La Masacre en Argelia y la Necesidad de la Guardia Popular

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Asonada en Argelia, Cauca tras masacre

El pasado 23 de noviembre se cometió otra masacre de cinco personas en el municipio de Argelia, Cauca, donde resultaron también otras dos heridas en atentados sucesivos. Los asesinos tuvieron completa libertad para perpetrar la masacre en un municipio donde existe una fuerte presencia la fuerza pública, ya que bajo el amparo del Estado se acercaron primero a un billar y abrieron fuego indiscriminado, luego a una discoteca cercana donde de nuevo repitieron la escena, terminando su carnicería en un bar.

Del saldo de muertos se cuenta un líder social muy apreciado por la comunidad. El pueblo se sublevó en asonada contra las fuerzas militares del Estado, obligando a la captura del presunto asesino que fue defendido a capa y espada por el Ejército Nacional. Cínicamente el comandante de la Tercera División del Ejército, general Marco Vinicio Mayorga, dijo luego de los hechos: “No se entiende a la población. Dicen que piden más seguridad. Va el Ejército y en lugar de permitir que las tropas actúen hacen asonadas”.

No es gratuito el rechazo popular a la fuerza pública, pues 12 días atrás ya se había cometido otra masacre de 3 personas con un modus operandi similar, hecho que terminó en completa impunidad. Tal es el “actuar de la fuerza pública” que las masas comprendieron rápidamente, pues en aquella ocasión los militares no salieron con reproches ni serias investigaciones, sino con la despreocupación propia del mercenario que tras su tarea se dice para sus adentros: “Misión Cumplida”.

La presente guerra reaccionaria que hoy azota a varios departamentos y se extiende a algunas ciudades, cuyo catalizador es la renta extraordinaria de la tierra, el sucio negocio de la droga y la minería ilegal, se caracteriza por no solo ser un fenómeno netamente “colombiano” sino también internacional; es a través de los distintos grupos armados en Colombia, incluidas las guerrillas, que los carteles mexicanos se enfrentan indirectamente, prestando una fuerte ayuda a sus aliados y creando fuerzas mercenarias en territorio colombiano.

El Estado y sus fuerzas armadas en dicha disputa no actúa como un imparcial juez, tampoco busca pacificar las zonas en conflicto, mas bien maniobra a favor de algunos de los bandos, principalmente de las Autodefensas Gaitanistas (AGC) o Clan del Golfo, tal y como quedó demostrado en muchos municipios de Antioquia entre los Caparros y las AGC, en donde el Ejército solo combate a los denominados Caparros. No es casualidad que sea en las zonas donde existe más presencia militar estatal en donde se comente el mayor número de masacres y muertes de dirigentes sociales, evidenciando la necesidad de que las masas no confíen en las instituciones del Estado, permeadas e infiltradas por la mafia y sus grupos armados, y entrenadas únicamente para garantizar el orden, los negocios y la paz para los ricos.

La asonada en Argelia, como también las acciones en otras regiones en donde las masas se sublevan y actúan rápidamente en contra de los asesinos del pueblo, demuestran cuan eficaz es la respuesta popular frente al terrorismo de Estado. En ocasiones tal actuación ha permitido la captura de asesinos que tras quitarles la “capucha” resultan ser miembros activos de las fuerzas armadas, haciendo ver lo necesario y urgente de organizar las fuerzas propias de las masas y constituir una guardia popular para defender sus intereses, su vida y la de sus dirigentes. El ejemplo de la minga al respecto es bastante ejemplar, pues aun sin estar armada ha demostrado fortaleza organizativa y unidad para garantizar la seguridad y vida de la comunidad y sus dirigentes.

La misma guerra contra el pueblo ha venido demostrando que las masas no pueden ser entes pasivos y ajenas a la misma, pues sin estar involucradas en el conflicto se les masacra, desplaza y violentada impunemente. Por ello deben actuar activamente creando su propia fuerza o guardia popular que defienda y movilice a todo el pueblo en defensa de la vida y de los propios intereses del pueblo que se levanta en lucha. Mao Tse-tung aseguraba que para acabar con los fusiles se deben empuñar los fusiles, por lo tanto, tarde o temprano el pueblo tendrá que saldar sus cuentas en contra de las clases dominantes a través de las armas para acabar con todas las guerras y miserias sociales creadas por la explotación capitalista.

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