En los 100 Años de la Revolución de Octubre (XVIII)

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La Batalla de Kursk

En los 100 Años de la Revolución de Octubre (XVIII) 1Tanques T34-76 soviéticos avanzando junto a la infantería en la batalla de Kursk.

Después de sufrir la derrota aplastante en Stalingrado, el frente de guerra fue trasladado cientos de kilómetros hacia el oeste, y tras una serie avances y retrocesos entre el Ejército Nazi y el Ejército Rojo se estableció el «Arco de Kursk». Según Chuikov:
«En enero y febrero, los Frentes de Voronezh y de Briansk, bajo el mando de los generales F. I. Gólikov y M. A. Reiter, asestaron contundentes golpes a las fuerzas principales del Grupo enemigo de los Ejércitos «B», avanzaron 200-300 km y liberaron las ciudades de Voronezh, Kursk, Bélgorod y Járkov. Combates muy encarnizados se desarrollaron en el Donbás y la región de Rostov. Las tropas de los Frentes Sur y Sudoeste encontraron aquí una tenaz resistencia del enemigo. Los fascistas lograron asestar una serie de fuertes contragolpes a nuestras tropas, obligándolas a replegarse hacia el Este, abandonando nuevamente las ciudades de Járkov y Bélgorod. Más, la siguiente contraofensiva de la Wehrmacht fue detenida. Fue entonces, precisamente, cuando se formó el famoso saliente del frente en la zona de Kursk, al que se le dio el nombre de «Arco de Kursk», y donde más tarde se produjo la famosa batalla de Kursk”.

Precisamente en el Arco de Kursk fue donde la camarilla de Hitler intentó recuperar a toda costa la iniciativa estratégica, buscando ansiosamente tomar revancha por la derrota sufrida en Stalingrado y cambiar el curso de la guerra a su favor. Usando una poderosa ofensiva preveía cercar y aniquilar las tropas soviéticas en el Arco de Kursk, y recuperar su ofensiva hacia el interior del país. El plan de operación ofensiva fue denominado «Ciudadela», y a partir de la primavera de 1943 comenzaron los fascistas a prepararse minuciosamente. Además de disponer de una enorme fuerza de choque consistente en 50 divisiones, incluyendo 16 de tanques y motorizadas. En el aire la ofensiva era apoyada también por la 4a y 6a Flota Aérea. El total de las tropas fascistas en el Arco de Kursk era de cerca de 900 mil efectivos, 10 mil piezas de artillería y morteros, 2.700 tanques y más de 2 mil aviones. Dentro de su arsenal militar los ingenieros militares nazis desarrollaron los tanques Pantera y Tigre (tanques de última generación y dotados tecnológicamente) que fueron creados con la intención de contrarrestar al versátil tanque soviético T-34. Por ejemplo, el tanque alemán Tiger era el alma de la ofensiva, un tanque pesado con un gran alcance y un poderoso blindaje. El mismo Hitler retrasó la ofensiva 3 meses a la espera de que llegaran mas Tiger al frente de guerra.

El alto mando del Ejército Soviético y el Partido Comunista se prepararon para la ofensiva y se organizaron para repelerla. Dentro de las opciones optaron por preparar una poderosa defensa activa que desgastara el ataque enemigo hasta agotarlo y contraatacar rápidamente cuando el desgaste del avance alemán fuera mayor, haciendo fracasar la operación nazi. Según Chuikov:
«El Alto Mando Supremo tomó la decisión de comenzar no con una ofensiva en el ‘Arco de Kursk’, sino con una defensa preconcebida y bien organizada. En la zona del saliente de Kursk se organizó un sistema de defensa sólido, de escalonamiento profundo (de hasta 250-300 km de profundidad), capaz de resistir cualquier golpe del enemigo y crear condiciones para la contraofensiva. En la zona del saliente de Kursk, en un corto lapso de tiempo, se prepararon ocho líneas de defensa. La línea principal constaba, como regla, de dos o tres posiciones, cada una de las cuales tenía dos o tres trincheras, enlazadas por numerosas zanjas de comunicación. Cada ejército del primer escalón disponía de tres líneas de defensa. Todas ellas, en las direcciones probables de ataque, habían sido ocupadas de antemano por tropas de combate. Los Frentes Central y de Voronezh tenían, además, tres líneas de defensa. Hasta entonces, en los dos años que iban de guerra, las tropas soviéticas no habían creado un sistema de defensa tan perfecto y sólido. Los exploradores soviéticos habían descubierto no sólo el día, sino hasta la hora del comienzo de la ofensiva enemiga”.

En la preparación y creación de esa poderosa línea defensiva participó activamente el Ejército Rojo junto a 300 mil ciudadanos soviéticos, se combinaron todo tipo de estratagemas para detener el avance nazi, desde zanjas antitanque, minas antitanque, cañones antitanque que operaban con tanques soviéticos en la contienda, además se construyeron un sinfín de trincheras falsas para despistar los aviones de observación enemigos. Todos estos dispositivos transformaron los campos de Kursk en una peligrosa trampa para la ofensiva alemana y en la inevitable muerte de la Guerra Relámpago. Ignorando la poderosa defensa soviética, el generalato nazi inició la ofensiva en la madrugada del 5 de julio. Chuikov lo relata de la siguiente manera:
“A fin de desorganizar las tropas fascistas, el Mando soviético efectuó en la madrugada del 5 de julio una poderosa contra preparación artillera, en la cual tomaron parte 2.460 cañones, morteros e instalaciones lanzacohetes. Simultáneamente, 132 aviones de bombardeo y 285 de caza asestaron golpes demoledores sobre los aeródromos del enemigo, destruyendo 60 aviones de combate. La contra preparación artillera perturbó el sistema de fuego de la artillería enemiga y el control de las tropas, causó a los fascistas grandes pérdidas, ya antes de pasar a la ofensiva. El Mando hitleriano se vio obligado incluso a aplazar en 2,5-3 horas el comienzo de la ofensiva.
En la madrugada del 5 de julio se dio inicio a la ofensiva en las zonas de Oriol y de Bélgorod. Durante varios días las tropas enemigas asaltaban furiosamente las posiciones de las tropas soviéticas, intentando romperlas con potentes golpes de las divisiones de tanques. Los golpes principales recayeron sobre aquellos sectores que estaban mejor reforzados. Nuestra infantería, los tanquistas, artilleros y zapadores, apoyados por la aviación, defendían sus posiciones con valentía. A coste de enormes pérdidas, el enemigo consiguió abrir una cuña en nuestra defensa por el Norte del saliente tan sólo en 10-12 km y por el Sur, unos 35 km».

En el fragor del mismo combate los soldados del Ejército Rojo continuaron colocando minas antitanque, en total, llegaron a plantar más de 40 mil minas en los territorios de Kursk, en algunas zonas las minas se separaban entre sí por una distancia de no más de 30 centímetros. La ofensiva alemana se desgastó enormemente y el 12 de julio se desató una poderosa ofensiva en Prójorovka, en el momento preciso del desgaste del avance alemán, allí en los campos de Prójorovka, tuvo lugar la más grande batalla de tanques en la historia de las guerras. Los fascistas alemanes concentraron grandes fuerzas de tanques (hasta 700 tanques, entre ellos gran cantidad de «Tigers»). El Ejército Soviético encargado de la ofensiva fue el del Frente de Voronezh, en la punta del cual se encontraba el 5° Ejército de tanques de la Guardia y el 5° Ejército de armas de la Guardia, esta fuerza cayó sobre las fuerzas principales del 4° Ejército de tanques de los fascistas. En la batalla de tanques, frente a frente, participaron de ambas partes hasta 1.200 tanques y piezas de artillería autopropulsadas. En el campo de batalla se enfrentaron los tanques T-34 soviéticos y los Panteras y Tiger nazis. Sobre la superioridad tecnológica y de blindaje del enemigo, los tanquistas soviéticos aplicaron la astucia y el ingenio para derrotarlos y destruirlos explotando la debilidad de todos los tanques Tigers —su lentitud— al ser tanques pesados eran demasiado lentos frente a los versátiles y rápidos T-34, así por ejemplo, para dar caza a un Tiger, un tanque T-34 aparecía por un costado del Tiger, avanzando a toda velocidad, mientras el Tiger giraba lentamente para alinear el objetivo aparecía otro T-34 del lado opuesto, situándose en una posición en donde pudiera disparar a la parte trasera del Tiger y destruirlo. Los tanquistas soviéticos buscaron un combate cercano en donde se favorecía la maniobra y agilidad del T-34 sobre los tanques nazis. Fue así que el Ejército Rojo obtuvo la victoria y derrotó en una dura batalla los tanques enemigos. La tenacidad e intrepidez de los tanquistas soviéticos también quedó plasmada en luchas en donde embestían a los tanques fascistas para inutilizarlos.

Ese mismo día, el 12 de julio, en la dirección de Oriol, emprendieron la ofensiva las tropas de los Frentes Occidental y de Briansk. El 15 de julio se incorporó a ellos el Frente Central, y el 3 de agosto se lanzaron a la contraofensiva los Frentes de Voronezh, de la Estepa y el Suroccidental. El 5 de agosto fueron liberadas las ciudades de Oriol y Bélgorod. Para celebrar las victorias del Ejército Rojo, retumbaron en Moscú, por primera vez durante la guerra, las salvas solemnes, que más tarde se hicieron tradicionales. El 23 de agosto fue liberada por asalto la ciudad de Járkov.

La batalla de Kursk tuvo un gran significado para todo el desarrollo posterior de la guerra. Esta puso fin a la última tentativa del enemigo de apoderarse de la iniciativa estratégica y la consolidó a favor de las Fuerzas Armadas Soviéticas.

«Sí la batalla de Stalingrado —subrayaba J. Stalin—, anunciaba el ocaso del ejército fascista alemán, la batalla de Kursk lo colocó al borde de la catástrofe». La victoria en Kursk también rompió la leyenda que consideraba que el Ejército Rojo avanzaba solo en invierno y el Ejército nazi alemán contraatacaba en verano. Stalin agrega:
«Los combates librados para la liquidación de la ofensiva alemana han demostrado la alta preparación militar de nuestras tropas, y en ellos han dado ejemplos insuperables de tenacidad, firmeza y heroísmo los soldados y oficiales de todas las armas, entre ellos los artilleros y servidores de mortero, los tanquistas y aviadores. De esta manera, el plan alemán de ofensiva de verano hay que considerarlo totalmente fracasado. Con ello se ha desvanecido la leyenda según la cual los alemanes siempre obtienen éxitos en la ofensiva durante el verano, mientras que, al parecer, las tropas soviéticas se ven obligadas a replegarse. {…} En cuanto a la batalla de Kursk, terminó con la derrota de las dos agrupaciones fundamentales de las tropas fascistas alemanas en ofensiva y con el paso de nuestras tropas a la contraofensiva, que se transformó después en la poderosa ofensiva de verano del Ejército Rojo. La batalla de Kursk comenzó con la ofensiva de los alemanes contra Kursk desde el Norte y el Sur. Fue la última tentativa de los alemanes de realizar una gran ofensiva de verano para, en caso de éxito, compensar lo perdido. Como es sabido, la ofensiva fracasó. El Ejército Rojo no solamente rechazó la ofensiva de los alemanes, sino que, a su vez, pasó a la ofensiva, y durante el verano, con una serie de golpes consecutivos, arrojó a las tropas fascistas alemanas al otro lado del Dniéper».

En esta batalla el enemigo sufrió enormes pérdidas: hasta medio millón de soldados y oficiales, 1,5 mil tanques, más de 3,7 mil aviones y 3 mil cañones. Sobre todo sufrieron grandes pérdidas las tropas acorazadas, que se consideraban la principal esperanza del enemigo. Después del fracaso de la ofensiva de Kursk, ya no solo todos los generales hitlerianos vislumbraban la derrota frente al Ejército Rojo, sino que cada soldado y en dentro del mismo pueblo alemán se hicieron conscientes de ello.

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