La cadena perpetua para violadores: un pretexto para obtener votos en las próximas elecciones

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El pasado 20 de julio, luego de 8 debates en el Congreso, el presidente anunció que fue aprobada la norma modificatoria que promueve la cadena perpetua para los violadores y asesinos de niños. El proyecto, cuya pionera fue la fallecida senadora Gilma Jiménez y ahora promovido por su hija Johana Jiménez, también encontró impulso desde hace más de un año en el Centro Democrático, Partido de la U, Partido Verde y por supuesto en el presidente Duque.

Luego del último debate, el gobierno nacional tendrá un año para radicar el proyecto de ley que regule la prisión perpetua en Colombia, además de responder a las demandas que se anuncian, ya que para implementar el proyecto será necesario cambiar el Código Penal.

Sin duda, la violación es un crimen execrable, y cuando la víctima es un niño aún más por su condición de indefensión. No cabe duda que esta práctica merece todo el castigo posible. Pero es evidente que bajo un Estado como el actual, sean 5, 20, 50, 100 años o incluso “cadena perpetua”, no pasará de ser “letra muerta”. Desde el punto de vista del derecho burgués es claro que el aumento de penas no trae consigo el impedimento de los delitos, un ejemplo es lo que sucede en Estados Unidos donde existe la pena de muerte desde hace muchos años lo que no ha impedido los miles de crímenes que se cometen en el país de la “libertad”. Lo que está de fondo realmente, es que cada vez que las clases dominantes hablan de cadena perpetua y pena de muerte quieren que se establezca en el derecho burgués el castigo ejemplar contra los “delincuentes políticos”, los subversivos y contra quienes se atreven a oponerse a la dominación de las clases explotadoras, y especialmente contra los comunistas a quienes consideran los mayores criminales y es obvio, pues son los únicos que se proponen arrebatarles lo más preciado para ellas: la propiedad privada y la libertad de explotar a otros.

Quienes hoy salen a sacar pecho con esta nueva ley, no son más que vulgares politiqueros haciendo cuentas electoreras, apoyándose en un sentimiento justo de odio y desprecio por los violadores para cautivar votos en las próximas elecciones. Pues ellos saben perfectamente que no van a lograr impedir o siquiera aminorar la violación de niños.

Las violaciones no van a parar, porque bajo el capitalismo, sistema basado en la propiedad privada y en la explotación, las mujeres y los niños son considerados propiedad de los hombres y los adultos y, por tanto, se pueden utilizar como objetos o como mercancías para el disfrute de los hombres, lo cual está santificado por la misma burguesía cuando defiende con uñas y dientes la propiedad privada y la explotación que lleva consigo la prostitución, la explotación sexual, la trata de personas y de órganos, incluso de los niños. Esta doble moral burguesa que predomina en la sociedad influye en las demás clases, es por esto que una parte de los hombres proletarios actúan como burgueses en su relación con las mujeres y los niños. Por ello el Estado burgués es completamente inepto para garantizar la seguridad de los niños y prevenir su maltrato; esto no cambiará, se apruebe o no la ley de cadena perpetua.

Este panorama no puede cambiar sin cambiar la sociedad, pues bajo el Estado capitalista la responsabilidad de los niños es descargada principalmente sobre los padres o custodios reconocidos por el mismo Estado, sobre quienes individualmente recae la decisión de lo que está bien y lo que está mal, según sus creencias religiosas, su sexualidad, educación, extracción de clase, etc. Por tanto, no existe una posición unificada de lo que significa el bienestar de los niños, por lo que la mayoría crece con desventajas en cuanto a la educación, vivienda, alimentación y no todos gozan de los beneficios de los hijos de los ricos, que tampoco están exentos de ser abusados y maltratados.

Es necesario un cambio radical, eliminando la causa más de fondo, es decir, aboliendo la propiedad privada y el derecho de unos a explotar a otros; se necesita una nueva sociedad que beneficie a los niños, en donde realmente se vele por sus derechos y crezcan todos con las mismas posibilidades de tener un techo, alimentación, educación, salud, protección, respeto, etc. Este cambio real será posible en el socialismo, en donde el Estado sea el responsable del bienestar de los niños garantizando por igual los derechos, un Estado como el que existió en Rusia y China socialistas, cuando los obreros dirigieron la sociedad, con comedores, guarderías comunitarias, educación y salud públicas universales y gratuitas. Se necesita el Estado socialista donde los propios trabajadores en el poder garanticen que sus hijos no serán abusados y tendrán las mismas posibilidades de desarrollo, porque ello no dependerá del estrato socioeconómico en donde viva, o si es campesino, indígena u obrero.

Solo un Estado, gobernado por obreros y campesinos basado en la cooperación y liberado de la explotación, garantizará la igualdad real entre los hombres y le podrá dar las mejores condiciones de vida a toda la sociedad, garantizando el cuidado especial que merecen los niños; solo un Estado que ponga el bienestar de la humanidad como lo más importante, será capaz de impartir justicia y castigo ejemplar a quienes se atreven a consumar crímenes tan repudiables como la violación.

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