A propósito de algunas críticas al editorial del 6 de mayo

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A propósito de algunas críticas al editorial del 6 de mayo 1

“Si los parásitos no garantizan la quincena, los obreros están llamados a derrocarlos y dirigir la sociedad”, fue el título del editorial del 6 de mayo pasado, el cual causó sorpresa entre algunos revolucionarios y acusaciones de economicismo en alguna cuenta de twitter.

Pues bien, reconocemos autocríticamente que no es el mejor titular y menos si trataba de un editorial, asunto que corregiremos para impedir que se preste a confusiones. En ese sentido, agradecemos la crítica constructiva de varios camaradas y amigos.

Sin embargo, para quien aprovecha un descuido para lanzar acusaciones malintencionadas es necesario decir unas palabras: se utilizó “si no hay quincena…” haciendo referencia a la columna del reaccionario Vargas Lleras titulada, Llegó la quincena, publicada en El Tiempo del 3 de mayo; con la intención de aprovechar la indignación de los obreros ofendidos por las propuestas infames de este representante de las clases dominantes, para que captaran desde el título a qué se iba a referir el artículo. Pero en el contenido del editorial queda clara la referencia no a la quincena, sino a las relaciones más profundas del sistema capitalista: el trabajo asalariado, el carácter social de la producción enfrentado al carácter privado de la apropiación y las crisis de sobreproducción; que impiden al sistema y a la burguesía sostener a quienes les producen la ganancia y, por consiguiente, la necesidad de derrocar a la burguesía.

Además, debemos recordarles a los que no entienden la relación entre economía y política que la lucha de resistencia hace parte de la lucha general de la clase obrera por su emancipación y así se hubiera llamado a luchar por la quincena no sería incorrecto ni “economicista”, pues un auténtico Partido de la clase obrera también debe dirigir la lucha en este terreno.

Para el pequeño burgués ahíto es fácil descuidar este terreno y calificar de economicismo cualquier alusión a la relación económica esencial de la sociedad capitalista, pero dejemos que sean Marx y Engels quienes salgan en defensa de lo dicho en el artículo:

“El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con el progreso de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad”. (Manifiesto del Partido Comunista, negrillas nuestras).

Tampoco es utilizar fraseología revolucionaria para maquillar un supuesto economicismo. Por el contrario, es una orientación política correcta basada en el análisis económico, político y social del actual momento y que Marx y Engels en el Manifiesto igualmente describieron de forma magistral:

“Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros. Desde hace algunas décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación. Basta mencionar las crisis comerciales que, con su retorno periódico, plantean, en forma cada vez más amenazante, la cuestión de la existencia de toda la sociedad burguesa. Durante cada crisis comercial, se destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción. La sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie: diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial la han privado de todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no favorecen ya el régimen burgués de la propiedad; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa. Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno”.

Hoy, la crisis económica que sacude al capitalismo mundial, es agravada por la pandemia del Coronavirus y a la cual evidentemente no se le sacó el suficiente provecho en el artículo por cuanto ella: “…centuplicará las fuerzas que se levantarán próximamente, no solo contra las medidas reaccionarias antiobreras y antipopulares que no han cesado, sino además contra la hambruna, por empleo, salarios y subsidio a los desempleados… en poderosas rebeliones y Huelgas Políticas de Masas con posibilidades de convertirse en insurrecciones y guerras populares acercando el triunfo de la Revolución Proletaria Mundial”. (Ver: La verdadera pandemia es el capitalismo imperialista).

Además, llamar a construir el Partido y la nueva Internacional Comunista como parte de los preparativos del proletariado para derrocar a los capitalistas también es una orientación correcta, derivada del análisis marxista de la situación y es consecuente con la obligación de los comunistas de defender los intereses inmediatos y futuros del movimiento obrero, de ligar las aspiraciones inmediatas de clase con sus tareas políticas y misión histórica, así como destacar las obligaciones de los obreros conscientes y la intelectualidad revolucionaria.

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)

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