Comentarios a un artículo de Revolución Obrera sobre la vacunación

A propósito de la vacunación

Recibimos los comentarios de un camarada sobre la vacunación contra el COVID-19, que publicamos a continuación para conocimiento de nuestros seguidores y con el ánimo de promover la sana lucha de opiniones.
Ellos hacen referencia al artículo Nadie debe ser perseguido por no vacunarse y frente a cuales solo vemos conveniente extraer las conclusiones del artículo en cuestión:
1. El artículo se refiere a la actitud política del proletariado frente a las medidas represivas y reaccionarias que han tomado algunos estados frente a las personas que han decidido no vacunarse, incluidas trabajadoras de la salud como ha sucedido en Francia.
2. Además se exponer algunas de las causas económicas, sociales y políticas que justifican la desconfianza, no solo en las actuales vacunas contra el Covid-19, sino en el sistema de salud en general en manos del capital privado, el artículo afirma lo que han demostrado los hechos reconocidos científica y socialmente: la vacunación contra el Covid-19 no impide contagiarse ni impide que quienes hayan sido vacunados contagien a otros; lo que sí obstaculizan las vacunas, en la mayoría de los casos, es que las personas contagiadas se agraven y tengan que llegar a una UCI. Por consiguiente y consecuentemente, el artículo no se opone a la vacunación, por el contario, recomienda vacunarse.
3. Pero igualmente, y por las mismas razones, es decir, si el riesgo de contagiarse y de contagiar sigue siendo el mismo, estando o no vacunado, además de la desconfianza justificada, no hay ninguna razón para obligar a la gente a vacunarse y mucho menos a tomar medidas de persecución, estigmatización y cualesquiera otra medida reaccionaria contra quienes decidan no vacunarse.
Revolución Obrera


A propósito de su artículo sobre las medidas a aplicar -o mejor, no aplicar- sobre la población que decida no vacunarse, tengo algunas opiniones.

Dice el artículo que «Las reacciones contrarias a la vacunación están justificadas», y pasa a nombrar algunas de las «razones» esgrimidas por algunos, por las que no se debe justificar la decisión de no vacunarse. Sin embargo, no es claro en afirmar con contundencia cuál es la razón o razones por las cuales se justifica el no vacunarse. Se infiere que una de ellas es porque las vacunas son un «negocio del capital financiero, los laboratorios y las farmacéuticas», ¿bajo el capitalismo qué escapa a la lógica de la ganancia? Absolutamente nada, sin embargo, los comunistas revolucionarios, haciendo una analogía, no justificamos a quienes en vez de usar el metro o el tren bala usan el burro para transportarse, porque los sistemas masivos de transporte favorecen a los monopolistas que se lucran de ese negocio. O a los promotores de cultivos y huertas a pequeña escala, por encima de la producción agroindustrial que puede alimentar a grandes capas de la población, escudados en que esta última favorece a un sector de la burguesía y los terratenientes, por ejemplo. El problema no es el consumo como tal -la sociedad tiene que seguir consumiendo alimentos, transporte, etc.-, sino, las relaciones sociales de producción que se establecen en las diferentes sociedades.

Afirman que «También los hechos han resaltado con claridad que la vacunación no impide el contagio; es decir, que las vacunas solo disminuyen los efectos del contagio y que todavía están en el terreno de la experimentación». Sobre lo primero, en lo que conozco, ninguna voz oficial afirmó que con la vacuna se iba a impedir el contagio, por eso recomiendan que a pesar de estar vacunados, es necesario continuar adoptando las medidas de lavado de manos, distanciamiento social, uso del tapabocas y demás. Sin embargo, los hechos han demostrado y con creces, que gracias a la vacunación, los porcentajes de hospitalización en UCI’s y muertes por COVID han descendido abismalmente, lo cual, por sí sólo, es un gran avance en el tratamiento de la enfermedad, pues mermar las cifras de muertes en los niveles alcanzados ya es una ganancia para la sociedad, especialmente para la clase obrera que ha sido la mayor sacrificada en esta pandemia por culpa de la burguesía que la continuó enviando a producir sin condiciones de bioseguridad. Por lo tanto, vacunarse masivamente sí es garantía de reducir la mortalidad por COVID 19, más no de garantizar que el organismo genere anticuerpos por la alta mutación del virus, siendo la variante Delta, una de las más contagiosas descubiertas últimamente.

Probalidades de no vacunados
Las personas no vacunadas tienen 17 veces más probabilidades de ser hospitalizadas debido al COVID-19

Suena contradictorio que exijan «que las vacunas lleguen a todos los pueblos y no sean un privilegio de los países imperialistas y los ricos explotadores» pues al final, ustedes justifican que la gente pueda decidir «vacunarse o no», ya que las vacunas hacen parte del negocio capitalista como lo es absolutamente todo bajo este podrido sistema. Esa exigencia pierde peso si queda al libre albedrío la decisión de usar una vacuna que reduce exponencialmente la muerte de las masas, sin importar si los capitalistas lo hacen porque «necesitan de un ejército en buen estado de salud para moler en la producción y obtener ganancias» o porque para las masas en general y para el proletariado en particular, la vacunación ha significado reducir considerablemente el riesgo de morir en una UCI.

Las denuncias y reivindicaciones que levantan son justas: la salud bajo el capitalismo es un negocio; se necesita la liberación de las patentes de las vacunas; sobrecostos en el cobro de las vacunas; la ciencia está al servicio del capital; los estados no hicieron nada para detener a tiempo la pandemia y encerraron sin garantías a las masas, se necesita la Revolución Proletaria Mundial… todo ello es cierto y justo.

Sin embargo, considero que rechazar la vacunación obligatoria usando incluso cierto tipo de medidas impositivas -no carcelarias, pero sí de negación de cierto tipo de derechos como la educación presencial o a acceder a eventos culturales o deportivos por ejemplo- , es una posición atrasada, que raya con los movimientos antivacunas, pues esto de por sí pone en alto riesgo no sólo a la población no vacunada -porque no están en el rango de edad para hacerlo, porque el Estado no ha garantizado la vacuna, o por otras razones- sino también, a la población que ya está vacunada y que corre el riesgo de contagiarse y además, transportar el virus hacia población vulnerable. El derecho a la libre movilidad debe estar restringido, si quien lo hace pone en riesgo al colectivo, pues así como un ebrio no puede andar disparando por la calle mientras se traslada de un punto a otro, una persona no vacunada por decisión propia debe someterse a las normas establecidas para que no se convierta en un riesgo para la salud pública con posibles rebrotes, como por ejemplo, un niño que por libre decisión de sus padres no esté vacunado, no debe ser admitido presencialmente en los salones de clase por ser un riesgo voluntario para sus demás compañeros de estudio y trabajadores de la educación como maestros, aseadores, vigilantes y demás.

Definitivamente es un tema nuevo del que a diario estamos aprendiendo, es un virus raro y que muta permanentemente del que aún no se ha dicho la última palabra. Un virus al cual los estados democrático burgueses no han querido combatirlo poniendo el énfasis en la prevención y tratamiento, sino, que han acudido al uso de vacunas que evidentemente son un negocio que favorece a los monopolios farmacéuticos, que cínicamente afirman que no liberan las patentes porque eso «desincentivar» la investigación, léase, desincentiva el negocio. Ahora, creo que se debe exigir, a la par de la liberación de las patentes, que el Estado garantice la instalación de laboratorios bien dotados, con el mejor personal médico; que garantice las materias primas y elementos sanitarios necesarios para elaborar las vacunas, pues la sola liberación de la patente es insuficiente. El llamado es a incentivar, realmente, la vacunación entre las masas, haciendo las advertencias que haya que hacer, pero acudiendo tanto a la educación del pueblo en ese sentido como a las medidas administrativas que se deban tomar para masificar la vacunación, teniendo como blanco principal el sistema capitalista, este sí, la pandemia más peligrosa en la sociedad.

Fico

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1 respuesta

  1. Jorge Luis dice:

    El COVID no es un virus nuevo, fue clasificado en 1960, ¿ Por qué no había hecho mutación antes?.
    El COVID no es un virus mortal en sí, como tampoco el SIDA, sino q’ ensaña con personas q’ padecen alguna morbilidad o preexistencia.
    El COVID mata menos gente q’ la malaria, el Dengue, o la hepatitis, pero como esas Pandemias son de países subdesarrollados…, matan rápido y no requieren tratamientos de alto costo, pues ningún gob. le ha prestado atención.
    El problema no es la PANDEMIA en sí, sino el sistema de salud privatizado, el debilitamiento de los pocos hosp. Públicos, q’ no tiene la capacidad para atender personas contagiadas, y no las pueden mandar pa la casa a recuperarse… cómo si pasa con otras Pandemias o virosis.
    A lo anterior se suma q’ las EPS fueron las 1ras en sacarle el cuatro letras a SUS afiliados contagiados, porq’ ahí sí, la Salud era pública y responsabilidad del gob.

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