El Nuevo Comandante del Ejército También Tiene Sangre Del Pueblo En Sus Manos

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Es hora de confrontar con más fuerza y valor a este régimen asesino, que en medio de las protestas populares contra el terrorismo de Estado, premia a los verdugos del pueblo con impunidad, medallas, permisos y generosos sueldos a los altos mandos militares.

El régimen paramilitar de Iván Duque, nombró como comandante y jefe del Ejército Nacional a un reconocido sanguinario y asesino, el General Eduardo Enrique Zapateiro Altamiranda, determinante a la hora de la desaparición forzada del papá del futbolista Juan Fernando Quintero el 9 de marzo de 1995, es decir hace ya casi 25 años, caso que sigue en total impunidad.

Jaime Enrique Quintero Cano, el padre del mencionado futbolista, se presentó voluntariamente a prestar servicio militar el primero de marzo de 1995 a la IV Brigada del Ejército dónde fue seleccionado para ser trasladado a la XVII Brigada ubicada en el Urabá y así se lo informó a su familia. Sin embargo, según testigos militares, Quintero tuvo una fuerte discusión con el entonces capitán Zapateiro que dio la orden de desvincularlo del Ejército y devolverlo a Medellín, sin ningún tipo de investigación formal o sanción y en transporte público. Se sabe que Quintero fue bajado a la fuerza de dicho vehículo por fuerzas paramilitares, pues eran estos grupos los que hacían fuerte presencia en la zona con anuencia de los comandantes del Ejército, según testimonios de reconocidos y sanguinarios jefes paramilitares, los cuales también han testificado sobre su libre entrada y salida a la Brigada XVII de donde salió con vida el papá del futbolista.

La impunidad ronda al general Zapateiro, pues nunca fue investigado ni individualizado por este terrible hecho, y desde las altas esferas castrenses buscan engañar al pueblo afirmando lo contrario para limpiar las manos ensangrentadas del hoy jefe militar. La estrategia es hacer pasar una demanda administrativa de reparación directa contra el Ministerio de Defensa por falla en el servicio, que fue calificada por la justicia burguesa a favor de dicha institución, como si esa fuera una investigación en contra del asesino general, lo cual es falso y engañoso. Demanda en la cual, fueron desestimados los testimonios de varios militares y en la que Quintero fue victimizado por el Ejército por supuestamente «tener problemas mentales, ser drogadicto y problemático», todo para justificar su desaparición.

Este régimen es paramilitar hasta los tuétanos. Se corresponde con el carácter mafioso del uribismo. Es la dictadura abierta contra el pueblo del Estado burgués – terrateniente, socio y lacayo de los imperialistas. Es un régimen decadente y reaccionario que premió y nombró al saliente general Nicacio Martínez Espinel, acusado de ejecutar la política terrorista de las ejecuciones extrajudiciales por cientos y de masacrar y violar indígenas; para hoy ensalzar en un pedestal al también asesino general Zapateiro. Es hora de confrontar con más fuerza y valor a este régimen asesino, que en medio de las protestas populares contra el terrorismo de Estado, premia a los verdugos del pueblo con impunidad, medallas, permisos y generosos sueldos a los altos mandos militares. Es hora de enfrentar y desenmascarar la democracia burguesa que premia a militares carniceros que defienden el régimen de explotación capitalista a sangre y fuego, oponiendo la unidad y organización política del proletariado en un nuevo Partido revolucionario, que organice y dirija la lucha de los obreros y campesinos por la destrucción violenta del Estado de los ricos por medio de la Guerra Popular que no deje en pie ninguna de sus instituciones, empezando por demoler el pilar central sobre el que se erige la dictadura de los ricos: ejército, policía, cárceles y organismos de inteligencia al servicio de los monopolios.

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