Estado y monopolios contra usuarios y trabajadores del SITP

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Las agresiones hacia los conductores que operan los buses del Sistema Integrado de Transporte Público de la Capital, (SITP) aumentan día a día. Según Wilson Hoyos, presidente del sindicato Ugetrans que agrupa a trabajadores de varias empresas del SITP, «Cada día hay más atracos, más atropellos, más accidentes y más golpeados por los mismos usuarios. La verdad cuando llegan a las cabeceras no existe seguridad de la policía, ellos mismos nos dicen que para que subimos a ciertos sectores si es peligroso», aseguró este dirigente sindical en una entrevista pública. Afirmó que pueden llegar a 50 agresiones diarias las que sufren los conductores en las diferentes calles de la capital. Sin embargo, calcular exactamente cuántas son en realidad es casi imposible. Los ataques no solo provienen por parte del lumpen proletariado que cada vez aumenta más como consecuencia de la crisis económica y social que atraviesa el sistema en Colombia. También se deben tener en cuenta que las calles de Bogotá se convierten en un campo de batalla en el cual se enfrentan usuarios, conductores, peatones, ciclistas, etc., casi siempre por el ritmo acelerado y anárquico que el sistema capitalista le impone a la sociedad.

El caos se debe a que el servicio no se corresponde con las necesidades concretas de las masas, sino, al interés privado de 15 grupos zánganos de capitalistas que son los amos y señores del sistema, quienes validos del Estado corrupto, firmaron contratos leoninos para desfalcar al Distrito y llenarse los bolsillos, a costa del mal servicio para los usuarios y el robo del erario.

Usuarios y demás conductores encuentran que agrediendo a los trabajadores del Sitp, pueden descargar su descontento frente a tanta opresión y a un pésimo servicio de transporte controlado abusivamente por el monopolio, pero no es así porque estos asalariados también son oprimidos y superexplotados como ellos. Todo ello pone a los conductores del SITP como blanco de cientos de agresiones graves por parte de otros conductores, peatones, ciclistas, etc. y frente a las cuales los únicos que quedan en limpio son los causantes: el Estado de los capitalistas y los dueños mismos del monopolio, que ven «desde la barrera» como el pueblo literalmente «se mata» por transportarse, mientras sus arcas se llenan a diario con multimillonarias ganancias.

Este sistema es tan incapaz de resolver los problemas sociales, que ni siquiera garantiza a sus esclavos asalariados la posibilidad de transportarse de una forma óptima, ni a sus trabajadores desarrollar su trabajo en unas condiciones laborales seguras.

Pero la agresión física como tal, no es todo el problema que deben asumir los conductores del Sitp. Ese es solo el comienzo. La policía, en representación del Estado capitalista, no le presta ninguna atención a sus denuncias y hasta justifican las agresiones en su contra, lo mismo sucede con las empresas intermediarias para las que trabajan, quienes solo tienen en cuenta las supuestas infracciones que cometen para rebajar aún más su salario.

Por esto es justo la organización sindical de los conductores del SITP y la preparación de una huelga que le ponga freno a tanta opresión. Por esto se necesita la unidad de trabajadores y usuarios contra la corrupción del Estado y el monopolio superexplotador del transporte. Son los capitalistas y su putrefacto Estado los culpables de esta inaguantable situación, y ellos, obligados por las vías de hecho de las masas, deben responder por las reivindicaciones que el pueblo exige, de lo cual los conductores son otras víctimas más.

Son estas clases parásitas junto con su maquinaria de explotación y opresión, las culpables de que la sociedad padezca con un sistema de transporte costoso, contaminante, demorado e inseguro. Son los capitalistas los que deben ser el blanco del odio de clase de todos los afectados del sistema de transporte, y no los conductores, pues de lejos se pueden observar las consecuencias nefastas que tiene para los obreros y las masas populares en general, el que el Estado de los capitalistas haya privilegiado un transporte que favorece las ganancias del monopolio y no las necesidades de las masas laboriosas.

A medida que se desarrolla esta campaña de denuncia, las masas deben luchar por localidades, exigiendo un mejor transporte, unas mejores condiciones laborales para los conductores (en cuanto a jornada laboral, sueldo, etc.) enfocando sus luchas contra las empresas operadoras, contra Transmilenio SA y contra el Estado que en últimas es el ejecutor directo de los intereses de los capitalistas.

Para esto, si construyen sus organizaciones de lucha para defender sus intereses del monopolio, las hacen independientes, si apelan a las vías de hecho sistemáticamente y se unen usuarios y trabajadores como parte de una misma clase, pueden avanzar rápidamente.

Los trabajadores y usuarios del transporte público no arrancan de cero, pues ya existe en Colombia una Plataforma de Lucha del Pueblo, enarbolada por los Comités de lucha en todo el país, que pueden contactar los usuarios y trabajadores en Facebook buscando el perfil con el nombre de Carlos Perez. Esta es una forma eficaz de unirse en concreto en una causa general, pues todos los trabajadores del país luchan por idénticas reivindicaciones, entre ellas, el trasporte público, de bajo costo, gratuito y de calidad.

Finalmente hay que recordar que el Estado y monopolio conforman un matrimonio insoluble. Ambos están hechos para someter y explotar a los trabajadores, por ello usuarios y trabajadores como parte de una misma clase deben saber que no basta resistir a los incesantes abusos de los capitalistas y denunciar la corrupción de su Estado putrefacto. Se necesita una verdadera revolución que arregle el problema del transporte con la planificación general de la economía y la situación de la superexplotación con la emancipación del trabajo asalariado. Por esto Revolución Obrera difunde permanentemente la necesidad de que la clase obrera tenga independencia de clase de sus enemigos, se organice como partido político revolucionario para luchar por el poder político y desarrolle bajo su dirección una auténtica Guerra Popular, que golpee todo el poder del capital, destruya el Estado que lo sostiene y construya bajo sus ruinas un Estado de obreros y Campesinos. Esta es la única salida definitiva para el progreso social, la organización general del transporte y el cese de la opresión y explotación que tantos enfrentamientos y muertos deja entre las masas por todos los rincones del país.

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