Importante documento de la XI Asamblea de la Unión Obrera Comunista (mlm)

Colombia, agosto de 2017

 

Situación Actual

Táctica Revolucionaria

y Tareas de los Comunistas

 

CONTENIDO

I.     SITUACIÓN INTERNACIONAL.. 1

1.    LA CRISIS ECONÓMICA DEL CAPITALISMO MUNDIAL REMARCA LA NECESIDAD DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL.. 1

2.    LAS CONTRADICCIONES MUNDIALES DEL IMPERIALISMO SURTEN LAS FUERZAS SOCIALES PARA EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL.. 1

3.    EL AGRAVAMIENTO DE LA CRISIS SOCIAL MUNDIAL FORTALECE LA TENDENCIA PRINCIPAL DE LA SOCIEDAD HACIA LA REVOLUCIÓN.. 1

II.    SITUACIÓN NACIONAL.. 1

1.    COLOMBIA REFLEJA CRUDAMENTE LA CRISIS ECONÓMICA DEL CAPITALISMO MUNDIAL.. 1

2.    COLOMBIA ES UN FIEL REFLEJO DE LA CRISIS SOCIAL MUNDIAL.. 1

3.    RÉGIMEN DE GOBIERNO Y CONTRADICCIONES INTER-BURGUESAS. 1

4.    LA PAZ DE LOS RICOS ES GUERRA CONTRA EL PUEBLO.. 1

5.    TENDENCIA DEL MOVIMIENTO DE MASAS HACIA LA GENERALIZACIÓN DE LAS HUELGAS POLÍTICAS DE MASAS. 1

6.    LA LUCHA DE RESISTENCIA DE LA CLASE OBRERA NO PUEDE AVANZAR AÍSLADA DE LAS HUELGAS POLÍTICAS DE MASAS. 1

7.    DOS TÁCTICAS FRENTE A LA PROFUNDA CRISIS SOCIAL.. 1

III.   TAREAS DE LOS COMUNISTAS. 1

1.    TAREAS GENERALES DE LA TÁCTICA REVOLUCIONARIA.. 1

2.    EL PLAN GENERAL DE LA TÁCTICA REVOLUCIONARIA.. 1

3.    UN PLAN TÁCTICO CON LA FIRMEZA DE LOS PRINCIPIOS Y LA FLEXIBILIDAD DE LOS VIRAJES TÁCTICOS. 1

4.    EL NUEVO PLAN TÁCTICO DE LA UNIÓN.. 1

 

 

 

                                                                                                               I.            Situación Internacional

 

1.     LA CRISIS ECONÓMICA DEL CAPITALISMO MUNDIAL REMARCA LA NECESIDAD DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL

La crisis económica es una ley objetiva inevitable del capitalismo

Su causa no está en la política económica de los gobernantes, ni en el consumo insuficiente de las masas del pueblo, sino en la anarquía de la producción capitalista gobernada por la ganancia y en el conflicto antagónico mundial entre una producción cada vez más social en y una apropiación cada vez más privada concentrada en unos cuantos grandes grupos monopolistas que usufructúan los medios de producción, las materias primas, los territorios y la fuerza de trabajo de la sociedad. La crisis económica saca y revela ante toda la sociedad, la profunda contradicción económica del modo de producción capitalista, entre las fuerzas productivas creadas por el trabajo social rebeladas contra las relaciones sociales de producción capitalista basadas en la esclavitud asalariada, que constriñen su desarrollo.

Crisis en la base material del sistema capitalista mundial

No es una crisis económica por escasez sino por superproducción de bienes materiales, que ha calado en lo profundo de la economía de todos los países imperialistas y de todos los países oprimidos independientemente de su grado de desarrollo capitalista, porque sus economías son simples eslabones de la economía mundial. La presente, es la crisis económica más catastrófica en la historia del capitalismo, más grave, extensa y profunda que la “Gran Depresión de 1929”, porque la internacionalización del capital financiero ha cohesionado la economía mundial en un solo proceso donde el imperialismo se ha convertido en un sistema mundial de opresión y explotación, que los teóricos burgueses y pequeño-burgueses ocultan bajo el barniz de la “globalización”.

Es una crisis de casi una década y sin pronóstico de recuperación rápida, donde el ciclo de recuperación será cada vez más corto en la tendencia hacia una crisis general y permanente, por ser éstos los tiempos de un avanzado estado de descomposición del sistema mundial capitalista agonizante, donde aumenta la concentración, acumulación y rentabilidad del capital monopolista, principalmente el financiero, lo cual junto con las impotentes medidas anti-crisis que toma la burguesía imperialista a favor de los monopolios y de los países imperialistas, exacerban más la causa económica profunda de la crisis: el antagonismo entre la producción social mundial y la apropiación privada, contradicción fundamental del sistema capitalista. En tales condiciones, los expropiadores imperialistas se preparan para una guerra nuclear mundial que les resuelva la crisis, así tengan que destruir el planeta; a los trabajadores expropiados no les queda más camino que la Revolución Proletaria Mundial para impedir la guerra y sepultar al capitalismo imperialista con todas sus crisis y lacras, salvar la humanidad y la vida misma en el planeta.

Importantísimas revelaciones de la crisis económica del capitalismo mundial

Ha dejado visible el encadenamiento de la economía de los países oprimidos sean semi-feudales o capitalistas, como parte de la economía mundial capitalista, dejando en evidencia el peso del desarrollo capitalista en los países oprimidos, cuestión que desde 1980 es motivo de divergencia entre los marxistas leninistas maoístas.

Ha agudizado colosalmente las contradicciones mundiales del imperialismo, resaltando el carácter principal a nivel mundial en este período, de la contradicción entre el proletariado y la burguesía, cuestión también motivo de divergencia entre los marxistas leninistas maoístas.

Ha sacado a la luz el peso cuantitativo internacional y la gran importancia cualitativa del ejército mundial de los proletarios, de los sin nada que perder en una revolución, de los sepultureros del imperialismo, como mentís a los teóricos burgueses y pequeño-burgueses interesados en negar la existencia, importancia y crecimiento mundial del proletariado, cuyo reconocimiento es políticamente demasiado peligroso para el poder de la burguesía.

La crisis económica del capitalismo mundial, por los costos y pérdidas que la burguesía imperialista transfiere a las masas trabajadoras, agravó la crisis social mundial creada por el imperialismo que ha concentrado la riqueza mundial en unos cuantos grupos monopolistas y ha distribuido la pobreza mundial en el conjunto de la sociedad. Crisis social mundial que muestra descarnadamente la descomposición del régimen económico social capitalista.

La crisis económica del capitalismo mundial, indica por los hechos que ya no se trata de resolver la situación de uno u otro país, de atender una u otra calamidad de las masas trabajadoras, sino de resolver el problema de la incompatibilidad del sistema capitalista de la explotación asalariada con la vida y progreso de la sociedad mundial, con el trabajo social mundial, con las fuerzas productivas mundiales, lo cual implica extirpar la causa de fondo: la propiedad privada sobre los medios de producción, con la fuerza de la Revolución Proletaria Mundial.

La crisis económica del capitalismo mundial también ha desgarrado el ropaje “socialista” de la economía China, mostrando que su modo de producción capitalista restaurado con los grandes medios de producción socialistas expropiados y movido por la super-explotación asalariada del proletariado, no podía ser inmune a la crisis económica.

De igual forma en Suramérica, la crisis económica ha acelerado el fracaso de los regímenes de la llamada “revolución bolivariana” y su “socialismo del siglo XXI”, mostrando que sus remiendos socialisteros contra “el modelo neo-liberal” sin suprimir de raíz el régimen de la explotación asalariada, ni son revolucionarios ni tienen nada en común con el Socialismo de la Dictadura del Proletariado; son inservibles para resolver los verdaderos problemas del pueblo y por el contrario lo ilusionan, engañan y dividen, mientras dejan intacto el poder económico y político de los explotadores.

La crisis económica mundial es la base profunda de los nuevos fenómenos políticos en actualidad: guerras reaccionarias como parte de los febriles preparativos de guerra mundial, recrudecimiento de tendencias fascistas y nacionalistas reaccionarias, crisis políticas en países imperialistas y en países oprimidos, ascenso de las rebeliones y luchas revolucionarias de los proletarios y pueblos del mundo.

Posición de las clases frente a la crisis económica del capitalismo mundial

La burguesía imperialista impotente ante esta ley objetiva de la economía capitalista, apela a su poder político como clase dominante para trazar medidas de política económica anti-crisis que transfieran los costos a las masas trabajadoras en los países imperialistas y a los países oprimidos donde el yugo también lo sostienen principalmente los trabajadores de la ciudad y del campo. Tales medidas aumentan la explotación del trabajo, cercenan prestaciones laborales, suben impuestos a la población y recortan el gasto social de los Estados, a la vez que dispensan rescates, subsidios y exenciones tributarias a las empresas monopolistas.

Los planes anti-crisis del Brexit en el Reino Unido o de Trump en EU basados en medidas económicas proteccionistas, son inocuos frente a la ley objetiva de la crisis y sus consecuencias. No son más que un matiz de la política mundial imperialista que con la artillería pesada del capital financiero estruja a los trabajadores, estrangula a los países oprimidos y destruye la naturaleza, todo lo cual agudiza las contradicciones sociales, agranda las desigualdades del capitalismo y sobre todo, agudiza más la contradicción fundamental del sistema que es la causa más profunda de la crisis económica del capitalismo mundial.

Los partidos reformistas de la pequeña burguesía no ven en la crisis el reflejo de la caducidad del sistema capitalista, sino solamente “modelos abusivos de capitalismo” como “la globalización y el neoliberalismo”, contra los cuales enfilan sus denuncias bajo las banderas de “salvar la producción nacional”, “humanizar la explotación asalariada”, “democratizar el capital”, “reducir la brecha entre ricos y pobres”… pero sin tocar para nada el fondo del problema: la necesidad histórica de cambiar todo el sistema, derrocando el poder político de los capitalistas y aboliendo su poder económico.

Los partidos revolucionarios del proletariado y de la pequeña burguesía reconocen la crisis económica como expresión material de la caducidad y decadencia del sistema capitalista mundial, cuya descomposición contamina y estorba el progreso de la sociedad. La crisis económica desnuda la mentira burguesa de “la igualdad, progreso y bienestar general de la sociedad” en el capitalismo, revela brutalmente sus espantosas lacras, a la vez que proporciona las fuerzas sociales para la solución necesaria, la Revolución Proletaria Mundial que barra ya no solo con las consecuencias de la crisis, sino con el sistema mismo que las produce.

 

2.     LAS CONTRADICCIONES MUNDIALES DEL IMPERIALISMO SURTEN LAS FUERZAS SOCIALES PARA EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL

La contradicción principal mundial entre el proletariado y la burguesía es más extensa y profunda. La crisis económica del capitalismo mundial ha resaltado el carácter principal de esta contradicción en el ámbito económico, político y social, en coherencia con la agudización de la contradicción fundamental del capitalismo —entre la producción cada vez más social y la apropiación cada vez más privada— de la cual la contradicción entre el proletariado y la burguesía, al ser su expresión directa en el terreno social, es la más revolucionaria y la que más revolucionariamente influencia a las demás contradicciones mundiales del imperialismo; en coherencia con el carácter capitalista de la economía mundial —de la cual son simples eslabones las economías de cada país incluidos los semifeudales— bajo el mando de la dictadura burguesa en beneficio exclusivo del sistema imperialista mundial de opresión y explotación; en coherencia con la tendencia a la proletarización general de la sociedad mundial, dada la generalización de los “recortes” sociales, de la “subcontratación” e intensificación infernal del trabajo, todo lo cual ha aumentado la explotación del proletariado de los países imperialistas y la superexplotación del proletariado de los países oprimidos; en coherencia con la ley general de aumento de la población obrera flotante, del ejército industrial de reserva, ahora engrosado vertiginosamente en todos los países por los migrantes desplazados y refugiados.

De ahí, que ante la colosal acumulación y concentración en manos de unos cuantos parásitos monopolistas de la riqueza producida por la sociedad y la naturaleza, mientras en la población mundial trabajadora se acumula la pobreza en medio de la abundancia de bienes materiales que produce, adquiere un carácter mundial la rebelión espontanea de la sociedad contra el capitalismo imperialista opresor y explotador y su yugo más pesado, el capital financiero. Rebelión mundial manifiesta en huelgas económicas y políticas, paros generales, multitudinarias movilizaciones, levantamientos, tanto en los países oprimidos como en los países imperialistas con una muy destacada presencia del movimiento obrero.

La contradicción principal mundial entre el proletariado y la burguesía presenta una exacerbación profunda y universal en lo económico, político y social, y así todavía las luchas de las masas asalariadas no hayan adquirido el carácter de luchas armadas, crece el odio de clase en esta contradicción antagónica solucionable solamente con el método de la violencia revolucionaria de las masas, la Guerra Popular de la Revolución Proletaria.

La cuestión de la contradicción principal mundial es hoy un problema de divergencia entre los marxistas leninistas maoístas, donde influyen directamente, el método idealista de no reconocer la realidad tal cual es objetivamente sino acomodarla a una categoría doctrinaria subjetiva predefinida, la concepción política de dar más importancia a la lucha poli-clasista y su organización en un Frente de clases que a la lucha del proletariado mundial y su organización en una nueva Internacional Comunista, y las secuelas de teorías oportunistas como la del prachandismo de fusionar la lucha de clase en la lucha nacional, la del avakianismo de luchar contra la que llaman “reificación” del proletariado, y la linpiaoista de rodear las metrópolis imperialistas desde la periferia de los países oprimidos. También influyen indirectamente las teorías burguesas y pequeño burguesas, de los “nuevos sujetos sociales” y el “precariado”, que pretenden desplazar el papel e importancia históricos del proletariado, llegando hasta la negación de su existencia misma como clase.

La contradicción mundial entre los países imperialistas y los países oprimidos asimismo se ha agudizado extraordinariamente en la presente crisis económica, siendo más pesado e insoportable el parasitismo característico de todos los imperialistas, que además de vivir a cuenta de la superexplotación del proletariado mundial, arruinan a los países oprimidos con las imposiciones del capital financiero, los explotan, saquean y subyugan, usando la forma velada de la dominación semicolonial, y también la agresión abierta colonialista de las guerras imperialistas que tras las rancias tapaderas de “lucha contra el terrorismo” y “en defensa de la democracia”, arrasan países, anexionan territorios, disputan zonas estratégicas, se adueñan y saquean los recursos naturales, masacrando, despojando y desplazando a las masas del pueblo; tal es la cruel y dolorosa situación actual en Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Mali, Yemen, Nigeria, Ucrania, Siria, convertidos en campos del exterminio y el saqueo imperialistas.

Cualquiera que sea la forma de dominación, semicolonial o abiertamente colonial, las aves de rapiña imperialistas encuentran apoyo en las clases dominantes explotadoras locales, prestas a cumplir su papel de socias y lacayas de los saqueadores, demostrando que son clases enemigas antagónicas del pueblo, aún en los casos donde contra unos imperialistas se alían con otros igualmente imperialistas.

Toda opresión genera resistencia, como lo comprueba la exacerbación de la contradicción entre los países imperialistas y los países oprimidos, que ha avivado un gran repudio mundial contra el imperialismo, ha incentivado la rebelión de pueblos, naciones y países oprimidos que responden con valerosas luchas de resistencia y guerras populares de las cuales la que se libra en la India bajo la dirección del Partido Comunista Maoísta, es hoy la avanzada de la Revolución Proletaria Mundial, mostrando que la guerra popular es el único camino para resolver esta contradicción, derrotando a los opresores y explotadores imperialistas junto con las clases lacayas nacionales.

Las formas actuales como unos cuantos países imperialistas explotan, agreden y desangran a los muchos países oprimidos, develan la falsedad de su independencia económica y política, y la artificialidad de su soberanía nacional dejando ver que de las viejas burguesías patrióticas nacionales, solo queda el “anti-imperialismo burgués” como taparrabo para ocultar sus compromisos con el imperialismo y contra el pueblo.

Sobre esta cuestión del “anti-imperialismo burgués” y del carácter “anti-imperialista” de algunas guerras, existen profundas divergencias entre los marxistas leninistas maoístas. El respaldo abierto y altisonante a regímenes como el de Siria y Venezuela so pretexto de su “anti-imperialismo” ha bajado de tono por la verdad de los hechos, pero sin autocrítica. Así mismo, el considerar “anti-imperialista” la guerra reaccionaria del “Estado Islámico”, defendida abiertamente en declaraciones públicas de unos o socarronamente con el silencio de otros, es un lamentable reniego de la esencia de la guerra popular, como la guerra de las masas del pueblo en defensa de sus intereses y por su liberación, trocada por ideas ajenas al marxismo y al proletariado, como la derechista de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, o la “izquierdista” de “lo determinante no son las masas sino las armas”. Absurdas posiciones que dan cuenta del estado de confusión en el Movimiento Comunista Internacional.

Las contradicciones inter-imperialistas e inter-monopolistas, han sido agudizadas de manera extraordinaria por la crisis económica del capitalismo mundial. La base material de estas contradicciones es el desarrollo desigual de los países capitalistas, que en la fase imperialista del capitalismo compiten por el dominio de los territorios ya repartidos en las colonias y semicolonias, por las fuentes de materias primas y la fuerza de trabajo barata, por extender sus zonas de influencia y la dominación colonial y semicolonial de los países oprimidos. En la base de los enfrentamientos diplomáticos, políticos y militares en guerras de rapiña, está la competencia económica de los países y monopolios imperialistas, atizada por la presente crisis económica del capitalismo mundial, con lo cual, ha agudizado aún más las contradicciones entre los países imperialistas, entre los grandes grupos monopolistas y entre facciones de la burguesía al interior de los países imperialistas.

En la actualidad, las contradicciones inter-imperialistas se manifiestan especialmente en la lucha por el dominio del Medio Oriente petrolero y estratégico para una guerra mundial, siendo Siria el país donde se centra la disputa entre EU y Rusia, todavía no de enfrentamiento militar directo, ni con tropas en el territorio, pero sí mediante bombardeos, provisión de armamento y asesoría a los ejércitos locales y mesnadas de mercenarios que luchan por el territorio; es el país donde se conjugan y entrelazan distintas contradicciones entre países y naciones, y el escenario de una larga y terrible guerra reaccionaria donde las masas del pueblo han sido sacrificadas, despojadas y desterradas. La contradicción inter-imperialista por derrocar o mantener el régimen de Basar Al Assad entre EU y Rusia donde ambos tienen en la zona su máquina de guerra y se consienten el “derecho” de bombardear “coordinadamente” junto con las incursiones aéreas de otros países imperialistas como el Reino Unido y Francia. La contradicción entre países del Medio Oriente por la hegemonía local como potencias regionales, donde Israel, perro de presa del imperialismo de EU agrede a la nación Palestina y bombardea bases del Hezbolá del Líbano que en Siria respaldan al régimen de Basar Al Assad; Arabia Saudita aliado incondicional de EU, encabezó la agresión a Yemen y junto con otras monarquías petroleras del Golfo Pérsico, apadrina la guerra en Siria e Irak del Estado Islámico, engendro imperialista convertido en expresión terrorista de un panislamismo “anti-imperialista” que no libera sino victimiza a las masas; Irán aliado de Rusia apoya al régimen sirio y también lanza misiles contra bases del Estado Islámico en Siria; Turquía hace lo propio con tanques y aviones para mantener la opresión sobre la nación kurda cuyo avance en la lucha por la independencia de Rojava o el Kurdistan Sirio, es otro intrincado aspecto de esta guerra, dada la división kurda en partidos y tendencias influidas tanto por los imperialistas de EU y Rusia, como por los revolucionarios de Turquía y Kurdistán.

La crisis política de Venezuela que muestra en primer plano una lucha inter-burguesa, no es ajena a las contradicciones inter-imperialistas, puesto que es el país con las mayores reservas de petróleo en el planeta, y aunque tradicionalmente ha sido de la esfera de dominación semicolonial del imperialismo de EU, durante el régimen chavista también ha sido fuertemente franqueado por los intereses económicos, políticos y militares de los imperialistas de Europa y de Asia, y principalmente de Rusia. Si bien la crisis política de Venezuela aún no ha desembocado en una fratricida guerra civil entre sectores del pueblo manipulados por las facciones burguesas, ni en una intervención militar reaccionaria de los imperialistas, ya deja una estela de muerte, persecución, ruina, hambre y destierro para las masas trabajadoras, donde muchas familias son obligadas al sufrimiento y humillaciones de la migración hacia otros países. 

La agudización de las contradicciones inter-imperialistas coloca a la sociedad ante el peligro de una nueva guerra mundial. Cuando la lucha por nuevos mercados y el aumento de la explotación del trabajo son por sí mismas insuficientes para enfrentar las crisis económicas, a los capitalistas sólo les queda ir a la guerra para resolverlas. Si bien la crisis económica del capitalismo mundial es la causa más profunda que acelera los preparativos de guerra mundial propios del agravamiento de las contradicciones inter-imperialistas, los pretextos siempre son de orden político: “lucha por la paz”, “por la democracia”, “contra el terrorismo”, “contra la amenaza de Pyongyang”, etc., tras los cuales aumenta vertiginosamente la producción y comercialización de armamento sofisticado —industria que oxigena la inversión del capital financiero frenada en otras ramas de la industria—, la movilización y expansión de tropas y máquinas de guerra de los países imperialistas hacia los disputados territorios y zonas de influencia en Siria, Irak, Irán, Ucrania, Mar de China, Península de Corea…

La guerra imperialista, es política con derramamiento de sangre, es política que expresa concentradamente la necesidad de sortear la crisis económica del capitalismo mundial, moviendo grandes capitales estancados hacia la industria militar y quemando fuerzas productivas —trabajo vivo y trabajo muerto— para iniciar un nuevo ciclo. Pero a pesar de que las bravuconadas de granujas como Trump o de endiosados como Kim Jong-un, pueden convertirse en una casualidad que sirva a la necesidad imperialista de una guerra mundial, en tal decisión pesa la correlación mundial de las fuerzas de clase que representan a la reacción y a la revolución, y la experiencia de las dos guerras mundiales en el Siglo XX que sirvieron de condición para dar paso a la revolución, tendencia principal de la sociedad en la época del imperialismo.

El peligro de una guerra nuclear mundial es grave y podría ser letal para la sociedad. Exige impedirla a toda costa con la movilización revolucionaria de las fuerzas del trabajo, hastiadas de la opresión y explotación imperialistas, aprovechando que las contradicciones inter-imperialistas significan debilidad del imperialismo, inestabilidad de sus bloques, mejores condiciones para la revolución del proletariado, y para el movimiento revolucionario antiimperialista de los países, naciones y pueblos oprimidos. Y si de todos modos desatan la guerra mundial, la posición de los comunistas es oponerse a ella, promover el derrotismo revolucionario en los países imperialistas y transformarla en guerras civiles y populares, pues si bien el Movimiento Comunista Internacional se encuentra disperso, débil y en apariencia impotente para enfrentar una guerra imperialista a diferencia de cómo estaba en la II Guerra Mundial con una Internacional y un país socialista dirigido por el Partido Bolchevique, las mismas condiciones objetivas facilitarán que los entrabes actuales se superen en el transcurso mismo de una guerra imperialista. ¡O la Revolución detiene la guerra o la guerra desata la Revolución!

Frente a las contradicciones inter-imperialistas, también existen divergencias entre los marxistas leninistas maoístas, por las secuelas e influencia de las teorías del revisionismo prachandista y avakianista —peligro principal para la unidad— sumisas ante el imperialismo de EU considerado “estado mundial” y “superpotencia hegemónica única”, en una versión remozada del “ultraimperialismo” kautskista, en contravía de la posición leninista que reconoce en la inevitabilidad de las contradicciones inter-imperialistas, una reserva indirecta para el triunfo de la Revolución Proletaria Mundial. Coherente con esa vacilación frente al imperialismo como fase superior y final del capitalismo, se deslizan posiciones vergonzantes de simpatía con los imperialistas de Rusia y China, por el hecho de ser contrincantes del imperialismo de EU. Todos los imperialistas son enemigos a muerte del proletariado mundial, y de los países, pueblos y naciones oprimidos; tal es la posición marxista leninista maoísta correcta sobre las contradicciones inter-imperialistas e inter-monopolistas.

El imperialismo es el destructor de la naturaleza. La lucha de la sociedad por dominar las leyes de la naturaleza y servirse de ellas para su desarrollo, inicia con la aparición misma de la sociedad; sin embargo, cuando el capitalismo avanza a su última fase, el imperialismo cuyo parasitismo se nutre en la depredación social y en la destrucción de la naturaleza, dada la gravedad de tal destrucción solo por el interés de la ganancia de unos cuantos países imperialistas y unos cuantos grandes grupos monopolistas, esa vieja contradicción entre la sociedad y la naturaleza pasa a ser parte de las más importantes contradicciones mundiales del imperialismo, pues indica que este sistema no solo se apropia privadamente del trabajo de toda la sociedad, sino que amenaza su coexistencia con la naturaleza, cuya destrucción puede ser detenida a condición de acabar con el sistema que la causa.

La destrucción imperialista de la naturaleza, provee inmensas fuerzas sociales que luchan por impedir la destrucción, fuerzas sociales que pueden ser canalizadas como parte de la Revolución Proletaria Mundial siempre y cuando los comunistas reconozcan la importancia de esta contradicción y luchen contra las teorías de la burguesía imperialista, las que en boca de Trump niegan tajantemente la destrucción, las que le achacan el daño a toda la sociedad o reducen el problema a firmar tratados como el de París escritos sobre papel mojado con medidas inofensivas frente al “cambio climático”, y contra las teorías reformistas pequeñoburguesas que pretenden detener la destrucción de la naturaleza sin tocar el poder político de la burguesía y la existencia misma del capitalismo. Frenar la destrucción de la naturaleza hace parte del programa socialista del proletariado porque exige acabar con el causante de su destrucción: el capitalismo imperialista.

 

3.     EL AGRAVAMIENTO DE LA CRISIS SOCIAL MUNDIAL FORTALECE LA TENDENCIA PRINCIPAL DE LA SOCIEDAD HACIA LA REVOLUCIÓN

Contra los mentirosos pregones de la burguesía sobre la igualdad, bienestar y prosperidad social bajo el capitalismo, los hechos muestran una asombrosa, terrible y creciente crisis social mundial manifiesta en la inaudita superexplotación del proletariado, donde sobre la base de un formidable desarrollo de las fuerzas productivas y de la producción social de riqueza, a los productores se les somete a condiciones de vida y de trabajo similares a la esclavización de hombres, mujeres y niños en los inicios del capitalismo. En los países imperialistas la explotación del proletariado tiende a tener los rasgos de la superexplotación en los países oprimidos. Los impensables avances del capitalismo imperialista en medios de producción, en experiencia y capacitación de los trabajadores y en la superproducción de bienes materiales, en vez de menguar las clásicas lacras del viejo capitalismo, las han agigantado a nivel mundial. Más de 200 millones de obreros oficialmente desempleados estiman los estadígrafos imperialistas; hace dos años se tasaba ya en 73% los trabajadores con contratos temporales; millones de millones de desempleados extra-oficiales disfrazados de “informales” o “por cuenta propia”; 1.000 millones de hambrientos; 836 millones en pobreza extrema viviendo con menos de 1.25 dólares ($3.750) al día; explotación, despojo y ruina de los pequeños productores del campo y la ciudad; políticas de austeridad impuestas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo —OCDE— que descargan los costos de la crisis sobre las masas trabajadoras; recortes del gasto social en todos los países; desmantelamiento de las empresas estatales convirtiendo servicios públicos como la salud en negocio privado que ha disparado los índices de mortalidad por enfermedades curables y profesionales; desaforada corrupción en las empresas de bienestar social; ensañamiento de la explotación y trato violento a niños y mujeres además sometidas a los peores vejámenes no solo por las costumbres reaccionarias religiosas, sino por el machismo de la sociedad capitalista que las asesina y protege a los asesinos; saqueo de los recursos naturales de los países oprimidos; pauperización general de las masas del pueblo; amenaza de degradación física y espiritual de los proletarios; crecimiento inusitado de otras lacras como la delincuencia, prostitución, esclavización sexual, trata de personas, drogadicción… en todos los países, imperialistas y oprimidos.

La de por sí aterradora crisis social mundial, en los últimos años ha sido agravada, de una parte, por la degradación artificial de los alimentos en beneficio de la ganancia y la conversión transgénica de alimentos para consumo humano en materia prima del negocio de los biocombustibles; y de otra parte, por el descomunal desplazamiento forzado de los pobres, ya no solo del campo a las ciudades en los países oprimidos, sino entre estos mismos países, y sobre todo desde ellos hacia los países imperialistas, convirtiéndose en Europa en una crisis migratoria; desplazamiento forzado de los pobres consecuencia de la expansión de la miseria por efecto de la crisis económica en los países oprimidos, de crisis políticas en países como Venezuela, y principalmente, de las guerras reaccionarias en el Medio Oriente, organizadas y financiadas por los países imperialistas que convierten a la población en carne de cañón de guerras que no sirven a su liberación, en escudos humanos de sus posiciones y víctimas desarmadas sometidas a los vejámenes de la soldadesca imperialista y sus ejércitos lacayos y mercenarios, al confinamiento, despojo y destierro principalmente por el Mar Mediterráneo, fosa común de 38.000 náufragos migrantes durante los 17 años que van del siglo XXI, de los cuales solo en el 2016 se ahogaron 5.000 en el intento de arribar al continente europeo, donde quienes sobreviven vuelven a encontrar las mismas condiciones causantes de su destierro: desempleo, hambre, miseria, xenofobia, racismo, represión.

Agudización mundial de la lucha de clases. Contra los deseos de los apologistas del imperialismo y contra la voluntad de los alquimistas de la “paz social”, la crisis social mundial muestra en todo el planeta que la permanencia del sistema capitalista imperialista y la existencia de la burguesía son incompatibles con la existencia de la sociedad y la naturaleza. Las contradicciones mundiales del imperialismo no solo han creado la calamitosa crisis social mundial, sino que junto con ella han desplegado las fuerzas sociales de la Revolución Proletaria Mundial cuyo rol histórico bajo la dirección de los comunistas es sepultar para siempre al imperialismo.

En medio de la putrefacción del sistema y con el acicate de los sufrimientos que el imperialismo causa a la sociedad mundial, emergen fuerzas nuevas y revolucionarias que pondrán fin a la que fuera libertad burguesa para la servidumbre feudal, pero luego bajo el imperialismo, esclavización general de la sociedad bajo el yugo de la explotación asalariada. Son las fuerzas del proletariado extendidas por todos los países oprimidos, en renovadas condiciones de lucha y organización en los países imperialistas dada su mayor experiencia y fortalecimiento con millones de migrantes sin nada que perder, cuya contradicción antagónica con la burguesía mundial explotadora de su fuerza de trabajo, objetivamente las impulsa a la rebelión contra la esclavitud asalariada y el régimen de dictadura de los explotadores. Son las fuerzas de los países, naciones y pueblos oprimidos cuya contradicción antagónica con el imperialismo depredador, saqueador y destructor, objetivamente tienden a rebelarse contra la opresión y explotación colonial y semicolonial del imperialismo y sus lacayos. Son esas fuerzas, las dos grandes corrientes de la Revolución Proletaria Mundial que objetivamente tienden a confluir en un mismo frente de lucha mundial contra el frente mundial imperialista. No es casualidad que por todos los países, imperialistas y oprimidos, crezca la movilización masiva, las huelgas económicas y políticas, y no pocas rebeliones armadas, contra el sistema mundial imperialista opresor y explotador de la sociedad, y destructor de la naturaleza. Tal agudización mundial de la lucha de clases es la condición objetiva por excelencia para el trabajo de los comunistas de hacer conscientes y canalizar sus innumerables formas de manifestarse, en la dirección estratégica de la Revolución Proletaria Mundial, cuya perspectiva no es otra que el Socialismo y el Comunismo.

La crisis económica del capitalismo ha agravado la crisis social mundial y con ella ha agudizado la lucha de clases, cuya dirección histórica es la Dictadura del Proletariado, única capaz de colocar la economía mundial al beneficio de la sociedad, y librarla de las crisis económicas, de las crisis sociales y de las guerras mundiales; nuevo tipo de Estado y forma política necesaria para resolver los males causados a la sociedad por el imperialismo e insolubles en los límites del sistema capitalista. El capitalismo imperialista está en crisis, ¡Viva el Socialismo y el Comunismo!

Posición de las clases frente a la crisis social mundial

Reacción política en toda la línea. Es la posición de la burguesía imperialista, impotente ante las lacras mundiales de su sistema y ante la eminente perspectiva de su acabose por cuenta de las fuerzas sociales surgidas de sus propias contradicciones mundiales, donde cada vez tiene menos campo de acción la “zanahoria” de su democracia y más utilización el garrote de su dictadura, en coherencia con la tendencia histórica del imperialismo a la reacción política en toda la línea.

Como ya ha ocurrido en los preámbulos de las pasadas guerras mundiales, también hoy partidos burgueses encuentran en la crisis social mundial, el pretexto para aplicar la dictadura de clase abierta con banderas extremo-derechistas, nacionalistas, xenofóbicas, racistas, de persecución a toda expresión social de las minorías nacionales, sexuales y religiosas, en una clara tendencia hacia el tratamiento fascista dictatorial y carcelario de los problemas sociales en los países imperialistas, y la conversión de los países oprimidos en cárceles amuralladas de los pueblos. En esa tendencia apunta tanto el resurgimiento de movimientos abiertamente neofascistas y neonazis, como la irrupción de “nuevos” programas reaccionarios en gobiernos que dicen “defender la democracia”, como es el caso de Trump en EU y May en el Reino Unido. Tales programas encuentran apoyo inmediato en las facciones extremo-derechistas de la dictadura burguesa de los países imperialistas y oprimidos, en la pretensión de dividir a los pueblos y a las fuerzas sociales de la revolución, para desviar su atención de las verdaderas causas económicas y políticas de la crisis social mundial: la superexplotación del proletariado, la dominación del capital financiero imperialista, la dictadura de la burguesía imperialista, la dominación colonial y semicolonial de los países oprimidos.

Tampoco puede ser solución de la crisis social mundial la política vaticana y demás iglesias que en concordancia con el reformismo, reconocen las terribles consecuencias sociales del capitalismo, pero no aceptan la necesidad de extirpar sus verdaderas causas. Además es una política sumamente peligrosa porque como parte del poder ideológico de la burguesía, apela a los sentimientos religiosos de las masas para apartarlas de las ideas revolucionarias; su prédica de “paz social”, “humanismo” y “generosidad” frente a los problemas sociales, sirve directamente a los opresores y explotadores, al inducir en la conciencia de los oprimidos y explotados la renuncia a los procedimientos de lucha revolucionarios.

Remendar los problemas sociales. Es la posición de los partidos reformistas de la pequeña burguesía, ante la evidente falacia del “crecimiento general de la clase media”. Los hechos fieles a las leyes del capitalismo, muestran en todos los países a la pequeña burguesía lanzada en masa a las filas del proletariado. Realidad contrapuesta a la negación de la existencia del proletariado por los teóricos reformistas, quienes pretendiendo evitar que la pequeña burguesía arruinada se reconozca como parte de esa clase mundial que en el mercado capitalista solo tiene para vender su fuerza de trabajo, en su pretensión reaccionaria de negar la misión histórica del proletariado, acuden al galimatías del “precariado” como nuevo sujeto social.

Los teóricos y partidos del reformismo —llámense “indignados”, “bolivarianos”, “socialistas”, “comunistas”, “progresistas”, “verdes”, o “sin partido”— describen la crisis social mundial, se aterran de sus dimensiones, pero no van a sus profundas causas económicas, puesto que parten del presupuesto de remendar el sistema de la explotación asalariada. Sólo hablan de las causas en la superestructura política de la sociedad, y de remediarlas por la vía parlamentaria de la democracia burguesa, puesto que no reconocen al Estado burgués como la dictadura de clase de los capitalistas. Su máxima divisa económica es cambiar el “modelo neoliberal” para salvar el sistema capitalista; y su programa político es colaborar en el gobierno de la burguesía para limar el “autoritarismo”.

La llamada “revolución bolivariana” en Venezuela, emulada en otros países latinoamericanos y respaldada por partidos burgueses socialdemócratas y partidos pequeñoburgueses reformistas y oportunistas, no es el camino para resolver la crisis social mundial, puesto que en los países del ensayo, en lugar de menguar la crisis social, la ha empeorado y creado crisis políticas a favor de la burguesía, porque ha dejado intactas sus profundas causas económicas. El falso socialismo y el falso anti-imperialismo de los regímenes afectos a la “revolución bolivariana” en lugar de liberar al pueblo lo han apartado de la verdadera lucha y organización independientes y revolucionarias, y lo han dividido como ha ocurrido en Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador y Argentina, sirviendo de hecho al fortalecimiento de la reacción, el mismo resultado pretendido por el fascismo pero por el camino alterno de las reformas.

Tampoco es solución a la crisis social mundial el revolucionarismo pequeñoburgués “anti-imperialista” limitado a enfrentar la opresión nacional imperialista sin tocar la esclavitud mundial asalariada, siendo su peor variante la que contra la supremacía de Estados Unidos —al que consideran “superpotencia hegemónica única”— da apoyo y se convierte en cómplice de sus contrincantes imperialistas de Rusia y China, desarmando al proletariado y a los pueblos del mundo al ocultarles que todos los imperialistas son sus enemigos a muerte. Ni el terror fundamentalista como el del Estado Islámico, no solo como método sistemático de un ejército cebado en el saqueo de la rapiña imperialista, sino por ser indiscriminado, guiado por una ideología reaccionaria, religiosa, sectaria y nacionalista, donde las masas del pueblo terminan siendo sometidas a viejas formas de esclavización, perseguidas y exterminadas similar a como lo hacen los imperialistas.

La Revolución Proletaria Mundial es la única solución. Tal es la posición de los partidos revolucionarios del proletariado y de la pequeña burguesía, puesto que la crisis social mundial concentra y representa los males causados a la sociedad por el sistema capitalista imperialista. Resolverla implica destruir el régimen político de dictadura de clase de los capitalistas y suprimir su régimen económico de propiedad privada y explotación asalariada, con las fuerzas sociales surgidas de las propias contradicciones del imperialismo, las fuerzas objetivas de la Revolución Proletaria Mundial que no es una utopía o un invento de subversivos comunistas, sino la necesidad más palpitante de la sociedad mundial, porque así lo exige la descomposición general irreversible de todo el sistema capitalista, porque la producción social mundial es la premisa material del socialismo, porque el desarrollo de las poderosas fuerzas productivas sociales es ahogado y constreñido por la anquilosada forma del sistema imperialista basado en la apropiación privada de la riqueza social y natural.

La crisis social mundial despierta las fuerzas sociales de la Revolución Proletaria Mundial, que si bien por sus intereses objetivamente necesitan y tienden hacia un nuevo y superior sistema socialista, por sí mismas no son conscientes de esa necesidad. Consciencia ideológica y política que debe ser llevada por el movimiento comunista y fundida con la fuerza material del movimiento de masas, partiendo de reconocer en el imperialismo la fase superior y última del sistema capitalista mundial, y la antesala del socialismo; de reconocer en la Revolución Proletaria Mundial el medio para la destrucción violenta del imperialismo, suprimir la propiedad privada sobre los medios sociales de producción, acabar para siempre la explotación del hombre por el hombre, y con ellas, la división de la sociedad en clases antagónicas; de reconocer en la Dictadura del Proletariado el último tipo de Estado necesario para la transición socialista del capitalismo al comunismo.

La oportunidad histórica que significa la crisis social mundial para el avance consciente y organización de las fuerzas de la Revolución Proletaria Mundial, contrasta con la situación actual de confusión ideológica, impotencia política y dispersión organizativa del Movimiento Comunista Internacional, dada la nefasta influencia de las teorías del viejo revisionismo y de su nueva versión post-mlm, que declaran insubsistentes las teorías del comunismo revolucionario sobre el imperialismo, la lucha de clases, la revolución proletaria, la violencia revolucionaria, la misión histórica de la clase obrera y la Dictadura del Proletariado.

De ahí que la victoria sobre el imperialismo, presupone la unidad mundial de los comunistas en una nueva Internacional, cuartel general para dirigir la Revolución Proletaria Mundial; unidad mundial de los comunistas que a su vez exige como condición indispensable deslindar los campos con oportunismo en general y principalmente con el peligro principal revisionista, venciendo sus manifestaciones y simpatías en las filas comunistas, donde con el silencio liberal de muchos hay voces que avalan como “anti-imperialistas revolucionarios” los esperpentos del Estado Islámico y la “revolución bolivariana”; se estila la rebuscada forma de considerar “campesino” al expropiado del campo que ha sido desterrado y obligado a vender su fuerza de trabajo en las ciudades, para en últimas negar tácitamente la existencia e importancia del proletariado, o considerar que los obreros actuales ya no corresponden al proletariado del marxismo clásico de El Manifiesto y El Capital.

 

                                                                                                                      II.            Situación Nacional

 

1.                 COLOMBIA REFLEJA CRUDAMENTE LA CRISIS ECONÓMICA DEL CAPITALISMO MUNDIAL

Por ser un país capitalista inserto en el sistema imperialista mundial como país oprimido, sus relaciones sociales de producción basadas en la explotación asalariada —ya predominantes también en el campo desde los años 80— a la sombra de la guerra reaccionaria contra el pueblo se han consolidado y extendido en las plantaciones de coca, amapola, palma africana, caucho, y en las explotaciones mineras. Pero por el carácter semicolonial de la economía colombiana dependiente del imperialismo y del oxígeno de negocios como el contrabando y el tráfico de sicotrópicos, la crisis económica del capitalismo mundial no se expresó en el país de forma inmediata y contundente desde su comienzo a finales del 2007. La crisis económica se agudizó en los últimos años y sobre todo en el 2016 con la caída en la producción básica de petróleo, acero, carbón; crecimiento de apenas 3.0% en la industria y manufactura de los cuales 2.0% fueron por cuenta de Reficar la gran cloaca de corrupción estatal y empresarial; disminución de las importaciones y las exportaciones, éstas últimas hasta niveles de 1985… conllevando a un crecimiento del PIB en apenas 2,0% en el 2016 que es el más bajo en los años de la crisis si se compara con el 3,1% del 2015, el 4,4% del 2014, el 4,9% del 2013, el 4,0% del 2012, el 6,6% del 2011 y el 4,0% del 2010 (según cifras estadísticas del DANE).

El PIB del 2,0% en el 2016 fue jalonado principalmente por el crecimiento del 4,1% de la industria de la construcción sobretodo estatal, donde anidan grandes beneficiarios nacionales y extranjeros de la corrupción, y por el 5,0% del capital financiero cuyas ganancias aumentaron 14% ($10.9 billones) porque también en Colombia este capital parasitario es el peor azote de la sociedad. Y mientras en la política atronaba la gran alharaca del “acuerdo de paz”, en la economía se apuntalaba una de las bases de la guerra reaccionaria, el negocio de la coca, cuyos cultivos en el 2016 aumentaron un 52% (de 96.000 a 146.000 hectáreas).

Los datos económicos del primer semestre de 2017 con apenas un 1.2% de crecimiento en el PIB y una contracción del 1,3% en el sector industrial con los consiguientes chillidos de los empresarios, anuncios de cierres temporales en la rama textil y de confecciones, quiebra y asfixia económica de medianos y pequeños industriales, queja de los comerciantes por la baja en el consumo de hogares, repulsa general contra la reforma tributaria, son indicativos del empeoramiento de la crisis económica en todas las ramas —excepción del capital financiero cuya cartera reportó a finales de junio un crecimiento anual de 3,1%— contrastando con la falsa apariencia de “no crisis” dada por el rebusque de la gente en algunos nichos del sistema, donde las tramoyas del mismo capital para circular hacen pensar que “no se está tan mal”, pues muestran una aparente solvencia y progreso que realmente son burbujas o espejismos tales como las pirámides con todas sus variantes, las múltiples tarjetas de crédito y sus atractivos cupos, las cadenas, las rebajas de variadas mercancías, de pasajes y viajes vacacionales, y la democratización de ciertos espacios culturales y deportivos, que de conjunto pintan una forma de vida soportable y sin apuros. A ello se suman “estudios de investigación” que muestran un país con “gran disminución de la pobreza”, ubicado entre “los más felices”, y donde la mitad de la población de la capital es “clase media”. Aunque en la realidad los peores rigores de la crisis los sufre el pueblo en carne propia, las falsas apariencias hacen perder de vista la verdadera crisis, calando ideas reaccionarias y muy divulgadas entre los obreros, tales como “el problema es usted por tener una mentalidad de pobre”, que opacan el hecho objetivo de una crisis cada vez más profunda. Esto hace necesario que en la agitación y la propaganda de los comunistas se denuncie y desenmascare toda esa bazofia de falsas apariencias que usa la burguesía para disimular la crisis y apartar a los trabajadores de la lucha contra el sistema que la produce.

La crisis económica del capitalismo mundial reflejada crudamente en la economía colombiana, es la base material del cada vez más pesado yugo semicolonial principalmente impuesto por el imperialismo yanqui, en forcejeo permanente con los imperialistas europeos y asiáticos, donde el capital financiero es el que más monopoliza y aprieta la mordaza. La crisis económica es la base material de la agitada situación política del país, tanto de la lucha permanente, reacomodos y actuaciones contradictorias al interior de las clases dominantes socias y lacayas de los imperialistas, como de la grave crisis social y la consiguiente agudización de la lucha de clases en la sociedad colombiana.

 

2.                 COLOMBIA ES UN FIEL REFLEJO DE LA CRISIS SOCIAL MUNDIAL

También en Colombia la crisis social ya propia de las relaciones sociales de producción basadas en la explotación del trabajo ajeno, se ha ampliado y profundizado por la crisis económica del capitalismo mundial y por el factor extra-económico de la guerra reaccionaria contra el pueblo, donde la contradicción principal de la sociedad entre el proletariado y la burguesía, es la que primordialmente caracteriza la crisis social, puesto que el proletariado es la clase que peor sufre la superexplotación, la que más asimila a los desplazados y la que representa a la mayoría de la población trabajadora. Baste ver que si a nivel mundial se estima que el umbral de vida en pobreza extrema —indigencia— no sobrepasa 2 dólares diarios, en Colombia el salario mínimo que promedia el precio de la fuerza de trabajo de unos 4 millones de proletarios equivale a 8 dólares diarios, es decir una diferencia apenas de $18.000 con la indigencia mundial.

La crisis y la guerra han insertado en la crisis social consecuencias de carácter permanente y cada vez más graves, con leyes y reformas anti-obreras y anti-populares que rebajan los salarios e incrementan los impuestos a los pobres, al tiempo que los rebajan a los ricos como descaradamente lo hizo la reforma tributaria del Gobierno de Santos; generalización de los despidos colectivos al amparo de la “tercerización” y “temporalidad” como principales formas de contrato laboral, donde el porcentaje de la contratación directa es mínimo y el contrato directo con las empresas y de carácter indefinido es ya una rareza. El desplazamiento de los pobres del campo forzado por la guerra reaccionaria, continúa en medio de la cháchara de los llamados “procesos de paz” y “post-conflito” con el destierro en 42 desplazamientos masivos de 7.371 personas solo entre enero y mayo del 2017, como parte de un total acumulado de 7’400.000 desplazados en cifras de la ACNUR que los considera el 90% del total de víctimas de la guerra, y hace de Colombia el país con mayor desplazamiento interno por encima de Siria (6,3 millones) e Irak (3,6 millones) países agredidos y arrasados por las guerras imperialistas reaccionarias en el Medio Oriente. Es dramática la ruina de los pequeños y medianos propietarios en la ciudad y el campo, confinados por la guerra y estrangulados por el capital financiero.

A las consecuencias sociales de la crisis económica y de la guerra reaccionaria, se suma la inmigración proveniente sobre todo de Venezuela que incrementa la competencia por el trabajo formal e informal, conllevando no solo a la disminución del salario y al aumento del desempleo, sino a insuflar los odios nacionales entre los trabajadores, todo lo cual ensancha las lacras sociales del capitalismo en el país, con más de 2’500.000 desempleados oficialmente reconocidos, más de 7’500.000 sub-empleados no formales o por cuenta propia donde los trabajadores de las ventas ambulantes y del reciclaje son víctimas de las leyes y la represión que solo protegen los privilegios y beneficios de los grandes empresarios, crecimiento en todas las ciudades de la prostitución, micro-tráfico, drogadicción, tráfico de humanos, órganos, armas y sicotrópicos, y generalizado de la delincuencia.

A pesar del maquillaje oficial a las cifras de la pobreza en Colombia colocando como tope individual de pobreza un ingreso mensual de $241.673 (2.7 dólares diarios) para que el Gobierno se jacte de haber disminuido la pobreza, lo cierto es que la miseria se acumula en amplios sectores de la población —como lo mostraron los últimos paros en Chocó y Buenaventura— en un rápido ascenso en la línea tendencial de la desigualdad social que ubica a Colombia como el octavo país más desigual en el mundo, mientras la riqueza la acapara un puñado de parásitos dueños de los bancos, industrias, comercios, transportes y tierras, donde el 1% de las empresas más ricas que en el año 2000 concentraba el 14,5% de la riqueza del país, pasó a duplicar su concentración de riqueza (28,3%) en apenas 13 años, y en términos de población se estima que el 1% concentra el 40% de la riqueza nacional donde ya en cifras de la estadística oficial de hace tres años, el 1% de las familias ricas en el campo concentraba el 60% de la tierra apta para la producción.

Enhorabuena se agudiza la lucha de clases

La burguesía apoyada por los imperialistas y la colaboración de los jefes de las guerrillas, de los jefes de los partidos reformistas y oportunistas, y de los jefes de las centrales sindicales, ha usado el poder político y económico del Gobierno y del Estado en una gran campaña para entrampar a la clase obrera y al pueblo en el letargo de la “paz social”.

Pero contra la voluntad de los enemigos y falsos amigos del pueblo, la crisis económica al ampliar y profundizar la crisis social, ha agitado las contradicciones antagónicas de la sociedad colombiana, entre el trabajo y el capital —proletariado y burguesía, la principal—entre las clases del pueblo oprimido y las clases dominantes opresoras, y también las contradicciones inter-burguesas.

Y agudización de las contradicciones sociales irreconciliables significa agudización de la lucha de clases —lo diametralmente opuesto a la “paz social”—; aumenta el odio de clase y lucha de los trabajadores asalariados contra sus explotadores capitalistas, crece el odio y movilización del pueblo contra el régimen de gobierno y el Estado reaccionario con todas sus corruptas instituciones.

Contra los deseos de los enemigos y falsos amigos del pueblo, la agudización de la contradicción principal de la sociedad colombiana entre el proletariado y la burguesía, y la agudización de la contradicción entre las clases del pueblo oprimido y las clases dominantes opresoras, son condiciones excelentes para avanzar en la conciencia, organización y lucha de las fuerzas sociales de la revolución; como también la agudización de las contradicciones inter-burguesas se convierte en una reserva indirecta de la revolución, puesto que al dividir a los enemigos y debilitar el poder de los gobernantes, favorece el avance de la lucha revolucionaria de las masas trabajadoras. La agudización de la lucha de clases objetivamente sirve al camino de la guerra revolucionaria, no a la conciliación ni a la mentirosa “paz social”.

 

3.                 RÉGIMEN DE GOBIERNO Y CONTRADICCIONES INTER-BURGUESAS

Luego de ocho años de régimen de Uribe representante directo del poder económico de la mafia en las clases dominantes, encargado de llevar al tope la expropiación y desplazamiento de los pobres del campo arreciando la guerra contra el pueblo, la correlación de facciones en las clases dominantes optó por instalar un gobierno que con un discurso apaciguador y conciliador le diera continuidad a la dictadura de clase pro-imperialista de la burguesía y los terratenientes, bajo un ropaje más democrático burgués.

Tal ha sido el Gobierno de Santos, iniciado como un acuerdo temporal de las facciones de clases dominantes incluida la mafia, que pretendió ser un gobierno de “unidad nacional” de los partidos reaccionarios y de “pacto social” con los empresarios y los trabajadores.

Sin embargo, el Gobierno de Santos no afianzó la forma democrática-burguesa de la dictadura de clase de los capitalistas, ni la “unidad nacional” de las clases dominantes, ni tampoco pudo cuajar el “pacto social” entre explotados y explotadores. A través del primer período se resquebrajó el acuerdo con la facción mafiosa de la burguesía y los terratenientes, y el plan de gobierno de las “cuatro locomotoras” en lugar de la “prosperidad para todos” base del “pacto social”, agudizó la crisis social, y con ella nuevamente el desprestigio popular del Gobierno y del Estado.

“Acordar la paz con las guerrillas” ha sido el programa insignia del segundo período del Gobierno de Santos, lo cual ha remarcado la colaboración de los falsos amigos del pueblo con el embeleco de la “paz social” y la profundización de las contradicciones inter-burguesas por el “acuerdo con las FARC”, como dos características especiales de un gobierno burgués pro-imperialista y corrupto que apela al terrorismo de Estado y a las leyes anti-obreras y anti-populares, para ejercer la dictadura de clase de los capitalistas en defensa de sus privilegios y ganancias a costa de la infernal explotación de los trabajadores.

A partir de la reelección del Gobierno de Santos en el 2014, quedó en evidencia no solo el servil compromiso de los jefes guerrilleros en un “acuerdo de paz” para legalizar el despojo ejecutado en la guerra reaccionaria, sino también el apoyo de los jefes reformistas y el compromiso felón de los jefes oportunistas y de los jefes de las centrales sindicales, de respaldar el falaz “acuerdo” haciéndolo extensivo al conjunto de las clases trabajadoras en la forma perversa, falsa y reaccionaria de la “paz social” entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, para desarmar ideológicamente al pueblo e inducirlo a la resignación frente a la explotación de su trabajo, a la sumisión ante la dictadura de los explotadores, y a renunciar de por vida al uso de la violencia revolucionaria contra el poder político y económico de sus centenarios enemigos.

Las contradicciones inter-burguesas no pueden ser motivo de división del pueblo sino una reserva indirecta de sus luchas porque debilitan el poder de los enemigos

La reelección del Gobierno de Santos con el programa electoral del “Acuerdo de paz con las FARC” y su ejecución, exasperó las contradicciones inter-burguesas hasta un grado no visto desde antes del Frente Nacional de 1958 - 1974.

Dada las diferencias de posición económica dentro de las clases dominantes en el sistema de la explotación asalariada, cada clase, cada facción de clase, cada sector económico, quiere apropiarse de más plusvalía incluida la proveniente de la renta capitalista del suelo, quiere sacar mayor provecho de su servil alianza y relaciones con los distintos imperialistas, todo lo cual les genera contradicciones inter-burguesas económicas que objetivamente enfrentan a la burguesía y los terratenientes, al igual que a los distintos sectores y facciones de la burguesía —financiera, industrial, comercial, agraria, mafiosa…— sobre la base común de vivir de la explotación del trabajo. Tales contradicciones inter-burguesas se expresan concentradamente en el terreno de la superestructura política y sobre la base de reconocer un Estado único cuya esencia es la dictadura de las clases dominantes, la dictadura de los explotadores, tienen en el Gobierno como dirigente del Estado —y en ocasiones en la guerra— la forma de dirimir sus contradicciones, la forma de expresar el predominio económico de una u otra clase, que en el fondo es lo que se resuelve en las elecciones convertidas en farsa para el pueblo ingenuamente crédulo de ser quien elige.

En Colombia las contradicciones inter-burguesas siempre han existido y son innumerables, hasta por problemas tan particulares como las privatizaciones, la contratación estatal, el manejo de los negocios del petróleo, la salud y las exportaciones, de los desastres naturales, del paramilitarismo, de las relaciones con los países vecinos…. pero en los últimos años han sido especialmente exacerbadas por la crisis económica del capitalismo mundial y por la legalización del botín territorial de la guerra reaccionaria en el “acuerdo de paz”, factor este último que si bien aparenta ser el universo económico de las actuales agudas contradicciones inter-burguesas, es una apariencia falsa incluso en su forma más externa de los compromisos políticos y jurídicos de la burguesía con los jefes guerrilleros.

Bien entendidas las cosas, la lucha inter-burguesa en lo que tiene que ver con “el acuerdo de paz” no es por la amenaza a la propiedad privada de los capitalistas ni a la legitimidad de su dictadura de clase, ambas reconocidas y defendidas por los jefes guerrilleros; ni frente a la legalización del despojo que beneficia al conjunto de las clases dominantes. La lucha es por conservar el reparto ya hecho a sangre y fuego, y más allá de la propiedad privada misma de la tierra, por su renta capitalista extraordinaria, por la plusvalía de la agricultura empresarial, por los negocios legales e ilegales de la minería, de las plantaciones de coca y amapola, de la producción y tráfico de los sicotrópicos, de donde la mafia mejor representada por la facción uribista no se deja desplazar. La aguda contradicción entre santistas y uribistas, no significa que los primeros sean representantes de una facción homogénea anti-mafia, ni que los segundos sean exclusivamente representantes de la mafia; luchan y están entreverados, como están entreverados los negocios de la mafia en toda la economía. La apariencia de esta contradicción como “oposición entre guerra y paz” es también engañosa, falsa, pues ambas facciones burguesas están contra la lucha de clases, temen el uso de la violencia revolucionaria por las clases oprimidas, fomentan la mentira de la paz entre ricos y pobres, y están casadas con la ya vieja política estatal de guerra contra el pueblo.

Las contradicciones económicas inter-burguesas necesariamente llevan a una lucha por el gobierno, por el control y dirección del Estado, lucha que hoy se expresa principalmente como lucha entre partidos burgueses frente al “acuerdo de paz”: el Partido de la U del Gobierno encabezado por Santos en alianza, abierta con fracciones de otros partidos burgueses y partidos pequeñoburgueses reformistas, y tácita con los partidos pequeñoburgueses oportunistas defensores del “acuerdo de paz”; contra el Partido del Centro Democrático encabezado por Uribe en alianza con fracciones de otros partidos burgueses. Ambos alineamientos —con no pocas contradicciones internas y temerosos de reconocerse de “derecha” prefieren llamarse de “centro” con matices de “izquierda” como el Polo Democrático y de “derecha” como el Opus Dei del ex-procurador— son expresión de cómo por el desprestigio de los partidos burgueses y el distorsionado espectro de la política colombiana, las clases dominantes se disponen a medir su poder económico y político en respaldo o rechazo al “acuerdo de paz” en las elecciones del 2018.

Las intenciones de las clases dominantes confabuladas con los jefes guerrilleros, reformistas, oportunistas y de las centrales sindicales, de convertir artificialmente las elecciones del 2018 en el acto político principal para “resolver los problemas del pueblo”, son de gran peligro para desviar y apaciguar las verdaderas luchas de los trabajadores por sus reales problemas, dado que del lado del Gobierno apelan a la carnada distractora “del fin de la guerra, la restitución de tierras y reparación a las víctimas” y cuentan con el apoyo de los falsos amigos del pueblo reformistas y oportunistas, los más perversos por su influencia directa en las organizaciones de masas; y del lado de la oposición oficial uribista, explotan la actuación reaccionaria de las FARC en la guerra contra el pueblo erigiéndose en “defensores” de sus víctimas y en “voceros de la lucha” contra los desastres de la crisis económica, de la crisis social y de la corrupción del gobierno, personificando en Santos el “terrorismo” y el “comunismo”. Teniendo en cuenta el gran desprestigio de un Gobierno que no hizo el tránsito hacia la forma democrática burguesa de la dictadura de los capitalistas, la agudización de la lucha de clases, el gran poder económico, político y militar que conserva e incrementa la mafia, es muy probable que las clases dominantes apelen nuevamente a un régimen abierto de mano dura que a la larga, como clases pro-imperialistas, sería más coherente con la tendencia general del imperialismo a la reacción política en toda la línea. Por la experiencia de los gobiernos locales de “izquierda” en el país y nacionales en los países vecinos, la opción de un gobierno burgués en manos del reformismo no tiene asidero en este momento.

El peligro se agravaría si el pueblo cae en la trampa electoral y toma partido por alguno de los dos bandos de sus enemigos, con lo cual las clases dominantes aprovecharían sus fuertes contradicciones inter-burguesas para dividir al pueblo, tal como ocurre en Venezuela, cuando de lo que se trata es de aprovechar la debilidad, desprestigio, crisis política, inestabilidad, que las contradicciones inter-burguesas causan en sus instituciones gobernantes, para avanzar en la lucha revolucionaria de las masas del campo y la ciudad. Las contradicciones inter-burguesas son una reserva indirecta que favorece el avance en la lucha de los oprimidos y explotados. ¡Abajo la farsa electoral, No Votar, Organizarse y Luchar!

El desprestigio del Gobierno de Santos es el desprestigio gobernante de los explotadores y de su podrido Estado reaccionario

El Gobierno de Santos es un fiel representante de las clases dominantes socias y lacayas del imperialismo principalmente estadounidense, que ha facilitado el fortalecimiento del yugo semi-colonial imperialista sobre el país y el pueblo colombiano.

El Gobierno de Santos es un ejecutor de la dictadura de clase de los capitalistas sobre el pueblo y un instrumento de la explotación capitalista, enemigo acérrimo de las clases trabajadoras del campo y la ciudad que combina el discurso de paz con los hechos de guerra del terrorismo de Estado; habla de “prosperidad para todos” pero carga el costo de la crisis económica y de una onerosa reforma tributaria en hombros de los trabajadores, de los pequeños y medianos propietarios, cuya situación ya era de por sí ruinosa; pregona la restitución de tierras pero legitima el despojo violento de 10 millones de hectáreas; dice defender a los campesinos pero ante todo promueve y beneficia la agricultura empresarial; a los propios jefes reformistas y oportunistas colaboracionistas en su campaña de reelección, les incumplió las gabelas prometidas; viola y desconoce los compromisos firmados bajo presión de las huelgas políticas de las masas populares.

El Gobierno de Santos vocifera contra la corrupción pero sus obras y negocios destilan corrupción por todos los poros, profunda y generalizada en todas las instituciones del Estado burgués, donde la balanza justiciera de las Altas Cortes pende de manos corrompidas por el poder del capital; los legisladores y jueces de la restitución de tierras son cuotas políticas de los expropiadores cuando no ellos mismos beneficiarios directos de la guerra contra el pueblo; las fuerzas del ejército y la policía están confabuladas con las bandas paramilitares y delincuenciales.

Por todo esto, el Gobierno de Santos se ha granjeado el repudio espontáneo de las amplias masas del pueblo, de los trabajadores asalariados superexplotados, de los campesinos, desplazados y víctimas de la guerra, engañados y burlados en el “acuerdo de paz” a quienes no queda más camino que la movilización en huelgas políticas de masas, porque a pesar del veneno ideológico de la “paz social”, a pesar del poder represivo reaccionario de las clases dominantes y contra sus deseos de explotar a los trabajadores sin resistencia ni rebelión, se alza la lucha de clases como ley objetiva ajena a la voluntad de las clases, fortalecida por las fuerzas provenientes de la pavorosa crisis social. ¡Ni el Estado ni los politiqueros, solo el pueblo salva al pueblo!

Las contradicciones con el pueblo y las contradicciones inter-burguesas, convierten al Gobierno de Santos en un gobierno débil e inestable, confiado en que el “acuerdo de paz” sea su tabla de salvación. Las condiciones son muy propicias para profundizar en las masas del pueblo la conciencia política sobre el carácter de clase del Estado, de sus instituciones, de sus leyes; para combatir la ilusión y la confianza en el Estado y sus elecciones; para crear confianza en sus propias fuerzas y generalizar las huelgas económicas, las huelgas políticas de masas, los bloqueos y asonadas, aprovechando la división y debilidad gobernante de las clases dominantes; para canalizar la lucha inmediata en la perspectiva de la lucha política revolucionaria que eche a tierra todo el poder político y económico de las clases dominantes opresoras y explotadoras. ¡Abajo el podrido Estado burgués! ¡Viva el futuro Estado de los obreros y campesinos!

 

4.                 LA PAZ DE LOS RICOS ES GUERRA CONTRA EL PUEBLO

La guerra que desangra al pueblo colombiano desde los años 80, ha sido una guerra reaccionaria; una guerra por la renta extraordinaria del suelo que brinda la explotación del trabajo asalariado en las zonas mineras y petroleras, en las plantaciones de coca, amapola, palma africana, caucho…; una guerra reaccionaria por la ganancia extraordinaria del negocio de producción y tráfico de sicotrópicos; una guerra contra el pueblo, masacrado, despojado y desplazado por las mesnadas de grupos paramilitares llamados antes “autodefensas” y ahora “bandas criminales”; una guerra contra el pueblo, masacrado, despojado y desplazado por las fuerzas armadas del Estado de brazo con los paramilitares, ejecutando a diestra y siniestra la violencia terrorista del Estado cuya política de los “falsos positivos” fue legalizada por Santos cuando era Ministro de Defensa en el régimen de Uribe; una guerra contra el pueblo, masacrado, despojado y desplazado por las guerrillas que también terminaron participando de ese festín reaccionario adobado con sangre de las masas.

A diferencia de otras guerras reaccionarias, en Colombia no se han usado armas de destrucción masiva, sino la ejecución selectiva de dirigentes y de masacres en los enclaves económicos disputados (1.982 masacres en los últimos 50 años), a manera de escarmiento para aterrorizar a la población con los más sanguinarios métodos, como siempre a lo largo de la historia de Colombia lo han hecho los terratenientes y burgueses, contra la Insurrección de los Comuneros, contra la Huelga en las Bananeras, contra la Insurrección del 9 de Abril y en la década de La Violencia reaccionaria que desató.

Así mismo, el terrorismo de Estado ha sido una política permanente de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, contra las luchas económicas y políticas del pueblo colombiano, una política que si bien se intensifica notablemente como característica de algunos regímenes de gobierno tales como el de Turbay Ayala y el de Uribe Vélez, nunca deja de ser una política de la esencia dictatorial del Estado burgués en Colombia, como lo demuestra su aplicación brutal en el Gobierno de Santos, especialmente en el período de los diálogos de paz y con mayor crudeza ahora en el llamado “post-conflicto” con un saldo de 156 líderes sociales y defensores de DDHH asesinados entre el 1 de enero de 2016 y el 1 de marzo de 2017, asesinato de 15 dirigentes indígenas del Cauca durante el primer semestre del 2017, asesinato de 15 personas entre familiares y desmovilizados de las FARC, además de los numerosos trabajadores que por el solo hecho de movilizarse en defensa de sus derechos, han sido asesinados, torturados, golpeados, heridos y encarcelados por Esmad.

La esencia política del “acuerdo de paz” entre el Gobierno de Santos y los jefes guerrilleros, es la legalización del despojo violento y desplazamiento de los pobres del campo, perpetrados por la guerra y consolidados en el régimen de Uribe; el desarme de la guerrilla y la sumisión de sus jefes al poder político de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, es un agregado del “acuerdo”. Y no se trata solamente del despojo de las tierras que usurparon los mercenarios ejecutores como una parte mínima del botín; se trata sobre todo y ante todo del despojo de los millones de hectáreas que se convirtieron en propiedad privada de los grandes monopolios capitalistas e imperialistas en las zonas mineras y petroleras, cementeras, bananeras, de palma africana, de caña de azúcar… a quienes hoy el Gobierno de Santos en sus leyes agrarias reconoce como “compradores de buena fe”.

La esencia económica del “acuerdo de paz” entre el Gobierno de Santos y los jefes guerrilleros, es garantizar la expansión de la agricultura empresarial que al profundizar el desarrollo capitalista en el campo colombiano, se traduce en ruina del campesinado, más despoblamiento del campo y ampliación de la esclavitud asalariada. La tierra comprometida en la “reforma rural integrada” para la restitución y reparación a las víctimas, y para el campesinado parcelario, es un espejismo y una bicoca para guardar la apariencia “humanitaria” del “acuerdo”, porque cuando más, a los campesinos arruinados y a los jornaleros agrícolas se les confina en miserables zonas aledañas a las grandes explotaciones agroindustriales, donde la mano de obra asalariada esté concentrada y disponible para su explotación capitalista en las nuevas fábricas y plantaciones de la agricultura empresarial.

Tanto en la esencia política como en la económica del “acuerdo de paz” hay unanimidad entre las distintas facciones o sectores de las clases dominantes; sus disensiones y discusiones por agresivas que sean, son por cuestiones secundarias relacionadas con las gabelas económicas, políticas y jurídicas dadas por el Gobierno a los jefes guerrilleros; cuestiones secundarias, esas sí muy útiles para engatusar a la gente en miras a la campaña electoral del 2018.

Si tal es la verdadera esencia política y económica del “acuerdo de paz” del Gobierno de Santos con los jefes guerrilleros, fue posible firmarlo no por ingenuidad de los jefes guerrilleros ni por mera voluntad política conciliadora de las partes, sino porque el programa de las FARC hace muchos años dejó de ser un programa rebelde campesino, para convertirse en un programa de preservación del Estado burgués reaccionario bajo el membrete de “Estado social de derecho”; no es un programa para suprimir la explotación asalariada y abolir la propiedad privada sobre los medios de producción, sino para protegerlas e incentivarlas con la envoltura de “justicia social” y “democratización del capital”; no es un programa para expropiar el capital de las empresas monopolistas del imperialismo, ni desconocer sus tratados semicoloniales, sino para “renegociar” los contratos y la deuda externa; no es un programa para liquidar la explotación capitalista de la agricultura —problema agrario en Colombia— sino para abrirle paso a la inversión de capital nacional y extranjero en la agricultura empresarial. El mismo contenido burgués del programa “castro-chavista” al que tanto temen los uribistas.

Coherente con el programa burgués de las FARC, su lucha armada se convirtió en parte de la guerra reaccionaria por la renta extraordinaria de la tierra; no contra los ricos sino por la riqueza; no para liberar al pueblo sino para esclavizarlo, despojarlo y desplazarlo. Las FARC pasaron de ser una guerrilla campesina a ser una guerrilla defensora de los intereses de la capa superior de la pequeña burguesía a finales del siglo pasado, y desde entonces se transformaron en un grupo armado representante de un nuevo sector de la burguesía de los sicotrópicos. No es una organización revolucionaria; por su programa y dirección es una organización reformista burguesa que ahora asume la lucha parlamentarista como parte de su reconocimiento y sumisión al Estado de dictadura de clase de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo.

La prosternación de los jefes guerrilleros ante el Estado de dictadura de los explotadores, de una parte, le sirve a la burguesía para declarar por enésima vez que la lucha armada está mandada a recoger, alabar el “buen juicio” de los arrepentidos y difamar toda idea de revolución. De otra parte, contra la voluntad de los jefes guerrilleros, su sometimiento contribuye al trabajo de los revolucionarios y comunistas, porque el reformismo armado fue una ilusión y distracción para gente honesta y revolucionaria de la pequeña burguesía, para muchos obreros y campesinos que la consideraban una guerrilla revolucionaria; ahora ya no podrán seguir convirtiendo en carne de cañón de una guerra injusta y reaccionaria a innumerables hijos del pueblo huérfanos de la dirección de un Partido proletario; ahora dejan de envilecer la lucha armada liberadora, dejan de estorbar en el trabajo comunista de fundir un verdadero programa revolucionario con la fuerza del movimiento obrero y de masas, con la fuerza del pueblo armado que no dejará piedra sobre piedra de este abominable sistema de opresión y explotación.

Con el “acuerdo de paz” del Gobierno de Santos con los jefes guerrilleros, termina la participación armada de las FARC en la guerra reaccionaria, pero no significa el fin de la guerra contra el pueblo, como ya lo demuestran los hechos, puesto que la disputa económica por la renta extraordinaria en las tierras despojadas, sigue siendo la base del enfrentamiento político entre las facciones de las clases dominantes, no solo en el marco de sus instituciones estatales sino principalmente a través de las fuerzas armadas estatales y paraestatales —llámense autodefensas, bandas criminales, clanes, grupos anti-restitución o simplemente escuadrones armados de los capos burgueses y terratenientes que ejercen poder en grandes territorios despojados— escuadrones de los cuales tampoco se pueden excluir remanentes mercenarios de las guerrillas que continuarán en el rentable negocio de la guerra reaccionaria.

A pesar de que los hechos muestran la continuación de la guerra contra el pueblo; a pesar de los asesinatos de varios guerrilleros, líderes campesinos e indígenas y defensores de derechos humanos en tiempos del llamado “post-conflicto”, que son el despunte de un nuevo episodio de la ya conocida en Colombia sanguinaria paz burguesa posterior a los “acuerdos” con jefes guerrilleros de antaño; a pesar de todo esto, los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos y de las centrales sindicales son quienes principalmente presentan el “acuerdo de paz” como el comienzo de una nueva época de “paz social” en Colombia, aprovechando la credulidad del pueblo por su resentimiento contra esta guerra reaccionaria que lo ha victimizado.

La “paz social” es un imposible en una sociedad como la colombiana dividida en clases antagónicas donde unas cada día son más ricas a costa del trabajo de otras que cada vez son más pobres. La “paz social” es un veneno ideológico que anula en el pueblo el ánimo de luchar, es una trampa política que inmoviliza a los de abajo, dejando las manos libres a las clases dominantes para fortalecer su dictadura de clase y organizar los planes reaccionarios del llamado “post-conflicto”, un nuevo período de consolidación del despojo a sangre y fuego, de mayores beneficios para el capital imperialista y nacional profundizando la superexplotación de las masas trabajadoras del campo y la ciudad y la destrucción de la naturaleza, de prohibición de la lucha revolucionaria de las masas, de criminalización de sus protestas, de persecución, encarcelamiento, desaparición y exterminio de dirigentes revolucionarios, de activistas de DDHH, de defensores de la naturaleza, de dirigentes sindicales cuyas actividades ya son clasificadas en los códigos policiales como “terroristas” y “contra la paz social”.

Es necesario seguir desenmascarando el carácter reaccionario de la guerra, explicar sus causas económicas, denunciar la verdadera esencia del “acuerdo de paz” del Gobierno de Santos con los jefes guerrilleros, y la venenosa mentira de la “paz social”. En contraparte propagar el programa revolucionario, a fin de que las masas en general, la clase obrera en particular y los combatientes de base revolucionarios que quedaron a la deriva, desechen toda ilusión en la paz burguesa, y comprendan que la paz para el pueblo sólo es posible con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, causa profunda de la explotación del hombre por el hombre y de la desigualdad en clases sociales. Hacer conscientes y generalizar las nuevas formas de lucha y organización que tienden a surgir en la agudizada lucha de clases de la sociedad colombiana, sin olvidar que en determinadas condiciones con la dirección de un verdadero partido revolucionario de la clase obrera, es posible transformar una guerra reaccionaria en guerra civil revolucionaria, en guerra popular de los obreros y campesinos que destruya hasta los cimientos del Estado reaccionario, para dar paso a un nuevo Estado y una nueva sociedad socialista. ¡La paz de los ricos es guerra contra el pueblo! ¡Oponer a la guerra reaccionaria la violencia revolucionaria de las masas!

Frente al problema de la guerra en Colombia la Unión Obrera Comunista (mlm) desde 1998 en el primer número de su órgano de expresión Revolución Obrera, la denunció como una guerra reaccionaria contra el pueblo y denunció la participación en ella por parte de las FARC. Tal denuncia fue escandalosa para otras organizaciones marxistas leninistas maoístas, que la consideraban una guerra revolucionaria —la de las FARC— mal dirigida, y por tanto, como en el caso de la Organización Comunista de Colombia (mlm) que luego diera existencia al Partido Comunista de Colombia Maoísta, decidió como táctica colocarle la dirección revolucionaria que “le faltaba” a la lucha armada guerrillera. El resultado por supuesto fue desastroso y el nuevo partido quedó convertido en un promotor más de la comparsa electorera en Colombia. Aunque desde los tiempos del viejo Partido Comunista (ML) de Colombia (años 60) se deslindó con la lucha armada de las FARC al servicio del revisionismo vierista (mamerto), entre los marxistas leninistas maoístas de este siglo siempre esa lucha armada ha causado vacilaciones, pronunciamientos a medias tintas, incluso ahora, cuando los hechos del “acuerdo de paz” ya han mostrado su carácter reaccionario. En el Movimiento Comunista Internacional también hubo subestimación por la posición de denuncia de la Unión, y no faltaron partidos importantes que saludaran en ocasiones la lucha armada de las FARC; en contraposición, otros sí la denunciaron como revisionismo armado así como denunciaron tajantemente el “acuerdo de paz”.

 

5.                 TENDENCIA DEL MOVIMIENTO DE MASAS HACIA LA GENERALIZACIÓN DE LAS HUELGAS POLÍTICAS DE MASAS

La recuperación y ascenso del movimiento de masas que despuntó desde comienzos de la década de los 90 continúa siendo en la actualidad el fenómeno político más importante de este largo período, ascenso cuya tendencia principal es hacia la Huelga Política de Masas, por ser objetivamente la lucha del movimiento de masas contra el Estado y las medidas políticas de los gobernantes, por el contenido económico y político de sus reivindicaciones común a amplios sectores del pueblo, por ser la huelga, el paro y el bloqueo su forma de lucha principal que sin ser todavía armada, no han faltado las asonadas y los enfrentamiento callejeros de contención y derrota de las fuerzas represivas del Estado.

La fortaleza de la tendencia del movimiento hacia la Huelga Política de Masas radica en la participación y movilización masiva del pueblo trabajador; pero su debilidad está en la separación y aislamiento de los combates, en la falta de cohesión de las reivindicaciones en una única Plataforma de lucha nacional, en la dispersión local en pequeñas organizaciones de masas o la ausencia de organizaciones de masas de carácter nacional con una dirección centralizada y una política revolucionaria al mando.

Las Huelgas Políticas de Masas como tendencia general del movimiento espontaneo contra el Estado y las políticas de los gobernantes, no han sido derrotadas desde afuera por la fuerza armada de las clases dominantes manifiesta especialmente en la guerra reaccionaria contra el pueblo —sobre todo durante el régimen paramilitar de Uribe—, el terrorismo de Estado y la respuesta a toda reclamación social con la fuerza bruta del Esmad; tampoco han sido disuadidas desde adentro por las artimañas del Gobierno de Santos en contubernio con los falsos amigos del pueblo, antes con el embeleco de las “mesas de trabajo” y ahora con la trampa de la “paz social”. Por el contrario, la tendencia se fortalece acicateada por la crisis económica y la profunda crisis social en el país. El único factor que no está al orden del día, es el papel del movimiento consciente comunista, a su vez, disperso, confuso e impotente.

La tendencia ascendente del movimiento espontaneo hacia las Huelgas Políticas de Masas ha seguido una trayectoria no lineal, sino a través de avances y retrocesos. Durante los ocho años del régimen paramilitar de Uribe, fue de avance continuo con un promedio de movilizaciones de masas diarias y un pico alto en el año 2008 logrado en la conjugación de huelgas obreras en los ingenios y en explotaciones mineras con las mingas indígenas. Durante los años del Gobierno de Santos, la tendencia ha presentado bajonazos justo al comienzo de los dos períodos de gobierno, dada la influencia de los colaboracionistas falsos amigos del pueblo. Si bien, la movilización masiva de las masas no ha logrado la continuidad que tuvo durante el régimen de Uribe, sí se ha cualificado en amplitud y duración de los paros, regionales y nacionales, con picos muy destacados en el paro nacional universitario de 2011, los paros nacionales agrarios del 2013 y 2016, el paro camionero del 2016, los paros del magisterio del 2015 y el de 2017 que coincidió en el tiempo —mas no en la coordinación ni en la dirección— con el paro de los trabajadores estatales y con largos paros regionales de toda la población del Chocó y Buenaventura.

Por la composición social, las Huelgas Políticas de Masas indudablemente se han cualificado, con la participación cada vez más amplia de los campesinos y los trabajadores asalariados, clases básicas de la sociedad llamadas a materializar la alianza obrero-campesina, fuerza principal de la insurrección y la revolución socialista en Colombia; con el ánimo y radicalidad de las masas de acudir a las vías de hecho; con la exigencia de las bases de no levantar los movimientos hasta concretar los acuerdos; con la simpatía y apoyo general de todo el pueblo a los huelguistas, manifiestos muy especialmente en el paro agrario y en los últimos paros en Chocó y Buenaventura, del Magisterio y de los trabajadores Estatales. La cualidad más importante ganada por las Huelgas Políticas de Masas, es la participación conjunta de diversos sectores del pueblo en una misma lucha, de las masas trabajadoras del campo y la ciudad como ha sido notable en las huelgas de los ingenios del Cauca y Risaralda, en los campos petroleros de Rubiales, Barranca, Tibú, Casanare y Putumayo, en las minas de Cerrejón, La Jagua y Cerro Matoso; así mismo, la participación de nuevas fuerzas sociales de la población dispuestas a utilizar esta forma de lucha en defensa de sus fuentes de trabajo (caso de los cocaleros y moto-taxistas), contra la destrucción capitalista de la naturaleza, contra la discriminación y opresión a minorías étnicas y sexuales. El proletariado en ocasiones al frente de las Huelgas Políticas de Masas, no ha logrado consolidar su participación permanente y nacional, para generalizar la fuerza poderosa que les imprime el paro de la producción industrial, como se ha visto en las zonas de producción azucarera, petrolera y minera, lo cual se debe principalmente a que todavía no triunfa la propia lucha de los proletarios por expresarse con independencia de clase en un Partido político propio y en el movimiento sindical. Sin embargo, la perspectiva es halagüeña por las condiciones que ha creado la crisis económica, que incentiva la vinculación masiva del proletariado industrial, de petroleras, minas, acerías, ingenios, puertos, transporte, servicios, salud, educación, y del gran ejército industrial de reserva incluido el camuflado en el “trabajo informal”; que vuelve más urgente la necesidad de plantearse la lucha por las reivindicaciones obreras como parte de la Huelga Política de Masas y como una sola lucha en todas las empresas y ramas de la producción, derrotando para ello la dirección burguesa del movimiento sindical y avanzando en la preparación del Congreso del Partido proletario.

En la dirección política del movimiento, ha prevalecido la influencia nefasta de los falsos amigos del pueblo —politiqueros y ahora abiertos amigos del gobierno— prestos a evitar, condenar y apagar las acciones más radicales de las masas con el agua fría de la “protesta pacífica y dentro de la institucionalidad”. Sin embargo, este lastre, gracias al aprendizaje de las masas por experiencia propia al sufrir las traiciones de sus dirigentes, y con las ideas de conciencia llevadas por los revolucionarios y comunistas, cada vez encuentra más repudio de la base, más control y vigilancia, más iniciativas para promover a los dirigentes naturales de las masas, avances que todavía no logran aislar a la dirección burguesa del movimiento, ni evitar que los acuerdos queden dependiendo de proyectos y leyes futuras del gobierno y el congreso.

Aunque los reaccionarios han usado el poder económico y propagandístico del Estado, y los reformistas y oportunistas el poder de su influencia dentro del movimiento de masas, para infundir en el pueblo la idea de ver, antes en la lucha guerrillera, ahora en el “acuerdo de paz”, y siempre en las elecciones, los acontecimientos políticos “más importantes y decisivos” para la vida de los trabajadores, lo cierto es —y así lo silencie, demerite y opaque la gran prensa burguesa— que la tendencia de ascenso del movimiento de masas hacia las Huelgas Políticas de Masas, ha sido el fenómeno político más importante de la lucha de clases en este período, el objetivamente más revolucionario pues tiende a involucrar a la inmensa mayoría de los explotados y oprimidos en una lucha común; es la fuerza política del pueblo opuesta a la nefasta política de conciliación y concertación que en el anterior período de reflujo táctico puso al movimiento de bruces ante los capitalistas, opuesta a la guerra reaccionaria de las fuerzas estatales, paramilitares y guerrilleras, y contraria a la venenosa política de “paz social” con la cual los enemigos y los falsos amigos del pueblo pretenden ahora apaciguar y someter el movimiento a la resignación; así mismo se ha constituido en una forma directa de rechazar el engaño de las farsas electorales, donde además, desde mediados del siglo pasado ha sido predominante el abstencionismo del pueblo, que siendo principalmente caracterizado por el repudio espontaneo de la gente a la falsa democracia de la burguesía, es en sí, una expresión embrionaria de la lucha consciente contra la dictadura de los explotadores y una expresión de la necesidad de avanzar al boicot de la farsa electoral.

La tendencia objetiva del movimiento hacia las Huelgas Políticas de Masas debilita a los gobernantes, desorganiza las componendas de los reformistas y oportunistas con los enemigos del pueblo, y compromete seriamente a los revolucionarios. De ahí que consignas correctas y revolucionarias resuenan en las movilizaciones: ¡Ni el Estado, ni los politiqueros! ¡Sólo el Pueblo Salva al Pueblo! ¡La paz de los ricos es guerra contra el pueblo! ¡El pueblo no se rinde carajo!

El principal peligro y obstáculo que enfrenta la tendencia general del movimiento de masas para concretarse en una gran Huelga Política de Masas a nivel nacional, es la manguala entre el gobierno, empresarios y los jefes reformistas y oportunistas que directamente influyen en la dirección del movimiento. A finales del primer Gobierno de Santos, en el primer semestre del 2014 cuando las Huelgas Políticas de Masas alcanzaban un fuerte desarrollo simultaneo en La Guajira, el Litoral Pacífico y el Putumayo, al no poder apaciguarlas con la fuerza reaccionaria del ESMAD, acudieron a la artimaña de desarmarlas desde adentro, mediante las “mesas de trabajo para resolver los pliegos con representantes del gobierno” a condición de suspender los paros, levantar las huelgas y bloqueos, lo que en realidad significó reemplazar la fuerza de la lucha directa de las masas por unos antros de charlatanería, promesas y dilación, sometiendo al pueblo a la mofa del total incumplimiento de los compromisos, y a la desmovilización general de las masas que se extendió a lo largo del segundo semestre.

Hoy, la defensa de la “paz social” se ha constituido en la base del colaboracionismo con la burguesía por parte de los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos, guerrillas y centrales sindicales, que por su influencia en las organizaciones obreras y de masas, por el apoyo económico y político que les brinda el Gobierno y el Estado, se constituyen en el principal peligro para la unión y generalización nacional de las Huelgas Políticas de Masas, cuya fuerza y persistencia expresan materialmente el rechazo popular al viejo embeleco de confiar la solución de los problemas del pueblo a la elección de los parlanchines del Congreso y de un “nuevo” Gobierno, que no dejará de ser el administrador general de los negocios de los capitalistas. La entrega de los jefes guerrilleros y su renuncia a la lucha armada, fortalece el cretinismo parlamentario de los partidos oportunistas dedicados a infundir ilusiones en un cambio de gobierno y en la remodelación del Estado burgués, los mismos partidos que ahora junto con todos los partidos reaccionarios y reformistas, pretenden convertir las elecciones de 2018 en el “acto político decisivo” de la suerte del pueblo colombiano, cuando en realidad se trata de una nueva gran farsa para desviar la atención de los trabajadores y disuadir sus luchas directas contra el Estado, para contener artificialmente las Huelgas Políticas de Masas, que muy lejos de ser producto del voluntarismo de algunos agitadores profesionales, son impulsadas por la fuerza de la desigualdad social, del hambre, la miseria y el desempleo, del despojo y el desplazamiento, de la superexplotación de los proletarios y la ruina económica de los medianos y pequeños propietarios, de la persecución y asesinato de los dirigentes sindicales y populares, todo lo cual es amparado por el Gobierno de Santos al mando del Estado reaccionario en defensa de los intereses y privilegios de clase de los explotadores capitalistas.

De ahí que la dirección del golpe principal de la táctica revolucionaria deba mantenerse en aislar la influencia reformista y oportunista en la dirección del movimiento de masas, entendiendo por aislar, cambiar las viejas formas de organización del movimiento que degeneraron en formas inservibles para la lucha de las masas, útiles solo para la politiquería y la conciliación con los enemigos, reemplazándolas por nuevas formas de organización para la lucha, tipo Comités —de huelga, de paro, de lucha— cuya unidad se exprese en una Plataforma que recoja las reivindicaciones comunes de las masas, construidas desde la base y donde impere la decisión de las bases en los planes de lucha, en la elección y control directo sobre los dirigentes. Formas independientes de toda politiquería sea de derecha, centro o “izquierda”, revolucionarias por su Plataforma y métodos de lucha, dentro de las cuales las masas puedan desplegar toda su iniciativa y potencial revolucionarios, construidas en fábricas y empresas, barrios y veredas, colegios y universidades, pueblos y ciudades, cuyos representantes de conjunto a nivel local, regional y nacional en Encuentros o Asambleas tomen las decisiones necesarias para avanzar a la generalización de las Huelgas Políticas de Masas.

La tendencia objetiva ascendente del movimiento de masas hacia la generalización de las Huelgas Políticas de Masas, es en la actualidad la forma de lucha base de la táctica revolucionaria para dirigir el movimiento en la conquista de sus reivindicaciones inmediatas, para lograr el máximo avance ahora en la perspectiva estratégica revolucionaria de demoler el poder político y económico de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, aprovechando la división, inestabilidad y desprestigio de los gobernantes. La tendencia del movimiento espontaneo hacia la generalización de las Huelgas Políticas de Masas, es actualmente la forma que mejor expresa y concentra la fuerza de la lucha de los trabajadores para contener la ofensiva de las clases dominantes y el imperialismo contra el pueblo colombiano, ofensiva que el Gobierno de Santos ha centrado en intensificar la superexplotación de los proletarios y la ruina de los pequeños y medianos propietarios de la ciudad y del campo, y así transferir los costos de la crisis a las masas trabajadoras garantizando mayores ganancias a los capitalistas e imperialistas y máxima rentabilidad al capital financiero.

El actual sigue siendo un período táctico de preparación y acumulación general de fuerzas para la revolución, un período para fortalecer la confianza de las masas en el poder que emana de sus propias fuerzas, para reorganizar las filas de las clases revolucionarias, para organizar el Partido de vanguardia del proletariado y bajo su dirección el Frente de clases basado en la alianza obrera-campesina y el ejército popular como parte del pueblo armado. El presente es un período de ofensiva táctica dentro de la defensiva estratégica, en el cual si triunfa la táctica revolucionaria en la dirección del movimiento de masas, la Huelga Política de Masas nacional no será derrotada ni conducido el movimiento a un nuevo período de repliegue y defensiva táctica, sino que el actual, dada la profunda crisis social, la exacerbación de las contradicciones de clase y el desprestigio de los gobernantes, se convertirá en el tránsito a un nuevo período de ofensiva final, de crisis revolucionaria, de insurrección y triunfo de la revolución socialista en Colombia. ¡Avanzar en la unión y generalización de la Huelga Política de Masas! ¡Abajo el podrido Estado burgués! ¡Viva el futuro Estado de obreros y campesinos!

No se puede hablar propiamente de divergencias expresas entre los marxistas leninistas maoístas frente a la táctica de la Huelga Política de Masas, puesto que no se conocen otras formulaciones de táctica que expresen coherencia entre la situación objetiva del movimiento de masas, de sus formas de lucha y organización, y el programa de Nueva Democracia para una sociedad semifeudal y semicolonial abanderado por otras organizaciones. Los hechos puntillosos desmoronan las construcciones doctrinarias que obedecen más a los deseos de los comunistas que a las necesidades del movimiento real. Por eso, la tendencia objetiva del movimiento de masas hacia la Huelga Política de Masas —reconocida por la Unión Obrera Comunista (mlm) desde su fundación en 1998— ha dejado en ridículo el desprecio de algunos comunistas hacia el movimiento de masas por el hecho de no ser todavía armado y ha ido socavando el escepticismo de otros camaradas que de hecho la reconocen en su propio trabajo revolucionario, así todavía haya prejuicio injustificado frente a su denominación exacta.

A nivel internacional existen divergencias expresas entre los marxistas leninistas maoístas frente a las cuestiones de “las formas de lucha” y “la acumulación de fuerzas”, de las cuales se esbozó el deslinde entre la concepción marxista y la oportunista, en la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional.

 

6.                 LA LUCHA DE RESISTENCIA DE LA CLASE OBRERA NO PUEDE AVANZAR AÍSLADA DE LAS HUELGAS POLÍTICAS DE MASAS

En el período de los años 60 y 70 el Movimiento Sindical a cuya cabeza se colocó el Sindicalismo Independiente, cumplió su papel al servicio de la lucha de la clase obrera alcanzando inmemorables conquistas, porque elevó la conciencia de clase de los obreros, frente al carácter irreconciliable de la contradicción entre el capital y el trabajo, que obliga a tratarla con la lucha no con la conciliación; clarificó el verdadero papel del Movimiento Sindical, de sus métodos de lucha, dirección y organización, y la relación de la lucha sindical con la lucha política de la clase obrera por su emancipación definitiva.

El Sindicalismo Independiente cuya línea general es la unidad consciente, por la base y al calor de la lucha, fue derrotado desde adentro por el oportunismo orquestado para imponer como criterio principal de la unidad sindical la unidad de acción, sobre la cual se construyó la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) inaugurando un nuevo período del Movimiento Sindical dirigido por la política burguesa de conciliación de clases, que lo llevó a la postración ante los intereses de la burguesía, a la pérdida de las anteriores conquistas, a convertirse en un movimiento no al servicio de la lucha de clase obrera contra la explotación asalariada sino de la conciliación con los explotadores, no para elevar la conciencia de clase sino para nublarla con las ideas de renunciar a la lucha directa y revolucionaria para dedicarse al regateo leguleyo y politiquero en las instituciones del Estado.

Junto con el inicio del período de ascenso del movimiento de masas en los años 90, se incuban los gérmenes de una tendencia objetiva de descontento y rebeldía contra la dirección burguesa del Movimiento Sindical, tendencia cuyo entendimiento elevado a conciencia obrera expresa la necesidad de reconquistar la independencia de clase, y más exactamente de Reestructurar el Movimiento Sindical, política que deben conocer, comprender y acoger los obreros sindicalizados y no sindicalizados, pues implica su lucha consciente de acuerdo a una Plataforma que declara la base de principios del sindicalismo con independencia de clase, los objetivos del movimiento sindical, su relación con la lucha del movimiento obrero en general, su funcionamiento dentro del centralismo democrático, sus formas de lucha, métodos de dirección, organización y trabajo.

La Reestructuración del Movimiento Sindical como necesidad y tendencia objetiva del movimiento, se expresa adentro y fuera de las centrales sindicales, pero principalmente en los obreros sometidos a la superexplotación de la contratación “tercerizada”, quienes por sí mismos tienden a organizar sindicatos por aparte de las centrales y contra la política que las dirige. La crisis económica y la profundización de la crisis social, que se traducen en más superexplotación, en peores condiciones de trabajo y de vida, obligan a los obreros de base a organizarse y resistir, y obligan a los jefes sindicales patronales a mostrar abiertamente el cobre de su política sindical burguesa interfiriendo la lucha obrera y colaborándole a los explotadores, tal como ya quedaron a la luz sus compromisos con el Gobierno de Santos. Tanto la necesidad obrera de organizarse y luchar verdaderamente por sus reivindicaciones, como la dirección sindical burguesa que la desconoce o la impide, son condiciones que hacen más sentida y urgente la necesidad de una consciente Reestructuración del Movimiento Sindical atendiendo a la tendencia objetiva manifiesta en el crecimiento de la lucha de resistencia económica de los obreros contra la explotación capitalista con más organizaciones por la base, movilizaciones, huelgas, paros, que al dejar en cueros el carácter burgués de la dirigencia de las centrales, aumentan su desprestigio.

Si bien la política de Reestructuración del Movimiento Sindical es conscientemente promovida y difundida por los revolucionarios en miras a una verdadera Central Sindical Revolucionaria, encuentra la resistencia no solo del inmenso poder de las camarillas de las centrales, sino también la resistencia al interior del Movimiento Sindical por la influencia de partidos oportunistas que disimulan la crisis del sindicalismo burgués reduciéndola a un problema de “burocratismo en la dirección”, que desconocen el degenero burgués de la democracia sindical y sueñan con “democratizar la dirección de la CUT” cuya organización se rige por métodos burgueses electivos y de control que convirtieron a su dirección en una camarilla intocable. Tal defensa solapada del sindicalismo burgués, se hace llamar “sindicalismo clasista” y tiene apoyo de gente revolucionaria que vacila frente a la esencia del problema.

La línea de Reestructuración del Movimiento Sindical es una posición correcta porque se corresponde con la necesidad objetiva del movimiento, responde al propósito consciente de no pocos sectores de base, cuenta con el potencial respaldo de las nuevas organizaciones de obreros tercerizados de hecho tratados como “ilegales” por los patronos y el gobierno, de viejas organizaciones que pueden retornar al camino correcto, y de la mayoría de obreros que están por fuera del movimiento sindical. Sin embargo, por ser una línea para una lucha consciente, requiere del trabajo esmerado de los revolucionarios y comunistas, cuya impotencia en el Movimiento Sindical no permite concretarla con más celeridad.

Si reconquistar la independencia de clase del Movimiento Sindical implica elevar la conciencia política de los obreros y luchar guiados conscientemente por una Plataforma, entonces la educación de los obreros en los principios del sindicalismo revolucionario y su clarificación ideológica, sigue siendo la tarea clave y más importante para avanzar en la lucha por reconquistar la independencia de clase del Movimiento Sindical, lucha cuya dirección del golpe principal debe ser aislar la influencia del oportunismo y del reformismo en la dirección de los sindicatos, denunciando a los recalcitrantes jefes traidores y su contubernio con los gobernantes, desenmascarando toda vacilación o intento de disuadir y apaciguar la lucha directa, por parte de los jefes intermedios de los partidos oportunistas que vacilan entre los intereses de las camarillas y los intereses de las bases, entre la politiquería y el ascendente empuje de la resistencia directa de los obreros; lucha que prácticamente implica tomar la iniciativa en la movilización, organización y educación de los sectores más de abajo del proletariado, principalmente —no únicamente— de los obreros tercerizados, y sin importar si son o no parte de las Centrales Sindicales, de los sindicatos de base que han demostrado ser más activos en la rebelión contra el sindicalismo burgués; lucha que exige dar forma material a la unión de los obreros identificados con las ideas del sindicalismo revolucionario, en Federaciones independientes como formas para avanzar a una Central Sindical Revolucionaria.

En el proceso de Reestructuración del Movimiento Sindical, la responsabilidad de los revolucionarios y comunistas, implica no solo luchar por reconquistar la independencia de clase del Movimiento Sindical, sino también, hacer consciente y masiva la participación del Movimiento Sindical en las Huelgas Políticas de Masas que concentran la lucha general inmediata de todos los trabajadores, incluidos los obreros, contra la superexplotación y la opresión política.

La lucha de resistencia a la explotación capitalista, origen y clásica razón de ser de los sindicatos, significa hoy en Colombia luchar por un alza general de salarios, por salud, educación y vivienda para el pueblo, así mismo, la lucha del Movimiento Sindical contra el terrorismo de Estado que persigue, desaparece y asesina obreros por el solo hecho de ser dirigentes sindicales conscientes y anti-patronales, son todas reivindicaciones comunes con la Plataforma consciente de las Huelgas Políticas de Masas, porque son problemas no exclusivos de los obreros sino de todo el pueblo, porque resolverlos implica juntar las fuerzas de la clase obrera a las del resto de trabajadores para exigirlos ya no a un patrón o grupo de patronos, sino directamente al Estado representante de todos los explotadores; ya no solo con la mera lucha económica de resistencia sino con la lucha política de las masas, cuya forma es hoy la Huelga Política de Masas directamente contra el Gobierno y el Estado. No por casualidad, el salario obrero es el único aspecto que ni gobernantes ni capitalistas mientan en sus altisonantes planes económico-sociales, y siendo un problema que afecta a la mayoría de la población, impone conquistar un alza general de salarios con la lucha de todas las masas trabajadoras.

 

7.                  DOS TÁCTICAS FRENTE A LA PROFUNDA CRISIS SOCIAL

La táctica reformista parte de considerar que las contradicciones entre el trabajo y el capital entre el pueblo y el Estado, entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, son todas contradicciones reconciliables.

Aunque tradicionalmente en Colombia el reformismo ha tenido como principal la lucha electoral y parlamentaria, también ha aceptado la lucha armada de las guerrillas cuyos jefes se sientan a manteles hoy con la burguesía, porque ha sido una lucha armada no de las masas, sino de grupos que dicen “luchar por las masas”, no para suprimir las causas y causantes de la explotación y opresión del pueblo, sino para forzar a los explotadores a “humanizar” la explotación, “democratizar” el capital, “suprimir los excesos” de los monopolios, “remodelar” el Estado reaccionario y “proteger la soberanía” de la nación.

Tal es el contexto y el límite de la táctica de lucha reformista contra la dominación y el saqueo del imperialismo y sus monopolios, contra las clases dominantes y su terrorismo estatal y paramilitar. Los hechos demuestran que la lucha reformista —electoral, parlamentaria y armada— no tiene una perspectiva revolucionaria; por esa vía siempre han perdido los trabajadores y ganado los explotadores. El norte de la táctica reformista es la conciliación de clases que solo sirve al fortalecimiento del poder económico de los explotadores y de su dominación política, de su dictadura de clase.

La táctica reformista de conciliación de clases ha sido plenamente abrazada por los partidos oportunistas, varios de los cuales han ido desdibujando su característica de proclamarse partidarios del marxismo o del comunismo y defensores de los intereses de clase del proletariado, de tal forma que se han ido apelmazando con los partidos reformistas burgueses y pequeñoburgueses demócratas, socialdemócratas, radicales, liberales, progresistas, verdes, ciudadanos etc. De este apelmazamiento es prototipo el Polo Democrático en el cual conviven bajo un mismo programa reformista burgués, liberales y moiristas. También existen en Colombia partidos oportunistas llamados a sí mismos “comunistas”, “socialistas”, “marxistas-leninistas” y hasta “maoístas”, que programáticamente proclaman la necesidad de la revolución, del socialismo y el comunismo, pero cuya táctica se centra en la lucha electoral, el parlamentarismo y el legalismo burgués, en el propósito de convertirse en “gobierno democrático” dentro de un “Estado social de derecho”, para transitar pacíficamente al socialismo a través de la anacrónica revolución democrática o revolución burguesa. Los oportunistas no niegan la lucha de clases, pero renuncian a su necesaria dirección revolucionaria hacia un nuevo Estado de Dictadura del Proletariado. Su apoyo abierto o velado a la paz de los ricos, desnuda la profunda identidad de los partidos oportunistas colombianos con la raíz ideológica del revisionismo internacional: renegar de la violencia como partera de la historia, renegar de la lucha armada como medio para hacer la revolución, declararse en defensa de la transición pacífica, lo cual por su puesto, satisface no solo a la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, sino también a la franja demócrata burguesa y socialdemócrata donde se enmarcan muchos intelectuales blandengues que se arrepintieron de haber sido revolucionarios para convertirse en simples politólogos críticos de los desmanes de la burguesía y de las lacras del capitalismo.

La táctica reformista basada principalmente en la lucha electoral y parlamentaria de la democracia pequeñoburguesa, se complace con tener representantes entre los parlanchines del establo parlamentario ocupando el lugar de “oposición oficial” tan necesario para tapar la hipocresía de la democracia burguesa; sus denuncias y alegatos, cuando más, no pasan de ser doctas demostraciones de las consecuencias y calamidades devenidas del sistema económico, social y político capitalista, buscando siempre las causas y soluciones en el terreno de la política burguesa y de sus leyes. Jamás van a las verdaderas causas económicas de los males sociales y mucho menos a la necesaria forma de suprimirlas. Aunque siempre la democracia pequeñoburguesa ha pretendido ser gobierno nacional, solo ha podido ejercerlo en ciudades y departamentos, y lo ha ejercido como cualquier burgués de cuna con corrupción incluida, contra el pueblo y en favor de los poderosos dueños del capital. Algunas pequeñas enmiendas populares han sido intranscendentes porque no resuelven sus problemas básicos pero sí sirven para disimular las lacras del sistema y condicionar la conciencia social a la idea de que se puede vivir sin cambiar el sistema, porque sus dádivas no pesan nada frente al ejercicio general que han hecho del poder de la burguesía, de su dictadura de clase sobre el pueblo, para aumentar las superexplotación. Ha sido tan escandalosa y corrompida la actuación gobernante burguesa de la democracia pequeñoburguesa, que por sí mismo su descrédito es percibido por las masas del pueblo, siendo ya común el decir “gobiernan igual que los rancios partidos tradicionales”.

Las luchas directas de los sindicatos y de las masas trabajadoras son tenidas en cuenta por la táctica reformista para suprimirles las formas y métodos revolucionarios, desviándolas de toda perspectiva verdaderamente liberadora, para colocarlas al servicio de la contienda electoral y el parlamentarismo, para cautivar una base social necesaria en el regateo con la burguesía. Es aquí donde peor daño hace la táctica reformista, porque inocula su concepción burguesa de conciliación de clases o “paz social” —como se le denomina ahora— directamente en la conciencia de los trabajadores.

El viraje de las clases dominantes con el Gobierno de Santos hacia la “paz con las guerrillas”, cayó como anillo al dedo a la política de “colaboración de clases” de la táctica reformista, que de inmediato se alineó y adecuó a la táctica burguesa, promoviendo el apoyo a la reelección de Santos y a su programa de “paz”, con quien ya la democracia pequeñoburguesa había obtenido la Vicepresidencia, luego el Ministerio de Trabajo y una Alta Consejería… y hace poco fue denunciado el nombramiento de los hijos de un jefe de la CUT y de Fecode en el Consulado de Boston USA y en una Gerencia de Ecopetrol. Esto de los cargos gobernantes en gentes que provienen del reformismo, en un comienzo ilusiona a algunos sectores de trabajadores pero vistos los resultados, despierta la indignación de las masas al ver convertidos en sus propios opresores a gentes con pasado en el partido “comunista” mamerto y en la presidencia de la CUT. El cogobierno con la burguesía ha incrementado el desprestigio del oportunismo y ahondado las divisiones internas del reformismo. El compromiso de apoyo directo, abierto y desvergonzado de la democracia pequeñoburguesa con el Gobierno de Santos, es en el fondo un compromiso con la dictadura de la burguesía, que no se puede disimular con la explicación de “apoyamos la paz no al Gobierno”, como tampoco lo puede remediar la posición de los otros partidos oportunistas que sin estar formalmente en el compromiso, lo respaldan con su línea de “solución política del conflicto armado” y de apoyo a la política de “paz social”. El respaldo del reformismo a “la paz” de los ricos, ha mitigado temporalmente la disgregación del oportunismo pero no su desprestigio, pues deja al descubierto el compromiso real de los partidos oportunistas con los enemigos del pueblo. Ante tantas evidencias, no tardarán los días cuando las masas del pueblo, los obreros sindicalizados o no sindicalizados, los despojados por la guerra, los burlados guerrilleros de base, entiendan todos la necesidad de tomar en sus propias manos los destinos de sus organizaciones y revocar el poder de los jefes oportunistas políticos y sindicales, por ser lugartenientes al servicio de la burguesía y su régimen de opresión y explotación.

La política de “paz social” de la táctica reformista es hoy el mayor peligro para la lucha del pueblo colombiano, porque replica y amplifica en las filas trabajadoras la mentirosa paz de los ricos, la extiende de un acuerdo con jefes guerrilleros a las relaciones entre las clases irreconciliables de la sociedad, mientras induce al pueblo a declinar su lucha directa bajo la creencia de que “terminó la guerra” y todo se va a arreglar en armonía, quedan libres los enemigos para arreciar su dictadura y terrorismo de Estado, apelando como siempre a lavarse las manos achacando la responsabilidad a las “fuerzas oscuras”.

La política de “paz social” es hoy el principal contra-ataque a los esfuerzos de los revolucionarios y comunistas por elevar la conciencia política de las masas y unir sus distintas manifestaciones de lucha, reorganizar las filas de las clases trabajadoras con independencia de los enemigos explotadores y de los falsos amigos politiqueros, cumplir la tarea de construir el Partido político del proletariado al calor de la lucha de clases en el rumbo de la Revolución Socialista.

La táctica revolucionaria, encuentra en las contradicciones antagónicas de la sociedad colombiana el motor y fuente de la fuerza social que las habrá de resolver por medio de la revolución socialista, hacia la cual objetivamente se dirige la aguda lucha de clases actual, cuya tendencia principal es el ascenso del movimiento espontaneo de masas hacia las huelgas políticas, principal forma de lucha política del pueblo, amplia, abierta y todavía desarmada, que exige nuevas formas de organización independientes tanto de los enemigos como de los falsos amigos del pueblo, siendo la dirección del golpe principal aislar la influencia reformista y oportunista en la dirección del movimiento de masas, la tarea central de los comunistas construir el Partido político del proletariado, e indispensable ligar la lucha de masas actual con la necesidad de la guerra popular, una guerra distinta y diametralmente opuesta a la guerra reaccionaria, por ser la guerra justa de los obreros y campesinos que mediante una insurrección derrocará el poder político de los capitalistas e instaurará un nuevo poder político de los trabajadores para barrer por siempre las profundas causas de la explotación, de la desigualdad y de la división de la sociedad en clases antagónicas.

La calamitosa crisis económica, la profunda crisis social, el desprestigio del Gobierno de Santos, las fuertes contradicciones inter-burguesas, el descrédito del oportunismo casado con la política pacifista de la burguesía, son todas condiciones muy favorables a la táctica revolucionaria de unir y generalizar las huelgas políticas de masas, unir y reestructurar el movimiento sindical ligando su lucha con las del pueblo, organizar las fuerzas revolucionarias principalmente las del proletariado y su Partido de vanguardia.

Condiciones muy favorables para el trabajo de los comunistas de enseñar a las masas a distinguir a sus verdaderos amigos y enemigos, para elevar en el curso mismo de la lucha directa de las masas su conciencia política sobre el carácter irreconciliable de la contradicción con los enemigos reaccionarios, donde todos los imperialistas, todos los terratenientes y toda la burguesía y sus facciones llámense santistas o uribistas, son enemigos a muerte del pueblo; sobre el nefasto papel del reformismo en general y del oportunismo en particular, como lugartenientes de los opresores y quintas columnas del sistema de la esclavitud asalariada. La política de conciliación de clases y de “paz social” aprieta los grilletes de la explotación y opresión sobre los trabajadores. La política de lucha independiente y revolucionaria de las masas, hará saltar las cadenas de la esclavitud asalariada y destrozará el látigo dictatorial de los capitalistas. ¡Contra la dictadura de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo… Avanzar a la generalización nacional de la Huelga Política de Masas! ¡Viva la Revolución Socialista! ¡Adelante en la preparación del Congreso del Partido!

 

                                                                                                   III.            Tareas de los Comunistas

 

1.                 TAREAS GENERALES DE LA TÁCTICA REVOLUCIONARIA

Frente a la crisis económica del capitalismo mundial

Hacer propaganda comunista sobre las causas profundas de la crisis: la exacerbación de la contradicción fundamental del sistema, la anarquía de la producción en un sistema a cuyo mando está la ganancia, la incompatibilidad del sistema de la explotación asalariada con la sociedad mundial, con el trabajo mundial, con las fuerzas productivas mundiales.

Luchar contra la transferencia a los trabajadores de los costos de la crisis económica del capitalismo mundial, denunciando los emplastos anti-crisis burgueses y los alternativos pequeñoburgueses, y llamando a aferrarse a la Revolución Proletaria Mundial, única solución de fondo para barrer del planeta el sistema capitalista y sus crisis económicas.

Concretar a las condiciones del país la denuncia de las consecuencias directas de la crisis económica sobre los obreros y campesinos (ruina, cierres de empresas, despidos, rebaja del salario).

Aprovechar la crisis en Venezuela para explicar la crisis económica del capitalismo y los problemas que conlleva para el conjunto de la clase obrera tanto venezolana como colombiana.

Estar alerta sobre el peligro de los brotes de nacionalismo burgués debido a los emigrantes venezolanos, pues si bien existe la solidaridad del pueblo colombiano, el hecho de ser una competencia extranjera en la venta de la fuerza de trabajo, puede generar rechazo nacionalista, lo cual amerita de los comunistas hacer un llamado a la unidad de los trabajadores venezolanos y colombianos en contra de sus burguesías y luchar mancomunadamente por mejorar las condiciones laborales y contra el sistema de explotación asalariada.

Hacer propaganda y agitación sobre la necesidad de la revolución para resolver de raíz el problema de las crisis económicas, aprovechando los hechos, para relacionar la crisis económica, la crisis social y la revolución. Agitar la consigna revolucionaria: ¡El capitalismo imperialista está en crisis! ¡Viva el Socialismo y el Comunismo!

Frente al imperialismo, la crisis social y las guerras reaccionarias

Elevar la conciencia política de las masas sobre el lugar histórico del imperialismo, fase superior y última del capitalismo, capitalismo agonizante, capitalismo en descomposición, antesala del socialismo.

Apelar a la movilización de las masas, principalmente las del proletariado, es la orientación política revolucionaria para la actuación de los comunistas en la labor política de transformar la crisis social mundial en crisis revolucionaria, de detener con la revolución la destrucción imperialista de la naturaleza, las guerras locales reaccionarias y los preparativos imperialistas de una guerra mundial, o transformarla en guerra civil revolucionaria, en guerra popular contra todo el poder del capital.

Intensificar la actividad política internacionalista, promoviendo la movilización revolucionaria de los proletarios y pueblos del mundo con las consignas revolucionarias ¡No a la guerra imperialista! ¡Ningún apoyo popular a la burguesía imperialista! ¡Todos los imperialistas son enemigos a muerte de los pueblos del mundo!

Frente al Estado y al Gobierno

Denunciar al Estado, al Gobierno, a los enemigos del pueblo, al pacifismo burgués y su demagogia, llamando a oponerles la lucha directa del pueblo y a trabajar por la única solución de fondo, la Revolución Socialista.

Elevar la conciencia política de las masas sobre el carácter de clase del Estado, de sus leyes e instituciones; mediante la educación, la agitación y la propaganda, socavar la fe supersticiosa del pueblo en el poder del Estado como fuerza casi sobrenatural y por encima de las clases; combatir la prédica oportunista de la sumisión al poder político de la burguesía, y de la esperanza en los intermediarios politiqueros en el Congreso y el Gobierno. Agitar la consigna revolucionaria: ¡Abajo el podrido Estado burgués, Viva el Futuro Estado de Obreros y Campesinos!

Frente a la guerra y la paz

Redoblar esfuerzos en la elevación de la conciencia política de las masas, a través de la agitación y la propaganda por todos los medios, explicando la cuestión de la guerra y la paz en Colombia y apelando especialmente a la agitación política viva frente a todos los hechos de guerra contra el pueblo.

Denunciar el carácter reaccionario de la guerra, una guerra burguesa por la renta capitalista extraordinaria de la tierra y contra el pueblo.

Denunciar la esencia económica del “acuerdo de paz”, la legalización del despojo a los pobres del campo y el impulso al desarrollo del capitalismo en la agricultura por la vía reaccionaria.

Desenmascarar la farsa “del fin de la guerra” y “la paz social”, pues no se suprimen las causas de la guerra reaccionaria, no se suprimen las contradicciones irreconciliables entre las clases donde unas se enriquecen a costa de la explotación del trabajo de otras.

Estrechar lazos con las masas del campo, para elevar su conciencia sobre la verdad de la guerra y la paz en Colombia, con especial atención en la agitación y propaganda destinadas a los campesinos e indígenas que frecuentemente se movilizan y bloquean importantes vías del país, así como a las masas de las zonas de guerra y a los guerrilleros de base.

Combatir la podrida teoría revisionista de la transición pacífica, retomando en el terreno teórico la defensa de los principios del Marxismo Leninismo Maoísmo sobre la violencia revolucionaria, la política como la expresión concentrada de la economía y la guerra como política con derramamiento de sangre.

Alianza y unidad con quienes estén contra el engaño de la “paz social”, alianza con las expresiones revolucionarias de la pequeña burguesía, con más habilidad e iniciativa para hacer acuerdos y atraer nuevos sectores; unidad con las expresiones revolucionarias en el movimiento sindical, tomando como rasero para distinguirlas el rechazo al compromiso abierto pacifista del sindicalismo burgués con los enemigos; unidad con otros comunistas y revolucionarios para contrarrestar, neutralizar y derrotar la influencia pacifista al interior del movimiento de masas.

Llamar a los revolucionarios y guerrilleros de base que guardaron esperanzas en la guerra de las Farc, a aceptar la verdad de los hechos del sometimiento de sus jefes al Estado de dictadura de clase de los explotadores, para convencerse de que su guerra hizo parte de una guerra contra el pueblo y no de una guerra popular revolucionaria; que el camino no es la claudicación ante el Estado opresor, sino la vinculación a las luchas del pueblo y de los revolucionarios por una verdadera emancipación.

Llamar a todos los revolucionarios y comunistas a redoblar esfuerzos en la vinculación a las masas, principalmente a las del proletariado, para movilizarlas generalizando la consigna que ya encuentra eco en el movimiento: ¡La paz de los ricos es guerra contra el pueblo!

Frente al colaboracionismo oportunista con la burguesía

Denunciar sin descanso y explicar a los trabajadores, el compromiso pacifista reaccionario y servil de los jefes reformistas y oportunistas de los partidos y de las centrales sindicales con los antagónicos enemigos del pueblo.

Aprovechar el compromiso del oportunismo con la política burguesa de la “paz social”, para clarificar la conciencia de las masas sobre el papel del oportunismo como lugarteniente de la burguesía en el movimiento de masas en general y en el movimiento obrero en particular.

Frente al engaño del camino electoral y de la politiquería parlamentarista

Denunciar la farsa electoral del 2108 como una trampa armada por el gobierno y los partidos de los enemigos y de los falsos amigos del pueblo, para dividirlo alrededor de las banderas de sus opresores, someterlo al adormecimiento de la hipócrita democracia burguesa, distraerlo y desmovilizarlo con el señuelo de los representantes politiqueros y sus trámites en el gobierno y el congreso.

Hacer de toda campaña electoral, una ocasión propicia para amplificar en las filas del pueblo la agitación y propaganda sobre el carácter de clase de la democracia burguesa, la esencia del Estado burgués y la necesidad histórica de un nuevo Estado de obreros y campesinos.

Frente a las huelgas políticas de masas

Apoyar la lucha directa y masiva del pueblo colombiano en las Huelgas Políticas de Masas, trabajando por unirlas y generalizarlas, por ser la forma de lucha principal actual en la lucha de clases de la sociedad colombiana, diametralmente opuesta a la política burguesa y oportunista de la “paz social”, de la charlatanería parlamentaria y de la lucha politiquera electoral.

Entender que las Huelgas Políticas de Masas siendo la forma principal de lucha ahora, no se corresponden todavía con una crisis revolucionaria pre-insureccional, pero son una excelente condición objetiva para la reorganización de las fuerzas de la revolución, tanto de la fuerza principal —la alianza obrero-campesina— llamada a resolver por medio de la violencia revolucionaria de las masas —por medio de una verdadera guerra popular— los problemas en los cuales el capitalismo imperialista ha sumido a toda la sociedad, como de la fuerza dirigente, el proletariado, cuya expresión consciente en un partido político, es la necesidad más apremiante de la revolución.

Construir y fortalecer las formas de organización independiente de las masas del tipo de las Asambleas Populares, Comités de Huelga, de Paro, de Lucha, pues son las que mejor se corresponden a la forma de lucha de las Huelgas Políticas de Masas, para unirlas y generalizarlas.

Contribuir a fundir con las Huelgas Políticas de Masas, la Plataforma de Lucha del Pueblo Colombiano propuesta por los Comités de Lucha, proponerla como base de unidad de toda forma de organización independiente, agitar y generalizar la consigna: ¡Por el derecho al trabajo, alza general de salarios, salud, educación y vivienda para el pueblo, restitución de la tierra a los desplazados y reparación integral a las víctimas de la guerra reaccionaria! ¡Unir y Generalizar las Huelgas Políticas de Masas!

Llamar a todos los oprimidos y explotados muy especialmente a la clase obrera y su movimiento sindical, a unirse al camino de la lucha directa, de la huelga política de masas, aprovechando las contradicciones inter-burguesas que debilitan el poder de los enemigos.

Llamar a los desplazados victimizados en la guerra reaccionaria y burlados en el “acuerdo de paz”, a no seguir confiando en que las instituciones gubernamentales de sus victimarios les van a resolver los problemas, a unirse a las huelgas políticas del pueblo colombiano contra el Estado y los capitalistas, verdadera lucha y fuerza para exigir solución a las necesidades de los desplazados en trabajo, vivienda, salud, alimentación, educación, restitución de la tierra y reparación integral a las víctimas. La causa del no cumplimiento de sus reivindicaciones no tiene que ver con que supuestamente les vayan a cumplir a las bases de la guerrilla, por tanto no se puede perder de vista a los verdaderos responsables de su tragedia: los grandes burgueses y terratenientes en alianza con grandes monopolios imperialistas.

Contra los embelecos de las llamadas “mesas de trabajo” dilatorias y desmoralizadoras, de los firmatones y referendos revocatorios, persistir en inculcar en el movimiento de masas confianza en su lucha y en sus propias fuerzas, clarificando y promoviendo la utilización de los verdaderos métodos directos y desde la base para tomar y ejecutar las decisiones de las masas como hacedoras de la historia, sin depender de los enemigos ni de los intermediarios politiqueros.

Sintetizar la experiencia de la lucha armada rudimentaria de las masas contra las fuerzas armadas del Estado, donde han propinado varias derrotas al Esmad, para generalizarlas en la perspectiva de un salto general en las formas de lucha del pueblo.

Generalizar la consigna que ha ido calando en el movimiento: ¡Ni el Estado, ni los politiqueros, Solo el Pueblo Salva al Pueblo!

Frente a la lucha sindical de la clase obrera

Trabajar por la independencia de clase del movimiento sindical con la política de la Plataforma para su Reestructuración, persistiendo en dar prioridad al trabajo con los sindicatos nuevos y los obreros más superexplotados.

Mantener como eje central del trabajo la tarea de la educación permanente de la base, aunada al trabajo de movilización, lucha directa y organización de sindicatos independientes incluso de las centrales, unidos en Federaciones independientes, con la consigna: ¡Unidad consciente por la base y al calor de la lucha!

Confiar en la iniciativa creadora de las masas, dándoles una orientación más amplia que arme ideológicamente a las bases en la necesidad de organizar Federaciones independientes evitando cometer el viejo error de un independentismo opuesto a la unidad en una Central Sindical Revolucionaria.

Como parte de la lucha teórica, adelantar la polémica sobre la unidad del movimiento sindical, la unidad consciente y la unidad de acción, para establecer un deslinde claro con la corriente llamada “clasista” que está atravesada en el camino de la reestructuración del movimiento sindical.

Llamar a los revolucionarios y marxistas leninistas maoístas a unir fuerzas en la lucha por la independencia de clase del movimiento sindical como parte integral de la lucha por la independencia ideológica, política y organizativa de la clase obrera, cuya máxima expresión es su constitución en Partido político aparte y distinto de los partidos de las demás clases.

Frente a la situación del Movimiento Comunista Internacional

Difundir y defender la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional, es la tarea principal internacionalista de la Unión en la lucha contra la confusión ideológica que implica vencer el revisionismo avakianista —peligro principal para la unidad— la vacilación y el eclecticismo del centrismo y las manifestaciones de oportunismo de “izquierda”; es el principal punto de apoyo ahora para contribuir al fortalecimiento del matiz marxista leninista maoísta, a la profundización de la lucha de líneas, al deslinde con el oportunismo, a la reconquista del método marxista de la discusión pública y a la preparación de una nueva Conferencia Internacional de los marxistas leninistas maoístas. La derrota del revisionismo y del oportunismo en toda la Línea General es la condición principal para avanzar en la unidad internacional de los comunistas, siendo vigente la consigna: ¡La unidad internacional de los comunistas exige la derrota del revisionismo avakianista, del centrismo y de toda forma de oportunismo!

Promover y participar en las actividades conjuntas con comunistas de otros países, en solidaridad internacionalista con las avanzadas de la Revolución Proletaria Mundial, en apoyo y estímulo a la lucha mundial del proletariado y de los pueblos del mundo contra el imperialismo y las clases reaccionarias, y este año especialmente, en conmemoración del Centenario de la Gran Revolución de Octubre.

Atender los llamados a participar en la anunciada nueva Conferencia Internacional u otros eventos de ese carácter, manteniendo la lucha de principios de acuerdo con la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional.

Trabajar por el acercamiento, reuniones, discusión y coordinación con los marxistas leninistas maoístas de otros países —especialmente con quienes ya se ha compartido la defensa de cuestiones fundamentales del Marxismo y la Revolución Proletaria Mundial— tomando como criterio la discusión de la propuesta de Línea General, sabiendo que sin un deslinde a profundidad con el oportunismo en toda la Línea General, cualquier reagrupamiento organizativo será endeble, ecléctico, de corta vida, y seguirá pendiente sin resolver el principal problema actual de la Revolución Proletaria Mundial, cual es, la necesidad de organizar un centro ideológico y político internacional marxista leninista maoísta.

Sin infringir la severa discreción conspirativa, utilizar más a fondo los medios digitales de comunicación social en las relaciones con el Movimiento Comunista Internacional, sabiendo que inevitablemente ello se convierte en otro terreno de la lucha líneas contra el derechismo de hacerlo todo por internet y contra el “izquierdismo” de considerarlo un instrumento del enemigo no útil para el trabajo revolucionario.

¡El capitalismo imperialista está en crisis! ¡Viva el Socialismo y el Comunismo! es hoy el grito mundial de combate de los comunistas contra el agonizante sistema capitalista imperialista que pronto será sepultado por la Revolución Proletaria Mundial para dar paso al nuevo sistema socialista cuyas premisas materiales ya han sido creadas por el imperialismo. Un desenlace, cuya demora en las condiciones actuales, depende, sobre todo, del elemento subjetivo, del elemento consciente, cuya tarea inmediata es unir y organizar el cuartel general de la Revolución Proletaria Mundial, el destacamento de vanguardia del proletariado mundial, la nueva Internacional Comunista basada en el Marxismo Leninismo Maoísmo.

 

2.                 EL PLAN GENERAL DE LA TÁCTICA REVOLUCIONARIA

Si bien el movimiento espontaneo de masas ha mantenido una línea tendencial ascendente por varias décadas, a lo largo de las cuales también ha sido creciente la agudización de las contradicciones de clase, la crisis de los gobernantes y de su sistema de opresión y explotación, tales condiciones objetivas contrastan con un período igualmente largo de atraso de los comunistas en cuanto a su papel como movimiento consciente de fundir las ideas del socialismo con el movimiento obrero y de masas. El movimiento comunista en Colombia se divide en dos grandes concepciones programáticas —Revolución de Nueva Democracia y Revolución Socialista— que se corresponden a dos muy distintas caracterizaciones de esta sociedad semicolonial —como semifeudal unos y capitalista otros—; su situación es de dispersión en pequeños grupos a medio camino entre dejar de ser círculos locales y tomar cuerpo en organizaciones nacionales, y de debilidad e impotencia en la lucha política de las clases.

La Unión Obrera Comunista (mlm) dispuesta desde su fundación a contribuir en la unidad de los comunistas, primordial necesidad de la revolución proletaria, propuso un Programa estratégico para la Revolución Socialista en Colombia y trazó una Táctica Revolucionaria para avanzar en la dirección de ese Programa, Táctica basada en el análisis permanente de la situación actual, cuya tarea central es la construcción del Partido de vanguardia de la clase obrera, el Partido Comunista Revolucionario de Colombia como parte de una nueva Internacional Comunista. La tarea central de esta Táctica es diametralmente opuesta a las concepciones tácticas de otros marxistas leninistas maoístas, que sin ser bien elaboradas y formuladas, han propendido en distintos momentos por la construcción de un Frente anti-imperialista o la construcción de un Ejército, como tarea central del período táctico.

Bien declaró la Unión en el año 2004: “El proletariado no necesita un partido que marche a la cola del movimiento espontáneo, ni tras la democracia antiimperialista pequeño­burguesa. Necesita un Partido de corte bolchevique que lleve la conciencia socialista al movimiento obrero, que organice su lucha de clase y la dirija hacia su meta mundial y objetivo final: el socialismo y el comunismo. Esta es la causa por la cual la Unión Obrera Comunista (mlm) existe, lucha y ahora ha decidido marchar hacia el Congreso del Partido”. Desde el punto de vista estratégico la necesidad del partido del proletariado es condición indispensable para que éste se exprese y luche como clase consciente; es el dispositivo para organizar y garantizar el triunfo de la insurrección sobre el Estado pro-imperialista de la burguesía y los terratenientes; para dirigir la instauración del nuevo Estado de Dictadura del Proletariado; y para dirigir la continuación de la revolución bajo la Dictadura del Proletariado hasta que acabe la división de la sociedad en clases y con ellas desaparezca la necesidad de los partidos.

De acuerdo al contenido, fuerzas y objetivos del Programa para la Revolución en Colombia propuesto por la Unión, y teniendo en cuenta la situación objetiva del grado de conciencia y organización de la fuerza dirigente —el proletariado— y de la fuerza principal de la revolución —la alianza obrero-campesina—, este largo período de la lucha de clases en el país ha sido y sigue siendo todavía de ofensiva táctica dentro de la defensiva estratégica; no es todavía un período de crisis revolucionaria.

La construcción del partido político del proletariado sigue siendo la tarea central del período, e involucra a todos los comunistas revolucionarios, y aunque es un proceso especial del movimiento consciente, con luchas o contradicciones —unir la teoría del socialismo con la práctica de la revolución, vincularse estrechamente a las masas, mantener una actividad constante de investigación científica de la realidad, manejar conscientemente la lucha entre lo viejo y lo nuevo, desarrollar con acierto la lucha de líneas y, luchar por la unidad— que determinan, si se resuelven correctamente, el triunfo en su construcción, no es aislado de la situación y la lucha del movimiento de masas, ni de la situación y lucha por la unidad del Movimiento Comunista Internacional.

El Plan general de la Táctica Revolucionaria en este período, que en esencia es el plan de construcción del Partido, hace necesarias varias tareas a la vez, no como tareas paralelas sino íntimamente relacionadas. La construcción y desarrollo de la organización de los marxistas leninistas maoístas en Colombia —que implica la discusión programática en sus filas—, no puede hacerse sino en medio de la lucha por dirigir revolucionariamente el movimiento espontaneo de las masas, a la vez que como parte de la lucha para contribuir a la unidad internacional de los comunistas. En otras palabras, la tarea central de la Táctica Revolucionaria en todo el período ha conjugado distintos procesos inseparables: la unión de todos los marxistas leninistas maoístas en un solo partido, la unión de todo el pueblo en una gran huelga política de masas, y la unión de los marxistas leninistas maoístas en una sola organización internacional.

El Plan general de la Táctica Revolucionaria de la Unión Obrera Comunista (mlm) se ha caracterizado por unos componentes específicos y la lucha por asumirlos y desarrollarlos permanentemente:

Investigación científica de la realidad y desarrollo de la teoría

La Táctica Revolucionaria trazada por la Unión tiene un firme soporte y guía en su línea estratégica programática, militar y de masas, y en el análisis permanente de la situación nacional e internacional. En cuanto al desarrollo de la teoría, si bien se ha trabajado con una Comisión especializada en investigación y unos planes de largo alcance como es el de la situación agónica del imperialismo, la inestabilidad en su composición con especialistas en investigación limita la continuidad del trabajo y sus resultados, lo cual se ha reflejado en los altibajos de la labor teórica.

Lucha teórica y discusión programática

La lucha teórica desarrollada especialmente en la Revista Negación de la Negación, ha sido atendida por la organización no principalmente en polémica con teorías ajenas al marxismo originadas en el país, sino con sus progenitores en el Movimiento Comunista Internacional, sobretodo en defensa intransigente del marxismo leninismo maoísmo contra las teorías revisionistas surgidas en el extinto Movimiento Revolucionario Internacionalista.

La discusión programática con los marxistas leninistas maoístas del país, defensores de la concepción programática de un país campesino semifeudal o de la variante que disloca la lucha anti-imperialista de la lucha de clases, ha resaltado que el fondo, el punto central y clave de la discusión es salvar o derrotar el capitalismo y ha sido librada por medio del periódico Revolución Obrera, por entregas algunas de las cuales han sido recopiladas e impresas en folletos.

La necesidad de una Conferencia de organizaciones marxistas leninistas maoístas que organice las tareas prácticas para realizar el Congreso del Partido, y que no sea una Conferencia ecléctica para disimular la debilidad e impotencia de los grupos, depende por entero del desarrollo de la discusión programática, que en Colombia ha tropezado con no pocas adversidades. La confusión en el movimiento, la influencia de teorías del Movimiento Comunista Internacional ligadas más a reverenciar la naturaleza “infalible” de los jefes que a reconocer el movimiento real de la sociedad, el desprecio por el programa que tiene historia propia en Colombia, la subestimación de la lucha teórica pública que impuso el Movimiento Revolucionario Internacionalista, y los asombrosos cambios en el desarrollo económico social, son todas condiciones que han socavado el piso científico de otro programa que no sea el de una Revolución Socialista en Colombia, dejando sin coherencia la formulación de las teorías adversas —capitalismo burocrático, tierra para el que la trabaja, fuerza principal el campesinado, guerra popular prolongada, partido militarizado, revolución democrático-burguesa, capitalismo independiente…— defendidas más como consignas generales y a retazos como si fueran aspectos aislados de un todo, y muchas veces con el método de lapidar las teorías de la Unión con rancios epítetos —trotskistas, dogmato-revisionistas…— tras los cuales solo se esconde la debilidad teórica marxista. A pesar de este primitivismo en la discusión programática, el triunfo del programa obrero sobre los programas pequeñoburgueses, oportunistas, dogmáticos y sectarios, la remoción del amorfismo y la indefinición, la derrota del espíritu de secta y la vacilación pequeñoburguesa, siguen siendo el objetivo de la discusión programática, así como la delimitación de campos entre el marxismo y el oportunismo sigue siendo condición para un Congreso de unidad.

La discusión programática pública es imprescindible pues no se trata de convencer a los jefes de los distintos grupos de su apoyo al programa obrero socialista, sino de elevar las convicciones de los comunistas revolucionarios, de interesar a sectores cada vez más amplios del movimiento revolucionario, obrero y de masas, en los asuntos decisivos de la revolución y del futuro de la sociedad, contribuyendo a convertirlo en un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.

Movilización ideológica de los cuadros y militantes, lucha ideológica y lucha de líneas, como método principal para desarrollar el trabajo

Atendiendo a las contradicciones propias del proceso consciente de la construcción del partido, en las cuales están las de manejar conscientemente la lucha entre lo viejo y lo nuevo, desarrollar con acierto la lucha de líneas y luchar por la unidad, y partiendo del método general de clarificar en lo ideológico para unir en lo político y fortalecer la organización, en la Unión se adoptó la movilización ideológica permanente de los cuadros y militantes como el método principal para desarrollar las tareas del plan táctico; movilización ideológica que incluye aspectos tan diversos como el estudio, la crítica y autocrítica, la lucha ideológica, la lucha de líneas, la emulación, la propaganda y agitación en las filas, las votaciones… Tales aspectos han estado correlacionados en las distintas campañas ideológicas o campañas de rectificación aprobadas y adelantadas por la organización: Campaña de Rectificación contra los Cinco Males (I Asamblea agosto 1998), Primer Movimiento de Crítica a la Desconfianza en la Revolución (II Plenaria I Asamblea junio 2002), Campaña de Reeducación (V Asamblea 2004), Primer Movimiento de lucha contra las manifestaciones de opresión a la mujer en la organización (IV Asamblea 2003), Campaña de Rectificación Camarada Vicente (X Asamblea abril 2014), Segundo Movimiento de lucha contra las manifestaciones de opresión a la mujer en la organización (X Asamblea abril 2014), Movimiento Ideológico para preparar la XI Asamblea (Comité Ejecutivo febrero 2016), Campaña Ideológica para preparar la XI Asamblea (VIII Plenaria X Asamblea marzo 2017), y de las cuales se han hecho balances y síntesis de experiencias.

En cuanto a la lucha de líneas, sólo se ha configurado como tal, la lucha contra una línea burguesa anti-partido liquidadora surgida en el Regional Ricardo Torres en el año 2010 ante el llamado de la VIII Asamblea de avanzar a la preparación del Congreso del Partido, línea secundada por manifestaciones de una línea pequeñoburguesa vacilante. Por lo demás la lucha contra las ideas ajenas al proletariado que se han reflejado en la organización como ideas propias de los partidos pequeñoburgueses, ha sido siempre parte de las distintas campañas de rectificación y en ocasiones ha tomado la forma de lucha contra manifestaciones de una línea pequeñoburguesa, tal como la que se libró en el Regional Fabián Agudelo contra manifestaciones de ideas no proletarias frente a la actividad política abierta, al cómo avanzar en la política de reestructuración del movimiento sindical y sobre el revisionismo armado.

De las luchas de líneas e ideológicas en la organización dan cuenta innumerables resoluciones, decisiones, balances y síntesis de las Asambleas y Comités de Dirección, así como 45 Avancemos (Boletín interno de lucha ideológica) con varios Suplementos y 14 Mujeres de Vanguardia (Boletín interno para la lucha ideológica contra las manifestaciones de opresión a las camaradas).

Construcción y trabajo con una herramienta principal

Desde la Asamblea de fundación la Unión acogió la construcción de un periódico comunista como herramienta principal de la construcción del partido. El editorial del primer número del periódico Revolución Obrera publicado en octubre de 1998 expresa resumidamente su papel como herramienta principal en esta etapa de un proceso consciente cuyo origen se remonta a los años 30 del siglo pasado.

La construcción de esta herramienta principal ha sido un proceso de lucha, aprendizaje, educación y trabajo. En especial la lucha no ha sido solo por construir una herramienta nueva, por aprender a hacerla y hacerla bien y correcta, por aprender a usarla y usarla bien, sino principalmente contra las ideas no proletarias de desprecio por las ideas y la prensa, manifiestas solo en una ocasión como línea burguesa liquidadora de la prensa comunista, y de resto, como manifestaciones de ideas pequeñoburguesas frente a la prensa, en la forma del estilo de cliché y chapucero, en la debilidad de la agitación política viva como género periodístico revolucionario, en ideas economistas y populacheras, o “izquierdistas” y sectarias en el contenido, y la principal manifestación no proletaria, el desprecio en su utilización para el trabajo político, tanto por los cuadros como herramienta principal para comunicar industrialmente sus ideas y orientaciones, como por los militantes prácticos como herramienta principal para multiplicar su labor en el movimiento.

Todas esas manifestaciones de ideas no proletarias frente a la herramienta principal han sido vencidas o restringidas por la lucha ideológica permanente y la educación insistente y especializada. Los balances generales hechos en algunas Asambleas y más particulares hechos por el Comité de Dirección, han dado un veredicto: Revolución Obrera a lo largo de sus 464 ediciones ha sido un periódico comunista internacionalista, fiel al marxismo leninismo maoísmo y al programa, correcto en la orientación ideológica y política del movimiento de masas, duro y filudo contra las felonías del oportunismo. Su carácter híbrido en los últimos años entre un órgano central y un órgano de masas, su limitación para cubrir las necesidades en el amplio frente de la agitación y la propaganda, y el avance de la sociedad en las comunicaciones por medios digitales, obligó a trabajar conscientemente por dar un salto en la actividad de agitación y la propaganda, la principalísima actividad política de la organización. En ese contexto, el anacronismo y retroceso en la prensa impresa como herramienta principal, de un mensuario inicialmente que avanzó a quincenario por muchos años con algunos atisbos de semanario, y luego retrocedió a mensuario en el último año, sobrevino principalmente del propio desarrollo de la lucha de clases y de las fuerzas productivas en el terreno de los medios de comunicación social, y secundariamente de la incapacidad de la organización en su trabajo político para avanzar a un Diario como era el propósito y necesidad del plan táctico.

Vinculación a las masas

La vinculación estrecha a las masas ha sido un mojón fundamental de la construcción del partido, con una larga historia de lucha por hacerla en forma consciente, organizada, y planificada no solo en los frentes fabriles de trabajo, sino también en las formas más amplias y nacionales del movimiento espontáneo de masas.

La lucha por la vinculación a las masas ha sido un proceso con un notable avance luego de la consolidación inicial de la Unión, un fuerte retroceso en el período de 2006 a 2010 cuando a la prioridad de las tareas internacionales en el plan táctico, se sumaron ásperas luchas de líneas muy centradas en ese problema de la actividad política consciente en el movimiento de masas, todo lo cual resintió seriamente la relación entre la organización y el movimiento de masas, haciendo persistente y desmoralizante la impotencia política de la Unión reconocida en informes y balances del Plan de trabajo, obligando a asumir desde el período de la IX Asamblea, la tarea permanente de vinculación a las masas como tarea principal del plan táctico, esto es, como la tarea que mejor representa en el momento la concreción de la tarea central de la táctica, la construcción del partido, y más exactamente desde la VIII Asamblea, la tarea de avanzar en la preparación del Congreso.

En el caso de la Unión, el avance, estancamiento o retroceso en la tarea principal de vinculación a las masas no es solo la medida de su capacidad política, sino la medida de avance en la preparación del Congreso, por lo cual, es actualmente el problema político más importante y decisivo de la tarea central de la táctica y como tal, el más urgente a resolver.

Construcción de una organización clandestina centralizada

Luego de un largo período sin continuidad organizativa de la Línea Proletaria del viejo Partido (ml), la Unión —constituida en la línea marxista leninista maoísta en materia de organización, formulada en sus Estatutos— no ha sido sino un punto de apoyo más para la construcción de una nueva organización comunista, de corte bolchevique, con cuadros profesionales, rigurosa selección de afiliados y severa discreción conspirativa, regida por el centralismo democrático y la disciplina consciente, con el estilo y los métodos de dirección y de trabajo del marxismo leninismo maoísmo, con un sistema de organización basado en un sistema de reuniones y un sistema de informes de comités de dirección, células de base y círculos de aspirantes a miembros de la organización.

La línea de la Unión en la construcción de la organización, es en lo más profundo de la clase obrera y en el proletariado industrial fabril principalmente, al calor de su lucha de clase y en el transcurso mismo del trabajo por dirigirla.

La formación integral de los Cuadros y la educación de los elementos avanzados del proletariado, ha sido una tarea especial de la construcción de la organización, sabiendo que una vez resuelta la línea ideológica y política, los Cuadros se convierten en el factor decisivo, y teniendo en cuenta que su concepción del mundo se transforma transformando el mundo, mediante la vinculación estrecha a las masas para unir las ideas del socialismo con la práctica de la revolución, donde la educación en la ciencia del Marxismo Leninismo Maoísmo, en el programa, la estrategia y la táctica de la Unión, en los métodos de dirección, trabajo y organización, ha sido una función especializada de la Escuela Nacional de Cuadros “Camarada Germán” en más de medio centenar de Cursos, entre nacionales y regionales, generales y especializados y 74 números de su Boletín interno Carta de la Escuela.

Contribución a la construcción de una nueva Internacional Comunista

Este componente internacionalista del plan táctico obedece a un deber programático y estatutario “­La Unión Obrera Comunista (marxista leninista maoísta) practica cabalmente el internacionalismo proletario que universaliza sus luchas, hace suyas las experiencias de todos los pueblos en su lucha contra el imperialismo y la reacción y contribuye a la revolución proletaria mundial.

Lucha por la construcción de la nueva Internacional Comunista, que basada en el marxismo leninismo maoísmo y bajo la forma de un Partido Internacional de la clase obrera, dirija la lucha de los oprimidos y explotados del mundo para instaurar en toda la tierra el comunismo. En esa perspectiva se compromete a luchar y denunciar al oportunismo e impulsar la unidad de los auténticos marxistas leninistas maoístas hacia la construcción de la nueva Internacional Comunista que necesita la clase obrera en la actualidad para derrotar a sus enemigos”.[1]

La organización ha sido consecuente en su cumplimiento, y ejemplar en el momento cuando el oportunismo enterró una puñalada revisionista y traidora en el corazón del extinto Movimiento Revolucionario Internacionalista. Desde entonces la tarea de elaborar una Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional, se convirtió en la tarea principal de la contribución a la construcción de una nueva Internacional Comunista, propuesta que al cabo de varios años de trabajo fue presentada a los comunistas en octubre del año 2016, siendo recibida con aprecio por unos, escepticismo y silencio por otros, y el rechazo abierto y furioso de algunos más.

                                                    

3.                 UN PLAN TÁCTICO CON LA FIRMEZA DE LOS PRINCIPIOS Y LA FLEXIBILIDAD DE LOS VIRAJES TÁCTICOS

Fundada la Unión Obrera Comunista (mlm), sus primeros años fueron de consolidación de la organización clandestina en los regionales, del periódico Revolución Obrera la herramienta principal, de la Revista Negación de la Negación el órgano teórico y de la Escuela Nacional de Cuadros “Camarada Germán”. Este fue un período de consolidación de la organización.

En el 2003 la IV Asamblea vio necesario hacer un primer viraje táctico para enfrentar la situación bajo el régimen de Uribe, en el propósito de convertirla en una auténtica organización política de vanguardia para dirigir la lucha de las masas por el poder político. Jugar el papel de organización política de vanguardia significaba partir de la situación objetiva de ascenso del movimiento de masas y de la clase obrera para exponer, promover, defender, propagar, agitar, la táctica revolucionaria de la huelga política de masas, de la reestructuración del movimiento sindical y el programa para la revolución socialista, enfrentando la dirección oportunista empotrada en la dirección del movimiento. Sin renunciar a la organización clandestina se reafirmó la actuación política abierta con la herramienta principal percibiendo nuevas necesidades: convertir la prensa en semanario, actuar abierta y conscientemente en el movimiento de masas y concretar la táctica para el movimiento sindical. Todo lo cual llevó a ganar fuerzas en el movimiento de masas, sindical y estudiantil, fortaleció la organización del nuevo regional Ricardo Torres, incentivó la formación de los cuadros en el crisol de la lucha de clases, pero también desató una fuerte lucha de líneas contra manifestaciones de otzovismo, de “izquierdismo” y sectarismo. Este fue un período de avance relativo nacional de la organización.

En el 2006 cuando una línea revisionista surgida en el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) a nombre del “Camino Prachanda” dio un zarpazo en el extinto Movimiento Revolucionario Internacionalista, la VI Asamblea guiándose por el programa y los estatutos, resolvió hacer un segundo viraje táctico para enfrentar el ataque revisionista a nivel internacional, dando prioridad en su plan táctico a las tareas internacionales sobre las tareas nacionales de construcción del partido. En el Balance final de ese viraje, hecho por la IX Asamblea, se reconoció el “digno comportamiento de la Unión en esa batalla, como una organización de combate en las filas de vanguardia de una lucha internacional, que elevó el nivel de conciencia y de experiencia de sus cuadros y militantes, en bien del avance en la tarea central de construir el partido en lo ideológico, político y organizativo”. Durante el período de ese segundo viraje táctico fue destacada la lucha teórica de la Unión contra el revisionismo internacional, la toma de iniciativa en declaraciones y pronunciamientos conjuntos, contribuyendo a la victoria ideológica y política de los marxistas leninistas maoístas sobre el revisionismo prachandista y avakianista, pero también sobre el centrismo de algunos partidos del Movimiento Revolucionario Internacionalista. El papel nefasto del centrismo caracterizado por eludir la denuncia a la traición en Nepal, por conciliar con el partido prachandista, por negar la bancarrota del Movimiento Revolucionario Internacionalista a causa del revisionismo, por no reconocer el carácter revisionista de un nuevo partido prachandista sin Prachanda en Nepal, impidió con su vacilación —evidente en la declaración conjunta del Primero de Mayo de 2011— que la derrota del revisionismo avakianista hubiera sido más contundente y dar el salto de negar el viejo Movimiento Revolucionario Internacionalista con un nuevo núcleo organizado ya no solo con los partidos anti-revisionistas provenientes de ese movimiento sino con los nuevos partidos y organizaciones que públicamente se deslindaron y combatieron al revisionismo, para así haber retomado pronto en forma organizada y centralizada la tarea de la construcción de una nueva Internacional Comunista; este fue un cambio en la situación del Movimiento Comunista Internacional que dejó sin piso el llamado de la Unión en su VIII Asamblea a preparar una nueva Conferencia Internacional de los marxistas leninistas maoístas.

La contribución hecha por la Unión a la derrota internacional del revisionismo, tuvo un gran costo para las tareas prácticas nacionales de construcción del partido. A pesar de los esfuerzos por actuar como organización política de vanguardia en el movimiento de masas, con una participación muy destacada en luchas tales como la de los corteros —obreros de los ingenios azucareros— en el 2008 y 2010, se fracturó la relación ganada anteriormente entre la organización y el movimiento de masas, no por no trabajar sino por trabajar mal y por el ataque interno de ideas no proletarias. La prensa comunista y la táctica de la huelga política de masas se convirtieron en blanco de una línea anti-partido liquidadora secundada por una línea pequeñoburguesa vacilante. La tendencia al abandono de la línea de reestructuración del movimiento sindical que venía de años atrás en el regional Fabián Agudelo, se consolidó imponiendo una desviación organizacionista, que con la derrota de la lucha obrera en una base de apoyo fundamental, llevó a la liquidación del trabajo hecho para concretar la unidad sindical independiente; al propio tiempo que desapareció por casi cuatro años la labor organizada en el terreno de la educación sindical. A nivel de la organización se agravó la separación entre la dirección y la base, no solo por las obligaciones teóricas del segundo viraje táctico, sino por ideas no proletarias en el método de dirección del Comité Ejecutivo y en el sistema de organización de los Comités Regionales. La línea anti-partido liquidadora debilitó al máximo la organización en el Regional Ricardo Torres donde los cuadros fundadores abandonaron aunque no todos como liquidadores; los cuadros y militantes que quedaron al mando fueron nuevos e inexpertos; aunque se luchó bien contra la línea burguesa liquidadora y contra la línea pequeñoburguesa vacilante, no se pudo evitar perder fuerzas organizadas en todos los regionales, reconociendo que si bien en cuanto al contenido –la ideología y la política– la Unión ha logrado cosechar una importante contribución a la construcción del Partido, no ha ocurrido así en cuanto a la forma –la organización– la cual no ha logrado un desarrollo correspondiente con el contenido revolucionario de su actividad”. Aún así, considerando las condiciones de la lucha internacional contra el revisionismo y la bancarrota del Movimiento Revolucionario Internacionalista, y considerando la agudización general de las contradicciones sociales del país atizada por el nuevo factor de la crisis económica del capitalismo mundial, y la tendencia sostenida al ascenso del movimiento de masas durante el régimen de Uribe, la VIII Asamblea en el 2009 hizo un llamado a los comunistas de todos los países a preparar una nueva Conferencia Internacional de los marxistas leninistas maoístas y un llamado a todos los marxistas leninistas maoístas de Colombia a preparar y convocar conjuntamente el Congreso de fundación del Partido. Así, el segundo viraje táctico fue un período de avance relativo internacional de la organización y de retroceso relativo en sus tareas nacionales.

Le correspondió a la IX Asamblea en el 2011 recoger los balances generales hechos antes por el Comité de Dirección sobre el traslado de cuadros y el segundo viraje táctico, y hacer los balances generales del trabajo de masas —con la política de actuación consciente en el proceso de las Huelgas Políticas de Masas, y en el de Reestructuración del Movimiento Sindical— y del trabajo en las fábricas. Esta Asamblea refrendó la decisión del Comité de Dirección de dar por terminado el segundo viraje táctico, y orientó “mantener el énfasis principal de las tareas en la lucha de clases en el país, sobre las tareas internacionalistas de la Unión, tomando la lucha de líneas como el motor del desarrollo de la organización y eslabón clave para halar las tareas del plan táctico de preparación del Congreso” y “teniendo en cuenta que la clarificación ideológica, es el aspecto determinante de la reorganización de las fuerzas marxistas leninistas maoístas en una nueva Conferencia Internacional y en la [nueva] Internacional Comunista basada en el Marxismo Leninismo Maoísmo, reafirmar la decisión del Comité de Dirección en su III Plenaria, de acometer como principal tarea internacionalista, la formulación de una Línea General para el Movimiento Comunista Internacional”, lo que en realidad significó el inicio de un tercer viraje táctico.

Comienza así un período de lucha por llevar adelante el plan táctico de la Unión, retomando la dirección táctica del primer viraje táctico de jugar el papel de una organización política de vanguardia en el movimiento de masas, sobre la base de unas nuevas condiciones económicas, sociales y políticas en el país y el mundo, unas nuevas condiciones de la crisis del Movimiento Comunista Internacional y unas nuevas condiciones en el estado de la organización, de sus planes, instituciones y herramientas.

Ha sido un periodo muy duro pero enfrentado con mucho aguante y sacrificio por la organización, pues a pesar de que las condiciones objetivas del mundo y de la sociedad colombiana muestran su madurez para la revolución a través de la crisis económica del capitalismo, de la crisis social, de la agudización de las contradicciones del imperialismo y de la lucha de clases, sin embargo el movimiento comunista internacional sufrió un retroceso en su lucha por ser la conciencia y el timón de la Revolución Proletaria Mundial cundiendo la confusión ideológica, la impotencia política y la dispersión organizativa, dada la destrucción a manos del revisionismo avakianista, del rol ideológico y político central internacional del Movimiento Revolucionario Internacionalista, la vacilación exhalada por el centrismo internacional, el matiz defensor del “pensamiento gonzalo” en una tendencia hacia el “izquierdismo” expiatoria de los pecados revisionistas del Movimiento Revolucionario Internacionalista, todo lo cual repercutió directamente en Colombia, donde el Grupo Comunista Revolucionario ya venía terciando con el revisionismo avakianista, el Partido Comunista de Colombia - Maoísta ya se había alineado con el revisionismo armado criollo y con la línea oportunista de derecha del Partido Comunista del Perú, y otros grupos locales maoístas que inicialmente prefirieron el parapeto del silencio solo años después empiezan a sentar posición. Por su parte la Unión que supo ubicarse y actuar conscientemente y en la vanguardia contra el revisionismo que llevó el Movimiento Revolucionario Internacionalista a la debacle, perdió importantísimas posiciones frente al movimiento de masas y fuerzas en su organización.

Era necesario reconstruir las relaciones con el movimiento de masas y sindical, retomar la línea táctica para actuar en ellos, rehacer y hacer nuevos planes de masas, reconstruir la centralización y la forma organizada para actuar en el proceso de las huelgas políticas de masas, actualizar la Plataforma y plan de trabajo, reconstruir la centralización y la forma organizada para actuar en el proceso de la reestructuración del movimiento sindical, actualizar la Plataforma y plan de trabajo, adecuar Revolución Obrera como herramienta principal ya no solo como órgano central dirigido al sector avanzado sino también como órgano de masas dirigido a su sector intermedio, reconstruir la relación cercana entre la dirección y la base, reconstruir el regional Ricardo Torres y detener la debilitación de la organización en los demás regionales, así como la disminución de los cuadros profesionales derivada de la rebaja en el trabajo político y la debilidad de la organización; y cumplir con la tarea principal internacionalista de elaborar la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional.

En tales condiciones el tercer viraje táctico se caracterizó por la necesidad de fortalecer la actividad política abierta e independiente, que presupone: concretar la tarea central de la táctica en la vinculación consciente y organizada a las masas como tarea principal del plan táctico, trazando y poniendo en marcha los planes de vinculación a las masas en los frentes, los planes nacionales y regionales de masas, definiendo en ellos las responsabilidades de cada cuadro y militante; llevar a cabo la Campaña de Rectificación “Camarada Vicente” para derrotar las manifestaciones de espontaneísmo principalmente y también las de “izquierdismo” y sectarismo en las relaciones de la organización con las masas y de la dirección con la base; preparar y dar un salto en toda la labor de agitación y propaganda; mejorar el sistema de organización; elaborar la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional; fortalecer la actividad política abierta e independiente para estrechar los lazos de la organización con el movimiento de masas, difundiendo el Programa de la Revolución en Colombia, contribuyendo a fundir la Plataforma de Lucha del Pueblo Colombiano con las Huelgas Políticas de Masas, y a fundir la Plataforma de Reestructuración del Movimiento Sindical con las luchas, huelgas y organizaciones obreras; fortalecer la actividad política abierta e independiente tomando posición y actuando frente a la crisis económica, a las guerras imperialistas y la guerra reaccionaria en el país, al gobierno y su política de paz con las guerrillas, a las contradicciones intestinas de las clases dominantes, a los compromisos abiertos de los jefes oportunistas con la burguesía, a las farsas electorales de las clases dominantes; fortalecer la actividad política abierta e independiente buscando acuerdo con otros revolucionarios y marxistas leninistas maoístas, que reconocieran la importancia del movimiento espontaneo de masas y la obligación de aislar la dirección oportunista, y contrarrestar la táctica reformista de los firmatones, referendos revocatorios y campañas electorales con candidatos “independientes”.

Tanto ocho reuniones plenarias del Comité de Dirección de la IX Asamblea, como la X Asamblea de 2014 y sus ocho plenarias, fueron jueces de la actuación de la organización en el período del tercer viraje táctico, concluyendo de conjunto que la organización se ha batido en medio de tantas adversidades, logrando sobreponerse a las vicisitudes del segundo viraje táctico, con una Plataforma y plan actualizados para el trabajo en el movimiento amplio de masas, una Plataforma del Sindicalismo Independiente actualizada y recuperación en la organización de la labor en el movimiento sindical, cumplimiento de la tarea de presentar la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional publicada como contenido de la Revista Negación de la Negación No. 5, publicación de la cuarta edición del Programa y de su Versión Popular, edición de varios folletos de propaganda algunos como recopilación de artículos publicados en el periódico por entregas, y la edición hasta mayo del 2016 de Revolución Obrera como quincenario pues de ahí en adelante retrocedió a mensuario, una Escuela Nacional de Cuadros presta a atender pronto y bien las necesidades del plan táctico en materia de educación, y una organización básica centralizada, activa y en lucha frontal contra las ideas no proletarias que reducen su eficiencia y amenazan con nublar la perspectiva socialista y comunista del plan táctico.

Aún así, no ha sido posible romper el estancamiento en el plan general de trabajo, siendo las manifestaciones de ideas y comportamientos no proletarios, principalmente la del culto a la espontaneidad, la esencia de la impotencia política y debilidad de la organización. Atendiendo la orientación leninista de “reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase y, después, a las masas[2], se han identificado los males ideológicos y se ha elevado la conciencia de la organización sobre la necesidad urgente de enfrentarlos realizando las rectificaciones en la práctica misma de la actuación política en la lucha de clases, esto es, entendiendo que si bien la impotencia política tiene su raíz en lo ideológico, también requiere simultáneamente hacer rectificaciones y cambios en la actuación política y los métodos de trabajo, en la forma y los métodos de organización. Tal fue la orientación revolucionaria de la VIII Reunión Plenaria del Comité de Dirección: Ante los mayores compromisos que las necesidades del elemento espontaneo imponen al elemento consciente, el estancamiento de la tarea principal de la organización de vinculación consciente y organizada a las masas, se tradujo en una demoledora impotencia política, no derivada de problemas en su Programa, ni en su Línea estratégica, ni en su Línea táctica, sino de la debilidad en la lucha ideológica contra las ideas burguesas en el seno de la organización, y de los anacronismos en la herramienta principal, en la forma de organizar el trabajo y en la forma de llevarlo a la práctica, todo lo cual impone la obligación de trazar un nuevo plan táctico, lo cual significa hacer un cuarto viraje táctico para poder avanzar. De conjunto en este ya largo período del tercer viraje táctico, la organización no se ha dejado destruir, no ha claudicado ante sus compromisos con la clase y la revolución, pero tampoco ha logrado avanzar como debiera en los objetivos del plan táctico, es decir, ha sido un período de estancamiento relativo.

 

4.                 EL NUEVO PLAN TÁCTICO DE LA UNIÓN

“Se entiende por táctica de un partido su conducta política o el carácter, la orientación y los procedimientos de su actuación política. Las resoluciones tácticas son aprobadas por el congreso del partido para definir de un modo preciso la conducta política del partido, en su conjunto, en relación con las nuevas tareas o en vista de una nueva situación política”[3].

Las tareas de los comunistas, más generales y de más largo plazo, para toda la etapa, están planteadas en la Propuesta de Formulación de una Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional y en el Programa para la Revolución en Colombia. Las tareas inmediatas de los comunistas, en correspondencia con la táctica revolucionaria, particularizan las tareas generales a las condiciones de la situación concreta del movimiento en un corto período de la revolución.

La situación actual se caracteriza por la necesidad de la Revolución Proletaria Mundial remarcada por la crisis económica del capitalismo que se refleja crudamente en el país, por grandes fuerzas sociales en movimiento provistas por las contradicciones mundiales del imperialismo, por una gigantesca crisis social mundial de la cual la exacerbación de la lucha de clases Colombia es su viva expresión, por el desprestigio del gobierno y las profundas contradicciones inter-burguesas que debilitan el poder de las clases dominantes, por la intensificación de la guerra contra el pueblo tras la mampara de la “paz social”, por el desarrollo en calidad y cantidad de la tendencia objetiva ascendente del movimiento espontaneo de masas hacia la generalización de las huelgas políticas, por la necesidad de juntar en un solo haz con las huelgas políticas de masas la lucha de resistencia de la clase obrera contra la superexplotación, por la claudicación del revisionismo armado, por el colaboracionismo abierto del oportunismo con la burguesía.

Son todas excelentes condiciones objetivas para hacer un esfuerzo supremo de corrección del atraso en las obligaciones revolucionarias del elemento consciente; esfuerzo supremo en el cual la Unión Obrera Comunista (mlm) tiene una gran responsabilidad, derivada de su correcto programa y estrategia socialistas para transformar de base la sociedad colombiana, y derivada de la forma correcta como se resolvió enfrentar los problemas inmediatos de la lucha de clases con una táctica revolucionaria que sirve a la estrategia de la Revolución Socialista porque permite ahora el mayor avance en esa dirección.

La VIII Reunión Plenaria del Comité de Dirección dio cuenta del quid del atranque —impotencia política— en el viejo propósito de la Unión de jugar el papel de organización política de vanguardia en el movimiento de masas: La causa principal y determinante de que la lucha de la organización por una vinculación consciente y organizada a las masas, no saque ventaja de las condiciones objetivas favorables y no pueda contrarrestar con éxito los estorbos creados por las clases reaccionarias y la labor del oportunismo, es una causa interna, de carácter ideológico, manifiesta en distintos males de los cuales el principal y más grave es el espontaneísmo, que conlleva en lo político a la división y pasividad de los centros de dirección y a la tendencia a una actividad política economista, y en lo organizativo a la tendencia de los organismos al semi-anarquismo y al trabajo con métodos e instrumentos artesanos, a pesar de los esfuerzos por trazar y trabajar con planes políticos”.

De ahí, la necesidad de un cuarto viraje táctico caracterizado por un viraje en la concepción de la actividad política de la organización, un viraje en la forma de organizar y hacer el trabajo político, un viraje en la herramienta principal del trabajo político, en fin, un viraje táctico para estrechar los lazos entre la organización y el movimiento de masas, romperle el espinazo a la impotencia política y avanzar decididamente en la tarea central de la táctica, cuya concreción hoy sigue siendo la preparación del Congreso del Partido. Tal es el contenido esencial del nuevo Plan Táctico de la organización.

¡Por la unidad de todos los marxistas leninistas maoístas en un solo partido! ¡ADELANTE!

¡Por una nueva Internacional Comunista basada en el Marxismo Leninismo Maoísmo! ¡Denunciar y vencer al revisionismo y toda forma de oportunismo!

 

XI Asamblea de la Unión Obrera Comunista (mlm)

Colombia, Agosto 2017



[1] Esta cita del Artículo 3 de los Estatutos, ya tiene unas correcciones necesarias de redacción. En lugar de “nuevo tipo” dice “nueva” Internacional Comunista, por ser la primera, una expresión ecléctica que para otros partidos significa renunciar a características correctas de la Tercera Internacional Comunista.

[2] Lenin, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo - 1920

[3] Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática  - 1905