NI LAS ALTAS CORTES SE SALVAN DE LA PODREDUMBRE ESTATAL

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NI LAS ALTAS CORTES SE SALVAN DE LA PODREDUMBRE ESTATAL 1

Ni las «altas Cortes» con sus «honorables» magistrados se salvan de los escándalos de corrupción en Colombia. Eso lo demuestra el caso del senador y ganadero Musa Besaile, hermano del actual gobernador de Córdoba, protegido de López Cabrales, detenido por paramilitarismo, firmante y propiciador del Pacto de Ralito, acusado por Mancuso de recibir el apoyo electoral de las autodefensas. Este politiquero en 2015 frenó con $2.000 millones una orden de captura por parapolítica al sobornar a los exmagistrados de la «honorable» Corte Suprema de Justicia Leonidas Bustos y Francisco Javier Ricaurte. El dinero se lo entregó al corrupto exfiscal «anticorrupción», Gustavo Moreno, el cual según Besaile, es un «extorsionista de cuello blanco, un maestro en el negocio». El señor Musa Besaile también sale untado en el caso de Odebrecht por favorecer a esa firma para que le otorgaran la construcción de la Ruta del Sol.

Esto demuestra que los casos de corrupción no son cosa de algunas «manzanas podridas» o de casos aislados, como los quieren hacer ver desde los medios de comunicación burgueses. Se trata de la podredumbre general del Estado y una clara muestra de que la justicia bajo el capitalismo beneficia a los que ponen el capital y los que lo posean, pueden comprar a los «incorruptibles» magistrados, a jueces, fiscales, testigos… pueden cambiar incluso las leyes, los códigos y hasta la misma constitución.

Los locutores prepago hablan de una campaña por recuperar la «moral» de la justicia, de «sacar los ladrones de la casa», campaña romántica y soñadora que camufla el fondo del problema, el cual es que en Colombia, país capitalista, la justicia se la aplican con todo el peso de la ley a las masas pobres del campo y la ciudad, mientras la impunidad y la corruptela campea en todos los ámbitos del poder político y económico, pues ese es el carácter de este Estado burgués-terrateniente y pro imperialista.

«La casa», que sería el Estado en este caso, toca derrumbarla desde sus cimientos más profundos, barrerla con retroexcavadoras y sobre sus ruinas construir una nueva. Es decir, el podrido Estado burgués no admite reformas, como aspiran los socialdemócratas y oportunistas cuyo fin último es mejorar la maquinaria de guerra estatal con que explotan y oprimen a las masas. La lucha por reformas, por ejemplo a la justicia, es válida en el sentido que les permita a los obreros y campesinos mejorar sus condiciones materiales de vida para acumular fuerzas y energía para combatir en las luchas futuras y decisivas que echarán por el piso el capitalismo y su sistema de justicia que hoy se vende al mejor postor, pero que bajo el Socialismo, será el poder de los obreros y campesinos armados quienes organicen los tribunales populares, sistema de justicia barato y democrático donde el pueblo ejercerá la justicia sin ninguna interferencia del poder del capital. Desechar todas las ilusiones en la justicia burguesa debe ser la consigna del pueblo, es decir, a la vez que se usan los mecanismos de la ley del podrido Estado burgués, realizar las denuncias públicas y usar todas las formas de lucha directa —no politiquera— y de movilización de masas que sean posibles, siendo estas últimas las principales, pues casos como el de Musa Besaile dejan claro al pueblo trabajador que la casa está podrida desde adentro y que es necesario demolerla con la lucha revolucionaria de masas.

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