Primero de mayo internacionalista y revolucionario

Compartir

¡CONTRA EL IMPERIALISMO! ¡CONTRA LA SUPEREXPLOTACIÓN ASALARIADA! ¡CONTRA LA DICTADURA DEL CAPITAL!

¡NO MÁS JORNADAS DE 24 HORAS!

Primero de mayo, día de lucha y movilización mundial de los trabajadores en conmemoración de las batallas de 1886 en EEUU, cuando la clase obrera conquistó la jornada de 8 horas y el derecho diario al descanso y la educación. Hoy, esa victoria, se evoca en medio de “un gran desorden bajo los cielos”. La sociedad mundial está asolada por la pandemia del covid-19 que deja a su paso más de 3 millones de muertos. El virus SARS-COV2 se transformó rápidamente en pandemia, por causa de la producción capitalista que no solo priva de las mínimas condiciones de salud, nutrición e higiene a quienes producen, sino que también contamina sus fuentes vitales y destruye la naturaleza. El modo de producción capitalista imperialista facilitó la aparición de la pandemia y ante ella, sumió a la población mundial en una catástrofe sanitaria dado que ha convertido la salud en un negocio privado donde sólo importa la ganancia, no el bienestar de la sociedad.

¡La sociedad mundial está arruinada por el capitalismo! Los confinamientos, cierre de fronteras y demás imposiciones, lejos de controlar la pandemia, han profundizado la crisis económica de superproducción en la que se debate el capitalismo mundial desde el 2008. Crisis cuyos costos son trasferidos a los trabajadores, a quienes por producir tanto, les rebajan salarios, cercenan prestaciones sociales y lanzan en masa a las calles a engrosar el gigantesco ejército mundial de desempleados. La voracidad capitalista también se ensaña contra los campesinos y los pequeños y medianos propietarios urbanos, arruinados por el desarrollo industrial, por los acaparadores monopolistas que imponen precios irrisorios a los productos agrícolas y materias primas para la industria, y por los gobiernos que los castigan con más impuestos y tributos. Una terrible crisis social ha sido causada por el imperialismo, acorralando la sociedad mundial en el atolladero del hambre, la miseria y la opresión, donde en el lapso de la pandemia se exacerbó la contradicción antagónica entre unos pocos holgazanes grupos monopolistas dueños de la riqueza producida por la inmensa mayoría de la población mundial trabajadora sumida en la pobreza. El capitalismo imperialista ha generalizado el hambre en la sociedad no por escasez sino por la apropiación privada de la superproducción de bienes materiales; durante la pandemia ha muerto más gente por hambre que por el virus, se duplicó el ejército de hambrientos en el mundo y se extendieron las hambrunas ya no solo en África, sino en todos los continentes. ¡La pandemia es el capitalismo!

Las contradicciones mundiales del imperialismo se han tornado más agudas y explosivas. En particular, la crisis económica agravada por la pandemia, ha potenciado la principal contradicción mundial entre la burguesía y el proletariado, clase cuya existencia depende del salario, clase cuyo trabajo determina si se mueve o paraliza la sociedad como lo han verificado los confinamientos, clase componente principal de los migrantes, clase condenada al desamparo del desempleo por un sistema incapaz de ocupar y sostener a los verdaderos productores de riqueza, clase presente en las movilizaciones, huelgas políticas, rebeliones, guerras y alzamientos contra el podrido sistema de la explotación asalariada.

El Primero de Mayo es entonces, el día internacional de la clase obrera diseminada por todo el planeta, ávida de la conciencia política de su misión histórica cual protagonista actual de la memorable sentencia del Manifiesto Comunista“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar. (…) La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”.

El desarrollo desigual de los países imperialistas, aunado a la impotencia de la burguesía imperialista para solucionar la crisis económica y la espantosa crisis social, obliga a los reaccionarios a ir a la guerra mundial, un remedio peor que la enfermedad que sufre la sociedad, pues solo sirve a los imperialistas para repartir de nuevo el mundo ya repartido, solo sirve a los dueños del capital para oxigenar su decaída economía con la industria militar, aminorar la superproducción relativa quemando infraestructura industrial y mercancías, aminorar las interminables filas de desempleados, migrantes, desterrados y despojados, inmolándolos en las filas de los ejércitos reaccionarios.

La superexplotación asalariada y la dictadura de los capitalistas son impuestas con mano de hierro mediante la máquina de fuerza de los reaccionarios, el Estado. Contrario a la creencia supersticiosa de los partidos reformistas y oportunistas en la “democracia” del Estado burgués, éste es en esencia una dictadura de clase, claramente desembozada durante la pandemia aplicando medidas de guerra supuestamente para contener la debacle sanitaria, cuando en realidad, pretenden contener las explosiones sociales incubadas por el hambre, la miseria, el desempleo, la carestía, la rebaja salarial, las reformas antiobreras y antipopulares.

El dominio y despojo imperialista a los países, naciones y pueblos del mundo, la superexplotación asalariada en los países imperialistas y oprimidos, la dictadura sanguinaria de los monopolios y sus gobiernos lacayos, han recrudecido la lucha de clases en todos los países. Poderosas movilizaciones y huelgas políticas de masas en países de Europa y Asia, levantamientos populares en América Latina, movilizaciones antirracistas en EEUU y Europa, guerras de resistencia en el Medio Oriente y África, guerrillas revolucionarias en Turquía y Perú, guerras populares en India y Filipinas… indican la incompatibilidad de la existencia del sistema mundial imperialista de opresión y explotación, con la existencia de la sociedad alzada en lucha por romper sus cadenas en el anhelo de un nuevo mundo sin explotación, sin la dictadura de los ricos, que solo puede ser el nuevo mundo socialista y comunista. ¡El Primero de Mayo es por excelencia el día internacionalista y revolucionario contra el capitalismo imperialista, por el socialismo y el comunismo!

La sociedad mundial necesita liberarse del imperialismo, de la superexplotación asalariada y de la dictadura del capital; y el único medio para lograrlo es la revolución pues ninguna reforma puede resolver el desastre causado por el capitalismo imperialista a la sociedad y la naturaleza. Ninguna reforma ni medida de los gobiernos burgueses puede solventar los sufrimientos de los trabajadores. Solo la Dictadura del Proletariado, por ser el poder político real de la mayoría, es el tipo de Estado que puede sacar la sociedad del atolladero imperialista y encauzarla por los carriles del progreso y bienestar general para todos sus miembros.

Tal fue el ejemplo revolucionario de la Comuna de París, cuyo 150 aniversario de la insurrección que la proclamó coincide con este Primero de Mayo. Fue el primer intento de instauración de un nuevo Estado de dictadura del proletariado, donde el ejército profesional fue sustituido por el pueblo armado, y la burocracia estatal fue sustituida por funcionarios elegidos por las masas, con carácter removible y remunerados con salario de obreros. La Comuna de París, revolución precursora de las grandiosas revoluciones proletarias del siglo XX, cayó vencida por los fusiles de la sanguinaria burguesía francesa, pero dejó enseñanzas imperecederas que siguen siendo la guía de los combates actuales contra la dictadura del capital.

El Primero de Mayo es el día especial para enaltecer, emular y apoyar la lucha internacional del proletariado y los pueblos del mundo contra el imperialismo, contra la superexplotación asalariada, contra la dictadura del capital. Lucha que hoy tiene en su vanguardia a la Guerra Popular en la India, dirigida por el Partido Comunista de la India (Maoísta), donde las armas están en manos del pueblo en las zonas liberadas y en los destacamentos del Ejército Guerrillero de Liberación Popular. Una guerra justa que verdaderamente libera al pueblo indio de sus centenarias cadenas de opresión y explotación. Una guerra donde se demuestra que lo determinante no son las armas sino la política que las dirige. Una guerra diametralmente opuesta a las luchas armadas de los mercenarios del capital y de las mafias que en vez de liberar al pueblo, lo someten, lo desplazan, lo masacran.

La lucha de clases mundial se ha recrudecido y representa una excelente condición objetiva para avanzar a la revolución. La fuerza de los movimientos de masas es majestuosa e incontenible, pero requiere la luz de la conciencia política proletaria para superar la dispersión e impotencia, para que no sea una fuerza dilapidada por los reformistas con artimañas electorales, para que no sea una fuerza ahogada por los oportunistas —lugartenientes de los capitalistas entre los trabajadores— en el frío estanque de la conciliación con los enemigos que solo sirve para reforzar el poder de los verdugos y perpetuar los sufrimientos del pueblo.

En el “gran desorden bajo los cielos” creado por la crisis económica y social donde por el empeoramiento de las condiciones de miseria y sufrimiento de los trabajadores, se intensifica la lucha de clases, crece el descontento, la indignación y la actividad de las masas, todo lo cual provoca crisis políticas en los gobiernos reaccionarios en países imperialistas y en países oprimidos, se crean posibilidades para convertir esas crisis en situaciones revolucionarias donde la simple lucha de resistencia a la explotación y la opresión, se puede trasformar en rebelión armada, en insurrección, en revolución para extirpar de raíz la causa de los males: la dictadura del capital y su régimen de explotación asalariada.

Pero “No toda situación revolucionaria —dice Lenin— origina una revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficientemente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, ‘caerá’ si no se le ‘hace caer’”. He ahí, la crucial responsabilidad de los comunistas hoy, ya no con los intereses de su grupo y ni siquiera con los intereses exclusivos de la clase obrera, sino con el interés general de la sociedad mundial subyugada por el imperialismo. Su obligación es llevar la luz de la conciencia socialista y dirigir la lucha de clases dotándola de formas independientes de organización, para lo cual es indispensable construir y fortalecer auténticos partidos marxistas leninistas maoístas en cada país y trabajar denodadamente por unirse en una Conferencia Internacional que cumpla el papel de centro de dirección política y de engranaje para avanzar a la construcción de una nueva Internacional Comunista basada en el Marxismo Leninismo Maoísmo. El Primero de Mayo es el día preciso para remarcar esa trascendental necesidad de la unidad internacional de los comunistas.

¡Proletarios y pueblos del mundo, uníos contra el imperialismo!
¡La pandemia es el capitalismo! ¡Viva el socialismo y el comunismo!
¡Contra el imperialismo, la superexplotación asalariada y la dictadura del capital!
¡Viva la Revolución Proletaria Mundial!

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Colombia, Primero de Mayo 2021

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *