Por qué los Grandes Monopolistas Financiaron el SÍ y el NO

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Varios columnistas de la burguesía denunciaron en diversos artículos que los principales financiadores de la campaña por el NO en el Plebiscito fueron la mafia y los paramilitares, calculan que pudo haber costado más de 3.600 millones de pesos y no los 1.300 millones que reportan los uribistas. Poco dicen en cambio del despilfarro y de toda esa pantomima por parte del gobierno que costó más de 280.000 millones de pesos. Igualmente, callan que algunos grandes capitalistas aportaron a las dos campañas, tales como el Banco Davivienda y Seguros Bolívar, o el Grupo Ardila Lulle (así se haya «lavado las manos» cuando Juan Carlos Vélez hiciera público su aporte a la campaña por el NO).

No es un misterio explicar por qué los magnates capitalistas financiaron las dos campañas, por cuanto son ellos los grandes beneficiarios del despojo de millones de hectáreas. Hecho que pone en evidencia además, que el Plebiscito era una farsa donde en realidad los aparentes polos opuestos en que pretendieron dividir al pueblo («o por la paz o por la guerra») son un solo polo: el de los ricachones explotadores y despojadores.

Todos los grandes parásitos explotadores han ganado con la guerra y lo harán con la paz. Su capital creció durante el régimen de Uribe subsidiando con el capital de la mafia los grandes negocios, pero también beneficiándose de la enorme carga tributaria que se le cargó al pueblo y la superexplotación que se le incrementó a la clase obrera con leyes tan lesivas como la 789 de 2002. Lo hace igualmente bajo el gobierno de Santos, donde la política de paz es la médula de la supuesta salvación de la crisis económica que hoy arrecia en el país, pintándose como una gran oportunidad hacer multimillonarias inversiones en la minería y el agro con tierras regaladas legalizadas bajo el acuerdo de La Habana.

Mientras se dividió al pueblo entre los supuestos partidarios de la paz y los promotores de la guerra, los capitalistas se han hecho con la tajada del león de las tierras expropiadas y aseguraron con los acuerdos que las Farc no volverán a hacer resistencia armada, con lo cual la inversión en la tierra queda asegurada para las hienas sedientas de devorar la naturaleza y agrandar sus ya rebosadas fortunas.

La feroz e hipócrita burguesía es enemiga de la clase obrera y por esto es necesario proclamar la independencia respecto de todas sus facciones y partidos políticos. A lo largo de su dominio de clase en Colombia, ha demostrado con creces que es una clase reaccionaria, lacaya y socia del imperialismo, asesina y despojadora y por ello el movimiento obrero no debe ir a la cola de su hipócrita llamado de paz.

La burguesía colombiana es la clase de los parásitos que no producen; es un zángano reaccionario que a la vez que succiona la savia vital del trabajo de millones trabajadores, es incapaz de llevar a buen puerto este país. Si la clase obrera confía en cualquiera de sus facciones será condenada a cargar sobre sí la descomposición de este ruin sistema que sobrevive a cuenta de devorar a la clase obrera y destruir a la naturaleza. La burguesía es la maleza de la sociedad, es la usurpadora de la riqueza social, no la esperanza del progreso.

La clase obrera tiene la misión de emanciparse de la burguesía, los terratenientes y los imperialistas, emancipando al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y la lucha de clases, por esto debe constituirse en una clase independiente y actuar revolucionariamente, no dejarse arrastrar a la cola de los intereses del gobierno burgués o de falaz oposición.

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