Canadá – COVID-19: acontecimientos que revelan que estamos en la antesala del socialismo

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Canadá – COVID-19: acontecimientos que revelan que estamos en la antesala del socialismo 1

Tomado de ISKRA, 23 de marzo de 2020. La traducción es de Revolución Obrera.

Las medidas extraordinarias adoptadas desde hace más de una semana por los gobiernos provinciales y el gobierno federal del Canadá para combatir la pandemia de COVID-19 son indicativas del alto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del país y muestran lo arcaica que se ha vuelto la organización capitalista de la sociedad. En efecto, si la burguesía logra, de manera tan rápida, lograr los cambios trascendentales que estamos presenciando en la actualidad (reorganización de la producción industrial nacional, reorganización de la red sanitaria, cierre de escuelas y guarderías, cierre de centros comerciales, comedores de restaurantes, bares, cines y muchos otros lugares de reunión, etc.), es porque la socialización de la producción y la concentración económica están muy avanzadas en Canadá. Asimismo, la rapidez con que se han aplicado por la población las medidas dictadas por la salud pública (limitación de las reuniones, confinamiento, etc.) es un testimonio de la facilidad con que las directivas centralizadas, en condiciones económicas como las nuestras, pueden aplicarse cuando son aceptadas por las masas populares.

De hecho, la situación actual revela, con mayor claridad que de costumbre, que con un nivel de concentración económica tan elevado como en Canadá, y con la considerable cantidad de conocimientos, técnicas y medios que acompañan necesariamente a ese nivel de concentración, sería relativamente fácil resolvertodos los problemas de la sociedad (pobreza, desempleo, crisis económicas, corrupción, despilfarro, enfermedades, falta de servicios, escasez, etc.) y satisfacer todas las necesidades del pueblo mediante la aplicación de una planificación centralizada y la movilización de las masas populares. De hecho, si esto no ocurre, es sólo porque el proceso que habría que poner en marcha para lograrlo, la abolición de la propiedad privada burguesa y la completa colectivización de los medios de producción, iría en contra de los intereses y la voluntad de la clase capitalista que actualmente se encuentra en la cima de la sociedad. En efecto, a pesar de la ineficacia y el desorden que genera la propiedad privada de los medios de producción (ineficacia que ahora sale a la luz cuando el Estado burgués debe dictar a los capitalistas cómo comportarse), a la burguesía le interesa mantener la organización capitalista de la sociedad porque le permite acumular riquezas inconmensurables y escapar a la necesidad de y trabajar producir. Para realizar todo el potencial ya contenido en la sociedad actual y satisfacer las necesidades de las masas, será necesario, por lo tanto, enfrentarse abiertamente a la clase capitalista, para derrocarla y someterla por la fuerza. En otras palabras, el proletariado tendrá que hacer la revolución y tomar el poder político.

Si los estados burgueses están ahora de acuerdo en aplicar medidas tan draconianas y en restringir la libertad económica de las empresas privadas como lo hacen, no es porque la burguesía se preocupe de repente por el bienestar y la vida de los proletarios que está explotando constantemente. En efecto, aparte del hecho de que la pandemia le preocupa porque ella misma es susceptible de ser afectada por la enfermedad (los virus no diferencian entre proletarios y burgueses), la burguesía juzgó simplemente que las consecuencias del *laissez-faire *(dejar pasar, dejar hacer), podría conducir a un verdadero desastre sanitario en el corazón de los países imperialistas, que serían más perjudiciales que las consecuencias de una intervención enérgica. De hecho, los epidemiólogos estimaron que el COVID-19 tenía el potencial de llegar rápidamente a grandes sectores de la población de los países afectados y causar una hecatombe masiva si no se aplicaban medidas de “contención”. Por ejemplo, según una proyección publicada por el Imperial College de Londres, el número de muertes causadas por la epidemia, si no se adoptan medidas, sería de 510.000 en Gran Bretaña y de 2,2 millones en los Estados Unidos. Y eso sin mencionar el daño económico que se causaría en tales escenarios. No es sorprendente, por lo tanto, que la burguesía reaccionara con tal vigor y aceptara romper sus propias reglas durante cierto tiempo.

La concentración económica de los países capitalistas prepara el advenimiento del socialismo

Una de las características más importantes de los países capitalistas avanzados como el Canadá es el alto nivel de socialización de las fuerzas productivas en su interior. Mientras que en el momento de la aparición del capitalismo la economía se caracterizaba todavía por la dispersión y la libre competencia entre empresas aisladas, hoy en día son los grandes monopolios y entidades capitalistas los que dominan la vida económica. Estas grandes entidades concentran una cantidad increíble de medios de producción y reúnen masas de trabajadores y obreros, lo que hace posible la aplicación de técnicas mucho más avanzadas que antes en el proceso de producción y permite así alcanzar una productividad muy elevada. Mientras que en las primeras etapas del desarrollo del capitalismo reinaban la libre competencia y la fragmentación en el proceso social de producción, la aparición de monopolios y la concentración de la economía tienden ahora alimitar la competencia en ciertos aspectos (al tiempo que la exacerban en general) y hacen posible una cierta forma de “planificación” económica. La socialización de la producción permite reunir y centralizar una inmensa cantidad de datos sobre la vida social y desarrollar el conocimiento científico de la sociedad. Permiten elaborar cuentas nacionales precisas, hacer un inventario de todos los medios de producción y de todos los bienes producidos en el territorio, hacer un censo de toda la población, de todos los trabajadores y profesionales, etc., y permitir una cierta forma de “planificación” económica. Además, el desarrollo y la centralización de los medios de comunicación facilitan una transmisión extremadamente rápida de la información, lo que permite a las autoridades centrales reajustar su planificación a la realidad sobre el terreno e informar a toda la población de sus decisiones en tiempo real. El desarrollo del capitalismo nos ha llevado así a las puertas de la socialización integral de la producción. Todo está listo para implementar una completa planificación racional de la economía. En los países en los que reina el capitalismo monopolista, los Estados burgueses ya deben aplicar alguna forma de “planificación” económica integral. Sin embargo, como todavía existe la propiedad privada de los medios de producción, esta “planificación” es sólo parcial y no elimina el caos inherente al modo de producción capitalista. Sobre todo, no se lleva a cabo en interés de la mayoría, sino en interés de la minoría de capitalistas que poseen monopolios y grandes empresas. Sólo cuando el proletariado haya conquistado el poder político podrá llevar a cabo una planificación económica integral, una planificación socialista que responda a las necesidades de las masas populares y los trabajadores.

Volviendo al episodio actual, las medidas adoptadas por los gobiernos provinciales y el gobierno federal revelan, más claramente que de costumbre, la facilidad con que sería posible la planificación centralizada en un país como el Canadá. Fue, por ejemplo, la posibilidad de reunir información sobre las existencias de bienes disponibles en el territorio y sobre la capacidad de producción en el sector alimentario lo que permitió al Estado burgués de Quebec afirmar que no habría escasez de alimentos en la provincia como resultado del COVID-19. Asimismo, gracias a que dispone de datos precisos sobre el movimiento de mercancías a través del país, el Gobierno federal pudo evaluar el impacto del cierre de la frontera entre el Canadá y los Estados Unidos y garantizar el mantenimiento de las cadenas de suministro (incluidos los alimentos, el combustible y los medicamentos) entre el Canadá y los Estados Unidos.

Más interesante aún es que el gobierno federal anunció recientemente el “Plan de Movilización de la Industria Canadiense” para abordar el COVID-19. Se trata de un plan para aumentar la producción y el suministro de equipo médico en el Canadá (máscaras, guantes, respiradores artificiales, desinfectante, etc.) mediante el aumento de la capacidad de producción de las plantas existentes que ya los fabrican, la conversión de las líneas de producción de algunas plantas que fabrican otra cosa, e incluso la construcción de nuevas unidades de producción. El Estado subvencionará las compras que las empresas tendrán que hacer para realizar los cambios necesarios en sus medios de producción. Por ejemplo, la Asociación de Fabricantes de Piezas de Automóviles se ha ofrecido a producir equipo médico en lugar de piezas de automóviles. Entre otros, los fabricantes canadienses Martinrea y Magna International han anunciado su voluntad de convertir sus líneas de producción para fabricar respiradores artificiales. Además, la empresa Medicom, con sede en Montreal, uno de los principales fabricantes y distribuidores de máscaras quirúrgicas del mundo, ha sido blanco del gobierno para asegurar el suministro del país. La compañía tiene seis plantas en todo el mundo, pero ninguna en Canadá en este momento. A corto plazo, aumentará sus entregas de máscaras y, a mediano plazo, construirá una nueva planta en suelo canadiense. Según la empresa, la nueva planta debería estar operativa en cuatro o cinco meses, tal vez incluso menos. La empresa Thornhill Medical, con sede en Toronto, que produce respiradores artificiales y unidades portátiles de cuidados intensivos, también ha sido blanco del gobierno y aumentará su capacidad de producción. Además, una empresa textil ha anunciado que podrá convertir su producción para hacer guantes de látex desechables. Por último, tras el anuncio del gobierno federal, el Gobierno de Quebec dijo que ha iniciado conversaciones con empresas para pedirles que fabriquen máscaras y respiradores en la provincia. El “Plan de movilización industrial del Canadá” revela con elocuencia que el alto grado de desarrollo y concentración de las fuerzas productivas en el país permite reorganizar rápidamente la producción para satisfacer necesidades específicas, necesidades que se conocen gracias a esta misma concentración de las fuerzas productivas. Podemos ver, por lo tanto, que sería posible satisfacer todo tipo de necesidades en la sociedad en poco tiempo con una auténtica planificación centralizada. De hecho, esto no sucede porque las decisiones económicas se toman en función de los beneficios de los capitalistas.

Para hacer frente a la pandemia del COVID-19, la burguesía aprovecha actualmente la existencia de una red de salud altamente socializada. En el centro de esta red se encuentran grandes centros hospitalarios agrupados en vastas entidades administrativas (por ejemplo, el CISSS/CIUSSS en Quebec). Estos centros hospitalarios reúnen a miles de empleados y concentran una cantidad impresionante de recursos e instrumentos de trabajo. La concentración de los recursos y la organización centralizada de la red permiten, entre otras cosas, hacer un inventario de todo el equipo médico disponible en el territorio (hisopos para detectar COVID-19, mascarillas, batas desechables, guantes de nitrilo, camas de cuidados intensivos y de hospitalización, ventiladores, respiradores artificiales, etc.), distribuir racionalmente ese equipo entre los distintos centros hospitalarios, prever las necesidades de la red y planificar la asignación de la atención. En Quebec, por ejemplo, el gobierno ha declarado que podría liberar 6.000 camas de hospital, de las 18.000 disponibles en la provincia, para ponerlas a disposición de los pacientes que sufren del COVID-19. Las autoridades también han anunciado que se están preparando para añadir 3.000 camas adicionales, incluso requisando hoteles privados o abriendo instalaciones modulares. La centralización de la red de salud también permite a las autoridades conocer en tiempo real el número de personas que han sido sometidas a pruebas, el número de personas cuya infección se ha confirmado y el número exacto de pacientes hospitalizados. Esto les permite tener una buena idea de la progresión de la enfermedad y ajustar su planificación en consecuencia.

El Estado tiene un conocimiento preciso del número de trabajadores y profesionales de la red sanitaria, así como del número de especialistas burgueses disponibles en el territorio. Para hacer frente a la pandemia del COVID-19 y compensar la escasez de personal, el gobierno de Quebec ha lanzado un llamamiento a los antiguos trabajadores y a los antiguos profesionales de la salud, invitándoles a volver al servicio temporalmente. Pronto, unas 10.000 personas (principalmente enfermeras jubiladas o que habían dejado el sistema de salud) se ofrecieron como voluntarias. En un chasquido de dedos, se eliminaron las barreras burocráticas y financieras que normalmente existen. Los trabajadores que deseen reintegrarse a la red ya no tienen que pagar por la renovación de la licencia y la cobertura del seguro de responsabilidad profesional. En Ontario, después de que el gobierno hiciera un llamamiento similar, el Colegio de Enfermeras aceleró su proceso de reinscripción de miembros para permitir que las enfermeras que no ejerzan su profesión se reinscriban. Más de 3.000 enfermeras se presentaron rápidamente. Otras reformas se aceleraron para aumentar la fluidez y la eficiencia del sistema. En Quebec, las enfermeras pueden ahora firmar los paros laborales, una práctica normalmente reservada a los médicos. Además, la Asamblea Nacional aprobó con urgencia un proyecto de ley destinado a dar más poder a las enfermeras especializadas y a los farmacéuticos.

La adopción extremadamente rápida de estas medidas da un pequeño vistazo de lo que sería posible si la empresa no se gestionara en interés de los capitalistas. Con tal grado de organización y con la amplitud de los medios disponibles, cabe preguntarse por qué hay tantos problemas en la red de salud en tiempos normales (exceso de trabajo de las enfermeras y los ordenanzas, falta de recursos y personal, hacinamiento, etc.). La razón es simple: la planificación actual no se basa en los intereses de los trabajadores. Cuando la sociedad esté dirigida por el proletariado, será posible no sólo afrontar más fácilmente situaciones excepcionales como la que estamos viviendo actualmente, sino también resolver todos los problemas que, en la sociedad explotadora de hoy en día, agobian a los trabajadores de la salud y a los proletarios necesitados de cuidados. Será posible reducir en gran medida la carga de trabajo de los enfermeros y ordenanzas utilizando toda la fuerza de trabajo disponible, distribuyendo las tareas a realizar de manera racional y capacitando a más personas para trabajar en la red. Teniendo en cuenta la inmensa productividad de que disponemos a nivel nacional, será posible aumentar en gran medida la capacidad de la red mediante la construcción de nuevos hospitales y la producción de más equipo médico. También será posible poner fin a las clínicas privadas y reducir drásticamente los sueldos de los médicos, especialistas y personal de categoría superior a fin de utilizar los recursos liberados para servir al pueblo. Todos los servicios y medicamentos serán gratuitos o de fácil acceso. Y si nos enfrentamos a nuevas e importantes epidemias, los trabajadores de la salud, a diferencia de ahora, ¡tendrán las mejores protecciones posibles y serán compensados por sus heroicos esfuerzos!

Las normas sociales y el declive del Estado

Es bastante impresionante ver la rapidez con que amplios sectores de la población canadiense (no sólo entre la burguesía, sino también entre el proletariado) han aplicado las directivas emitidas por el ejecutivo gubernamental y la salud pública, sin necesidad de que las autoridades recurran a la represión o al uso de medidas coercitivas. Cientos de miles, incluso millones de proletarios asimilaron las instrucciones dadas por las autoridades (no reunirse, permanecer en casa tanto como sea posible, aislarse en caso de infección con el virus o en caso de regreso de un viaje, adoptar nuevas prácticas de higiene, etc.) y comenzaron a aplicarlas “espontáneamente” a su alrededor. La razón por la que esto sucedió es bastante simple: la gente rápidamente sintió que las instrucciones de las autoridades sanitarias eran sensatas y que era su deber aplicarlas para no contribuir a la propagación del virus. De hecho, el objetivo central de estas medidas (impedir la rápida propagación de la enfermedad) no es, en sí mismo, contrario a los intereses de la población, razón por la cual se aplicaron. Además, hemos sido testigos del muy rápido surgimiento de un nuevo conjunto de normas sociales, es decir, de reglas de conducta aceptadas implícitamente por un sector muy amplio de la población y que dictan el comportamiento social. La gente aceptaba que sus libertades individuales estaban siendo restringidas porque era el bienestar colectivo el que lo justificaba.

En cierto modo, este fenómeno nos da una idea (parcial e imperfecta) de cómo serán las cosas bajo el socialismo y el comunismo. Para que la sociedad funcione, no todo el mundo puede hacer lo que quiera, a pesar de lo que piensen los ideólogos liberales y anarquistas. Esto ya es cierto bajo el capitalismo y será aún más cierto bajo el socialismo. En efecto, en una sociedad organizada y dirigida de acuerdo con los intereses de las masas, será necesario, aún más que en la actualidad, alinear nuestras acciones individuales con las necesidades de la comunidad. Si se quiere satisfacer las necesidades de todos los trabajadores, será necesario aceptar que la sociedad impone importantes limitaciones a los individuos. Será necesario reconocer el carácter positivo de las normas y reglas, siempre que sirvan realmente al interés del pueblo y puedan ser aplicadas consciente y voluntariamente por los proletarios. Por supuesto, después de que el proletariado tome el poder, ciertas normas sociales peculiares de la sociedad capitalista desaparecerán y nuevas normas proletarias y comunistas surgirángradualmente. Por ejemplo, trabajar para servir al pueblo y no para su propio enriquecimiento será una de estas nuevas normas sociales. La participación en asambleas populares y la toma de decisiones políticas y económicas será otra.

En el socialismo, la vanguardia política del proletariado así como los diversos órganos ejecutivos del Estado proletario lanzarán consignas para movilizar a las masas a fin de avanzar en la transformación de las relaciones sociales y continuar la lucha de clases contra la burguesía. Como hemos visto recientemente, grandes fracciones de las masas asimilarán estas consignas y las aplicarán voluntariamente ya que corresponderán a sus intereses de clase. Es arrastrando a los proletarios a la acción de esta manera que las consignas políticas de la vanguardia permitirán la transformación positiva de la sociedad. A cambio, las masas alimentarán a las autoridades centrales y a su vanguardia política expresando sus necesidades y denunciando a los cuadros burgueses que han dejado de defender los intereses proletarios. Lejos de ser opresivo o autoritario como la burguesía quiere hacernos creer, este diálogo permanente entre el proletariado y su centro de gobierno permitirá a las masas actuar conscientemente para transformar el mundo y erradicar a la burguesía como clase social explotadora. Más aún, es el liderazgo ejercido por la vanguardia sobre las masas lo que provocará el surgimiento de nuevas normas comunistas. Gradualmente, estas nuevas normas sociales sustituirán a las medidas coercitivas y a las restricciones económicas hasta que regulen todos los aspectos de la vida social. Por ejemplo, la gente ya no trabajará porque necesite un salario y tenga miedo de quedarse sin dinero, sino porque ve su trabajo como una fuente de satisfacción y porque es consciente de la necesidad de trabajar para que la sociedad funcione. Para entonces, el dinero, las clases sociales y el aparato represivo conocido como el Estado habrán desaparecido y la sociedad habrá alcanzado la etapa del comunismo.

¡Vamos hacia el poder y el socialismo!

El episodio que estamos viviendo es sin duda un momento muy especial en la historia del capitalismo. Para aquellos que aspiran a transformar la sociedad, hay muchas lecciones que aprender. En particular, los acontecimientos recientes nos recuerdan el poder de las formas de organización económica que ha desarrollado la sociedad burguesa, formas de organización cuyo potencial sólo se explota parcialmente en las condiciones de la propiedad privada burguesa. Nos recuerdan que la planificación integral de la economía está al alcance de la mano y que sólo la lucha por el poder nos separa del socialismo. Además, este episodio nos recuerda la increíble capacidad de las masas para asimilar los eslóganes y ponerlos en práctica cuando son racionales. Demuestra la fuerza positiva de las normas sociales que, cuando se basan en el interés colectivo y el bienestar del pueblo, pueden hacer posible que amplios sectores de la sociedad (y posiblemente toda la sociedad) funcionen “espontáneamente” sin necesidad de medidas burocráticas y represivas. Para la mayoría de las personas, estas normas sociales están lejos de ser opresivas. Por el contrario, es su existencia y su poder lo que permite prever la desaparición del Estado una vez que las clases sociales hayan desaparecido después del período de transición socialista.

Finalmente, el episodio actual nos informa sobre el poder del aparato administrativo desarrollado por la burguesía y su capacidad de reaccionar rápidamente ante situaciones excepcionales. En pocos días, el Estado burgués logró llevar a cabo, aunque de manera caótica, una reorganización relativamente amplia de la vida social, hacer grandes reordenamientos y dar directivas que fueron seguidas por una gran parte de la población. Dicho esto, ante problemas como el que plantea la pandemia de COVID-19, las instituciones políticas que el proletariado pondrá en marcha bajo el socialismo permitirán hacer mucho más y mejor. Frente a un desafío similar de salud, el poder proletario reaccionará de manera muy diferente a la forma en que el poder burgués reacciona ahora. En efecto, en el socialismo, las decisiones se tomarán principalmente en función del bienestar de los proletarios, y no para asegurar el mantenimiento de la explotación capitalista. Dado que la planificación económica será completa, y no sólo parcial y limitada como en la actualidad, será posible llevar a cabo una reorganización mucho más fluida de la sociedad. Las repercusiones económicas negativas de la propiedad privada y la anarquía capitalista no se producirán. Sobre todo, las medidas que se pondrán en marcha (cierres, cese de determinadas actividades, limitación de las reuniones, etc.) no afectarán a los trabajadores en pleno vigor como ocurre actualmente. Por ejemplo, los trabajadores no se verán sumidos en la incertidumbre y sus ingresos estarán 100% garantizados. Aquellos que tienen que realizar tareas esenciales estarán mejor protegidos. Además, el trabajo a realizar se distribuirá racionalmente para que algunos trabajadores no se vean injustamente sobrecargados y para que las personas vulnerables puedan permanecer seguras. Los bienes esenciales (como los alimentos) pueden distribuirse gratuitamente y de manerasistemática a las personas aisladas por brigadas especiales equipadas para protegerse del virus. ¡Y así sucesivamente!

En general, el socialismo permitirá satisfacer todas las necesidades del pueblo. En todos los sectores, eliminará los obstáculos innecesarios para mejorar el bienestar de los trabajadores y reorganizará las cosas para facilitarles la vida. Utilizará los recursos ya contenidos en la sociedad burguesa y los desarrollará aún más. Permitirá al proletariado tomar todas las decisiones económicas necesarias para mejorar sus condiciones de vida (liberar tal o cual servicio, fijar el precio de tal o cual mercancía, construir nuevas infraestructuras, utilizar de manera óptima la mano de obra disponible, etc.). ¡Movilizará permanentemente a las masas para resolver todos los problemas de la sociedad!

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