En Montes de María: Seguridad Para los Ricos y Muerte Para los Pobres

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En Montes de María: Seguridad Para los Ricos y Muerte Para los Pobres 1

Don Orlando Meza un viejo de esos que nos encontramos cuando vamos al campo, afable y solidario que se hace querer de todos, fue asesinado por la Armada Nacional que desde un helicóptero disparó sobre un caserío donde se encontraban algunos miembros del grupo armado llamado “Clan del Golfo”. A don Orlando el ejército lo quería reportar como un miembro de ese grupo, así como como lo hicieron con los 6.402 jóvenes asesinados entre el 2002 y 2008 y presentados como dados de baja en combate, si no hubiera sido porque la comunidad denunció rápidamente que el viejo no tenía nada que ver con grupos criminales.

A don Orlando lo mató el títere de Duque, quien semanas antes había estado en la región de Montes de María, en el Salado, donde hace 21 años se cometió una de las masacres más cruentas por paramilitares en complicidad con el ejército; llegó dizque para atender las denuncias que la comunidad ha hecho puesto que la región nuevamente está siendo amenazada por las Águilas Negras (léase militares camuflados) y el incremento de la violencia que está generando desplazamiento en la región. Duque anunció el 5 de febrero que la fuerza pública fortalecería la seguridad en la zona con operaciones como la que realizó la Armada el pasado 2 de marzo en el corregimiento de Guamanga en el Carmen de Bolívar.

La seguridad que prometió ese día el régimen mafioso, es la misma que prometía el paraco Álvaro Uribe Vélez, la misma que prometió Juan Manuel Santos y todos los presidentes anteriores; la SEGURIDAD PARA LOS RICOS, ¡como sea y por encima de quien sea!, para garantizar que sus negocios se mantengan y se extiendan. En el caso de Montes de María, seguridad para que las compañías como ARGOS, Cargill entre otros, continúen la explotación del suelo fértil de la región con sus cultivos de Palma, Teca y otros productos agrícolas, y por parte de la mafia como corredor estratégico para el negocio de los sicotrópicos.

La muerte de don Orlando, se suma al incremento de las amenazas a los dirigentes sociales, al asesinato de varios de ellos o de sus familiares y como si se hubiese devuelto la cinta de la película de terror de hace años, estamos presenciando nuevamente una situación dramática para los pueblos de esta región. Pero lo importante es que no necesariamente se puede repetir la historia, al revisar la cinta, se aprecian unas lecciones que deben se aprehendidas por las masas.

Una de ellas, es que el Estado y sus fuerzas militares son cómplices y actores de la guerra contra el pueblo, pues es el defensor de los intereses de los capitalistas y terratenientes, como claramente lo dice un líder sindical en San Onofre: “Los mismos hombres armados y con buzos negros que vemos merodeando en las casas de los líderes están cobrándoles vacunas a las personas que trabajan en la playa y a las personas que transitan en ella. Operan en las narices de la Policía y nadie les dice nada, entonces, como han dicho por ahí, ¿qué supone uno?.

Las instituciones del Estado, las ías, el congreso, los politiqueros… no van a ayudar a salvaguardar la vida de la población; bien lo dice Sor Marina Solís, representante de procesos afro de San Antonio del Palmito (Sucre) ante la Mesa Nacional de Víctimas, refiriéndose a la visita de la Comisión de Paz: “El martes 2 de marzo vino la Comisión de Paz del Congreso a ‘tirar pantalla’… lo digo así porque si tuvieran un verdadero sentido de pertenencia por lo que pasa acá, no vendrían en este punto crítico, sino que se quedarían en todo momento. Es necesario que ellos vean que la gente tiene temor de salir, porque si lo hacen seguro ven cosas horribles y aquel que las denuncie es hombre muerto”.

La seguridad de los dirigentes sociales no la va a dar el Estado, no solo porque es inoperante e ineficaz, pues llega cuando ya han sido asesinados, sino además porque es pedirles a los propios enemigos asesinos protección.

La lección más importante por tanto es que ¡solo el pueblo salva el pueblo! En Montes de María no puede volver a pasar lo sucedido en El Salado; la comunidad debe organizarse para garantizar su protección y la de sus dirigentes; la movilización y la lucha, así como se viene realizando en otras partes del país se debe generalizar, y con la unidad entre las comunidades azotadas por la guerra con el proletariado de las ciudades es necesario empujar ahora el Paro General Indefinido para frenar por lo menos temporalmente la guerra contra el pueblo. Pero en definitiva, es urgente prepararse para avanzar en la lucha por expropiar a los expropiadores, destruir sus fuerzas militares e instaurar el nuevo Estado de Obreros y Campesinos que garantizará la vida y seguridad del pueblo con el propio pueblo armado.

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