TERMINÓ LA FARSA ELECTORAL Y PROSIGUE LA LUCHA POPULAR

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Ha concluido la farsa electoral. «El triunfo de la democracia» es pregonado por capitalistas y gobernantes, secundados por los jefes reformistas y oportunistas aunque cabizbajos ante la pérdida de su «poder» en la Capital.

Para los ricos es el triunfo de su democracia burguesa, falsa, hipócrita, que políticamente les sirve para legalizar su dictadura de clase contra los pobres, y económicamente para intensificar la explotación de los trabajadores y usurpar en provecho privado los bienes públicos de la sociedad.

En la democracia burguesa el que verdaderamente elige es el poder del capital, que dispone cuando quiere de idiotas útiles reformistas para administrar sus negocios. Si bien como derecho del pueblo es una farsa, la lucha electoral entre las facciones burguesas por el poder político es una lucha real que en estas elecciones consolidó el poder de la coalición gobernante. No es una lucha por el poder político como fin, sino como medio para obtener mayor beneficio económico. Solo en la capital del país -que representa el 24,7% del PIB nacional- disputaron el manejo de ¡62 billones de pesos! para los próximos cuatro años.

Para el poder del capital en las elecciones no cuenta la moral ni las buenas costumbres y menos los deseos altruistas de los candidatos. Solo cuenta la ganancia, el mayor beneficio. Por eso en palabras de propio Vice-fiscal:

«de 114.000 candidatos inscritos para cargos de elección popular, 103.000 tienen investigaciones, desde demandas por alimentos y por vínculos con organizaciones armadas ilegales hasta delitos sexuales».

Por mencionar apenas la nata de la podrida democracia burguesa, el poder del capital eligió Alcalde de Yopal a «John Calzones» actualmente preso en la cárcel Modelo; Gobernadora de la Guajira a Oneida Pinto, heredera de «Kiko» Gómez padrino de bandas criminales; Gobernadora del Valle a Dilia Francisca Toro, parapolítica y magnate del podrido negocio de la salud, precisamente en un departamento donde agoniza el Hospital más importante del suroccidente.

Para los pobres, para el pueblo trabajador, la farsa electoral es engaño y desilusión, pues además de imponer a sus tiranos, los condena a pagar con sus impuestos el parasitismo estatal, que en estas elecciones costó $440.000 millones por la jornada, más $120.000 millones por las consultas internas de los partidos, más otros cientos de miles de millones por gastos, en reposición a los candidatos ganadores según su votación, en logística de biometría, escaneo y grabaciones, y en la repetición de las elecciones en Tinjacá (Boyacá) donde se demostró que el máximo alcance del Voto en Blanco es repetir la farsa.

Pero la cada vez mayor desigualdad entre explotados y explotadores, las humillaciones, represión y persecución que a diario sufren los pobres por el mandato opresivo de los «elegidos», agudiza las contradicciones entre las clases y la lucha entre ellas, donde los obreros y campesinos tantas veces engañados por las promesas electorales, han ido aprendiendo a confiar más en su propia lucha y a distanciarse de los politiqueros, como ocurrió en estas elecciones donde se mantuvo la histórica mayoritaria tendencia abstencionista, a pesar de las promesas de los candidatos, de la coacción de los patronos y de la amenaza de sus esbirros criminales.

Además de diversas asonadas donde los propios politiqueros derrotados aprovechan la constante y profunda indignación del pueblo contra sus opresores, las masas de poblados enteros como Rocha (corregimiento de Arjona -Bolívar), dado el abandono por parte del Estado, 25 días antes en asamblea popular decidieron no permitir las elecciones y cumplieron su decisión enfrentando masivamente a las fuerzas represivas; igual decisión de no participar en las elecciones tomaron los habitantes de poblaciones de la Isla Barú. Son manifestaciones de abstención consciente, activa y organizada, desastrosas para los reaccionarios, pero muy propicias para el trabajo de los revolucionarios.

Son bellas enseñanzas de la espontaneidad de las masas, que encuentran su mejor expresión en la lucha directa de obreros y campesinos, de indígenas y desplazados, de médicos, estudiantes y usuarios de la salud, en contracorriente al pregón de paz social proveniente de La Habana, en contravía a la gigantesca campaña propagandística de todos los politiqueros por todos los medios llamando a los trabajadores a dejar sus problemas en manos de los «elegidos», es decir, de los corruptos, de los criminales, de los explotadores y verdugos del pueblo. Los capitalistas con el poder de su Estado y el capital montan estas farsas de elecciones y de la paz para engañar a los pobres; pero son sus acólitos reformistas y oportunistas quienes les hacen el mejor trabajo: apoyarlas y justificarlas al interior de las organizaciones de masas y sindicales, haciéndolo desvergonzadamente en nombre de los trabajadores.

Los comunistas revolucionarios no permanecieron indiferentes ni silenciosos ante la farsa electoral: denunciaron el Estado de dictadura de clase de los explotadores y el engaño de sus elecciones; revelaron que los partidos politiqueros que se dicen de «izquierda» son simples bufones de la farsa electoral comprometidos con el engaño pacificador de los enemigos del pueblo; hicieron propaganda a la necesidad de destruir el podrido Estado burgués para construir un nuevo Estado de Obreros y Campesinos; llamaron al pueblo a No Votar, a confiar en sus propias fuerzas, a unir y organizar sus luchas, a librarlas en la perspectiva de la Revolución Socialista contra todo el poder político y económico del capital.

Fue una actuación correcta porque se corresponde a las condiciones de conciencia y organización del movimiento de masas; porque la división de las clases dominantes, el desprestigio y la corrupción irreversibles de todas las instituciones del Estado, el descalabro gobernante y electoral de los partidos politiqueros de «izquierda», son todas condiciones al cual más favorables para hacer de la lucha masiva directa del pueblo la mejor forma de avanzar y preparar ahora los futuros combates a muerte contra los explotadores, la futura insurrección que destronará el poder del capital e instaurará el poder absoluto del trabajo.

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)

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