¡FUERA IMPERIALISTAS DE LA PENÍNSULA DE COREA!

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¡FUERA IMPERIALISTAS DE LA PENÍNSULA DE COREA! 1

En la Asamblea General de la organización imperialista ONU, el imperialismo yanqui por el hocico de Trump amenazó con destruir a Corea del Norte, cuyo régimen y armamento es hoy uno de los pretextos —como ayer lo fue el régimen de Sadam Hussein en Irak o también hoy lo es el régimen de Bashar Al Asad en Siria— para que las aves de rapiña imperialistas encabezadas por Estados Unidos, fortalezcan su armamento nuclear y desplieguen sus máquinas de guerra, armen coaliciones y colisiones, agredan y usurpen territorios, anunciando que son «portadores de la democracia, la paz y la libertad para los pueblos», cuando en los hechos aprovechan tales pretextos para apropiarse de las riquezas naturales y fuentes de materias primas como el petróleo, posicionarse en preparación para una guerra mundial, demostrar que lo único que puede ofrecer el imperialismo a los pueblos de mundo es guerra, destrucción, muerte, campos de concentración, esclavitud, desplazamiento, explotación y el oprobio dictatorial de su bota militar en asocio con los cipayos de las clases reaccionarias en los países ocupados.

La reciente XI Asamblea de la Unión Obrera Comunista (mlm) como parte de su análisis de la situación actual, señaló:

La agudización de las contradicciones inter-imperialistas coloca a la sociedad ante el peligro de una nueva guerra mundial. Cuando la lucha por nuevos mercados y el aumento de la explotación del trabajo son por sí mismas insuficientes para enfrentar las crisis económicas, a los capitalistas sólo les queda ir a la guerra para resolverlas. Si bien la crisis económica del capitalismo mundial es la causa más profunda que acelera los preparativos de guerra mundial propios del agravamiento de las contradicciones inter-imperialistas, los pretextos siempre son de orden político: “lucha por la paz”, “por la democracia”, “contra el terrorismo”, “contra la amenaza de Pyongyang”, etc., tras los cuales aumenta vertiginosamente la producción y comercialización de armamento sofisticado —industria que oxigena la inversión del capital financiero frenada en otras ramas de la industria—, la movilización y expansión de tropas y máquinas de guerra de los países imperialistas hacia los disputados territorios y zonas de influencia en Siria, Irak, Irán, Ucrania, Mar de China, Península de Corea…

En efecto, uno de los acontecimientos que mantiene en vilo al mundo entero, es la amenaza mutua de atacarse con arsenal nuclear entre Estados Unidos y Corea del Norte, porque desde el 6 y 9 de agosto de 1945 cuando el imperialismo yanqui demostrando su carácter de enemigo sanguinario de los pueblos de mundo, en represalia por un ataque militar del imperialismo japonés en Pearl Harbor, atacó con bombas atómicas a la población de Hiroshima y Nagasaki, carbonizando en el acto a 146.000 civiles, matando a más 100.000 en los meses posteriores a causa de envenenamiento por radiación y heridas por quemaduras, además de las consecuencias en deformaciones genéticas y cánceres para los sobrevivientes y sus generaciones; desde entonces, confrontaciones tales como las de la década de los 70 entre las dos superpontencias —imperialismo estadounidense y el socialimperialismo ruso—, entre potencias militares regionales —India y Pakistán, Corea del Norte y del Sur— y en otros escenarios de guerras reaccionarias con participación directa de países imperialistas o azuzadas por ellos, han estado marcadas por la amenaza de ataque con armas nucleares.

En ese contexto el régimen de Kim Jong-un en Corea del Norte, incrementó la construcción de su propio arsenal nuclear para disuadir la amenaza expansionista del imperialismo yanqui —latente desde el armisticio de 1953 que puso fin a la Guerra de Corea— cuyo despliegue descomunal de tropas y armamentos no solo en aguas internacionales del Pacífico sino en sus semicolonias ha convertido a Corea del Sur en una gran base militar de Estados Unidos, una avanzada militar ya no solo contra Corea del Norte, sino principalmente contra la competencia de Rusia y China, países igualmente imperialistas que han hecho lo propio y so pretexto de respaldar a su aliada Corea del Norte, se reposicionan en la Península y en las áreas del Mar de China disputadas también por el imperialismo japonés.

¡FUERA IMPERIALISTAS DE LA PENÍNSULA DE COREA! 2 Como lo indica la gráfica publicada por la BBC el 4 de junio de 2016, el peligro del poder destructor de las ojivas nucleares, no está en Corea del Norte como dicen los imperialistas yanquis encabezados por Trump. El principal peligro para los pueblos del mundo, incluido el pueblo de Corea, son los países imperialistas poseedores de un gigantesco arsenal nuclear, base de sus preparativos para una nueva guerra mundial. Los acuerdos entre países imperialistas «contra el armamentismo» y el «desarme nuclear», no son más que genuina hipocresía. Mientras los imperialistas yanquis se abrogan el papel de gendarmes mundiales que prohíben a Corea del Norte hacer ensayos de armas nucleares en defensa propia, ellos y los demás imperialistas sí se otorgan el derecho a realizar tales ensayos donde quieren y cuando quieren, potenciando no solo su peligrosidad para los pueblos del mundo, sino también el poder destructor de fenómenos naturales como los terremotos y tsunamis.

Por la esencia parasitaria del imperialismo, por ser un sistema históricamente agonizante, por subsistir artificialmente a expensas de la explotación de la sociedad mundial y de la destrucción de la naturaleza, por ser un sistema caduco e incompatible con la existencia de la sociedad, el imperialismo es sinónimo de guerra contra los pueblos del mundo, como lo hizo en las dos matanzas mundiales del siglo XX, como lo siguió haciendo en innumerables guerras reaccionarias de ocupación y de agresión a los países oprimidos en todos los continentes, pues los imperialistas cuando no están en guerra se están preparando para la guerra.

Por su parte el movimiento comunista como vanguardia consciente del proletariado, ya en 1963 deslindó campos frente al revisionismo jruschovista, respecto al problema de las guerras y las armas nucleares. En la histórica Carta de los 25 Puntos, al declarar que «La prohibición completa y la destrucción total de las armas nucleares constituyen una tarea importante en la lucha por la defensa de la paz mundial», puntualizó que el chantaje de los imperialistas —para mantener la esclavización de los pueblos y países— con las armas nucleares dado su poder destructivo sin precedentes, obliga a levantarse contra ellas y exigir su prohibición, que los imperialistas no aceptarán por «amor» a la humanidad, sino por la presión revolucionaria de los pueblos de todos los países, incluidos los gobernados por la Dictadura del Proletariado obligados a tener armas nucleares para defenderse e impedir que los imperialistas desaten la guerra nuclear, pues la paz mundial no se conseguirá con súplicas a los imperialistas, sino eliminando las causas de las guerras; esto es, eliminando al imperialismo, la división de la sociedad en clases y con ella, la explotación del hombre por el hombre. «Sólo después —dice Lenin— de haber desarmado a la burguesía podrá el proletariado, sin traicionar su misión histórico-mundial, convertir en chatarra toda clase de armas en general, y así lo hará indudablemente el proletariado, pero sólo entonces; de ningún modo antes».

Teórica y prácticamente el Presidente Mao enseñó que no son las bombas nucleares las que pueden decidir las guerras. Si así fuera, los pueblos y países oprimidos que no poseen armas nucleares estarían derrotados de por vida por los imperialistas y estos serían invencibles. Las guerras las deciden las tropas que necesariamente deben ocupar los territorios y en ese terreno las guerras del pueblo, las guerras populares de los obreros y campesinos ¡esas sí son invencibles! Lo demostraron las masas armadas de la Rusia Soviética derrotando en una guerra popular la intervención militar imperialista entre 1918 y 1920; lo demostraron las masas armadas del pueblo chino cuya guerra popular prolongada volvió añicos al ejército invasor japonés a pesar de su formidable armamento; lo demostraron las masas armadas de la Unión Soviética cuya guerra popular doblegó y humilló al super-poderoso ejército nazi en las batallas de Moscú, de Stalingrado y de Berlín; lo demostraron las masas de Viet-nam, Laos y Camboya cuyas guerras populares hicieron morder el polvo de la derrota al ejército invasor estadounidense a pesar de sus sofisticados y mortíferos bombarderos B-52; lo siguen demostrando las masas de la India cuya guerra popular enfrenta con éxito al supremacista régimen de Modi apoyado en el armamento que le proporcionan los imperialistas.

La guerra imperialista, —dijo la XI Asamblea de la Unión— es política con derramamiento de sangre, es política que expresa concentradamente la necesidad de sortear la crisis económica del capitalismo mundial, moviendo grandes capitales estancados hacia la industria militar y quemando fuerzas productivas —trabajo vivo y trabajo muerto— para iniciar un nuevo ciclo. Pero a pesar de que las bravuconadas de granujas como Trump o de endiosados como Kim Jong-un, pueden convertirse en una casualidad que sirva a la necesidad imperialista de una guerra mundial, en tal decisión pesa la correlación mundial de las fuerzas de clase que representan a la reacción y a la revolución, y la experiencia de las dos guerras mundiales en el Siglo XX que sirvieron de condición para dar paso a la revolución, tendencia principal de la sociedad en la época del imperialismo.

El peligro de una guerra nuclear mundial es grave y podría ser letal para la sociedad. Exige impedirla a toda costa con la movilización revolucionaria de las fuerzas del trabajo, hastiadas de la opresión y explotación imperialistas, aprovechando que las contradicciones inter-imperialistas significan debilidad del imperialismo, inestabilidad de sus bloques, mejores condiciones para la revolución del proletariado, y para el movimiento revolucionario antiimperialista de los países, naciones y pueblos oprimidos. Y si de todos modos desatan la guerra mundial, la posición de los comunistas es oponerse a ella, promover el derrotismo revolucionario en los países imperialistas y transformarla en guerras civiles y populares, pues si bien el Movimiento Comunista Internacional se encuentra disperso, débil y en apariencia impotente para enfrentar una guerra imperialista a diferencia de cómo estaba en la II Guerra Mundial con una Internacional y un país socialista dirigido por el Partido Bolchevique, las mismas condiciones objetivas facilitarán que los entrabes actuales se superen en el transcurso mismo de una guerra imperialista. ¡O la Revolución detiene la guerra o la guerra desata la Revolución!.

En nombre del proletariado y del pueblo colombiano, la Unión Obrera Comunista (mlm) rechaza la aleve amenaza del imperialismo estadounidense vociferada por el reaccionario Trump contra Corea del Norte y rechaza las avanzadas militares de todos los imperialistas en la Península de Corea; apoya la lucha del pueblo coreano por su existencia como país independiente de cualquier tutelaje y yugo imperialista. Con respecto al régimen de Kim Jong-un en Corea del Norte y sus relaciones con Corea del Sur, que los coreanos resuelvan sus problemas sin injerencia de las garras sanguinarias de ningún país imperialista.

Algunas organizaciones revolucionarias al apoyar la lucha del pueblo coreano contra la agresión y amenazas imperialistas, terminan dando respaldo abierto al régimen gobernante en Corea del Norte por el hecho de oponerse al imperialismo estadounidense, y otras incluso de tendencia maoísta lo hacen de manera vergonzante, por una confusión o equivocación frente al problema del anti-imperialismo. No basta ser anti-imperialista para ser revolucionario, pues existe también el anti-imperialismo burgués, reaccionario, que mientras saca un imperialismo por la puerta del frente permite la entrada de otro u otros por el patio trasero, tal como hizo Fidel Castro en Cuba y hoy lo hace Maduro en Venezuela, Al Asad en Siria y Kim Jong-un en Corea del Norte; no basta levantar las armas contra un agresor imperialista para ser revolucionario, si esas armas no están enfiladas también al derrocamiento del opresor de clase sino a mantener la subyugación del pueblo bajo el látigo de nuevos opresores y explotadores, como lo hicieron los Talibanes en Afganistán y lo ha hecho el reaccionario ISIS en el Medio Oriente. La Unión Obrera Comunista (mlm) considera que el régimen de Kim Jong-un —heredero ya lejano de su propio abuelo el nacionalista Kim Il-sung— es un régimen de carácter dinástico que nada tiene que ver con un Estado de Dictadura del Proletariado como órgano de poder de las masas trabajadoras, ejecutivo y legislativo al mismo tiempo, donde el pueblo armado —del cual el ejército popular es una parte y sin el monopolio de las armas— ejerce directamente la dictadura de clase, elige y remueve a los funcionarios del Estado sin privilegios con respecto a los obreros asalariados; esto es, un poder absoluto de las masas, no sometido a ningún otro poder, ni de una camarilla, ni mucho menos de un líder endiosado como Kim Jong-un.

¡APOYO AL PUEBLO DE COREA Y DEMÁS PUEBLOS DEL MUNDO EN SU LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO!

¡QUE TRUMP SE TRAGUE SU AMENAZA DE DESTRUIR A COREA!

¡ENFRENTAR LAS GUERRAS REACCIONARIAS CON LA GUERRA POPULAR!

¡TODOS LOS IMPERIALISTAS SON ENEMIGOS A MUERTE DE LOS PUEBLOS DEL MUNDO!

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)

Colombia, Septiembre 21 de 2017

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