LA TRAGEDIA DE LOS INMIGRANTES Y SU ÚNICA SOLUCIÓN

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Los primeros días de octubre fueron terriblemente dramáticos en la situación de los inmigrantes que buscan llegar a costas europeas a través del mar Mediterráneo. En sólo 48 horas cerca de 10.600 personas fueron rescatadas con vida, mientras que más de 50 cadáveres fueron recogidos de las aguas. Las imágenes que dieron la vuelta al mundo son ilustrativas del diario vivir de millones de personas que huyen de la guerra, del hambre, de la segregación, y se enrumban hacia otras tierras, principalmente europeas, en busca de nuevas oportunidades. Sin duda, esta terrible situación de vivir como nómadas en busca de comida y atención humanitaria, se ha vuelto parte normal del panorama mundial; como que fuera un producto natural como lo es el hambre, la explotación, la destrucción de la naturaleza, las guerras, etc.

El mar Mediterráneo, se ha vuelto un sendero de la muerte en busca de la libertad; por allí son transportadas diariamente centenares de personas en improvisadas barcazas, apeñuscadas y presa ya no solo de la guerra y el hambre en sus países de origen, sino víctimas de los traficantes que aprovechan su tragedia en un jugosísimo negocio endulzado con la ilusión de encontrar una mejor vida en el continente europeo.

Y claro, el drama de los inmigrantes no sólo no ha disminuido, sino que ha crecido de manera exponencial en el mundo. Según Acnur -una institución creada por los propios imperialistas para ponerle careta humanitaria a la acción de sus amos burgueses- en el año 2015 más de 14,5 millones de personas abandonaron sus lugares de vivienda por diversos motivos, sobre todo por guerras y persecución, lo que eleva la cifra a más de 65,3 millones de personas que en el mundo se encuentran en condición de desplazamiento forzado. Cifras que de seguro deben ser mayores y maquilladas, pues son hechas por una institución al servicio de los imperialistas. Pero aún es más dramático, de los llamados refugiados en el 2015, más de la mitad son niños, y de ellos, un gran porcentaje fueron menores de 18 años que tuvieron que viajar solos, ya que sus familias fueron asesinadas en medio de los conflictos bélicos. Siria, Irak, Sudán, Afganistán, Yemen, Burundí, Ucrania, Kurdistán, son apenas algunos de los países donde existen guerras que provocan millones de desplazados. Pero claro, no sólo las guerras abiertas entre ejércitos en contienda producen muertos y desplazados. Casos como México o Colombia, donde además están azotados por el fenómeno del narcotráfico han producido un enorme porcentaje de desplazados que deben huir de las bandas o incluso ejércitos que se disputan enormes extensiones de tierra para producir sicotrópicos, o para la agroindustria como lo es el caso propio de Colombia, donde los grandes magnates del azúcar o la minería, lanzan campañas de expulsión o asesinato en zonas para poner a producir a gran escala.

El desplazamiento forzado por ende, no es sólo una terrible tragedia mundial, es un producto natural de la sociedad actual basada en el asqueroso apetito de la insaciable ganancia, producto de la explotación de millones de seres humanos y la disputa desenfrenada del dominio y destrucción sin límites de los recursos naturales. El capitalismo imperialista es un sistema que se sostiene en medio de las guerras, no puede vivir sin ellas, pues sus protagonistas son fuertes contrincantes que viven de la búsqueda de mayor control militar, político y económico, de ensanchar su poderío en detrimento del de sus oponentes; y para lograrlo desatan guerras por doquier para vencerlos.

Los capitalistas y todos sus gobiernos y regímenes en el planeta no son cualitativamente distintos, pues todos hacen parte de un enorme sistema mundial que se retroalimenta en la medida que cada gobierno y país ocupa y juega su papel en el infierno de la explotación capitalista. Países como Colombia, son partícipes de este nefasto juego de la muerte y la ganancia. Por ello la cuota de muertos y desplazados que coloca en esta cifra no es de poca monta, ya que sus políticas obedecen a mandatos imperialistas que exigen medidas de todo orden para superexplotar al hombre y la naturaleza. Las medidas políticas y sociales que impulsa e impone cada gobierno, no se dan de manera aislada, sino como parte de una política general del imperialismo para salvaguardar su dominación; y en el caso actual, se destaca el afán por poner paliativos a la gran crisis general del capitalismo que tiene en aprietos a toda la burguesía del mundo, ya que no ha podido encontrar soluciones que les lleven a una tranquilidad sostenida. Por esa razón toman medidas que van desde el desarrollo de guerras regionales donde se disputan el control de países enteros agrandando la cifra de desplazados, hasta medidas económicas como la virulenta reforma laboral que el falso gobierno «socialista» de Francia ha impuesto a rajatabla.

Es una completa mentira toda la campaña que los imperialistas desarrollan en favor de la paz mundial o sus miserables declaraciones de acabar con el hambre en el planeta, o las de sus falsos compromisos para cuidarlo. Su práctica es completamente contraria, como lo es en los hechos las medidas que el gobierno del nuevo Nobel de Paz toma en contra de las masas en Colombia; mientras levanta las banderas de la pacificación en el país, descarga todo un arsenal de medidas económicas contra las masas, y mientras recorta el presupuesto para la educación y la salud, incrementa de forma desmedida el presupuesto para las fuerzas armadas. Sus políticas no son de paz para las masas, son de pacificación a sangre y fuego; por eso, a pesar de tener nobel de paz, el desplazamiento forzado en el mundo seguirá siendo engrosado por la cuota que a Colombia le corresponde.

En el caso concreto de los miles de desplazados que llegan a Europa, precisamente los principales responsables son los mismos gobiernos de la Unión Europea, quienes por siglos han mantenido explotados a los obreros, campesinos e indígenas en los países africanos y a muchos de Asia. La práctica asesina y expoliadora de la burguesía europea es la responsable directa de estos migrantes, y ahora posan de redentores predicando falsas políticas de ayuda humanitaria; tan falsas que sus discursos humanistas están refrendados es con leyes antiinmigrantes que cierran fronteras para impedir el ingreso o permanencia de los desplazados, incrementando así la dolorosa tragedia que traen a cuestas desde sus países de origen.

Al final, todos los que huyen de sus tierras, pasan a engrosan el ejército que va por el mundo, despojados de todo, hasta de su territorialidad y nacionalidad; son fuerzas que luchan por no dejarse doblegar y destruir, nuevos obreros que con tenacidad personifican el carácter internacional de la clase más revolucionaria de la sociedad, proletarios en busca de vender su fuerza de trabajo para sobrevivir en medio del infierno de la explotación brutal del moribundo sistema capitalista.

La tragedia que viven los inmigrantes en el mundo, tiene en las aguas del mar Mediterráneo un aliciente para no olvidar, para comprender que por duro que parezca, la solución no está en la reubicación de los desplazados, pues el imperialismo los seguirá produciendo mientras viva este sistema basado en la explotación y la opresión. La única solución por ende para acabar con esta tragedia para las masas es combatir las guerras reaccionarias con guerras revolucionarias y destruir desde sus cimientos este podrido sistema. ¡La revolución proletaria, es la única solución!

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