En los 100 Años de la Revolución de Octubre (XII)

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En los 100 Años de la Revolución de Octubre (XII) 1

Industrialización del País de los Soviets

Tras recuperar la economía y restablecer el orden, de erigirse tras las ruinas de la guerra imperialista y la intervención extranjera, el país de los soviets dio paso a la necesaria industrialización. El XIV Congreso del Partido Bolchevique había terminado y en el periodo de Restauración de la Economía, el problema consistió en sacar de su postración, ante todo, a la agricultura, en obtener de ésta materias primas y artículos alimenticios y en poner en marcha la industria, en restaurar las fábricas y empresas industriales existentes. Pero en la necesaria industrialización de la economía aparecieron tres grandes escollos que los bolcheviques y el pueblo soviético debía superar:

En primer lugar, sólo existían las viejas fábricas y empresas industriales, con su técnica vieja y atrasada, que podían quedar inservibles en seguida. Era necesario equipar de nuevo estas fábricas y empresas industriales con arreglo a las nueva técnicas.

En segundo lugar, no existían fábricas para la construcción de maquinaria industrial, ampliar la base de la industria sobre ese sector era absolutamente necesario para el país, fábricas que no existían en aquel entonces y era indispensable construir, ya que sin ellas no podía existir una verdadera industria.

En tercer lugar, el periodo de Restauración de la Economía se preocupó, primordialmente, de la industria ligera, a la que desarrolló y puso a flote. Pero este desarrollo de la industria ligera seguía apoyándose en una industria pesada pobre, aparte de que otras exigencias del país reclamaban también, para su satisfacción, una industria pesada progresiva. Por lo tanto había que poner como primerísimo orden la industria pesada.

Los escollos eran grandes y en la vieja Rusia zarista nunca se había experimentado en muchos campos industriales, los bolcheviques fueron pioneros en todo el sentido de la palabra: en construir nuevas fábricas de máquinas y herramientas, de automóviles, de productos químicos, metalúrgicas; organizar una producción propia de motores y de material para la instalación de centrales eléctricas; incrementar la extracción de metales y de carbón. También crearon ingeniosamente una nueva industria de guerra, construyendo fábricas de artillería, de municiones, de aviación, de tanques y de ametralladoras, pues así se lo exigían los intereses de la defensa de la U.R.S.S., bajo las condiciones del cerco capitalista. Para el campo era indispensable construir fábricas de tractores, fábricas de maquinaria agrícola moderna, para abastecer a la agricultura y dar a millones de pequeños campesinos individuales la posibilidad de pasar a la gran producción Koljosiana, pues así los exigían los intereses del triunfo del socialismo en el campo y acabar con los vestigios y costumbres capitalistas heredados de la vieja sociedad.

Pero ¿de dónde salieron los inmensos recursos para industrializar el país, si para ello se requerían miles de millones de rublos? Del extranjero no podía venir esa ayuda debido al cerco imperialista y era imposible las deudas con países extranjeros. Por otro lado, el país de los Soviets no podía recurrir, por principio, para financiar la industrialización, a las sucias fuentes de ingreso que brinda el saqueo de los pueblos coloniales o de los pueblos vencidos; caso que ocurre en todos los países capitalistas desarrollados. Había que encontrar los recursos necesarios dentro del mismo país, basándose en los esfuerzos mancomunados de las masas. Un elemento que contribuyó a favor fue la misma expropiación de las viejas clases poseedoras, fuentes de acumulación desconocidas en todos los estados capitalistas, el Estado Soviético disponía de todas las fábricas y empresas industriales, de todas las tierras confiscadas por la Revolución Socialista de Octubre a los capitalistas y terratenientes, del transporte, de los bancos, del comercio exterior e interior. Las ganancias obtenidas por las fábricas y empresas industriales del Estado, por el transporte, por el comercio, por los bancos, todos estos recursos ya no los consumía la clase parasitaria de los capitalistas, sino que se invertían en seguir desarrollando la industria. También el Poder Soviético al anular las deudas zaristas, por las que el pueblo tenía que pagar todos los años cientos de millones de rublos oro, solamente en concepto de intereses y al abolir la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, liberando a los campesinos de la obligación de abonar todos los años a los terratenientes cerca de 500 millones de rublos oro, a que ascendían las rentas de la tierra, contribuyeron a desarrollar al país rápidamente y disparar la industria con creces. Gracias al régimen de economía que se siguió, cada año eran más considerables los recursos que se acumulaban para invertirlos en obras básicas. Y así, fue posible acometer la construcción de empresas tan gigantescas como la Central Eléctrica del Dnieper, el ferrocarril del Turquestán a Siberia, la fábricas de tractores de Stalingrado, las fábricas de herramientas, la fábrica de automóviles «AMO», etc. En 1926-1927, se invirtieron en la industria cerca de mil millones de rublos; tres años después, se pudieron invertir ya en ella unos 5.000 millones. La obra de la industrialización avanzaba con pies de gigante.

Los enemigos de la revolución no se contentaron con contemplar como crecía y se afianzaba la U.R.S.S., estos pasaron a afilar sus armas y esgrimirlas hacia la patria de los trabajadores. Su trabajo era tanto abierto como de zapa, tanto de los círculos mas reaccionarios en Inglaterra como en la oposición dentro de la URSS.

En mayo de 1927, los conservadores ingleses, los reaccionarios que estaban en el Poder, organizaron un asalto de provocación contra la Sociedad Soviética para el Comercio con Inglaterra – «Arkos». El 26 de mayo de 1927, el gobierno conservador inglés rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con la U.R.S.S. El 7 de julio de 1927, un guardia blanco ruso, súbdito polaco, asesinó en Varsovia al Embajador de la U.R.S.S., camarada Voikov. Al mismo tiempo, los espías y agentes ingleses emboscados en el territorio de la U.R.S.S. arrojaron varias bombas contra un club del Partido en Leningrado, hiriendo a 30 personas, a varias de ellas gravemente. En el verano de 1927, se produjeron casi simultáneamente asaltos contra las embajadas y delegaciones comerciales de la U.R.S.S. en Berlín, Pekín, Shanghai y Tientsin. Esto vino a aumentar las dificultades con que tenía que luchar el Poder Soviético. Pero la U.R.S.S. no se rindió a la presión y rechazó fácilmente los asaltos provocadores de los imperialistas y sus agentes.

Dentro de la URSS la oposición también luchaba ferozmente en contra del poder de los trabajadores con sus táctica divisionista, escisionista y de zapa. No en vano decía el camarada Stalin por aquel entonces, que contra el Poder Soviético «se formaba una especie de frente único, que va desde Chamberlain hasta Trotski». En el verano de 1926, los trotskistas y los zinovievistas se unieron en un bloque antibolchevique, agruparon en torno a este bloque a los restos de todos los grupos de oposición derrotados y sentaron las bases para su partido clandestino antileninista, infringiendo con ello gravemente los estatutos del Partido y los acuerdos de sus Congresos, que prohibían la formación de toda clase de fracciones. El Comité Central del Partido advirtió que si este bloque antibolchevique, formado a imagen y semejanza del célebre bloque menchevique de agosto, no era disuelto, sus componentes podían acabar mal. Pero los elementos que formaban el bloque no cejaron. Aunaron sus esfuerzos y combatían con rabia por el restablecimiento del capitalismo en la U.R.S.S. Amañaron una nueva plataforma antileninista, la llamada «plataforma de los 83», y comenzaron a difundirla entre los afiliados al Partido, exigiendo que el Comité Central se prestase a abrir una nueva discusión con carácter general.

Allí de manera abierta criticaban al comité central y lo tildaban de lento en el desarrollo socialista del país, se pronunciaban a favor de la política de la industrialización de palabra, pues como única solución pregonaban la entrega a los extranjeros, a título de concesiones, toda una serie de fábricas y empresas industriales y cifraban sus principales esperanzas en las concesiones capitalistas extranjeras en la U.R.S.S. De palabra, es decir, en su plataforma, se manifestaban a favor del movimiento koljosiano, y llegaban incluso a acusar al Comité Central de dirigir la colectivización con un ritmo que no era lo suficientemente rápido, pero de hecho se burlaban de la política de incorporación de los campesinos a la edificación socialista, predicaban que surgirían inevitablemente «conflictos insolubles» entre la clase obrera y los campesinos y cifraban sus esperanzas en los «arrendatarios civilizados» en el campo, es decir, en las explotaciones de los kulaks. Este era el programa de los restauradores del capitalismo en la U.R.S.S. agrupados en torno al bloque antibolchevique.

Los bolcheviques comprendieron que la única finalidad del bloque antibolchevique era engañar al Partido. El Comité Central se negó a abrir inmediatamente la discusión, declarando a los secuaces de la oposición que aquella sólo podía abrirse como lo preceptuaban los estatutos del Partido, es decir, con dos meses de antelación a un Congreso.

En octubre de 1927, dos meses antes de celebrarse el XV Congreso del Partido, el Comité Central declaró abierta la discusión general. Comenzó la batalla. Los resultados de la discusión fueron desastrosos para el bloque trotskista-zinovievista. Votaron a favor de la política del Comité Central 724.000 afiliados y en favor del bloque trotskista y zinovievista 4.000, es decir, menos del uno por ciento. El bloque antibolchevique sufrió un verdadero descalabro. El Partido, animado por un solo espíritu, rechazó por una aplastante mayoría la plataforma del bloque. Sin embargo, el bloque antibolchevique, en lugar de someterse a las decisiones del Congreso optó por lanzarse a la labor antipartido abierta convocando una manifestación de protesta en Moscú y en Leningrado paralela a la manifestación celebrando el aniversario del triunfo de la revolución.

Ahora, ya no podía dudarse de que los trotskistas y los zinovievistas se habían hundido en la charca antisoviética. Si en la discusión general del Partido apelaban a éste contra el Comité Central, ahora, al organizar su lamentable manifestación, se lanzaban ya por la senda de apelar a las clases enemigas contra el Partido y el Estado Soviético. De ahora en adelante se iban a pasar a la labor clandestina de sabotaje, espionaje, asesinato y terrorismo en la U.R.S.S.

El 14 de noviembre de 1927, en una reunión conjunta del Comité Central y de la Comisión Central de Control, Trotski y Zinoviev fueron expulsados del Partido.

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