El pueblo de Cataluña tiene derecho a decidir y esa bandera se defiende con la lucha

El pueblo de Cataluña tiene derecho a decidir y esa bandera se defiende con la lucha 1

En Cataluña, una comunidad compuesta por algo más de 7 millones de personas, donde se ubica Barcelona, la segunda ciudad más importante de España, se ha llevado a cabo un referendo independentista. De inmediato, el Estado español descargó su furia represiva enviando a sus gendarmes asesinos a golpear a la población para impedir con la fuerza, que las masas y en general todas las personas expresaran mediante el voto su posición por el SI o por el NO para la intención de separarse de España y constituir un nuevo Estado. Las fuerzas represivas se lanzaron con furia indiscriminada para recordarle al pueblo catalán quien manda en el Estado Español; los medios de comunicación registraron la manera brutal como ese Estado ejerce la dictadura burguesa sobre una nacionalidad e IMPONE SU «DEMOCRACIA» por orden directa del presidente Mariano Rajoy.

Las cifras gruesas de la votación fueron:

LOCALIDAD POR EL SÍ POR EL NO EN BLANCO
Barcelona 1.420.539 146.427 36.877
Girona 247.984 10.322 3.200
Lleida 146.583 7.485 2.129
Tarragona 205.038 12.331 3.380

Son 2.020.144 los votos a favor del Sí, 176.566 votos por el NO, un 90,09% de los votos a favor de la independencia catalana y 7,87% a favor del No. En cuanto a la participación, según los últimos datos sería del 42,58%.

Bajo el Estado Español, vive una bomba de tiempo, las nacionalidades, que en ese «Estado» (no «país» como comúnmente se le llamaría), es un problema de grueso calibre, toda vez que no es fácil desde ningún punto de vista, mantener unidas a varias nacionalidades bajo un sistema económico como el capitalismo, que se basa en la explotación económica, y en el sojuzgamiento de las nacionalidades y de los pueblos y países oprimidos. En España, constitucionalmente existen como «comunidades autónomas» reconocidas además como Nacionalidades: Andalucía, Aragón, Islas Baleares, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, País Vasco. Además, reconocidas como Comunidades Históricas: Asturias, Cantabria, y Castilla y León.

De ahí que lo que hoy se está viviendo con ocasión del plebiscito independentista en Cataluña, sea simplemente la punta del iceberg, de un problema mayúsculo que trae España de muchos años atrás; en plata blanca, el Estado español se mantiene pegado a las malas, y no sería extraño que en cualquier momento explosionara producto de la maraña de contradicciones internas que entre otras se han agravado dramáticamente por la crisis económica del capitalismo mundial, donde precisamente España ha sido uno de los más golpeados por esta debacle general de un sistema anacrónico incapaz de resolver los problemas más básicos de la sociedad.

Intereses económicos es lo esencial en esta situación política. Cataluña es dentro de la economía española, una joya para el Estado, su economía representa el 27% del PIB de toda España, mientras que ocupa apenas el 6,3% de su territorio y en población apenas son el 16% de los más de 46 millones de habitantes. Esta condición se ha hecho extremadamente notoria con la crisis económica, toda vez que los catalanes hay sentido al igual que en todo el país, las consecuencias de la crisis y eso ha sido muy bien aprovechado por varias fuerzas políticas interesadas en la separación, para enrostrarle al gobierno central que la región catalana se echa sobre sus espaldas un enorme peso para sostener al resto del país. Separatistas y opositores saben del monto del botín, así que por las buenas no van a ceder en esta pelea que lleva décadas.

El derecho a la autodeterminación de los pueblos no es negociable y se defiende por encima de cualquier interés económico. Y así como hay que movilizarse y rechazar de manera contundente la intromisión de los imperialistas en Venezuela, Corea del Norte, Siria, Palestina, etc.; de esa misma manera se debe reconocer el pleno derecho de la población de una región determinada a decidir sobre sus planes económicos, políticos y sociales. Si la inmensa mayoría de los catalanes deciden establecerse como Estado y país independiente, esa decisión debe ser respetada sin condicionamientos. Y claro, ahí se levanta el puño opresor, represivo y sojuzgador del gobierno para buscar por medio de la represión si fuera necesario someter a sus designios a la población. Tal es el carácter impositivo y opresor del Estado español que incluso dentro de su constitución, al lado del «reconocimiento de las nacionalidades» e incluso del «derecho a establecer» gobierno regionales, tienen el nefasto artículo 155 que faculta al gobierno central a tomar control de una comunidad autónoma si ésta entrara en desacato de la Constitución.

Ahora bien, ¿quiénes salen ganando con la separación de la región de Cataluña de España? No se puede juzgar un hecho como estos, como si todos los ciudadanos fueran iguales, y por ende los intereses fueran los mismos. Una cosa es lo que buscan los bloques económicos y los políticos que los representan, que incluso, con un buen acuerdo que los favorezca, podrían hasta arriar las banderas independentistas y volverse los más fervientes defensores de la unidad de toda España, si sus bolsillos reciben una tajada mucho más grande del botín económico y más poder político. Otra cosa muy distinta es la situación de las masas trabajadoras, que han sido golpeadas por la crisis general del capitalismo y que esa condición ha hecho que el independentismo tome fuerza y se haya creado la idea de que si son una nacionalidad que se llegara a establecer como país, sus condiciones mejorarían radicalmente; lo cual es una tremenda falacia; pues con la independencia no se garantizan cambios fundamentales. Esa ha sido la historia de tantas naciones que conquistaron la independencia pero en las que las masas siguieron en las mismas, incluso, hasta en peores condiciones.

El Programa Para la Revolución en Colombia de la Unión Obrera Comunista (mlm), lo expresa claramente:

El problema colonial y semicolonial del imperialismo, hay que resolverlo como un problema de la fase imperialista y no como un problema de la fase de libre competencia entre naciones. En los países semifeudales sólo se puede resolver de conjunto y en relación con la revolución antifeudal dirigida por el proletariado. En los países capitalistas sólo se puede resolver de conjunto y en relación con la revolución anticapitalista del proletariado. En los Estados multinacionales, sólo el socialismo y la dictadura del proletariado pueden proporcionar la base material para la igualdad nacional, la plena libertad de separación o de unión de las naciones, y la libertad de las naciones a existir como Estados independientes.”

Como sea que se presenten las contradicciones, el camino es la lucha directa, en las calles. Eso lo está refrendando la situación en España, pues por más que se logre un referendo con tamaña mayoría, se tuvo que pasar al enfrentamiento de masas, a la huelga, a la movilización, y si se siguen agudizando las contradicciones, la fuerza represiva del Estado español no va a amainar, todo lo contrario, se va a intensificar y la única respuesta coherente es la lucha directa y la imposición por la fuerza de la decisión popular. El camino de la burguesía con intereses en la región de Cataluña puede variar de la noche a la mañana y pueden negociar con relativa facilidad, pero las banderas de las masas, esas no se resuelven en mesas de diálogo, pues muy en el fondo esas sí representan intereses diametralmente opuestos a los de toda la burguesía.

Las masas catalanas deben aprender de esta experiencia y aprovecharlas para las grandes batallas por poner fin definitivo a los grandes problemas de las masas, que al fin de cuentas son los mismos en toda España y con el desarrollo de una lucha revolucionaria, debe sobre todo unir a todo el movimiento obrero y demás fuerzas progresistas y revolucionarias en contra de toda la reacción y poner como meta un Estado de obreros y campesinos, donde la unidad fraternal de todas las nacionalidades sea parte de la fuerza impulsora de la revolución socialista, emulando sin reserva a la unidad fraternal de las nacionalidades que se mantuvo por varias décadas en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

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