LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1917 Y LOS ENORMES LOGROS PARA LA LIBERACIÓN DE LA MUJER

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LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1917 Y LOS ENORMES LOGROS PARA LA LIBERACIÓN DE LA MUJER 1

La Revolución de Octubre de 1917 cumple un siglo este año y es necesario recordar los grandes avances que para la mujer significó dicho hito del Movimiento Comunista Internacional. Nunca antes en la historia de la humanidad la mujer había conquistado tan importantes reivindicaciones para su situación material y espiritual y en tan poco tiempo. Pero esto no fue fácil, fueron muchos los sacrificios que grandes mujeres y hombres de la revolución bolchevique tuvieron que hacer para conquistar grandes y significativos cambios en la situación de la mujer. A continuación haremos un breve recorrido de la lucha que los comunistas dieron en esa época con otras corrientes antimarxistas, especialmente con el feminismo burgués que plantea la lucha por la emancipación de la mujer como un problema de género —hombre vs mujer— opuesto a la posición del proletariado que tiene como blanco de ataque a la división de la sociedad en clases sociales antagónicas, a la hora de resolver el problema de la opresión a la mujer en general y de la doble explotación y doble opresión de la mujer proletaria, además de los logros que para la mujer significó la victoria de la Revolución de Octubre de 1917 hace 100 años.

Antes de la Revolución de Octubre de 1917

En 1870 Rusia vivía bajo el dominio de la autocracia zarista, el capitalismo era incipiente y la clase predominante en la sociedad era el campesinado pobre —85% de la población total de Rusia—, que vivía sumido en la ignorancia y el analfabetismo. La situación de la mujer campesina era terrible, eran casi esclavas. Las batrachkas eran campesinas que se alquilaban por temporadas como esposas y que eran desechadas al quedar embarazadas. El siguiente testimonio de una campesina de la época describe su situación así: «En el campo ven a las mujeres como caballos de tiro. Trabajas toda la vida para tu esposo y toda su familia, soportas golpizas y toda clase de humillaciones, pero no importa, no tienes a dónde ir; estás encadenada al matrimonio».

Esto motivó a un grupo de intelectuales a organizar lo que se llamó el «Círculo Chaikovski», también conocido como la «Gran Sociedad de Propaganda». Surgieron de la Academia de Medicina, para compartir clandestinamente libros prohibidos por el Imperio Ruso, luego ampliaron sus objetivos y llevaron propaganda a los obreros y campesinos con mensajes de liberación social. Entre sus tareas estaba la realización de conferencias anti-capitalistas y la selección, impresión, publicación y distribución a un bajo precio de artículos científicos, entre los que se destacaban autores como Carlos Marx, Ferdinand Lassalle, Charles Darwin, entre otros. Su composición era ecléctica, pues provenían de diferentes corrientes ideológicas como el socialismo, el anarquismo y el simple deseo de ayudar a los más débiles, que impulsaba a estos jóvenes a trabajar por acabar con el analfabetismo y por llenar de cultura a las masas olvidadas por el zarismo.

En cuanto a la liberación de la mujer, el Círculo fue ejemplo en esa época, pues a la hora de las discusiones no existía ningún tipo de discriminación con las mujeres que podían participar libremente en las deliberaciones. Esto animó a las mujeres que fueron llegando de otros círculos en los cuales la participación masculina era restringida o negada, pues consideraban que la presencia de hombres en dichas asociaciones era una amenaza latente para su autonomía, algo normal para la época en que la mujer era considerada como un objeto sin derecho a opinar; debido a esto, las mujeres organizaban pequeños y restringidos círculos exclusivamente femeninos para tratar sus problemáticas específicas. El feminismo burgués era predominante en esa época, tanto por las facilidades económicas como por el nivel cultural de las que lo impulsaban. Mientras tanto las campesinas eran sometidas en el hogar y las pocas obreras que existían —en relación con las campesinas que eran millones—, eran explotadas desde niñas en la incipiente industria de la época. El Círculo impulsó a las mujeres que se unían a él, a trabajar junto a los compañeros hombres y promovía el trabajo de propaganda entre los obreros y campesinos, difundiendo la idea de que la mujer debía ser liberada de la doble explotación que sufría en el hogar y en la fábrica, y de la doble opresión a la cual las sometía tanto el patrón como sus esposos, padres y hermanos en el hogar.

El movimiento femenino promovió y participó en el movimiento huelguístico que sucedió en la Rusia zarista entre 1870 y 1880 en el cual la mujer participó a gran escala desde diferentes colectivos, que tuvieron como resultado leyes que prohibían el trabajo nocturno de niños y mujeres. Se destaca el trabajo mancomunado entre unas mujeres cada vez más conscientes de su papel en la sociedad y un movimiento obrero naciente y que usaba la huelga como principal forma de lucha. Esto demostró que el feminismo burgués es insuficiente a la hora de promover importantes cambios sociales, pues al final se impone la lucha de clases por encima de la “lucha entre sexos” y cada mujer apoyará los intereses de la clase a la que pertenece. Las mujeres de la pequeña burguesía, que promueven el feminismo burgués, al final tendrán que apoyarse en las mujeres de la clase obrera, tanto por su número como por su organización disciplinada, lo que constituye a la mujer obrera como determinante a la hora de promover y ejecutar los grandes cambios sociales que exige la sociedad en cada momento histórico.

Los estallidos de 1905 y la mujer

Rusia vivía un gran periodo revolucionario, las masas estaban descontentas con la situación económica y política en la que vivían; y las mujeres no eran la excepción. Este nuevo período abrió una lucha importantísima entre el feminismo burgués y el proletario.

El primero, reduciendo el problema a un tema de género, aprovechó para agrupar a mujeres de diversas clases sociales alrededor de la lucha por obtener el derecho a votar. La Liga por la Igualdad de las Mujeres y el partido de la Mujeres Progresistas eran organizaciones exclusivas de mujeres, que promovían la armonía entre explotados y explotadores, cautivando y uniendo en sus filas a muchas mujeres obreras y campesinas, ya que realizaban mucha agitación política sobre el problema de la opresión del hombre contra la mujer, pero callaban completamente respecto a la relación directa de esta opresión con la lucha de clases y con la explotación capitalista y el feudalismo.

En cuanto al segundo, por su parte, los comunistas de la época hacían ingentes esfuerzos por educar a las mujeres y los hombres en torno a la idea marxista sobre el problema de la mujer, entendido como un problema de opresión que agrupa a todas las mujeres, incluso a las de la pequeña burguesía y a las burguesas, quienes son oprimidas por el sólo hecho de ser mujeres, pero que por ninguna razón, esta condición podría ser superada si se separa de la lucha de clases. De ahí que los comunistas realizaban mucha propaganda y educación acerca de la raíz profunda y común que tiene la opresión de la mujer con la sociedad dividida en clases sociales, lo que lleva a la comprensión de que sólo con la revolución proletaria mundial se pueden dar pasos decisivos hacia la completa y verdadera emancipación de las mujeres. Los comunistas con esa propaganda lograron, no sólo educar a las mujeres obreras y campesinas respecto a la necesidad de unirse a las filas de los revolucionarios, sino además conquistar a muchas mujeres de otras clases para la lucha revolucionaria por la emancipación de la mujer de la mano del proletariado.

En 1905 se realizó la primera Conferencia de Mujeres en San Petersburgo, en la cual predominó el feminismo burgués. Sin embargo, obreras socialdemócratas (así se llamaban los comunistas de la época) emprendieron una campaña muy fuerte, en el campo y en los principales centros fabriles, en los sindicatos y dentro del Partido, que consistió en una ofensiva de propaganda en contra del feminismo burgués y en poner en alto la posición marxista sobre el problema de la mujer, como también en hacer llegar las ideas del socialismo científico a amplias capas de mujeres obreras y campesinas. Alexandra Kollontai fue determinante en esta etapa, pues movilizó a amplios grupos de mujeres pertenecientes a la clase obrera, que mediante mítines de masas terminaron oponiéndose abiertamente a las feministas burguesas. Gracias a estas expresiones de las mujeres oprimidas y explotadas, los bolcheviques ganaron un gran número de mujeres, que antes se inclinaban por los movimientos burgueses que reivindicaban como principal el problema del género.

Un duro golpe recibió el feminismo burgués cuando en 1907 se creó el primer círculo de mujeres trabajadoras, llamado Asociación para la Ayuda Mutua de las Mujeres Trabajadoras, a la cual podían ingresar hombres y mujeres, pero los cargos de dirección estaban destinados a ser ocupados por las mujeres. Los objetivos de la Asociación eran extender las ideas del socialismo entre el proletariado, atraer a las trabajadoras a los sindicatos y al partido proletario. Les proponía a las mujeres que debían acercarse e ingresar a la organización política de la clase obrera, al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, pues no buscaban consolidarse como una organización política como tal y promovían la participación de la mujer en política. Sus objetivos iban más allá de los problemas estrechos de género, se propusieron acercar a las mujeres de la clase obrera a las ideas y a la organización que agitaba las ideas del Socialismo, incluso tenía fuertes vínculos con el sindicato de trabajadores textiles.

La Asociación participó en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que se realizó en Stuttgart en 1907, en la cual Clara Zetkin logró que se aprobaran resoluciones que orientaban a los Partidos Comunistas de diferentes países luchar por conquistar el derecho al voto de la mujer, no como un fin en sí mismo, pero sí como un medio para ganar representación democrática de la mujer que le asegurara mejores condiciones para luchar contra el capital, en un momento en que los parlamentos podían ser usados por los comunistas para convertirlos en tribunas de agitación política en contra de las propios Estados democrático-burgueses y para agitar las ideas socialistas.

En 1908 las feministas burguesas organizaron un Congreso de todas las mujeres de Rusia en el cual las comunistas lograron participar en minoría, pues las representantes del feminismo burgués tenían 700 delegadas, frente a 45 obreras. Sin embargo, esto no fue motivo para que el ala revolucionaria asumiera una posición derrotista; dentro de la conferencia organizaron un grupo por separado y presentaron resoluciones y propuestas independientes frente a cada tema en discusión, las cuales fueron derrotadas en su totalidad: seguridad en el trabajo, relación de las mujeres con los partidos políticos, derecho al voto. Pero el tema que atravesó todo el Congreso y frente al cual había contradicciones antagónicas fue el rechazo de las mujeres de la burguesía sobre la necesidad de luchar contra la propiedad privada sobre los medios de producción que defendían las obreras revolucionarias en minoría. Tampoco triunfaron las ideas de unir a las mujeres en una organización «policlasista». El Congreso de 1908 sirvió para elevar el nivel de conciencia socialista de todos los obreros en Rusia, sirvió para deslindar aún más los campos entre el feminismo burgués y el movimiento socialista revolucionario de la época.

Para 1910 se celebró la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, Clara Zetkin de nuevo abanderó la lucha por conquistar el derecho al sufragio universal para todas las mujeres, en lucha con las organizaciones feministas burguesas que solo querían que el voto fuera un derecho de las mujeres propietarias. Ya en 1907 Clara Zetkin había argumentado su posición magistralmente, la cual sirvió para deslindar campos entre la posición burguesa y la socialista: «El derecho al voto ayuda a las mujeres burgueses a derribar esas barreras en forma de privilegios para el sexo masculino que son un obstáculo para su propio desarrollo y actividad. Para las mujeres trabajadoras, este derecho se convierte en un arma en la batalla que debe realizar para que la humanidad supere la explotación y el dominio de clase. Les permite una mayor participación en la lucha por la conquista del poder político y construir el orden socialista, el único que permite una solución radical a la cuestión de la mujer (…). Las trabajadoras no pueden por tanto contar con el apoyo de las mujeres de la burguesía en la lucha por los derechos civiles. Las contradicciones de clase excluyen la posibilidad de que las trabajadoras se conviertan en aliadas del movimiento feminista burgués. Esto no significa que rechacen a las feministas burguesas si estas últimas, en la lucha por el sufragio universal femenino, están con ellas en la lucha contra el enemigo común en diferentes frentes. Sin embargo, las trabajadoras deben ser plenamente conscientes de que el derecho al voto no se puede ganar a través de la lucha del sexo femenino sin la discriminación de clase contra el sexo masculino, pero sólo a través de la lucha de clases de todos los explotados, sin discriminación de sexo, contra todos los explotadores, siempre sin ninguna discriminación de sexo».

La mujer en las organizaciones comunistas antes de 1917

Las mujeres sufrían un doble ataque en ese momento. De un lado estaban las feministas burguesas que no cesaban su propaganda entre las masas para constituir colectivos de género policlasistas que apoyaran sus objetivos y de otro lado, los propios camaradas comunistas hombres tenían una gran prevención frente a las reivindicaciones de sus camaradas mujeres, tachándolas de radicalismo pequeñoburgués. Estas prevenciones tuvieron eco en varios partidos socialdemócratas (comunistas), lo que impidió que se conformara un secretariado especial de agitación entre las obreras para ganarlas a los propósitos de los comunistas, que fue una propuesta de A. Kollontai, las cuales serían estructuras con un cierto grado de autonomía organizativa, pero vinculadas políticamente a los Partidos Comunistas. El argumento para no darle vía libre a esta propuesta es que se corría el riesgo de hacer concesiones que llevarían a hacer organizaciones que actuarían de forma separada del Partido.

En medio de estas luchas, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialista (Copenhague 1910) proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer y gracias al trabajo de varias dirigentes comunistas entre las que se destacó la alemana Clara Zetkin, se consiguió que en 1911 se hicieran mítines de decenas de miles de obreros en Alemania conmemorando esta fecha de lucha para el proletariado mundial. Igualmente en Rusia el 8 de marzo de 1913, Samoilova y Kollontai movilizaron a los obreros para realizar manifestaciones parecidas a las de Alemania dos años atrás.

En 1914, gracias a la orientación de Lenin, aparece el primer número de La Obrera (Rabotnitsa), un periódico especial dirigido a las obreras y cuyo primer comité de redacción fue encarcelado por el zarismo. También en 1914 el Comité Central del Partido bolchevique, decidió crear un Comité especial para preparar la conmemoración del día de la mujer en Rusia, el cual tuvo excelentes resultados: reuniones, mítines en las fábricas y elección de delegados para formar nuevos comités de masas.

La Revolución de Octubre de 1917

El 23 de febrero de 1917 el gobierno intentó prohibir las manifestaciones de conmemoración del día de la mujer, que sumado al descontento general de las masas que sufrían de hambre y estaban en contra de la guerra interimperialista, provocó levantamientos violentos y masivos en contra del gobierno. Esta fue la mecha que prendió la Revolución en gran parte de Rusia, pues fueron de gran importancia los levantamientos sucedidos en Putilov, la fábrica de San Petersburgo que terminó con una masiva movilización obrera. Las mujeres tomaron la vocería a la hora de hablarles a los soldados en las calles, que finalmente voltearon sus fusiles, se negaron a dispararle a las masas obreras y los apuntaron contra el poder del zar, finalmente millones de destacados obreros y campesinos se unieron al Partido bolchevique y a diferentes organizaciones de masas como sindicatos. La Revolución de Octubre triunfó en gran parte gracias al decidido papel que cumplió el periódico Rabotnitsa, al cual pertenecían entre otras obreras Krupskaya, Innessa Armand, Stahl, Kollontai, Eliazarova, Kudelli, Damailova y Nikolayeva. Estas mujeres organizaron mítines y comités de redacción del periódico en cada fábrica que se reunía semanalmente para discutir y aprobar los artículos que les llegaban de diferentes partes de Rusia con temas referidos a la situación de la mujer.

Los logros de la Revolución de Octubre para la mujer

Grandes avances y conquistas significó la Revolución Bolchevique para la mujer. Muchas mujeres dirigieron Soviets de Diputados Obreros y Campesinos, lo que hizo efectiva su participación en la dirección de la sociedad y la planificación de la economía. Políticamente el Congreso de Trabajadoras Industriales de Petrogrado creó una comisión compuesta en su mayoría por mujeres, para formar a las obreras y campesinas sobre cómo podían ejercer los nuevos derechos adquiridos con el triunfo de la Revolución.

En julio de 1918 la primera Constitución de la Unión Soviética le dio el derecho al voto y a ser elegidas a todas las mujeres. Apenas seis semanas después del triunfo de la Revolución se introdujo el matrimonio civil y un año después el hombre y la mujer tenían el mismo nivel en la relación. Desaparecieron las diferencias entre hijos legítimos e ilegítimos, el divorcio se facilitó enormemente y solo bastaba la decisión de una de las partes para hacerse efectivo, a la vez que se garantizó la manutención de los hijos por parte de ambos padres después de la separación.

Las trabajadoras embarazadas no podían ejercer trabajos nocturnos ni pesados. Tampoco podían ser trasladadas ni despedidas, tenían el trabajo garantizado. Se establecieron clínicas que atendían especialmente la maternidad. En diciembre de 1917 la legislación del poder obrero sobre maternidad y salud creó un fondo sanitario público que no deducía nada de los salarios de los obreros y beneficiaba tanto a hombres como a mujeres y a sus familias. En 1918 el Nuevo Código Civil suprimió todos los derechos que antes tenían los maridos sobre sus esposas: el marido no podía imponer a la mujer su nombre, ni su domicilio, ni su nacionalidad y garantizaba la absoluta paridad de derechos entre marido y mujer. Se estableció el derecho al aborto legal y gratuito en todos los hospitales del Estado en 1920. Los salarios de las mujeres y los hombres, por primera vez eran iguales al realizar una misma labor.

Todo esto animó a millones de mujeres que se vincularon al Partido Bolchevique, que crearon milicias de mujeres llamadas «Hermanas Rojas» para oponerse a los ejércitos blancos que por diferentes flancos atacaban el poder de los obreros y campesinos recién instaurado. Alexandra Kolontai y Lenin promovieron la creación del Genotdel en 1919, comisiones especiales dirigidas por el Comité Central, encargadas de atraer a las mujeres no politizadas a las ideas del Socialismo y el Partido, al trabajo de los Soviets y el nuevo Estado. Tenían su propio periódico llamado Komminitska. Por medio del Genotdel se organizaron conferencias y congresos por toda Rusia, recogiendo las necesidades de las mujeres obreras y campesinas, impulsándolas al trabajo dentro de los sindicatos, los soviets y el Partido. La prostitución fue considerada como «un crimen contra los vínculos de camaradería y solidaridad», pero el Genotdel no estableció castigos legales contra la misma, por el contrario, buscó atacar las causas de la misma, mejorando las condiciones laborales y de vida de las mujeres, además de emprender una campaña en contra de los «resquicios de la moral burguesa».

A pesar de todas estas leyes que se proponían cambiar radicalmente la situación de las obreras y campesinas, Lenin entendía que eran letra muerta si no se lograba la liberación final del trabajo doméstico por medio de la socialización de esas tareas. Por eso en julio de 1919 afirmaba:

«Independientemente de todas las leyes que emancipan a la mujer, ésta continúa siendo una esclava, porque el trabajo doméstico oprime, estrangula, degrada y la reduce a la cocina y al cuidado de los hijos, y ella desperdicia su fuerza en trabajos improductivos, que agotan sus nervios y la idiotizan. Por eso, la emancipación de la mujer, el comunismo verdadero, comenzará solamente cuando y donde se inicie una lucha sin cuartel, dirigida por el proletariado, dueño del poder del Estado, contra esa naturaleza del trabajo doméstico, o mejor, cuando se inicie su transformación total, en una economía a gran escala». (Lenin, El Poder Soviético y la Situación de la Mujer).

El nuevo Estado creó instituciones como comedores, guarderías y casas cunas comunitarias; restaurantes colectivos y lavanderías públicas como medida efectiva para liberar a la mujer de las cadenas del trabajo doméstico. Esto se hizo donde fuera posible crearlos, a pesar de las dificultades, pues a la vez que los obreros y campesinos organizaban y consolidaban su nuevo poder, debían destinar fuerzas de millones de hombres y mujeres para defender el Estado Obrero que era atacado por los imperialistas. Estas fueron sólo una parte las grandes conquistas que tuvo la mujer con el triunfo de la Revolución de Octubre hace 100 años. Fue un cambio monumental en la vida material y espiritual de millones de mujeres, que pasaron de ser doblemente explotadas y doblemente oprimidas, de ser menospreciadas por los rezagos feudales que persistieron por muchos años en las cabezas de los hombres, de ser maltratadas y condenadas a las cadenas de las tareas del hogar… a tener un puesto al lado de sus compañeros hombres en la dirección económica y política del nuevo Poder de los obreros y campesinos. El Socialismo logró en muy poco tiempo —en cuestión de meses— lo que ningún otro sistema socioeconómico ha logrado en siglos para mejorar la situación de la mujer en la sociedad. Por eso, cien años después del triunfo de la revolución bolchevique, hoy está más vigente que nunca, y más aún bajo el voraz ataque que el capitalismo imperialista ejecuta contra todas las mujeres, al legitimar su asesinato, al poner trabas a la hora de denunciar la violación y el maltrato a manos de sus exparejas o padres y hermanos, al penalizar el aborto y proteger a los victimarios. Hoy los obreros revolucionarios en Colombia deben trabajar por acercar el día en que nuevamente la mujer recupere los derechos perdidos y conquiste nuevos, como parte de la lucha general de la clase obrera por alcanzar su emancipación.

Los comunistas revolucionarios deben prestar especial atención a los asuntos de la mujer en su propaganda y organización, y de este modo, ganar obreras y campesinas a la causa de la construcción del Partido político de la clase obrera, dispositivo estratégico necesario para unir las masas oprimidas y explotadas, organizarlas de forma independiente del capital y el Estado de los ricos y enviarlas a la lucha directa contra los guardianes del orden burgués en forma de Insurrección armada principalmente en las ciudades, como antesala del triunfo de la Revolución Socialista en Colombia. Solo construyendo dicho Partido político los obreros y campesinos pobres y medios, podrán honrar con creces el legado de los bolcheviques, que hace cien años liberaron a millones de mujeres de las cadenas de la opresión y la explotación.

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