La insurrección de 1948 y las lecciones para el futuro

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La insurrección de 1948 y las lecciones para el futuro 1

En la tarde del 9 de abril de 1948, abandonando el edificio donde se encontraba su oficina a la hora del almuerzo, en pleno centro de Bogotá, Gaitán es interceptado por un individuo que le propina varios impactos de bala, resultando herido mortalmente. Inmediatamente se riega la noticia como pólvora y comienza a concurrir en gran cantidad personas al sitio, los que presenciaron el hecho no rebajan su intención de arrebatarle el asesino a los policías para hacer justicia. Para ese momento, el presunto asesino es custodiado por dos policías que se resguardan dentro de la rejas de la droguería Granada para evitar la furia popular, pero en cuestión de minutos las rejas ceden, someten a los policías y capturan al asesino, lo arrastran y golpean brutalmente por las calles, el pueblo se venga e indignado arrastra el cuerpo o lo que queda de él para exhibírselo al presidente en su palacio. Tal fue el punto de inflexión de los sucesos del 9 de abril, un tormentoso y sangriento día, un día de guerra civil.

Gaitán es un personaje que suscita los más apasionados debates en las viejas generaciones y en nuestros abuelos, pero hoy es solo una figura histórica para las nuevas generaciones, conocido solo por algunas de sus frases demagógicas más celebres o porque su silueta aparece en el billete de más baja denominación. Para el proletariado revolucionario la mejor definición del gaitanismo y de su líder es la definición que asumió Ignacio Torres Giraldo en su tiempo: »Gaitán es un elemento de la “izquierda” del partido liberal. Representa una de las tendencias no cristalizadas que conviven en el liberalismo colombiano: el NACIONAL-REFORMISMO. Este Nacional-Reformismo, en las actuales condiciones, NO ES REVOLUCIONARIO. (…)

»Gaitán, como representante de una corriente del liberalismo, es un nacionalista reaccionario y un reformista burgués. Como reformista burgués charla contra el feudalismo —con frases llenas de pasión, sentimiento y mística revolucionaria— pero, en la práctica, alimenta y robustece el latifundismo al defender y tratar de sanear el Estado que es un aparato de opresión burgués- latifundista. Gaitán, como reformista del tipo actual, se limita a jugar con el “cumplimiento de las leyes obreras”. Es decir, se ha convertido en una “oficina del trabajo” ambulante, en un órgano del gobierno». (Tomado del texto Huelga General en Medellín, Ignacio Torres Giraldo – 1934).

El gaitanismo era un movimiento inserto en el partido liberal que agrupaba en su seno amplios sectores desclasados o en descomposición de la pequeña burguesía, amplios sectores de la misma pequeña burguesía, algunos sectores de la clase obrera, e incluso encontraba simpatizantes en las bases del reaccionario partido conservador, matices reflejados dentro de la policía y el ejército.

La lucha por los escaños parlamentarios contra el cavernario partido conservador había llevado a los liberales a algunas conquistas en la administración, frente a lo cual los conservadores habían desplegado una amplia operación militar para comenzar a golpear violentamente las bases del partido liberal, usando abiertamente para tal fin el ejército, la policía y grupos de asesinos mercenarios que se les conoció como »chulavitas» o »pájaros». En el campo la violencia fue generalizada y atizada por la subida de los precios del café que motivaba a las clases dominantes (liberales y conservadores) a expropiar a sangre y fuego a los campesinos de sus tierras; tal violencia comenzó a generar un rechazo y a solicitar medidas radicales de las bases a sus jefes políticos liberales, comenzaron a aparecer guerrillas populares en varias regiones del país; mientras la reacción operaba abiertamente, los jefes del partido liberal, especialmente su ala más reformista, nadaba entre dos aguas, el pueblo y la »oligarquía», para terminar favoreciendo al gran capital y al Estado, así también actuaba Gaitán.

Gaitán se opuso rotundamente a organizar a la gente y responder militarmente para defenderse contra la abierta violencia reaccionaria, se opuso a organizar un partido aparte del »oligarca» partido liberal, oponiéndose a la petición de sus propias bases, a su vez organizó la marcha del silencio y la marcha de antorchas en Bogotá poco antes de su asesinato, solo como una forma de demostrar la fuerza del gaitanismo. Para el día del asesinato de Gaitán, ya venía acumulándose una gran indignación popular que ese día explotó en forma de una irrefrenable furia popular sin algún tipo de control ni dirección.

Tras el levantamiento popular en la capital, ocurrieron varios hechos con un sello marcadamente revolucionario, pero otros fueron fruto de las acciones propias de un pueblo sublevado sin ningún tipo de dirección y organización, como los saqueos y destrucción desenfrenada y generalizada, pero mirando bajo la óptica de la lucha de clases, se deben rescatar los siguientes hechos a nivel nacional:

En las primeras horas se caracterizó por ser un levantamiento revolucionario; las masas se armaron con lo que encontraron a su paso: la policía inmediatamente se dividió, una parte de ella se sumó a los sublevados repartiendo revólveres y fusiles entre las masas; se obtuvieron en gran cantidad machetes y tubos rescatados de las grandes ferreterías, donde también se aprovechó para extraer botellas y recipientes de vidrio con las que se construyeron en gran cantidad bombas molotovs; otra pequeña parte provino de las armas propias que el pueblo sacó a las calles como escopetas y revólveres.

Durante varias horas se mantuvo la idea y la tentativa de los insurrectos de ir al »palacio presidencial» y tumbar al presidente y al gobierno, las cuales fracasaron debido a los francotiradores de la iglesia apostados en los campanarios, y a la decisión de los jefes liberales de negociar puestos en el Estado con el presidente, terminando en el tristemente célebre llamado de Echandía: “¿el poder para qué?”. Esto le dio tiempo a la reacción para tomar la iniciativa y movilizar las tropas del ejército desde Tunja y aplastar la insurrección. Esta fue la principal tentativa revolucionaria del 9 de abril. Después, desde el centro de la ciudad, las llamas de la furia popular se extendieron a algunos barrios y localidades, para un total de 3 días de lucha intensa, con focos que se extendieron por muchos días más.

Existen otros episodios que dan cuenta de que no fue un levantamiento de bandidos como la toma e incendio del hotel Regina y Ritz, donde se hospedaban los delegados de la Conferencia Panamericana que sesionaba en aquellos días en Bogotá, un instrumento del imperialismo yanqui y la burguesía lacaya; el incendio de las instalaciones del periódico “El Siglo», órgano que representaba la reacción conservadora; el establecimiento de una junta revolucionaria por parte de los obreros petroleros sublevados en Barrancabermeja y su consecuente llamado a formar una milicia popular, y las distintas acciones que se llevaron a cabo en las diferentes ciudades importantes del país encaminadas a romper con el viejo y caduco poder.

Desde el punto de vista del programa militar del proletariado en Colombia y desde la ciencia militar, la insurrección se desató por las siguientes causas: a) la profunda descomposición de las clases dominantes enfrentadas en torno al desarrollo del capitalismo en el campo y por la renta extraordinaria del suelo que propiciaban los cultivos de café, manifiesta a su vez en la lucha por el dominio del poder estatal, descomposición que se acentuó por su incapacidad de someter a las masas mediante las viejas vías de dominación ideológicas, así como por el desprestigio de las instituciones del Estado que habían desnudado su naturaleza reaccionaria por la violencia abierta y la perpetua corrupción. b) La creciente excitación de las masas que indignadas por el asesinato sistemático del pueblo, venían considerando la utilización de la violencia como una forma de defenderse o como única forma de derrocar a la “oligarquía” y tomar el poder; consideración que tomó forma y se cristalizó con el asesinato de Gaitán.

La derrota de la insurrección obedeció a la falta del papel que debió jugar el factor subjetivo, ello es la inexistencia de un auténtico partido bolchevique. Los jefes del Partido Comunista de aquel entonces (desvirtuado desde 1935 cuando viró hacia el reformismo y el parlamentarismo) fueron tomados por sorpresa y “almorzando” durante el levantamiento; pero además, una vez enterados de la situación y cuando las masas se movilizaban hacia el centro en caravanas armadas transportadas por taxis para tomar el palacio presidencial, estos llamaron a generalizar los mítines en los barrios; una actitud estúpida como se puede apreciar en un testimonio de un miembro de base del partido: “A las oficinas llegó la gente del partido, ante las noticias de la radio que empezaban a difundirse rápidamente. Había tremenda angustia en los rostros. Llegó el secretario de organización del Partido Comunista de esa época y planteó la tarea de salir a los barrios a hacer mítines. Yo califiqué de estúpida la orientación; no era necesario salir a los barrios porque la gente de por sí ya se estaba movilizando ante las noticias de la radio. En consecuencia, la tarea era operar en el centro de la ciudad con las masas que llegaban; mientras se iba a los barrios y se regresaba, ya todo habría pasado seguramente”. (Testimonio de Julio Posada en El Bogotazo: Memorias del olvido, de Arturo Alape).

Aunque las bases quisieron pelear y muchas lo hicieron, los dirigentes de ese Partido, entre ellos el revisionista Gilberto Vieira, nunca tuvieron los pies sobre la tierra; ni siquiera habían vislumbrado la posibilidad de una insurrección y mucho menos contaban con un plan de antemano. A pesar de ello, la insurrección demostró su fuerza ya que en menos de una hora todo el poder burgués había sido golpeado seriamente y puesto en entredicho. La mayoría de sus instituciones ardían bajo el fuego, el ejército había sido paralizado por las barricadas y la destrucción de las formas de transporte masivo, parte de la policía se había sublevado y sumado a la insurrección. Una hora de insurrección sirvió para demostrar que es la única forma efectiva y capaz de derrumbar el poder burgués.

Las lecciones para la posteridad de la derrota de la insurrección de 1948

Por un lado, está la necesidad de un verdadero Partido bolchevique conformado por un núcleo de probados jefes comunistas revolucionarios y un fuerte arraigo entre las masas y sobre todo entre la clase obrera, armados con un programa revolucionario y fieles a su clase, a las masas populares y a la revolución, además de contar con un contingente de organizadores y agitadores, con simpatía y apoyo entre las masas; por otro, la necesidad de desarrollar un trabajo de agitación, propaganda y organización en las filas de las fuerzas militares enemigas –policía y ejército– cuyas bases obreras y campesinas demostraron que en un momento insurreccional participan activamente de la revolución.

Hoy la dura situación que atraviesan las masas por la grave crisis económica y la pandemia, ha acelerado la marcha de un gran levantamiento popular y una posible insurrección, pues crece el desprestigio del gobierno, sacudido por su perpetua corrupción, se acentúa la división de las clases dominantes que debilitan al régimen gobernante y crece la justa y digna ira dentro de las masas populares, agobiadas por su situación de hambre y miseria; pero como en la insurrección de 1948 aún existe una situación desfavorable por la ausencia de un auténtico partido proletario, situación que puede ser compensada en la medida en que los auténticos luchadores del pueblo sepan avanzar a la vanguardia y sobre la marcha, crear un auténtico partido, y aprovechando el increíble desarrollo de las fuerzas productivas a su favor, especialmente de internet, sepan asestar un golpe demoledor a las tapias reaccionarias que se han apoltronado en el poder; y así, llevar a cabo un Programa Revolucionario que empiece por solucionar como primera tarea inmediata los problemas básicos de las sociedad colombiana.

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