En los 100 Años de la Revolución de Octubre (VIII)

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En los 100 Años de la Revolución de Octubre (VIII) 1

El Partido Bolchevique y la Preparación de la Insurrección Armada

En medio de una campaña increíblemente encarnizada de la prensa burguesa y pequeñoburguesa, se reunió en Petrogrado el VI Congreso del Partido bolchevique. Este Congreso se reunió a los diez años del V Congreso en Londres y a los cinco años de la Conferencia bolchevique de Praga. Sus sesiones duraron desde el 26 de julio hasta el 3 de agosto de 1917, y tuvieron carácter clandestino. La prensa se limitó a anunciar la convocatoria del Congreso, sin indicar el sitio en que había de reunirse. Las primeras sesiones se celebraron en la barriada de Viborg. Las últimas, en la escuela de las inmediaciones de la Puerta de Narva. La prensa burguesa pedía la detención de todos los congresistas. Pero, aunque se pusieron en campaña los sabuesos de la policía para descubrir el sitio en que se reunía el Congreso, no pudieron averiguarlo. Lenin, acechado por los esbirros del Gobierno provisional, no pudo asistir al Congreso, pero dirigió sus tareas desde el retiro clandestino en que se encontraba, por medio de sus discípulos y colaboradores en Petrogrado: Stalin, Sverdlov, Molotov y Ordzhonikidse. Asistieron al Congreso 157 delegados con voz y voto, y 128 con voz solamente. El Partido contaba, por aquel entonces, con unos 240.000 afiliados. Hacia el 3 de julio, es decir, antes de ser aplastada la manifestación obrera de este mes, cuando los bolcheviques trabajaban aún en la legalidad, el Partido tenía 41 órganos de prensa, de los cuales se publicaban 29 en ruso y 12 en otras lenguas.

Después de las jornadas de julio cambió bruscamente la situación política del país. Ya no existía dualidad de poderes. Por no querer tomar todo el Poder, los Soviets, con su dirección socialrevolucionaria y menchevique, quedaron reducidos a la impotencia. El Poder se concentró en manos del Gobierno provisional de la burguesía, el cual continuaba desarmando a la revolución, aplastando sus organizaciones y persiguiendo al Partido bolchevique. La posibilidad de un desarrollo pacífico de la revolución había desaparecido. Sólo cabía —decía el camarada Stalin— una solución: derrocar el Gobierno provisional y tomar el poder por la fuerza. Y sólo el proletariado, aliado a los campesinos pobres, podía tomar el Poder por la fuerza. «El periodo pacífico de la revolución ha terminado -dijo el camarada Stalin-; ha comenzado el periodo no pacífico de la revolución, un periodo de choques y explosiones…» (Actas del VI Congreso del P. C. (b) de la U.R.S.S., página 111).

El Partido marchaba hacia la insurrección armada. En el Congreso hubo gente que, reflejando la influencia burguesa, se manifestó en contra del rumbo hacia la revolución socialista. El trotskista Preobrazhenski propuso que en la resolución sobre la conquista del Poder se dijese que sólo se podría encaminar al país por la senda socialista si triunfaba la revolución proletaria en la Europa occidental. El camarada Stalin rebatió esta proposición trotskista. «No está descartada -dijo el camarada Stalin- la posibilidad de que sea precisamente Rusia el país que rompa la marcha hacia el socialismo… Hay que rechazar esa idea caduca de que sólo Europa pude señalarnos el camino. Hay un marxismo dogmático y un marxismo creador. Yo me sitúo en el terreno del segundo». (Obra citada, págs. 233-234).

Bujarin, abrazando posiciones trotskistas, afirmó que los campesinos tenían ideas defensistas, que formaban un bloque con la burguesía y no marcharían con la clase obrera. Refutando a Bujarin, el camarada Stalin demostró que había diversas clases de campesinos: los campesinos ricos, que apoyaban a la burguesía imperialista, y los campesinos pobres, que deseaban aliarse a la clase obrera y la apoyaban en la lucha por el triunfo de la revolución. El Congreso rechazó las enmiendas de Preobrazhenski y Bujarin y aprobó el proyecto de resolución del camarada Stalin.

El Congreso examinó y aprobó la plataforma económica del Partido bolchevique, cuyos puntos fundamentales eran: confiscación de las tierras de los terratenientes y nacionalización de toda la tierra del país, nacionalización de los bancos, nacionalización de la gran industria, control obrero sobre la producción y la distribución.

Subrayó el Congreso la importancia de la lucha por el control obrero sobre la producción que desempeñaba un gran papel, como medida de transición hacia la nacionalización de la gran industria.

En todos los acuerdos, el VI Congreso insistió de un modo especial en la importancia de la tesis leninista sobre la alianza del proletariado y de los campesinos pobres, como condición para el triunfo de la revolución socialista.

Uno de los problemas que se examinaron en el Congreso fue el de la comparecencia de Lenin ante los Tribunales. Kamenev, Rykov, Trotski y otros habían sostenido, ya con anterioridad al Congreso, que Lenin debía entregarse a los tribunales de la contrarrevolución. El camarada Stalin se manifestó resueltamente en contra de esta tendencia. El VI Congreso compartió también el punto de vista de Stalin, por entender que lo que se preparaba no era un proceso, sino una represión. El Congreso no dudó ni un momento que el propósito de la burguesía no era otro que el de deshacerse físicamente de Lenin, como de su más peligros enemigo. Formuló su protesta contra la enconada campaña policíaco-burguesa de que se hacía objeto a los jefes del proletariado revolucionario y dirigió un saludo a Lenin.

En el VI Congreso fueron aprobados los nuevos estatutos del Partido. En ellos, se determinaba que toda la organización del Partido se basaría en los principios del centralismo democrático.

Esto significaba lo siguiente:

1) Carácter electivo de todos los órganos de dirección del Partido de abajo arriba;

2) rendición periódica de cuentas de la gestión de los órganos del Partido ante las organizaciones del Partido correspondientes;

3) severa disciplina de Partido y sumisión de la minoría a la mayoría;

4) obligatoriedad incondicional de los acuerdos de los órganos superiores para los inferiores y para todos los miembros del Partido.

Los estatutos del Partido disponían que los nuevos afiliados fuesen admitidos por las organizaciones de base, mediante recomendación de dos miembros del Partido y previa ratificación de la Asamblea general de afiliados de la organización de base.

El VI Congreso admitió en el Partido a los llamados «mezhraiontzi», con su líder Trotski. Era éste un pequeño grupo que había sido creado en Petrogrado en 1913 y del que formaban parte elementos trotskistas-mencheviques y algunos antiguos bolcheviques, desviados del Partido. Durante la guerra, esta organización tuvo un carácter centrista. Luchaba contra los bolcheviques, pero sin estar de acuerdo tampoco en muchas cosas con los mencheviques, por lo que ocupaba una posición intermedia, centrista, vacilante. Al celebrarse el VI Congreso, los miembros de esta organización declararon que estaban identificados en un todo con los bolcheviques y pidieron su ingreso en el Partido. El Congreso accedió a su petición, confiando en que con el tiempo llegarían a ser verdaderos bolcheviques. Algunos de ellos, como, por ejemplo, Volodarski, Uritski y otros, llegaron, en efecto, a convertirse en bolcheviques después de su ingreso en el Partido. Pero Trotski y los elementos más afines a él, que no eran muchos, no ingresaron en el Partido, como había de demostrarse andando el tiempo, para trabajar a favor de él, sino para quebrantar y minar su fuerza desde dentro.

Todos los acuerdos del VI Congreso se encaminaban a preparar al proletariado y a los campesinos pobres para la insurrección armada. El VI Congreso encauzó el Partido hacia la insurrección armada, hacia la revolución socialista.

El manifiesto del Partido lanzado por el VI Congreso invitaba a los obreros, a los soldados y a los campesinos a preparar sus fuerzas para los encuentros decisivos con la burguesía. Y terminaba con estas palabras:

«¡Preparaos para nuevas batallas, camaradas de lucha! ¡Permaneced firmes, valientes y serenos, sin dejaros llevar de provocaciones, acumulando fuerzas y formando vuestras columnas de combate! ¡Agrupaos bajo la bandera del Partido, proletarios y soldados! ¡Formad bajo nuestra bandera, oprimidos del campo!».

El Golpe Fallido de Kornilov, los Soviets de Petrogrado y Moscú se Pasan al Lado de los Bolcheviques

Después de que la burguesía se adueñó de todo el poder, se organizó para preparar la reacción desenfrenada por todos lados. El 12 de agosto, se abrió en el Gran Teatro de Moscú la Conferencia de Estado convocada por el Gobierno provisional para movilizar las fuerzas de la burguesía y de los terratenientes. A esta Asamblea asistieron, principalmente, los representantes de los terratenientes, de la burguesía, del generalato, de la oficialidad y de los cosacos. Los Soviets estuvieron representados en ella por los mencheviques y los socialrevolucionarios. El día en que comenzaba sus sesiones la Conferencia de Estado, los bolcheviques organizaron en Moscú, en señal de protesta, una huelga general, en la que tomó parte la mayoría de los obreros. Estallaron también huelgas en una serie de ciudades. El socialrevolucionario Kerenski amenazó fanfarronamente, en su discurso ante la Conferencia, con aplastar «a sangre y fuego» cualquier intento de movimiento revolucionario, incluyendo las tentativas de los campesinos de apoderarse por sí y ante sí de las tierras de los terratenientes. El general contrarrevolucionario Kornilov pidió, sin andarse con rodeos, que se «suprimiesen los Comités y los Soviets». En el Estado Mayor del general en jefe pululaban alrededor del general Kornilov banqueros, comerciantes e industriales, con promesas de dinero y ayuda. También se entrevistaron con él los representantes de los «aliados», es decir, de Inglaterra y Francia, exigiendo que no se demorase el ataque contra la revolución.

Las cosas combinaban para la conspiración contrarrevolucionaria del general Kornilov, Kornilov se puso de acuerdo con Kerenski respecto a su proyectada acción contrarrevolucionaria, pero en el mismo momento en que Kornilov comenzó a actuar, Kerenski, dando un brusco viraje, cambió de frente, se separó de su aliado, ya que éste temía del fracaso de la intentona y que la revolución lo aplastara también después de su fracaso, así que Kerenski muerto de miedo, fue en busca del amparo en los bolcheviques, convencidos de que éstos eran la única fuerza efectiva de la capital capaz de aplastar a Kornilov.

Pero, aun movilizando a las masas para aplastar el movimiento de Kornilov, los bolcheviques no cejaron en su lucha contra el Gobierno Kerenski, desenmascarando ante las masas a este Gobierno y a los mencheviques y socialrevolucionarios, que, con toda su política, ayudaban objetivamente a la intentona contrarrevolucionaria de Kornilov. Gracias a todas estas medidas, fue aplastada la intentona de Kornilov. El general Krimov se pegó un tiro. Kornilov y sus cómplices, Denikin y Lukomski, fueron detenidos (aunque pronto habían de ser puestos de nuevo en libertad por Kerenski). El aplastamiento de la intentona kornilovista puso el descubierto e iluminó de golpe la correlación de fuerzas entre la revolución y la contrarrevolución. Demostró el fracaso total de todo el campo contrarrevolucionario, desde los generales y el partido kadete hasta los mencheviques y los socialrevolucionarios, cogidos en las redes y prisioneros de la burguesía. Era evidente que la política de prolongación de aquella guerra agotadora, que al alargarse provocaba el desastre económico del país, había quebrantado definitivamente la influencia de estos partidos entre las masas del pueblo. El aplastamiento de la korniloviada revelaba además, que el Partido bolchevique se había convertido ya en la fuerza decisiva de la revolución, en una fuerza capaz de deshacer los manejos de la contrarrevolución, cualesquiera que ellos fuesen. El Partido bolchevique no era todavía un partido gobernante, pero durante los días de la korniloviada actuó como una verdadera fuerza de gobierno, pues sus instrucciones fueron seguidas sin vacilar por los obreros y los soldados. Finalmente, el aplastamiento de la intentona kornilovista vino a demostrar que aquellos Soviets que se creían agonizantes, encerraban en su seno, en realidad, una grandiosa fuerza revolucionaria. No cabía dudar de que habían sido precisamente los Soviets y sus Comités revolucionarios los que habían cerrado el paso a las tropas de Kornilov y contra los que se habían estrellado sus fuerzas.

Comenzó a desarrollarse la fase de animación y renovación de los Soviets, la fase de bolchevización de los Soviets. Las fábricas y empresas industriales y las unidades militares, al reelegir a sus diputados, ya no enviaban a los Soviets a mencheviques y socialrevolucionarios, sino a representantes del Partido bolchevique. Al día siguiente de aplastar la intentona de Kornilov, el 31 de agosto, el Soviet de Petrogrado se pronunció a favor de la política de los bolcheviques. El antiguo Presidium del Soviet de Petrogrado, formado por mencheviques y socialrevolucionarios, con Chjeidse a la cabeza, se retiró, dejando el puesto libre a los bolcheviques. El 5 de septiembre, el Soviet de diputados obreros de Moscú se pasó al lado de los bolcheviques. También se retiró por el foro, dejando el camino abierto a los bolcheviques, el Presidium socialrevolucionario-menchevique de este Soviet. Esto significaba que se daban ya las premisas fundamentales necesarias para una insurrección victoriosa.

Volvía a estar a la orden del día la consigna de «¡Todo el Poder a los Soviets!» e iniciaba la desbandada de los partidos oportunistas.

La Insurrección de Octubre en Petrogrado

Los bolcheviques comenzaron a prepararse enérgicamente para la insurrección. Lenin señaló que, teniendo como tenían ya mayoría en los Soviets de diputados obreros y soldados de las dos capitales, Moscú y Petrogrado, los bolcheviques podían y debían tomar en sus manos el Poder. Haciendo el balance del camino recorrido, Lenin subrayaba: «La mayoría del pueblo está con nosotros». En sus artículos y cartas al Comité Central y a las organizaciones bolcheviques, Lenin trazaba un plan concreto para la insurrección: decía cómo debían utilizarse las unidades militares, la flota y los guardias rojos, qué puntos decisivos era necesario ocupar en Petrogrado para garantizar el éxito de la insurrección, etc.

El 7 de octubre, Lenin se trasladó clandestinamente de Finlandia a Petrogrado. El 10 de octubre de 1917, se celebró la histórica sesión del Comité Central del Partido bolchevique, en la que se acordó dar comienzo a la insurrección armada pocos días después. La histórica resolución aprobada por el C.C. del Partido y redactada por Lenin decía:

«El C.C. reconoce qua tanto la situación internacional de la revolución rusa (insurrección de la flota alemana, signo agudo de la marcha ascendente de la revolución socialista mundial en toda Europa, luego la amenaza de una paz entre imperialistas con el fin de estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y Cía. de entregar Petrogrado a los alemanes) y la conquista por el Partido proletario de la mayoría dentro de los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la confianza del pueblo hacia nuestro Partido (elecciones de Moscú); y, finalmente, la preparación manifiesta de una segunda korniloviada (evacuación de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en esta capital, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), pone a la orden del día la insurrección armada.

«Reconociendo, pues, que la insurrección armada es inevitable y se halla plenamente madura, el C.C. insta a todas las organizaciones del Partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de la región Norte, salida de tropas de Petrogrado, acciones en Moscú y Minsk, etc.)». (Lenin, t. XXI, pág. 330, ed. rusa).

Intervinieron y votaron en contra de esta histórica resolución dos miembros del C.C.: Kamenev y Zinoviev. También ellos soñaban, como los mencheviques, con una República parlamentaria burguesa. Trotski, aunque en esta sesión no votó abiertamente contra la resolución del C.C., presentó una enmienda a ella que, de haberse aceptado, habrá reducido a la nada y hecho fracasar la insurrección. Propuso que ésta no comenzase hasta la apertura del II Congreso de los Soviets, lo que equivalía a dar largas a la insurrección, a fijar de antemano el día en que había de estallar, poniendo en guardia con ello al Gobierno provisional. Se creó, por el mandato del Comité Central del Partido, el Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado, que había de asumir las funciones de Estado Mayor legal de la insurrección. A la par que ocurría esto, la contrarrevolución se apresuraba también a concentrar sus fuerzas. La oficialidad del ejército se organizaba en la entidad contrarrevolucionaria titulada «Liga de Oficiales». Los contrarrevolucionarios creaban por todas partes Estados Mayores para la formación de batallones de choque. Hacia fines de octubre, la contrarrevolución disponía de 43 batallones de éstos. Organizándose, además, batallones formados exclusivamente por los «Caballeros de San Jorge».

El Gobierno de Kerenski planteó el problema de su traslado de Petrogrado a Moscú. Esto indicaba que estaba preparando la entrega de Petrogrado a los alemanes, para atajar la insurrección en esta capital. Pero la protesta de los obreros y soldados de Petrogrado obligó al Gobierno provisional a permanecer allí.

El 16 de octubre, se celebró una sesión ampliada del C.C. del Partido bolchevique. En ella se eligió un Centro del Partido encargado de dirigir la insurrección, con el camarada Stalin a la cabeza. Este Centro era el núcleo dirigente del Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado y fue el que dirigió prácticamente toda la insurrección.

En esta sesión del C.C., los capituladores Zinoviev y Kamenev volvieron a pronunciarse contra la insurrección. Y habiendo obtenido la merecida réplica, combatieron abiertamente desde la prensa a la insurrección y al Partido. El 18 de octubre, un periódico menchevique titulado Novaia Zhisn («Vida Nueva») publicó una declaración de Kamenev y Zinoviev, manifestando que los bolcheviques preparaban una insurrección y que ellos consideraban esta insurrección como una aventura. Con ello, Kamenev y Zinoviev ponían en conocimiento de los enemigos la decisión del C.C. acerca del movimiento y de su organización para una fecha inmediata. Este acto era una traición. Lenin escribió, a propósito de esto: «Kamenev y Zinoviev han delatado a Rodzianko y a Kerenski el acuerdo del C.C. de su Partido sobre la insurrección armada». Y planteó ante el Comité Central la expulsión del Partido de Zinoviev y Kamenev.

Los enemigos de la revolución, prevenidos por los traidores, comenzaron a tomar sin pérdida de tiempo las medidas necesarias para atajar la insurrección y aplastar al Estado Mayor dirigente de la revolución, al Partido bolchevique. Pero los días y las horas de vida del Gobierno provisional estaban contados. No había ya fuerza capaz de detener la marcha arrolladora de la Revolución Socialista.

El 21 de octubre, fueron enviados a todas las unidades revolucionarias de tropas comisarios bolcheviques del Comité Militar Revolucionario. Durante los días que precedieron a la insurrección, se desarrolló una enérgica labor preparatoria de la lucha en el seno de las unidades militares y en las fábricas y empresas industriales. Se asignaron también misiones concretas a los barcos de guerra, a los cruceros Aurora y Sariá Svobodi («Amanecer de la libertad»).

En la sesión del Soviet de Petrogrado, Trotski delata al enemigo la fecha de la insurrección, el día señalado por los bolcheviques para desencadenar el movimiento. Para no dar al Gobierno de Kerenski la posibilidad de hacer fracasar la insurrección armada, el C.C. del Partido decidió comenzar y llevar a cabo la insurrección antes de la fecha proyectada, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets.

Kerenski comenzó a actuar en las primeras horas de la mañana del 24 de octubre (6 de noviembre del calendario nuevo), dando orden de suspender el periódico titulado Rabochi Put («La Senda Obrera»), órgano central del Partido bolchevique, y enviando los carros de asalto al local de la redacción de este periódico y al de la imprenta de los bolcheviques. Pero, hacia las 10 de la mañana, siguiendo instrucciones del camarada Stalin, los guardias rojos y los soldados revolucionarios desalojaron a los carros de asalto y reforzaron la guardia de la imprenta y de la redacción del periódico. Hacia las 11, salió «La Senda Obrera», con un llamamiento para derribar al Gobierno provisional. Al mismo tiempo, y siguiendo instrucciones del Centro del Partido para la insurrección, fueron concentrados urgentemente en el Smolny los destacamentos de soldados revolucionarios y de guardias rojos. La insurrección había comenzado.

En la noche del 24 de octubre, se trasladó Lenin al Smolny, para hacerse cargo personalmente de la dirección del movimiento. Durante toda la noche, no cesaron de llegar al Smolny unidades revolucionarias de tropas y destacamentos de guardias rojos. Los bolcheviques los enviaban al centro de la ciudad, a cercar el Palacio de Invierno, donde se había atrincherado el Gobierno provisional.

El 25 de octubre (7 de noviembre), la Guardia Roja y las tropas revolucionarias tomaron las estaciones de ferrocarril, las centrales de Correos y Telégrafos, los Ministerios y el Banco del Estado. Fue disuelto el Preparlamento.

El Palacio del Smolny, residencia del Soviet de Petrogrado y del Comité Central del Partido bolchevique, se convirtió en Cuartel General de la revolución; era de aquí de donde salían todas las órdenes de batalla.

Los obreros de Petrogrado demostraron en estas jornadas que habían pasado, bajo la dirección del Partido bolchevique, por una buena escuela. Las unidades militares revolucionarias, preparadas para la insurrección por la labor de los bolcheviques, cumplían exactamente las órdenes de batalla que se les daban y se batían en fraternal compenetración con la Guardia Roja. La marina de guerra no desmereció del ejército. Kronstadt era una fortaleza del Partido bolchevique, donde hacía ya mucho tiempo que no se reconocía el Poder del Gobierno provisional. Con el estruendo de sus cañones, enfilados sobre el Palacio de Invierno, el crucero “Aurora” anunció, el 25 de octubre, el comienzo de la nueva era, la era de la Gran Revolución Socialista.

El 25 de octubre (7 de noviembre), se publicó un llamamiento del Partido bolchevique «A los ciudadanos de Rusia». En él se decía que el Gobierno Provisional burgués había sido derribado y que el Poder había pasado a manos de los Soviets.

El Gobierno provisional se había refugiado en el Palacio de Invierno, bajo la protección de los cadetes y de los batallones de choque. En la noche del 25 al 26 de octubre, los obreros, soldados y marinos revolucionarios tomaron por asalto al Palacio de Invierno y detuvieron al Gobierno provisional.
La insurrección armada en Petrogrado había vencido.

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