LA PARTIDA DE UN VIEJO Y QUERIDO CAMARADA

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LA PARTIDA DE UN VIEJO Y QUERIDO CAMARADA 1

Es incalculable la pérdida de un viejo camarada en nuestras filas, y más aún cuando ese querido camarada gozó de unas cualidades excepcionales y de una firmeza ejemplar durante toda su vida de militante. La sencillez, la humildad, la disciplina y la perseverancia ennoblecen y engrandecen a cualquier hombre, pero cuando esas cualidades se unen en la lucha por la liberación de todo el género humano se trasciende más allá de las fronteras de la vida de los hombres comunes. El camarada Ignacio fue un luchador incansable, un hombre de estirpe guerrera.

Hace menos de dos años que conocí al camarada Ignacio, la primera impresión que me dio fue la de un hombre muy prudente, en reuniones procuraba hablar solo en los momentos precisos y de las cosas que conocía, además sabía preguntar cuando ignoraba algo. En su vida personal, el camarada practicó una vida sencilla, esa sencillez que generalmente acompaña a las personas grandes de espíritu.

Con el trascurrir del tiempo y de pláticas con él, conocí que el camarada Ignacio fue un obrero consciente toda su vida, un sindicalista de avanzada que participó en el esplendor del sindicalismo independiente; cómo recuerdo con nostalgia esa charla cuando me lo contó: “Cuando me inicie en todo esto, yo me acerque a los mamertos (Partido Comunista), y trabajé en el sindicato de la empresa, pero se da uno cuenta que la cosa no es por ese camino, ahí fue cuando conocí la revista Contradicción”. En esa charla también me contó sobre la alegría de las victorias sobre los burgueses industriales gracias a la grandiosa fuerza de los sindicatos de aquella época.

También me acuerdo mucho de su rostro de desconsuelo porque yo soy joven y no conozco nada de eso y estos tiempos han sido de derrota. Al camarada Ignacio le gustaba mucho compartir sus experiencias de lucha. Otra de las conversaciones de las que nunca me olvidaré fue cuando me habló del periodo que se vino a pique el sindicalismo independiente y terminó despedido de la empresa, de cómo por las listas negras en ningún lado pudo conseguir trabajo, paso muchas necesidades con su familia y le tocó ir a trabajar a una mina como mecánico para poder subsistir con un salario miserable. Hoy recuerdo nuestra charla y se reafirma en mí el pensamiento del gran guerrero que fue Ignacio.

El camarada sufría de una enfermedad en el sistema circulatorio que lo limitaba mucho, padecía de fuertes dolores que nunca fueron un obstáculo para participar en la vida militante. Me vine a percatar de esa situación con el tiempo de conocerlo, porque él no era un hombre de quejarse y en su aspecto físico se asemejaba a un roble. Por eso la noticia de su muerte me causó gran dolor y la sensación de una enorme perdida. Para nosotros y su familia su muerte pesa más que toda la cordillera junta, la clase obrera en Colombia también perdió a un noble servidor y un fiel amigo que en ningún momento soslayó el anhelo más preciado y buscado por los auténticos comunistas en Colombia: Construir el partido de la clase obrera.

Honrar al camarada Ignacio es cumplir su anhelo, continuar su tarea y emular su ejemplo de vida. En tiempos de derrota y de renuncias, qué glorioso y brillante es morir vestido con la militancia comunista.

«Lo más preciado que posee el hombre es la vida. Se le otorga una sola vez, y hay que vivirla de forma que no se sienta un dolor torturante por los años pasados en vano, para que no queme la vergüenza por el ayer vil y mezquino, y para que al morir se pueda exclamar: ¡toda la vida y todas las fuerzas han sido entregadas a lo más hermoso del mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad! Y hay que apresurarse a vivir. Pues una enfermedad estúpida o cualquier casualidad trágica pueden cortar el hilo de la existencia». (De la novela Así se templó el acero de Nikolai Ostrovski).

Un camarada de Ignacio

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