LOS MIGRANTES, LA CRISIS SOCIAL Y LA PERSPECTIVA REVOLUCIONARIA

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Las guerras imperialistas son la política de los reaccionarios con derramamiento de sangre, para preservar su sistema mundial de opresión y explotación. Se calcula en 57 millones de personas el movimiento actual de masas que huyen de la guerra en África y Oriente Medio, una cifra equivalente a desocupar toda la población de Colombia, Panamá y Costa Rica juntas; y es apenas una pequeña parte de los 232 millones -en su mayoría proletarios- que migran por todo el mundo huyendo de la crisis social en sus países de origen. La gran mayoría de migrantes y víctimas de la guerra, proviene de países oprimidos invadidos por los imperialistas o donde se atizan guerras reaccionarias financiadas por ellos para derrocar gobiernos y coaliciones que afecten sus intereses económicos, siendo hoy Siria un foco de la reyerta, donde en tres últimos años, las masas han puesto cuatro millones de desterrados y más de 245.000 muertos.

Escapar a Europa es la esperanza de supervivencia para los desterrados, desafiando el peligroso cruce por el Mar Mediterráneo, donde se calcula en 25.000 los ahogados, intentando llegar a costas Europeas desde 1990. Allí los «derechos humanos» imperialistas los condenan a perecer en el mar o al borde de los muros fronterizos. La pequeña fracción de desplazados, que logra llegar a Europa, es atacada, discriminada y explotada sin compasión; el imperialismo europeo les cierra el camino como si fuesen delincuentes.

El jefe imperialista británico David Cameron, expresa el desprecio imperialista a los oprimidos, llamando «plaga» a los migrantes, y con el respaldo de los capitalistas de toda la Unión Europea acuerda la construcción de nuevos cercos con alambre de púas y cámaras de seguridad en el extremo francés del Euro-túnel, para evitar que los desposeídos arriben a Inglaterra. Otro medio millón de personas buscan asilo en Alemania, y aún cuando el gobierno reaccionario responde cercando la frontera, miles de manifestantes salen a recibir a los migrantes, lo cual muestra la lucha antagónica entre las clases reaccionarias y las masas trabajadoras en los propios países imperialistas.

Al tiempo que emiten declaraciones formales de acoger un pequeño número de víctimas, las fuerzas armadas reaccionarias los detienen en las fronteras, gasean y expulsan de unos países a otros. La misma ONU pide al imperialismo yanqui recibir a 65.000 desplazados sirios, pero el presupuesto es de solo admitir máximo 2.000. Ese es el imperialismo: hipócritas palabras de «derechos humanos», mientras ataca con más de 300 grupos paramilitares de distintas etnias en Oriente Medio y África, como Isis, arrasa territorios enteros y da muerte a las masas desarmadas.

Los movimientos militares continúan, son colosales en busca del beneficio económico del petróleo, gas y venta de armas. El interés de la ganancia bajo este sistema está por encima de la vida; es la práctica del imperialismo que muestra su degradación. Mientras dicen abrir las puertas a los migrantes por un lado, son los culpables de su muerte en la guerra o en el éxodo por el otro; mientras predican humanismo informando a cuántos desgraciados recibirán, se muestran los dientes con despliegues militares en las fronteras, y patrocinan regímenes u opositores terroristas que desplazan y matan por miles. Los imperialistas en su plan saqueador de todo el mundo, y en particular del Medio Oriente y África, instiga, apoyan, ejecutan y financia guerras reaccionarias en Afganistán, Irak, Libia, Siria y Nigeria. Son falsos sus compromisos de liquidar a sus propios mercenarios, pues son los mismos imperialistas europeos los principales compradores del petróleo que roba el grupo Estado Islámico de las refinerías de Siria e Irak, una transacción que es la principal fuente de financiación de este ejército terrorista, uno de los principales grupos asesinos de gente desarmada en esos países.

Las bombas y balas no son el único motivo por el que los migrantes huyen a los países imperialistas; la causa principal de su tragedia es la superexplotación, miseria y opresión que rondan por todo el mundo. La superexplotación y devastación dejada por las guerras que todos los imperialistas alientan, son las verdaderas causas de la crisis migratoria, que hoy en Europa agrava su crisis social causada no por los migrantes, sino por el sistema mundial imperialista de opresión y explotación. Según un informe de la Comisión del Parlamento Europeo -CRIM, de los quinientos millones de personas que viven en los 28 países de la Unión Europea, oficialmente hay más de 27 millones de desempleados, a los que se suman 120 millones de miserables, 43 millones de hambrientos, 18 millones de subsidiados por el Estado y 880 mil que viven en la esclavitud, explotados por las bandas criminales que manejan la prostitución y otras actividades.

Pero no todo es oscuridad y muerte para los desposeídos; existe una perspectiva revolucionaria en su misma situación, pues donde se concentra y se acumula el capital, emergen inevitablemente nuevos destacamentos de proletarios, que ahora como migrantes pasan a engrosar las filas de la clase obrera en Europa, un hecho objetivo que favorece enormemente la Revolución Proletaria Mundial y ante el cual, los kilómetros y kilómetros de alambradas, muros y campos minados no servirán para contener la agudización de la lucha de clases en el corazón de las metrópolis imperialistas. Con razón dice nuestro Programa:

«El capitalismo se ha convertido en un sistema mundial de explotación y de opresión, y ese triunfo mundial es la causa de su derrota inevitable, pues no sólo ha forjado a lo largo y ancho del planeta la clase que lo sepultará, la clase de los proletarios, sino que además ha agudizado la lucha de clases en general, ha ampliado las diferencias entre ellas, ha acelerado la proletarización de vastas capas de la pequeña burguesía, ha incentivado el deseo de la lucha antiimperialista en las masas trabajadoras del mundo sobre quienes descarga el peso de su explotación y el oprobio de su dominio.»1

La desgracia de los desplazados se transforma en más fuerza para el movimiento obrero en Europa, que con miles de hermanos venidos de los países oprimidos sumados al descontento, ahora tienen una gran posibilidad de fortalecer su lucha contra toda manifestación de opresión y explotación. La revolución es la única solución a la crisis social mundial causada por el imperialismo; hoy más que nunca los proletarios del mundo están obligados a unirse contra el imperialismo y luchar como una sola clase por el derrocamiento de este sistema reaccionario.

La incapacidad de dar refugio a los desplazados de las guerras reaccionarias, es el indicativo de la imposibilidad de resolver la crisis social mundial sin derrotar al imperialismo que la ha causado; es señal de la bancarrota histórica de un sistema caduco, vetusto, impotente ya para mitigar siquiera las mismas tragedias sociales que desata. Resolver la crisis causada por el imperialismo a la sociedad mundial, es misión reservada al movimiento obrero mundial al frente de las masas populares. La situación objetiva es cada vez más propicia para la ofensiva de los obreros y pueblos del mundo contra el imperialismo, lo cual impone a los revolucionarios que inviertan sus principales esfuerzos en la construcción de una nueva Internacional Comunista, instrumento indispensable para la dirección consciente de la Revolución Proletaria Mundial que sepultará para siempre al imperialismo.

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)

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