Mientras Avanzan los Diálogos de Paz en La Habana, en Colombia la Lucha de Masas se Intensifica

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Durante décadas, los campesinos pobres y medios, así como los hermanos indígenas han sido sometidos, violentados y desplazados por los capitalistas. Terratenientes de Colombia y de otros países han sido los verdugos en el campo, lo que a su vez ha desatado la furia de las masas campesinas e indígenas, que dejaron en la historia valiosos ejemplos, como los movimientos de Los Comuneros, Los Bolcheviques del Líbano y El Movimiento Armado Quintín Lame.

Sin embargo, está opresión y súper explotación en el campo, que implica el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción a través de la violencia, sigue aguzándose. Colombia es el segundo país del mundo a nivel de desplazamiento forzado de poblaciones, tras Siria, donde más de 6,3 millones de personas han sido desplazadas durante la guerra al servicio de la acumulación por la ganancia que produce la tierra, pero además del despojo violento, la situación de los hermanos campesinos emperora, según el censo agropecuario, el 73% de los campesinos entre los 17 y los 24 años no tiene acceso a la educación. Los ganaderos tienen más de 40 millones de hectáreas, cuando sus ganados podían pastar perfectamente en 23. En Colombia ¡el 41% de los 113 millones de hectáreas de uso agrícola está en manos del 0,4 % de propietarios! Y no todo se explica con el factor Uribe: la concentración de la tierra ha crecido de manera sostenida en los últimos 55 años, es decir una política acorde a la etapa del imperialismo, que arrasa con el hombre y la naturaleza.

Pero no bastan las décadas de sufrimiento para los hermanos campesinos, ahora el Estado colombiano en cabeza del gobierno de Santos, continúa pisoteando las exigencias y derechos de los campesinos pobres y medios, del proletariado agrícola y de los indígenas, lo que demuestra que la paz negociada en La Habana, no le sirve a las masas campesinas, sino a los terratenientes y monopolios imperialistas, dueños de grandes extensiones de tierra de la cual sacan ostentosas ganancias.

Un ejemplo de ello es el incumplimiento [1] del pliego presentado por los campesinos en 2014. Los acuerdos quedaron diluidos en Mesas de Trabajo con más del 70% de incumplimiento2. De ahí que los compañeros decidan nuevamente saltar al escenario de la lucha, organizando una nueva cumbre para definir los pasos a seguir y garantizar el cumplimiento a sus exigencias, pues la realidad de la “paz” que ofrece Santos, solo les ha dejado: persecuciones, desalojos, encarcelamientos, desapariciones, represión, etc.

Ante este panorama, el último trimestre no puede iniciar si no es con lucha. Así lo demuestra La Cumbre de los campesinos e indígenas, que contó con movilización y toma del Ministerio de Agricultura, donde alrededor de 250 hermanos indígenas enfrentaron al Ministro en su oficina, pues si el gobierno no da la cara, los luchadores tienen que buscarlo y exigirle lo prometido. Como es de esperarse, las vías de hecho, fueron catalogadas como ilegales, violentas e inaceptables para el gobierno; pero para la lucha de masas, dichas acciones representan un repunte en la pelea por los derechos de la mayoría, repunte que por cierto, da cuenta de la fuerza y el miedo que causa a los poderosos la organización, decisión y beligerancia del pueblo colombiano.

La demagogia de la “paz y la prosperidad para todos” la va entendiendo el pueblo colombiano, por ello desconfía de las promesas y salidas que ofrece el gobierno Santos. De ahí que la lucha continúe con su tendencia a intensificarse y aumentar. ¡No más promesas sin cumplir! ¡No más Mesas de Trabajo! ¡No más engaños! Ese es el sentir de las masas, que debe ser canalizado y organizado hacia un mismo objetivo: la destrucción del podrido Estado burgués.

La situación es muy favorable. Está demostrado que al Estado ni siquiera le interesa garantizar las zonas de reserva campesina como mano de obra barata para el monopolio, no aprueba los proyectos productivos presentados por los campesinos, continúa entregando el campo a los grandes monopolios dejándolo a expensas de la destrucción y devastación, no hace nada ante el asesinato de líderes indígenas, por el contrario aprueba que la prensa burguesa los señale de saqueadores e insurgentes como sucedió en el programa Séptimo Día.

Definitivamente la salida es la lucha, la movilización, unidad y organización. Más que nunca se evidencia claramente la tendencia de la Huelga Política de Masas, como la táctica revolucionaria que arrasa con la politiquería, con el reformismo defensor del Estado capitalista y con la ilusión de una paz que no le corresponde ni le favorece a las masas. Pero esta táctica no puede ir separada de una estrategia: la de la Revolución Socialista, que solo es posible con la organización de la Clase Obrera en su propio Partido y con la destrucción violenta del Estado capitalista; mientras tanto, continuar mejorando las condiciones para que el pueblo no termine degradado por el hambre y la delincuencia, hace parte de preparar y acumular fuerzas para la noble causa del socialismo, donde obreros y campesinos tomen las riendas de la sociedad y avancen hacia la destrucción de todo vestigio de explotación sobre la faz de la tierra.

Tomado de: Revolucion obrera No. 438

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