EL ALIMENTO DE LA CORRUPCIÓN Y DEL PARASITISMO DEL ESTADO BURGUÉS

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A propósito del aumento para los congresistas

Santos ya ha dado reiterados aumentos a los parlanchines del Congreso. Más de 11 billones de pesos cuestan las pensiones de los ex presidentes, funcionarios de la justicia, congreso y algunos integrantes de los organismos de control. Las pensiones excesivas, de las que dicen ellos mismos desangran la nación, solo benefician a los altos funcionarios de las cortes, el Congreso y el Gobierno. Pero de ninguna manera este rubro figura en el recorte presupuestal del gobierno. Lo que sí está en lista es el aumento de los impuestos para el pueblo y la rebaja real del salario para los trabajadores.

Salarios final

Mientras para un obrero de salario mínimo, que sostiene la sociedad con su trabajo y labora todos los días del año, el aumento decretado por Santos hasta ahora, sumando todos los años de su gobierno, no excede los $155.000; para un parásito congresista que no trabaja y ni siquiera asiste a disimular su alto ingreso mensual, de un solo tajo el hipócrita presidente le subió $2.000.000, y en lo que va de sus gobiernos incrementó más de $7.000.000 los honorarios mensuales de estos parlanchines que ganan más de 40 salarios mínimos mensuales vigentes.

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Santos fue puesto por una facción capitalista que tiene interés en agilizar todos los proyectos para favorecer sus intereses, por esto es que iniciativas que se pintan de demócratas como las de Clara López de bajar los sueldos a los Congresistas, aumentar el control político a su gestión, sancionar sus inasistencias a las Plenarias e igualar el número de curules para hombres y mujeres, no son más que falsas esperanzas en que el Estado burgués, que sostiene la desigualdad entre ricos y pobres, que ejerce el poder de la represión y mantiene el dominio de los monopolios, sea defensor de la libertad y de la igualdad entre los hombres, sus clases sociales y los géneros que los dividen.

Los altos emolumentos de los parásitos congresistas y la corrupción de sus gestiones cada vez serán mayores, porque estos son una consecuencia del dominio del capital y su sistema de opresión y explotación asalariada. Mientras tanto el salario obrero y la superexplotación de su trabajo son una tendencia que se impone inexorablemente en esta sociedad.

Todos los reformistas, como Clara López, le ocultan al pueblo que en el Estado capitalista los trabajadores no tienen representación real, ni deciden nada de la vida política del país. La política burguesa liderada por los monopolios económicos, hace de la administración pública una cloaca donde solo se sirve al mejor postor. El soborno y la costosa maquinaria electoral burguesa ponen a todo político a depender del patrocinio del gran capital. Una muestra de lo anterior es el destape de los mandatarios locales de Medellín y Cali, que posaban de independientes y trabajadores cuando en realidad escondían los verdaderos patrocinadores de sus campañas: en Medellín Uribe Vélez y el paramilitarismo, y en Cali la rancia casta adueñada del poder en el Valle del Cauca.

Los altos funcionarios públicos están en el Estado para que los grandes intereses privados se impongan, y por medio de ellos garantizar los máximos beneficios para los bandidos capitalistas. El aparato estatal no está para velar por los intereses de la sociedad como pregonan los politiqueros sino para oprimir a los subyugados, para someter a la mayoría desposeída y condenarla a una brutal dictadura de unos cuantos zánganos propietarios de la tierra y el capital.

La corrupción del Estado capitalista es una parte de él y no puede extirparse por voluntad de los reformistas, por más honestas que sean sus intenciones. La corrupción es un mecanismo que facilita la realización de la ganancia y cuanto más poder y presupuesto haya, más grande y extensa será la podredumbre y el parasitismo de la maquinaria burocrática estatal. La ganancia es nada más y nada menos que el fin de todo el sistema que se sostiene con la propiedad privada y la explotación del trabajo asalariado, donde la corrupción pública es un medio para obtenerla, valiéndose de las ventajas que brinda el control del poder del Estado por unas u otras facciones capitalistas.

Los trabajadores tienen algo que hacer, y no es precisamente luchar por reformar un Estado que les explota y oprime, pidiendo justicia a los mismos funcionarios públicos que se reparten el botín de la corrupción, aumentan la burocracia y alimentan el parasitismo. Así provengan de cuna obrera o lleguen como representes de las minorías oprimidas, los Congresistas del Estado capitalista no están para garantizar las libertades y derechos a los oprimidos y explotados, sino para reproducir la forma burguesa de gobierno, para sostener las desigualdades sociales dando formalidad a la mentirosa democracia de los ricos, de ahí que los trabajadores no deben aspirar mandar sus representantes a tales antros de descomposición y engaño para el pueblo.

Los obreros no deben creer en la falsa moralidad de los politiqueros y gobernantes, ni dejarse distraer por los sueños utópicos de los reformistas, sino que deben en lo inmediato lucha por alza general de salarios y prepararse para acabar en el futuro con el burocratismo, la corrupción y el parasitismo estatal mediante la revolución que no deje piedra sobre piedra del viejo y podrido Estado de los explotadores. Deben sustituir el Estado burgués por el Estado que se idearon los Comuneros de París en 1871 y que demostró por primera vez en la historia cuál era el camino a seguir para reemplazar la máquina de dominación de los capitalistas y darle la verdadera igualdad y libertad a los trabajadores.

Como una ley inexorable de la historia la sociedad marcha hacia su emancipación y en este camino la Dictadura del Proletariado es un punto de transición hacia una sociedad sin clases. Es ahí donde el Estado tipo Comuna de París demostró que existe otra forma de hacer administración pública; una forma que no está basada en el enriquecimiento y en mantener el dominio de una escasa minoría holgazana y explotadora; una forma distinta, revolucionaria, con funcionarios públicos elegibles y removibles en todo momento, y remunerados con salario de obrero; forma que puede hacer del aparato estatal una institución simplificada, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo, barata y transparente y no como hoy, costosa, compuesta por una burocracia corrupta, separada del pueblo y manipulando la dirección de la sociedad; una forma de gobernar donde el pueblo armado garantice directamente y sin intermediarios que los funcionarios cumplan sus decisiones.

Si las masas quieren que el salario obrero no sea tan miserable y aspiran acabar con el despropósito de que parlanchines congresistas ganen lo de 50 trabajadores del común; si de verdad desean acabar con el costo social de la burocracia corrupta y ladrona, que consume millones con sus pensiones y defrauda el presupuesto público en por lo menos 6 billones de pesos al día de hoy… deben saber que la única solución es la revolución que destruya el Estado capitalista actual y construya sobre sus ruinas el Estado de obreros y campesinos tipo Comuna de París, que confisque la gran propiedad de los capitalistas, para iniciar la construcción socialista y una nueva administración pública bajo el poder de los obreros y campesinos. Una administración pública que está basada en el bienestar social, no en el enriquecimiento de una minoría.

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