DOS CAMINOS OPUESTOS PARA ENFRENTAR A LOS ENEMIGOS

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DOS CAMINOS OPUESTOS PARA ENFRENTAR A LOS ENEMIGOS 1

A propósito de la “Asamblea Legislativa, Popular y de los Pueblos”

Del 9 al 12 de octubre se realizó la «Asamblea Legislativa, Popular y de los Pueblos», en cuya Declaración Política1 aparece un importante reconocimiento a la lucha del pueblo y un llamado a preparar un paro político contra las clases dominantes y el gobierno; sin embargo, este aspecto se ve opacado por cuanto allí también se expresa la táctica de los jefes oportunistas y reformistas de amarrar la lucha extraparlamentaria de las masas a la lucha parlamentaria de los politiqueros.

1 Entre los participantes en la Asamblea y suscriptores de la Declaración Política se encuentran: Asociación Campesina Popular – ASOCAMPO, Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra – ACVC, Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN, Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca – ACONC, Asociación de Mujeres por la Paz y la Defensa de los Derechos de la Mujer Colombiana – ASODEMUC, Asociación Nacional Campesina – ASONALCAM, Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina – ANZORC, Autoridad Nacional Afrocolombiana – ANAFRO, Central Unitaria de Trabajadores – CUT, Congreso de los Pueblos, Comunidades Construyendo Paz – CONPAZ, Coordinador Nacional Agrario – CNA, Marcha Patriótica, Coordinadora de Movimientos Sociales – COMOSOC, Coordinadora de Organizaciones Sociales – COS, Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, Federación Sindical Mundial, Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria – FENSUAGRO, Mesa de Unidad Agraria - MUA, Movimiento Alternativo Indígena y Social – MAIS, Movimiento por la Constituyente Popular – MCP, Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo – MODEP, Movimiento Colombiano en Defensa de los Territorios y Afectados por Represas – Ríos Vivos, Organización Femenina Popular – OFP, Partido Colombia Humana, Partido Comunista Colombiano, Proceso de Comunidades Negras, Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, Unión Patriótica.

De ahí que la Declaración resulta plagada de contradicciones por el esfuerzo de tratar de unir la lucha directa espontánea de las masas contra el Estado y las clases dominantes, socias del imperialismo, con la participación politiquera en las instituciones de la democracia burguesa que garantizan y defienden los privilegios de los explotadores.

De un lado, la Asamblea se pronuncia a favor de la confrontación a los enemigos del pueblo, recogiendo aspiraciones inmediatas de los trabajadores del campo y la ciudad, cuando dice en su Declaración:

«Convocamos, al pueblo colombiano a prepararnos para adelantar, en el primer semestre del próximo año, un paro nacional de carácter político con los siguientes objetivos: Defensa de los territorios; solución política al conflicto social y armado, cumplimiento de los acuerdos de paz y la agenda de diálogos entre el ELN y el gobierno nacional; cese de la violencia sociopolítica en contra de líderes y lideresas sociales, y defensores de Derechos Humanos, pueblos y comunidades; rechazo a la criminalización de la protesta social; desmonte efectivo y comprobable de las estructuras paramilitares; contra el paquete normativo regresivo y antipopular de reformas: pensional, laboral y tributaria; rechazo a la reglamentación del consentimiento y la consulta previa libre e informada, las consultas populares y la tutela; y la defensa de la salud y la educación pública».

Pero incluye en los objetivos del paro político la «solución política al conflicto social y armado, cumplimiento de los acuerdos de paz y la agenda de diálogos entre el ELN y el gobierno nacional»; cuando en los hechos la tal «solución política» firmada con los jefes de las Farc y un posible acuerdo con el ELN significan más de lo mismo que ya están viviendo los trabajadores: continuación de la guerra contra el pueblo, legalización del despojo, desplazamiento y asesinato de los dirigentes sociales, y persecución a las organizaciones obreras y populares.

Por otro lado, a esa mentira de la supuesta paz entre el pueblo y sus enemigos, se suma la prédica de ilusiones en las instituciones de la dictadura de los capitalistas, como es la participación en la farsa electoral, sobre la cual se afirma en la Declaración:

«Para la participación en la disputa electoral del próximo año, la Asamblea propone a las organizaciones sociales y políticas generar escenarios de concertación de propuestas políticas y mecanismos democráticos para la definición de candidaturas de convergencia. El resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias constituye un acumulado de protesta e inconformidad, que es necesario encauzar política y organizativamente en una perspectiva transformadora más allá del escenario de disputa institucional».

Cada párrafo de la declaración, en el fondo muestra y refleja, que independientemente de quienes hayan hecho parte de la «Asamblea Legislativa, Popular y de los Pueblos», en la sociedad, en el movimiento político y social, existe una lucha entre dos caminos distintos para enfrentar a los enemigos del pueblo. Dos caminos opuestos que no se pueden unir porque sirven a intereses distintos.

De una parte, el camino de la lucha revolucionaria, al interpretar correctamente la tendencia hacia un enfrentamiento del pueblo con sus enemigos, confirma la necesidad de responder a las clases dominantes con el Paro Nacional de carácter político, es decir, con la Huelga Política de Masas, única forma de detener en las condiciones actuales, la arremetida de los explotadores, obligar a que el Estado cumpla las promesas burladas y defender las conquistas adquiridas en décadas anteriores de lucha.

De otra parte, el camino de la lucha parlamentaria, de confianza en la institucionalidad estatal que defiende a sangre y fuego los privilegios de las clases explotadoras, e independiente de los deseos, es un camino que termina desviando la lucha revolucionaria del pueblo hacia la defensa del orden establecido, pues no se puede «encauzar política y organizativamente en una perspectiva transformadora más allá del escenario de disputa institucional» sin proponerse pasar por encima de la institucionalidad burguesa e incluso destruirla.

De un lado, la Asamblea se ve obligada a hacerse eco de la inconformidad y rebeldía del pueblo, y a ese sentir corresponde el propósito de preparar el Paro Nacional Político, la Huelga Política de Masas; pero de otro lado, incluye las aspiraciones reformistas de los grupos politiqueros que influyen en su seno, correspondientes a la pequeña burguesía.

«Declaramos el carácter anticapitalista, antiimperialista, antipatriarcal, anticolonial y antirracista de la Asamblea Legislativa Popular y de los Pueblos, en la perspectiva de constituirse como un órgano de poder popular con expresiones territoriales, sectoriales y temáticas, que fortalezca nuestros gobiernos propios, planes de vida y mecanismos de defensa y protección de la vida y los territorios…»

Es justo y correcto declararse anticapitalista, antiimperialista, antipatriarcal, anticolonial y antirracista, en una sociedad capitalista sometida a la dominación semicolonial imperialista. Sin embargo, tratar de legislar, «en la perspectiva de constituirse como órgano de poder», con «gobiernos propios» y demás arandelas, mientras subsista el poder del Estado burgués, terrateniente y proimperialista no deja de ser demagogia y palabrería huera que se lleva el viento; más aún cuando este ejercicio demagógico termina ahogado en la farsa electorera y reducido a los discursos inútiles en el establo parlamentario; incluso en el caso de alcanzar alcaldías, gobernaciones y hasta la presidencia de la república, esto no cambiará la esencia dictatorial del Estado burgués terrateniente proimperialista.

Es una utopía pretender cambiar la naturaleza de la máquina de dominación de los explotadores sin destruirla, pues en la república democrática burguesa el capital ejerce su poder, no solo mediante la violencia ejecutada por sus fuerzas militares y paramilitares, sino además mediante la corrupción directa de los funcionarios y la alianza del gobierno con los grandes magnates. De ahí que, como dijera Lenin en El Estado y la Revolución:

«La omnipotencia de la ‘riqueza’ es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (…) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimienta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder».

En ese sentido, el camino de sembrar ilusiones en el Estado de los explotadores conduce a reforzar la dictadura de los enemigos del pueblo colombiano y a barnizar la podredumbre de sus instituciones, como claramente lo demuestra la participación de la Colombia Humana, el Polo, la Unión Patriótica y ahora la Farc en el parlamento. Entre otras cosas, en la campaña presidencial de la Colombia Humana, Petro dejó muy clara su defensa del capitalismo, alegando que se necesitaba desarrollarlo, cuando es el sistema causante de todos los problemas del pueblo colombiano. No es causal tampoco que a pesar de hablar del paro, los esfuerzos de los electoreros se concentren en movilizar a las masas en respaldo a sus debates en el parlamento y en la campaña electorera, quedando el paro como una bandera demagógica.

Por consiguiente, las masas de obreros, campesinos e indígenas, los dirigentes revolucionarios, los activistas consecuentes con los intereses de los explotados y oprimidos y las bases de la «Asamblea Legislativa, Popular y de los Pueblos», si no quieren verse burlados por la demagogia de los politiqueros y las fantasías de los «amigos del pueblo», deben abrazar sin reservas el camino de la lucha revolucionaria, concentrando sus fuerzas y energías en la preparación del Paro Nacional Indefinido, de la Huelga Política de Masas con independencia de los politiqueros, de los jefes vendeobreros de las centrales sindicales y del Estado.

Ese es el camino que le permitirá al pueblo trabajador frenar en lo inmediato la arremetida de sus enemigos, contribuyendo a su vez a acumular fuerzas y experiencia para las batallas futuras que destruirán, mediante la violencia revolucionaria de las masas, el Estado de los explotadores y todo el poder del capital. Los obreros y campesinos necesitan construir un nuevo tipo de Estado, basado en el armamento general del pueblo, que impida la explotación de unos hombres por otros y entregue a los trabajadores del campo y la ciudad los grandes medios de producción para el beneficio colectivo y no para el enriquecimiento de un puñado de parásitos. La lucha actual contra los enemigos del pueblo colombiano debe servir para preparar las fuerzas que los derrocarán y no para reforzar las instituciones de su dominación.

Comité de Dirección
Unión Obrera Comunista (mlm)
Octubre 26 de 2018

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