Libertinaje en el Vaticano y discursos de persecución a los «inmorales»

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El pasado 28 de junio fue escándalo la tremenda fiesta que tuvo el monseñor Luigi Capozzi: una orgía gay con drogas incluidas en un lujoso apartamento propiedad del Vaticano. El monseñor se encontraba en tal estado de enajenación, entiéndase «perdido de la traba», que tuvieron que llevarlo a la clínica Pío XI para un proceso de desintoxicación y luego fue llevado por el vaticano a un «retiro espiritual», entiéndase donde «dormir la perra».

Este es otro de los tantos escándalos que muestran la profunda descomposición del Vaticano. Tal descomposición no es de ahora, ya en el siglo XVI Martín Lutero promulgó La Reforma, la cual generó la división entre católicos y protestantes, argumentando la gran podredumbre en la que se encontraba esta institución, lo cual era cierto; sólo que Lutero representaba a la burguesía en asenso que necesitaba desarrollar el libre mercado, y la iglesia católica era un impedimento; apoyándose en un discurso moralista Lutero y Calvino impulsaron una nueva religión que generó las guerras de La Reforma en toda Europa, en las que el pueblo no salió beneficiado por ningún lado y sí puso los muertos. En las rebeliones campesinas en Alemania de 1525 contra los señores dueños de la tierra, entre ellos parte de clero católico, los campesinos ingenuamente creyeron que Martín Lutero los iba a apoyar y terminaron incriminados por éste de la manera más virulenta: «contra las hordas asesinas y ladronas mojo mi pluma en sangre: sus integrantes deben ser aniquilados, estrangulados, apuñalados, en secreto o públicamente, por quien quiera que pueda hacerlo, como se matan a los perros rabiosos». En cuanto a la moral de los protestantes, también hay historias que contar de antes y ahora de sus pastores, como el sonado caso de los Piraquive, su Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y el Partido MIRA, por sólo dar un ejemplo.

Pero volviendo al Vaticano, en el siglo XVIII en una visita que hicieron los científicos Jorge Juan y Antonio de Ulloa al nuevo mundo, presentaron un informe llamado «Noticias secretas de América» en la que describían cómo, mientras los conventos eran burdeles, el clero tenía un trato cruel con los aborígenes, persiguiendo las «inmoralidades» de éstos y aplicando el castigo de la triste célebre Inquisición.

Es decir, las actuaciones libidinosas en esta institución no son nuevas y aunque hoy traten de mostrar el problema como el de unas cuantas manzanas podridas, no se puede tapar el sol con un dedo, es más que evidente; una institución podrida hasta la médula que no solamente comete actos impropios sino que es un instrumento utilizado por las clases dominantes para subyugar al pueblo; bien lo decía Lenin: «El marxismo considera siempre que TODAS las religiones e iglesias modernas, todas y cada una de las organizaciones religiosas, son órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera». (La actitud del partido obrero hacia la religión).

Ahora bien, de lo que el pueblo trabajador debe percatarse, es que detrás de los discursos moralistas de todas las instituciones religiosas, llamando a perseguir «inmorales» generando divisiones artificiales en el propio pueblo, a separarse de aquellos que no están de acuerdo con sus prédicas religiosas, o con aquellos que son de otra religión, o por su orientación sexual, etc., etc… detrás de todo esto, están ocultando que TODO el pueblo está sometido a un régimen de opresión y explotación que lo une enormemente y ser consciente de ello, lo llevaría a organizarse para derrocar a todas estas instituciones religiosas y políticas.

Por esto siempre que algún partido político apoyado en alguna institución religiosa invite a perseguir a los «inmorales», hay que detenerse a pensar a quién realmente beneficia seguir estos discursos de doble moral.

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