Trump es la Verdadera Cara del Imperialismo Yanqui

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El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos sorprendió a la inmensa mayoría, mas no a los comunistas. Muchos esperaban ver a la primera mujer en la Casa Blanca después de tener a un presidente negro y pocos creían que un vulgar payaso reaccionario llegara a dirigir los destinos de la superpotencia. Sin embargo, si EEUU ya tuvo como presidente a un tarado como George Bush y a un mediocre comediante como Ronald Reagan, ¿por qué no va a tener a un cínico y bellaco negociante? Trump es la verdadera cara del imperialismo yanqui.

Esa mayoría que ansiaba el triunfo de Hilary Clinton en realidad soñaba con que Estados Unidos estaba cambiando su naturaleza, como la mejor expresión del imperialismo en su estado de mayor decadencia y agonía. Soñaba, por cuanto Obama no fue distinto a ningún otro presidente reaccionario blanco como atestiguan los hechos cotidianos de asesinato y persecución de negros, musulmanes y latinos, la deportación masiva de inmigrantes y el recorte de beneficios sociales; o como testimonian la agresión a otros pueblos, los bombardeos a Siria y la invasión a Afganistán; o como alecciona el respaldo a la paz que legaliza la usurpación de 10 millones de hectáreas de tierra a los campesinos en Colombia; donde el acercamiento y la apertura de relaciones con Cuba, que saludaron con salvas reformistas y oportunistas, es solo una necesidad de expandir el mercado y controlar a sus competidores rusos y chinos en el Caribe.

Trump es la verdadera cara del imperialismo yanqui, y no aboca a Estados Unidos a un futuro incierto como se lamentan los demócratas pequeñoburgueses y reformistas: Trump seguirá cumpliendo el libreto dictado por los monopolios, especialmente por el monopolio financiero, el rey del capital en la época del capitalismo moribundo. Cualesquiera hubiera ganado las elecciones, no cambiaría el hecho de que la democracia burguesa en un país imperialista es la dictadura de los grupos monopólicos.

Trump, al igual que lo hubiera hecho Clinton, continuará con los preparativos de guerra imperialista que viene adelantando Obama, porque la crisis económica del capitalismo mundial se lo impone como última salida; mantendrá en pie los Tratados de Libre Comercio con otros países porque necesita ampliar y disputarle el mercado a sus competidores de Europa y Asia; afianzará los tratados secretos y la «ayuda» a los países oprimidos porque estos garantizan la dependencia semicolonial, campo para llevar sus capitales y mercancías sobrantes, fuentes de sus materias primas y surtidores de mano de obra barata para amasar más capital; seguirá desmantelando beneficios sociales y persiguiendo, criminalizando y asesinando a los pobres en Estados Unidos, porque el capital necesita descargar el peso de la crisis sobre la mayoría trabajadora para poder sobrevivir.

La indignación manifiesta en Estados Unidos y en muchos países por el triunfo del cavernario Trump, si bien es un rechazo justo a un vil sujeto, en el fondo manifiesta la añoranza pequeñoburguesa, reformista y oportunista en un gobernante imperialista menos malo. Es un antojo reaccionario y cobarde porque añora devolver la rueda de la historia a la época del capitalismo naciente, en lugar de encarar el presente reconociendo que en la época del imperialismo, a pesar de la máscara democrática de la dictadura de los monopolios, se impone la reacción política en toda la línea, lo cual exige mirar hacia el futuro para desatar las fuerzas revolucionarias de la sociedad que exigen sustituir la dictadura de los monopolios por la Dictadura del Proletariado.

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)

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