MENSAJE DE LA UNIÓN OBRERA COMUNISTA (MLM) DEL 1° DE MAYO 2018

Compartir

MENSAJE DE LA UNIÓN OBRERA COMUNISTA (MLM) DEL 1° DE MAYO 2018 1

Primero de mayo de 2018

MENSAJE A LOS EXPLOTADOS Y OPRIMIDOS

¡El Capitalismo Imperialista está en Crisis!

¡Viva el Socialismo y el Comunismo!

Hoy, como desde hace 128 años cuando por primera vez se consagró el Primero de Mayo como Día Internacional de la Clase Obrera, el ejército proletario mundial rinde homenaje a los mártires de Chicago y pasa revista a sus filas, unido por los lazos de solidaridad internacionalista e impulsado por la necesidad de abolir toda forma de explotación y de opresión sobre la tierra. Rompiendo con las artificiales fronteras nacionales y desechando las diferencias de sexo, raza y creencias, los trabajadores de todos los países entrelazan sus manos y levantan sus puños contra el enemigo común de la humanidad que hoy amenaza no solo con desatar una nueva guerra mundial, sino con la destrucción de la vida en el planeta: el capitalismo imperialista, convertido en un sistema mundial de explotación y opresión.

A su vez, este Primero de Mayo concuerda con un hecho de importancia trascendental en lucha de los obreros de todos los países: el Bicentenario del Nacimiento de Carlos Marx. Para júbilo de los proletarios, uno de los hombres más influyentes de la historia y uno de los grandes maestros de la clase obrera, fundador junto con Federico Engels, de la doctrina del Socialismo Científico, ideología que representa los intereses de la clase más revolucionaria de la época actual.

¡Marx está vivo! Contrariando los deseos y propósitos de las clases dominantes y sus compinches de los falsos partidos obreros, que han pretendido sin éxito derrotar sus teorías o declarar envejecidas sus ideas fundamentales, el nombre de Carlos Marx sigue viviendo a través de los siglos, y con él su obra, como pronosticara su entrañable amigo y camarada, Federico Engels.

Marx sometió a la crítica implacable todo el orden social existente dejado en claro que la historia de las sociedades, con excepción de la comunidad primitiva, es la historia de las luchas de clases: «…opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces, y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la trasformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes». Según palabras del Manifiesto del Partido Comunista.

Allí se denuncia la sociedad actual que no abolió las contradicciones de clase ni la lucha de clases: «Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha, por otras nuevas… Toda la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado». Para concluir genialmente: «La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables… el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación».

He ahí una exposición magistral de las condiciones que conducen a la clase de los asalariados, a los proletarios, a establecer su dictadura de clase sobre las clases parásitas derrocadas. La dominación de los capitalistas y los monopolios debe dar paso a la dominación de los proletarios.

Marx también armó a la clase obrera con la comprensión de que la historia no la hacen los caudillos, ni los llamados «grandes hombres» o los politiqueros, sino que sus protagonistas son las masas trabajadoras del campo y la ciudad, dándoles confianza en sus propias fuerzas sin esperanzarse en salvadores supremos: ¡la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera!

Igualmente, Marx enseñó que detrás de los discursos de los gobernantes y los políticos, así como de los grandes conflictos sociales y las guerras se esconden en realidad los intereses económicos de las clases. Por eso al adentrarse en el estudio del funcionamiento del sistema, no dudó en señalar que el capitalismo viene al mundo chorreando lodo y sangre, encontrando el secreto de la explotación y las contradicciones que hacen de este sistema, apenas una etapa en el desarrollo progresivo de la sociedad. El capitalismo debe dar paso al socialismo.

En efecto, hoy el mundo es azotado por una profunda crisis económica, que ha llevado a la quiebra a gigantescas corporaciones y empresas financieras e industriales concentrando y acumulando a la par el poder en unos cuantos grupos monopolistas y países imperialistas. Una crisis que lleva aparejada la creciente sobreproducción de alimentos y materias primas junto con el hambre y la miseria de millones de trabajadores en todo el mundo; demostrando la incapacidad de la burguesía de gobernar su propio sistema, donde los capitalistas son obligados a devorarse unos a otros aplastando en su pugna a las masas trabajadoras, sobre quienes descargan todo el peso de su crisis.

Describe el Manifiesto que en las crisis de sobreproducción se desata una epidemia social. «La sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de barbarie momentánea: diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial la han privado de todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio… Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno.»

Y como consecuencia de la crisis económica se agrava la crisis social mundial agudizando a su vez todas las contradicciones del sistema imperialista. En particular, es atizada la lucha de clases donde la contradicción entre proletarios y burgueses es destacada como la contradicción principal del sistema en su conjunto. Una lucha que por ahora tiene manifestaciones en los permanentes paros y huelgas, huelgas generales y huelgas políticas contra las medidas de los gobernantes que pretenden arrebatar conquistas adquiridas, como se puede observar por estos días en España, Francia, Argentina, Panamá por solo mencionar algunos, y que en no pocos casos alcanzan a convertirse en levantamientos violentos contra el sistema.

Así mismo, la crisis ha sacado a la luz el gigantesco peso del ejército de los proletarios, de los sin nada que perder en una revolución, de los sepultureros del imperialismo; ese ejército mundial es nutrido ahora por los millones de inmigrantes de los países oprimidos, arrojados a las metrópolis imperialistas por el hambre y las guerras; un mentís a los teóricos burgueses y pequeño-burgueses interesados en negar la existencia, importancia y crecimiento mundial del proletariado, cuyo reconocimiento es políticamente demasiado peligroso para el poder de la burguesía.

Igualmente, junto con la contradicción mundial entre proletarios y burgueses se ha exacerbado la contradicción entre los países imperialistas y entre los grandes monopolios en la lucha por apoderarse de zonas geoestratégicas, fuentes de materias primas, mercados y fuerza de trabajo. Una contradicción que se manifiesta especialmente en la lucha por el dominio del Medio Oriente petrolero y estratégico para una guerra mundial, siendo Siria el país donde se centra la disputa entre Estados Unidos y Rusia, todavía no de enfrentamiento militar directo, ni con tropas en el territorio, pero sí mediante bombardeos, provisión de armamento y asesoría a los ejércitos locales y mesnadas de mercenarios que luchan por el territorio. A ello se suman otros preparativos para la confrontación abierta como atestiguan las cada vez más frecuentes maniobras militares en distintas parte del globo. Una nueva guerra mundial que debe impedirse con la revolución proletaria o de presentarse ser transformada en guerra contra civil contra las clases dominantes, como enseña la experiencia de las guerras mundiales anteriores donde el proletariado le arrebató a la burguesía, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el Campo Socialista.

Además, se hace más pesado e insoportable la opresión de todos los países imperialistas sobre los países oprimidos, tornándose más salvaje la superexplotación y el saqueo, así como la más brutal dominación, ya sea mediante la subyugación semicolonial o la agresión abierta que tras las mentiras de «lucha contra el terrorismo», «en defensa de la democracia» o «en defensa del pueblo», arrasan países, anexionan territorios, disputan zonas estratégicas, se adueñan y saquean los recursos naturales, masacrando, despojando y desplazando a las masas del pueblo; como cruel y dolorosamente demuestran Siria, Palestina, Afganistán, Irak, convertidos en campos del exterminio y el saqueo imperialistas. Acciones criminales que cuentan con el apoyo de gobiernos cipayos como el de Colombia que saludó el reciente bombardeo yanqui sobre Siria, celebró el aniversario de la fundación del Estado sionista de Israel, asesino del pueblo palestino, y sirve a los planes intervencionistas en Venezuela.

Y frente a la agresión imperialista, es apenas normal que los pueblos se levanten y desplieguen su incesante lucha por sacudirse las cadenas de la explotación y la opresión como lo hacen los valerosos pueblos kurdo y palestino en el Medio Oriente y las masas populares en todos los países enfrentando la dominación imperialista y las clases lacayas nativas. Los imperialistas no tienen descanso y no lo tendrán jamás porque su dominación convierte en infierno la existencia de los trabajadores.

El capitalismo imperialista es guerra, descomposición, muerte, hambre, miseria, explotación, destrucción de la naturaleza, opresión… un sistema que debe ser derrotado con la Revolución Proletaria Mundial abriendo el camino a la construcción del socialismo, primera etapa del comunismo.

La basura burguesa y reformista de los politiqueros, de los jefes de los partidos oportunistas y jefes vendeobreros sobre la posibilidad de superar las contradicciones sociales sin acabar con el sistema de la explotación asalariada; su palabrería sobre la paz social entre explotados y explotadores; su cháchara sobre la posibilidad de un gobierno al servicio del pueblo mientras subsista el viejo Estado de los burgueses y terratenientes; todas ellas son mentiras y frases demagógicas que buscan aplazar la muerte inevitable del sistema y prolongar su agonía, disuadiendo a los trabajadores de no acometer la lucha frontal contra el causante de todas sus desgracias.

De ahí que la clase obrera necesita organizarse como Partido político independiente y diferenciado de los demás partidos existentes; un Partido que se apoye en la teoría del socialismo científico fundado por Marx y Engels pero enriquecido en más de un siglo de experiencia de lucha y hoy llamado Marxismo Leninismo Maoísmo; base ideológica que le permite dirigir con acierto la lucha de los proletarios y los pueblos del mundo por su liberación, como demuestran los obreros y campesinos en la India que, dirigidos por el Partido Comunista de la India (maoísta), destruyen con la Guerra Popular el viejo Estado y las viejas relaciones de explotación y opresión, y construyen el nuevo Poder popular con la mira puesta en el socialismo.

Como advirtiera Marx, el capitalismo no tiene salvación y la existencia de la burguesía es incompatible con la sociedad. Pero la burguesía no abandonará el escenario de la historia por sí sola, se necesita que la clase obrera se eleve como la clase más revolucionaria y despliegue su iniciativa para tomar en sus manos la dirección de la revolución que crece en las entrañas de este sistema moribundo y en descomposición.

Los comunistas por su parte, hoy refrendan ante la clase obrera su compromiso de luchar intransigentemente por la unidad de los Marxistas Leninistas Maoístas del mundo, redoblando a su vez los esfuerzos por fundir la teoría del socialismo con el movimiento de las masas, que den vida al Partido Comunista Revolucionario.

Y como lo hicieran Marx y Engels en el Manifiesto hace 170 años, proclaman a los cuatro vientos:
«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.»

¡Proletarios y Pueblos del Mundo, Uníos Contra el Imperialismo!
¡Viva el Primero de Mayo Internacionalista y Revolucionario!
¡Celebremos el Bicentenario del Natalicio de Carlos Marx!

Unión Obrera Comunista (mlm)
Primero de mayo de 2018

También te podría gustar...