¡EL DERECHO A LA HUELGA SE CONQUISTA Y SE DEFIENDE CON LA HUELGA!

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¡EL DERECHO A LA HUELGA SE CONQUISTA Y SE DEFIENDE CON LA HUELGA! 1

La huelga de los pilotos de Avianca sigue siendo noticia, no solo por las multimillonarias ganancias que ha dejado de percibir el monopolio Avianca Holdings, o las escandalosas calumnias del criminal Efromovich en contra de los trabajadores, sino por la decisión de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles – ACDAC que agrupa a los huelguistas de rechazar el tribunal de arbitramento convocado por el gobierno nacional.

Una vez más el Ministerio de Trabajo deja claro su carácter como institución al servicio de los capitalistas y a la vez recuerda nuevamente que el «derecho a la huelga» consagrado en la Constitución y en el Código Sustantivo de Trabajo es letra muerta. Y no solo porque limita su ejercicio a solo 60 días, sino porque faculta al Estado, representante de los explotadores, a prohibirla cuando le dé la gana declarando cualquier actividad «servicio esencial». Sin el derecho de huelga efectivo, la libertad de organización y asociación son cháchara vacía, por cuanto es el único medio efectivo con el cual los trabajadores pueden hacer valer sus derechos; sin el derecho real a la huelga el movimiento sindical queda reducido a suplicar peticiones respetuosas a los capitalistas.

Pero las huelgas surgen y se presentan como una necesidad de los trabajadores para enfrentar los abusos de los explotadores; están determinadas por la naturaleza de la sociedad capitalista, donde un puñado de ricos holgazanes se apropia de la riqueza producida por la mayoría trabajadora. Es la acción colectiva producida por el antagonismo entre capitalistas y proletarios, entre los modernos esclavistas y sus esclavos asalariados. La huelga hace saber a los trabajadores que nada se mueve en el mundo sin su brazo poderoso mientras causa terror a los capitalistas que ven frenada su ganancia y hacen ver la fragilidad de su dominio: ¡el capital necesita del trabajo, el trabajo no necesita del capital!

«Cada huelga, dice Lenin, recuerda a los capitalistas que los verdaderos dueños no son ellos, sino los obreros, que proclaman con creciente fuerza sus derechos». Por eso en todos los países el derecho a la huelga, no ha sido otorgado por la burguesía como dádiva, sino que ha sido conquistado por el movimiento obrero con la huelga misma. Y de ahí también que, cuando se ha conquistado este derecho ejerciéndolo, el Estado lo limita con leyes para privar a los explotados de este medio revolucionario de lucha.

Por consiguiente, «las huelgas no son ilegales o legales, las huelgas se ganan o se pierden» como diría un viejo dirigente del sindicalismo independiente. No dependen de lo que diga el Código o los ministros sino de la fuerza que otorga la unidad, la organización y la voluntad de lucha de los asalariados, como enseña la historia de las huelgas en Colombia, como atestiguan las huelgas de los corteros de caña de las «cooperativas de trabajo asociado» en los ingenios en el Valle del Cauca y Risaralda en el 2005, 2008 y 2013, la de los obreros tercerizados en Campo Rubiales en 2011 y las más recientes de los jueces y maestros, o como enseña ahora la huelga de los pilotos de Avianca, con quienes deben solidarizarse todos los trabajadores para frenar las pretensiones de reaccionarios como Efromovich y sus sirvientes del gobierno.

Los trabajadores deben desechar los infundios de los jefes vendeobreros y patronales, así como los argumentos de los abogadillos que dicen defender a los asalariados pero que sirven fervorosamente a los capitalistas, cuyo trabajo durante los últimos treinta años ha sido convencer al movimiento sindical de que las huelgas no sirven y es mejor la conciliación con los enemigos, o que deben atenerse a la legalidad burguesa o que no pueden hacerse por los obreros tercerizados.

¡El movimiento sindical debe reconquistar y defender el derecho a la huelga con la huelga! Esta es el mensaje que están dando con su ejemplo los pilotos de Avianca; una valiosa contribución a la recuperación de la huelga como arma de lucha por excelencia del movimiento sindical.

Las huelgas, se ganen o se pierdan desde el punto de vista de las reivindicaciones inmediatas, tienen una gran importancia política y la lucha posterior pues son la mejor condición para que los trabajadores comprendan las ideas del socialismo a la vez que son escuelas para las batallas futuras por la abolición de la esclavitud asalariada. Cuando se generalizan y se convierten de hecho en huelgas políticas contra el Estado son un arma poderosa para conquistar las reivindicaciones comunes al pueblo trabajador como enseñó el Paro del 14 de septiembre de 1977.

Sin embargo, las huelgas económicas e incluso las huelgas políticas no son suficientes para acabar con la explotación capitalista. Son parte inseparable y necesaria de la lucha de los trabajadores pero deben servir a la lucha política revolucionaria del proletariado por destruir el Estado de los explotadores e instaurar un nuevo Estado de obreros y campesinos que socialice los grandes medios de producción e impida la explotación de unos hombres por otros. Es decir, las huelgas deben ser parte y servir a la preparación de la revolución política y social.

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