantes y hasta los mismos países imperialistas que se lucran directa o indirectamente de dicho negocio.

Por todo lo anterior, se debe denunciar el gran servicio que reformistas (Marcha Patriótica, Polo, la misma cúpula de las FARC) y oportunistas les brindan a los enemigos del pueblo, imperialistas, burgueses y terratenientes, con su propósito reaccionario de persuadir a las masas luchadoras de obreros, campesinos e indígenas a respaldar la paz de los ricos, mediante el camino de la conciliación y concertación entre clases irreconciliables. Es criminal lo que hacen los falsos amigos del pueblo, porque mientras ayudan a difundir la perorata de la paz, el Estado descarga toda su fuerza armada contra las justas protestas del pueblo mediante el ejército, la policía y los escuadrones asesinos del ESMAD.

Para que la lucha de las masas pueda triunfar, es necesario liberarse de esa política dañina de conciliación y concertación de clases, de la mentira del pacifismo con el que pretenden frenar la lucha directa; los falsos amigos del pueblo (partidos reformistas y oportunistas) se unen a las diferentes luchas con la aspiración de que se abandonen las vías de hecho y se termine en «mesas de trabajo» cuyo resultado es desmoralizar y desmovilizar la lucha. De ahí que los supuestos amigos de las masas con sus llamados a no luchar, o de llevar los problemas a las mesas de trabajo e incluso a La Habana, resultan ser un enemigo más peligroso por su labor corruptora y pacifista en beneficio de las clases explotadoras, cuando precisamente se requiere unir todas las luchas para triunfar.

Un caso reciente e ilustrativo del camino pacifista y traidor a la lucha del pueblo, fue lo hecho por los partidos reformistas y oportunistas a través de las camarillas que dirigen las centrales sindicales, contribuyendo a frenar la realización de un verdadero paro nacional. Ante la iniciativa de organizar un paro nacional desde abajo a raíz de la movilización nacional de enero convocada por el movimiento social E-24, las camarillas dirigentes de las centrales sindicales se sumaron resucitando el Comando Nacional Unitario para atravesarse y evitar que sirviera al avance general de la lucha revolucionaria del pueblo colombiano, reduciendo el Paro Nacional a la jornada del 17 de marzo y pretendiendo convertirlo en un movimiento de apoyo al proceso de paz, como lo expresaron abiertamente en el «pliego» presentado al gobierno: «Las organizaciones firmantes apoyamos las negociaciones del gobierno nacional con las guerrillas para poner fin al conflicto interno». Ahí se puede apreciar su papel servil a los enemigos del pueblo.

El camino de la lucha obrera campesina y popular

Contrario a la publicidad sobre la paz, democracia y prosperidad para el pueblo colombiano, las clases explotadoras a través de su Estado aplican la dictadura contra el pueblo sometiéndolo a condiciones degradantes como son la racha de despidos masivos, cierres de empresas, despidos selectivos de dirigentes y activistas sindicales, persecución a los sindicatos de trabajadores temporales, leyes anti-obreras que generalizan el leonino negocio de la subcontratación, rebajan el salario y suprimen derechos como la estabilidad laboral reforzada de los obreros lisiados a causa del trabajo, reformas pensional y tributaria, aumento de tarifas del transporte y servicios públicos, cierre de hospitales públicos, fortalecimiento del negocio privado de la salud y de la educación, dilación y engaño a los desplazados, muerte y cárcel a dirigentes obreros y populares, incremento de las desapariciones forzadas, de la represión y la brutalidad policial contra las protestas y movimientos de las masas populares.

Ante dicha arremetida, el pueblo trabajador recurre al camino de la lucha revolucionaria, a las vías de hecho para defender y conquistar sus derechos, siendo ejemplar destacar la rebelión campesina del 2013, el gran paro de maestros del 2014 aunque la camarilla dirigente de FECODE lo hubiese traicionado, la valerosa lucha de los maestros de ASOINCA en el Cauca con la que consiguieron mejorar el sistema de salud de sus afiliados, la jornada nacional del 17 de marzo a pesar de la actuación traidora de las camarillas de las centrales sindicales, la lucha permanente de los obreros del Acueducto y la Empresa de Telecomunicaciones en Bogotá contra la privatización, la sistemática movilización de los recicladores para que los monopolios del servicio de aseo no les arrebaten lo conquistado, el reciente paro agrario exigiendo el cumplimiento al gobierno de Santos… una gran rebeldía que crece en contravía de las mentiras de la paz.

De ahí que la necesidad de un Paro Nacional sea la expresión de la aguda lucha de clases en la sociedad, por tanto, contrapuesta al pregón de la falsa paz entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores; un discurso que niega y pretende ocultar la lucha de clases en la sociedad colombiana donde una verdadera paz social implica la igualdad social que significa acabar con las diferencias de clase, cuestión que por supuesto no tiene cabida en el contubernio de La Habana, donde el acuerdo fundamental consiste en mantener intacta la propiedad privada sobre los medios de producción, conservar el «modelo económico» como llaman ellos al régimen de la explotación asalariada, culminar la legalización del despojo a los pobres del campo, fortalecer y extender la «agricultura empresarial» y adornar la dictadura criminal de los explotadores.

Contrario a lo que hacen reformistas y oportunistas de ayudar a los enemigos del pueblo, las masas luchadoras deben sacarle provecho a las fisuras presentadas entre las clases dominantes, donde sectores de terratenientes, burgueses y hasta imperialistas mantienen una pugna por quedar mejor beneficiados en la repartición de tierras, recursos y los futuros negocios que se acuerden en La Habana. Por tal motivo las contradicciones que se presentan entre el sector que representa Santos, la cúpula negociadora de las FARC y Uribe, son secundarios porque tienen la plena identidad de dejar intacto el sistema de explotación y opresión capitalista, el mismo que causa todos los males a los obreros y campesinos en Colombia.

Las masas solo pueden confiar en sus propias fuerzas para derribar a sus comunes enemigos; deben actuar con independencia del Estado, de los partidos que apoyan la paz de los ricos, de los politiqueros y las camarillas sindicales que llaman a «solucionar» todos los problemas en las «Mesas de Trabajo» donde las soluciones se esfuman en promesas. En verdad de La Habana no saldrá solución alguna a los graves problemas de las víctimas de la guerra como tampoco para los oprimidos y explotados en el campo y la ciudad.

Por eso se debe afianzar el camino de la lucha revolucionaria, que exige la creación de Comités de Lucha, de Paro, de Huelga, de realizar Asambleas o Encuentros Obrero Populares, donde sean las masas las que tomen las decisiones, aplicando el método de no levantar el paro hasta lograr arrancar las reivindicaciones al Estado representante de las clases explotadoras.

Finalmente, es importante aclarar que las reivindicaciones por las que luchan las masas son justas y necesarias, más no suficientes para su completa emancipación del yugo del capital, éstas deben servir para que los explotados y oprimidos no se dejen degradar, para tener vitalidad, asumiendo las diferentes formas de organización y de lucha como parte de la preparación de una verdadera Guerra Popular en la que el pueblo trabajador se proponga destruir el viejo Estado burgués y construir un nuevo Estado de obreros y campesinos, capaz de acabar con la esclavitud asalariada, capaz de emancipar a los pobres del campo y la ciudad.

¡Ni Paz con los Explotadores, ni Paz con los Opresores!

¡La Paz de los Ricos es Guerra Contra el Pueblo!

¡Viva la Lucha Revolucionaria de Masas!

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