¡EL CAPITALISMO ES EL PROBLEMA, NO LA SOLUCIÓN!

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¡EL CAPITALISMO ES EL PROBLEMA, NO LA SOLUCIÓN! 1

En el presente debate electoral ha quedado claro que los dos candidatos enfrentados son defensores del capitalismo. Duque es un abierto apologista de la explotación asalariada como es de conocimiento general, y el candidato Petro, acusado por la extrema derecha de representar la «extrema izquierda» se ha esforzado por demostrar que su programa no es socialista, ni siquiera de izquierda, que no atacará la propiedad privada ni a los ricos, y hay que creerle, pues estas han sido sus declaraciones:

«Nuestra propuesta de una agricultura industrial está ligada también a la industrialización en las ciudades, que permite que se enriquezca la ciudadanía… No hablo de empobrecer a los ricos sino de enriquecer a los pobres… No es quitarle la iniciativa privada a la gente, sino entregarles esa iniciativa privada a millones de colombianos… Podemos lograr en la Colombia Humana hacer una sociedad de clase media para brindarle oportunidades a la población… No propongo un programa de izquierda. No propongo un programa socialista… Nosotros no vamos a expropiar, ni el Estado tampoco se va a quedar con los bienes de la gente… El problema de Colombia es que no se ha desarrollado el capitalismo».

Pero más allá de las declaraciones de los candidatos politiqueros para asustar con el coco de la «expropiación» y de atraer votantes sembrando ilusiones en la prosperidad de la pequeña y mediana producción, el problema tocado en la campaña es de vital importancia para los obreros y los campesinos por cuanto se trata de saber cuál es la solución de fondo a los problemas de la sociedad. Se trata además de una vieja discusión en el seno de la izquierda y del movimiento obrero.

¿Es verdad que el problema de Colombia es que no se ha desarrollado el capitalismo y por consiguiente lo que se necesita es desarrollarlo?

Pues bien, la tal falta de desarrollo del capitalismo ha sido la vieja cantinela del MOIR y por eso durante toda su existencia se ha esforzado por defender la producción nacional, que no es más que la defensa de la asesina burguesía colombiana de los ingenios, del banano, de la palma… Y venderles la idea de convertirse en grandes empresarios o grandes burgueses a los pequeños y medianos productores cada vez más arruinados por los grandes monopolios. Por eso no es extraño que en estas elecciones Jorge Robledo se comprometiera con la candidatura de uno de las fichas del Grupo Empresarial Antioqueño, Sergio Fajardo.

También un sector de revolucionarios plantean que Colombia no es un país capitalista sino semifeudal y por ello proponen hacer una revolución agraria que respete la propiedad de lo que llaman la burguesía media o nacional y expropie a los grandes terratenientes, grandes burgueses e imperialistas; es decir, una revolución democrático-burguesa dirigida por el proletariado, que en la terminología de los comunistas se conoce como Revolución de Nueva Democracia.

Los reformistas defensores de desarrollar el capitalismo —con el nombre de «democratización del capital», o de «hacer un país de clase media», etc.— se equivocan por cuanto encuentran en las lacras ocasionadas por la explotación capitalista en un país como Colombia, no capitalismo moribundo sino falta de capitalismo; es decir, olvidan o evaden el hecho histórico de que el desarrollo del capitalismo en cualquier país lleva consigo adelanto y atraso, riqueza y pobreza, capital y trabajo, opulencia y miseria, tanto en las grandes ciudades fabriles como en el campo, y con mayor relieve en los países oprimidos como Colombia: en el Cerrejón como en Urabá, en las plantaciones del Valle y el Cauca como en las petroleras del Putumayo, Huila, Caquetá, Casanare, Arauca…

Los revolucionarios que no encuentran en Colombia un desarrollo capitalista puro, desconocen que el imperialismo es un modo de producción internacionalizado, siendo hoy materialmente imposible que el capitalismo en un país se desarrolle como rueda suelta, de forma «pura» e «independiente». Por eso la añoranza de un capitalismo no deformado por la opresión imperialista los conduce a no reconocer la realidad y mirar para atrás, a la época del capitalismo naciente, en lugar de mirar hacia adelante. Pasan por alto que los rasgos fundamentales del desarrollo de la industria en Colombia corresponden a los del capitalismo clásico: dominio de las relaciones de producción basadas en el trabajo asalariado, generalización de la producción de mercancías y formación de obreros y burgueses, clases típicas del capitalismo.

De conjunto, esa posición que no reconoce el desarrollo del capitalismo en Colombia parte de una comprensión equivocada respecto a la opresión que el imperialismo, principalmente estadounidense, ejerce sobre la sociedad colombiana y respecto al problema agrario o el problema de la tierra.

De esas apreciaciones equivocadas nacen las ilusiones en la prosperidad de la pequeña y mediana producción cuando en realidad esas formas de producción y comercio en el capitalismo imperialista, solo pueden subsistir sometidas al capital usurario financiero y como apéndices de la gran producción industrial y del gran comercio; su supervivencia es posible únicamente a cuenta de superexplotar trabajo asalariado, lo que tampoco las salva de la ruina, sobre todo en las épocas de crisis económicas como la actual donde son quebradas cientos de empresas como consecuencia de la sobreproducción de mercancías, que impulsa a su vez a la concentración del capital en cada vez más pocas manos.

Democratizar la propiedad en la época del imperialismo, «hacer un país de pequeños propietarios», incrementando la pequeña y mediana producción, en las condiciones en que la vida económica social y política es controlada por los monopolios, solo puede prolongar la agonía de este sistema moribundo y preparar una próxima y más gigantesca quiebra y ruina general, tanto de la grande como de mediana y pequeña producción, haciendo más dolorosos aún todos los traumatismos de la sociedad capitalista.

En cuanto al problema agrario, tanto los reformistas partidarios de la pequeña propiedad y de la democratización del capital, como los revolucionarios defensores de una revolución democrática dirigida por el proletariado, ven la desigualdad de la propiedad sobre la tierra, encuentran la existencia de grandes terratenientes y grandes explotaciones capitalistas frente a obreros y jornaleros sin tierra, campesinos medios y semiproletarios… y se imaginan que democratizando con la reforma o con la revolución agraria la propiedad sobre el suelo van a solucionar los problemas de los pobres del campo. Se equivocan porque no es la falta de capitalismo en el campo el causante de semejantes desigualdades sino todo lo contrario: el problema agrario en Colombia, no es solo el problema de la tenencia de la tierra, sino principalmente el problema de cómo se produce en esa tierra, es el capitalismo en la agricultura. Especialmente agudo por ser el problema del capitalismo en un país inserto en el sistema imperialista mundial como país oprimido donde la agricultura empresarial ha surgido de la alianza entre burgueses, terratenientes e imperialistas despojando a sangre y fuego a los pobres del campo y destruyendo la pequeña y mediana producción campesina. Yerran además porque evaden que la manifestación principal del capitalismo en la agricultura la constituyen las relaciones sociales de producción basadas en el trabajo asalariado, completamente desarrolladas en el agro colombiano.

Por ello la solución al problema agrario en Colombia no es el capitalismo, pues éste es la propia encarnación del problema. Sólo el socialismo puede resolverlo, porque rompe la atadura de la dominación imperialista y destruye el poder del capital, al socavar la base de toda la propiedad privada en general, que es el monopolio de la propiedad privada sobre la tierra.

Por demás, el Paro Campesino de 2013 puso en evidencia que el problema del campo colombiano no es la falta de tierra para el que la trabaja —como afirman los defensores del programa democrático burgués— sino el monopolio capitalista en la agricultura, que la somete a una crisis y ruina permanentes, agravadas por la crisis del capitalismo mundial.

Tras la apariencia de «entorpecimiento», «deformidad», «subdesarrollo», en el crecimiento del capitalismo en Colombia, se encuentra la particularidad esencial de su desarrollo: se ha basado en la superexplotación del trabajo asalariado y está entroncado o entrelazado con el sistema imperialista mundial.

Colombia es un país capitalista inserto en el sistema imperialista mundial como país oprimido. Es de carácter capitalista, porque sus relaciones sociales de producción están basadas en la explotación del trabajo asalariado. De esa producción social sólo se benefician sus clases dominantes: la burguesía y los terratenientes en asocio con el imperialismo.

El capitalismo es entonces el principal obstáculo para el libre desarrollo de la sociedad colombiana, y es necesario removerlo con una Revolución Socialista que expropie y confisque sin indemnización todo el capital financiero, industrial, agrario, comercial, de transporte y de comunicaciones, en manos de la burguesía, los terratenientes y los imperialistas asociados con estas clases; que nacionalice toda la tierra, suprimiendo la propiedad privada sobre la tierra y las relaciones capitalistas de producción, para superar la crisis de la agricultura y la desigualdad del campo frente a la ciudad; que entregue a los obreros y campesinos armados la dirección de todos los asuntos económicos, sociales y políticos.

Esa debe ser la divisa de los obreros y campesinos, no los sueños utópicos y reaccionarios de quienes pretenden devolver la rueda de la historia democratizando la propiedad y desarrollando el capitalismo.

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