¡40 AÑOS DE LA VICTORIA DE KAMPUCHEA DEMOCRÁTICA!

El siguiente es un material público elaborado por un intelectual francés con el respaldo de sus camaradas de círculo, ya dado a conocer en el movimiento obrero por otros revolucionarios. Sin embargo, también llegó a nuestro correo hace algunas semanas, por intermedio de un lector en el extranjero. Queremos dar a conocer el material por nuestra cuenta, porque es excelente. En él se hace una defensa a la justa guerra popular del pueblo de Camboya en el sudeste asiático, que el pueblo colombiano debe conocer para enriquecer su convicción en la justeza de la rebelión armada y la invencibilidad de la guerra popular.

Inicia recordando que Vietnam, Laos y Camboya eran tres nacionalidades oprimidas por el imperialismo, primero francés, luego japonés, más tarde yanqui y luego soviético, para volver a la dominación de EE.UU. En dichos países bajo la orientación de la III Internacional se creó el Partido Comunista de Indochina, para luego constituirse cada partido por aparte una vez desarrollada la lucha de clases. Mientras el partido Comunista de Kampuchea mantuvo su consecuente independencia en el enfrentamiento contra el imperialismo (y esto es lo más importante de resaltar en él), el de Vietnam claudicó ante el socialimperialismo soviético.

El magnicidio que atribuye el imperialismo al régimen democrático instaurado por PolPot, quien lideró la guerra popular de liberación en Camboya, tiene como finalidad, enlodar al comunismo y ocultar el crimen de estas aves de rapiña contra un pueblo que fue literalmente arrasado por el hecho de rebelarse a la bárbara dominación occidental encabezada por Francia y EE.UU. El bombardeo recibido por Camboya a manos de los mayores genocidas que ha tenido la humanidad, fue muy superior al que sufrió Japón en la II Guerra Mundial, siendo ésta una sociedad -a diferencia de la japonesa- rural, atrasada y que dependía exclusivamente del cultivo de arroz. El imperialismo quemó países enteros como Camboya en aras de la democracia, y hoy se demuestra su propósito: implantar la esclavitud asalariada más atroz que haya soportado cualquier otro sitio del planeta.

Se justificó la guerra popular del pueblo de Camboya contra sus centenarios enemigos, pese a que las cadenas de la explotación asalariada hoy lo tengan aún más sometido, porque enseñó a la clase obrera y a los campesinos del mundo cómo hay que enfrentar a los sanguinarios imperialistas, así como dejó en claro el papel traidor del revisionismo. De esta experiencia han bebido otros pueblos y también tiene que hacerlo el colombiano para poder triunfar en su combate contra los centenarios enemigos que le oprimen y explotan.

Lo que hizo el revisionismo vietnamita en Camboya, es similar a lo hecho por el revisionismo armado de las Farc en Colombia: ayudar a una facción del imperialismo para que gane el botín de la opresión y explotación. Las Farc garantizaron a sangre y fuego -asesinando a muchos otros revolucionarios y luchadores-, el dominio de zonas estratégicas para los intereses de la ganancia capitalista. Hoy se reparten sus jefes el rédito de esta contienda que costó miles de muertos y millones de víctimas. El revisionismo es un destacamento traidor del movimiento obrero, servil a los intereses del capital y antirevolucionario, tanto en Colombia como en Camboya.


Abel Kelen

Traducido del francés por Joaquín Álvarez González

Introducción

El 17 de abril de 2015 se cumplieron 40 años de la lucha del pueblo Camboyano por su libertad independencia y el socialismo. Fue en esta oportunidad que Abel Kelen, camarada de nuestro Centro de Debates MLSM, escribió este documento, que resume con carácter materialista dialectico, la historia reciente, de los acontecimientos de la lucha del pueblo camboyano y su gloriosa revolución dirigida por el PCK (Partido Comunista de Kampuchea).

Este documento que nos recuerda, como Camboya y posteriormente la Kampuchea Democrática, fueron bombardeadas por los imperialistas yanquis y aliados, y los traidores vietnamitas y sus aliados socialimperialistas soviéticos al punto que ya en 1972 Henry Kissinger amenazó (y luego cumplió) que los aviones estratégicos de USA destruirían Kampuchea en 72 horas.

La propaganda imperialista, luego de la destrucción de la Kampuchea Democrática, necesitó, imaginar un escenario, de destrucción y muerte que se le adjudicara a los Kmer Rojos, por todas esas muertes y destrucciones que ellos mismos cometieron, en su carrera por la dominación de otros pueblos.

Este documento, que nos mete de lleno en la historia reciente, así como en las mentiras acerca de los Kmer Rojos difundidas por todos los medios imperialistas, es esclarecedor, de la lucha del pueblo camboyano, y nos recuerda el único camino de la revolución socialista, aquel que nos legara Marx, Engels, Lenin Stalin y Mao, que es el camino de difundir, y practicar por todos los pueblos revolucionarios.

Federico Lenzi
París Octubre 2015


La historiografía imperialista ha ensuciado siempre la memoria de las revoluciones pasadas que quebrantaron durante un tiempo su dominación. No hay nada extraño en ello. Son innumerables los intelectuales de todo tipo, plumíferos del imperialismo, «especialistas» en la URSS de Lenin y Stalin, en la República Popular de China en tiempos de Mao, encargados todos ellos de que los pueblos hagan suyos los miedos y temores de la burguesía. Su tarea consiste por tanto en describirnos hasta qué punto la revolución es algo repugnante; cómo los dirigentes revolucionarios fueron unos monstruos sedientos de sangre y de caos; y -oh, cuánto- el Comunismo es una abominación.

Entre esas revoluciones calumniadas, la de Camboya ocupa un lugar particular. En este caso, nos enfrentamos a una potente y permanente campaña de falsificación histórica. Se trata posiblemente de la única revolución ante la que incluso hasta pretendidos «comunistas» que rechazan el reformismo y preconizan la necesidad de la revolución armada claudican ante tamaña propaganda mentirosa y comparten la indignación de la burguesía, encubriendo sus mentiras. Esta revolución ha dado lugar ciertamente a muchos arrepentimientos. E incluso hasta los más celosos defensores (de palabra) de la lucha antiimperialista se vuelven tímidos cuando la burguesía agita el comodín de los «jemeres rojos», ante el cual todos son conminados a arrodillarse y a pedir perdón por haber apoyado y por haber «creído» en esa revolución, etc. Ante una revolución verdadera, hasta la historia se convierte en un asunto tabú para todos los propagandistas del imperialismo. Evocar las causas de la lucha del pueblo camboyano, la lucha de clases en la sociedad camboyana, el contexto político mundial de entonces y el hecho de que el gobierno de EE.UU. haya otorgado a Camboya el triste récord de ser el país más bombardeado de la historia, ¡a todo el mundo le da igual! Escribid, llorad, cantad, recitad las palabras «genocidio» y «dictadura», es todo lo que la burguesía os permitirá hacer en relación a esta cuestión. Más allá del pensamiento dominante, ¡os acusarán de hacer revisionismo! Algunos han aprendido bien la lección. No hay más que recordar a Alain Badiou excusarse, durante un programa de televisión, por haber escrito «¡Kampuchea vencerá!» en la época en la que Vietnam invadió el país. Tal actitud de renuncia lo que consigue es extender una alfombra roja al imperialismo, el cual trata de reducir la historia de la revolución en Camboya a la obra de cuatro locos salidos de ninguna parte que impusieron un terror ciego sobre su pueblo. ¿Hay algo más práctico que ese esquema idealista para disimular los crímenes bárbaros de los imperialistas y negar la lucha de clases que tuvo lugar en ese país, así como la heroica lucha de liberación nacional dirigida por el FUNK? Pero como bien ha dicho Nuon Chea durante su proceso:

«… esos seres malignos, inmorales, no serán capaces de engañar y esconder la realidad a los ojos del pueblo y de las masas populares, no podrán esconder la realidad de la valiente lucha del pueblo camboyano y del apoyo obtenido de los pueblos del mundo que aman la paz y la justicia».

Incluso el arrepentido Suong Sikoeun llegó a declarar en Le Monde el 8 de agosto de 2014:

«Estoy convencido de que el análisis marxista hecho por Pol Pot de la situación socioeconómica de Camboya, un país pobre y escasamente poblado, fue correcto. Los remedios que él había imaginado fueron también, en mi opinión, los adecuados. La cuestión en efecto era: ¿dónde encontrar los medios que podían asegurar el desarrollo de Camboya? La respuesta estaba clara: había que apoyarse en la ricicultura, en un país en el que el cultivo de arroz es esencial. Éste, que podía proporcionar excedentes agrarios, habría entonces permitido suministrar los medios necesarios para sentar las bases de una industrialización. Se trataba en sí misma de una buena política».

Una política que, sin embargo, el imperialismo -el peor enemigo de Camboya- castigará. Así, a pesar del subdesarrollo provocado por varios decenios de colonialismo francés, de la dominación y la guerra de exterminio llevada a cabo por EE.UU., y de la posterior agresión vietnamita con el apoyo del imperialismo soviético, Camboya no ha dejado de luchar por una independencia real. Y la única independencia verdadera que ha conocido en la época imperialista fue la de la muy corta etapa de Kampuchea Democrática. Este es un hecho que molesta a muchos.

Hoy, los intelectuales reaccionarios se esfuerzan en trabajar a la opinión pública para que Pol Pot sea comparado con Hitler, y Kampuchea Democrática lo sea con el Estado Islámico. Con ello lo que pretenden es negar el carácter fundamentalmente diferente de las clases sociales que se esconden tras esas realidades y la naturaleza de clase de los conflictos que subyacen en ellas. Nunca los medios burgueses se atreverán a comparar la barbarie nazi con el colonialismo francés ni con el ejército de agresión de EE.UU., y eso a pesar de que son sin lugar a dudas tres grandes fuerzas de agresión y de esclavización de los pueblos en la historia universal. Nadie puede negar lo que los fascistas alemanes han hecho durante la Segunda Guerra Mundial, o lo que los colonialistas franceses y británicos hicieron durante siglos en sus colonias de África y Asia. Esclavismo, violaciones en masa, masacres racistas, redadas de poblaciones enteras para realizar trabajos forzados y para participar en guerras, desplazamientos de pueblos, hambrunas organizadas, segregación étnica, etc. En cuanto a EE.UU., no solo han sido esclavistas de negros y han llevado a cabo el genocidio de los indios, sino que han sido además los autores de los dos atentados contra civiles más criminales de la historia en Hiroshima y Nagasaki y han hecho sufrir una guerra terrible a, entre otros, los pueblos de Vietnam, Laos y Camboya, y han destruido Iraq, habiendo sumergido a este país en un caos del que no consigue salir desde hace más de 10 años. ¿Quién es, por tanto, el que revisa la historia? ¿Quién es el principal promotor de guerras y de genocidios? ¿Quién es el garante de la supervivencia del oscurantismo? ¡¡El sistema imperialista mundial, y sólo él!! Comparar el movimiento armado dirigido por el Partido Comunista de Kampuchea con los nazis equivale a poner en el mismo nivel a las fuerzas de la resistencia y al agresor que ellas combaten y traicionar su lucha por su libertad. Se trata de la misma forma de proceder deshonesta que se utiliza hoy para poner en el mismo nivel a la resistencia armada palestina y a las fuerzas de ocupación sionistas.

Por eso mismo, defender la lucha heroica del pueblo de Camboya contra el imperialismo y sus lacayos es una cuestión de principios. En cuanto a toda crítica legítima de los errores de los camaradas de Camboya -crítica que corresponde realizar a la clase obrera y a los campesinos pobres de Camboya-, esta no debería llevarnos a olvidar la necesaria recomendación de Mao Tse Tung sobre la importancia de trazar la línea de demarcación entre la revolución y la contrarrevolución. Los «jemeres rojos» fueron unos revolucionarios que lucharon por la independencia y el socialismo. Frente a todos los esbirros de la burguesía que van a apropiarse de esta fecha del 17 de abril de 2015 para atacar la revolución y el Comunismo, nosotros debemos seguir reafirmándolos, y reafirmarlos siempre.

Esta tarea es aún más importante para nosotros, comunistas de Francia, en razón de los lazos históricos que existen entre los pueblos de Francia y Camboya. En nuestro país nació la Asociación de Estudiantes Jemeres (AEK), la cual trabajó para encontrar las vías que permitieron arrancar a Camboya de las garras del imperialismo y nuestro país albergó también la sede del Comité de Patriotas de Kampuchea Democrática en el extranjero y acogió a los diversos camaradas camboyanos que militaban entonces en las filas del Partido Comunista Francés. El internacionalismo proletario se debe a nuestros camaradas de Camboya, ¡no los olvidamos! Los crímenes cometidos contra un pueblo hermano, ¡no los perdonamos! Del apoyo a la experiencia revolucionaria de Kampuchea Democrática, ¡no nos arrepentimos!

I. UN PUEBLO HEROICO, UNA GRAN REVOLUCIÓN

Hay algo que no hay que olvidar. Todo el periodo histórico que abarca desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los años 70 estuvo marcado por las luchas de liberación nacional en las colonias y semicolonias dominadas por el imperialismo. De la victoria de la insurrección que proclamó la independencia de la República Democrática de Vietnam en 1945 a la de la guerra popular bajo la dirección del Partido Comunista Chino en 1949, y de la revolución cubana en 1959 a las guerras revolucionarias por la independencia de los pueblos de Camerún, Argelia, los dos Congo, Palestina, Guinea Bissau y Cabo Verde, Angola y Mozambique, etc. La lucha del pueblo camboyano se inscribe en esas numerosas luchas que enfrentan a los pueblos oprimidos con el imperialismo.

Comprender la revolución camboyana es imposible sin comprender la época y el contexto en el cual emerge esta revolución. Desde 1930, año de la creación del Partido Comunista Indochino que reunía a los pueblos de lo que entonces se llamaba la «Indochina francesa» (Vietnam, Camboya y Laos), éstos organizan en un primer momento la lucha armada revolucionaria contra el colonialismo francés, seguidamente contra los fascistas japoneses cuando éstos ocupan el lugar de Francia durante la ocupación nazi, y más adelante contra el imperialismo americano que deseaba suceder a los colonialistas franceses en este vasto territorio del sudeste asiático.

Después de la proclamación de la República Democrática de Vietnam en 1945 y de la evolución de la lucha de los tres pueblos de la «Indochina francesa», el Partido Comunista Indochino, tras constatar las particularidades de la lucha en cada país, toma la decisión de disolverse en 1951 y dejar así a cada país que organice la lucha de manera autónoma. En 1953 la independencia de Camboya es reconocida por Francia (Sihanouk la había proclamado en 1945), aunque se trataba de una independencia del tipo de las que serán acordadas por el colonialismo francés en todas sus colonias de África, lo que significó el fin de la administración directa del país por Francia pero en cambio continuaba la dominación económica de los monopolios franceses y la imposición, de hecho, a Camboya de seguir una política conforme a los intereses de esos monopolios. A pesar de todo, esa salida de Camboya del imperio colonial francés va a ser aprovechada por los imperialistas americanos para lograr en el país una posición dominante. Ante esta situación, el Partido Comunista de Kampuchea, fundado el 30 de septiembre de 1960, debía determinar correctamente el carácter semicolonial de la sociedad camboyana:

«Kampuchea en esa época dependía del imperialismo, en particular del imperialismo americano… ¿Este análisis ha podido efectuarse sin lucha? Ciertamente, no. Hemos tenido que luchar dentro de nuestras filas, hemos tenido que luchar en ciertos medios de la sociedad. En aquella época, en el seno de la nación, algunos sostenían que Kampuchea era independiente desde 1949, otros afirmaban que la independencia había sido conquistada en 1954 gracias a los acuerdos de Ginebra. Esas dos opiniones, en definitiva, a pesar de la divergencia en cuanto a la fecha, afirmaban que Kampuchea era independiente. Pero, ¿se podía hablar de independencia dada la verdadera naturaleza de la sociedad de entonces, de la verdadera naturaleza del país? Con toda seguridad, no. Ni la economía ni la cultura eran independientes. Ni incluso la política: algunos sectores eran independientes, pero otros no lo eran. Otro tanto cabía decir de la vida social».

Camboya era en efecto una sociedad semicolonial y semifeudal, y en ese marco es en el que lucharon los comunistas camboyanos. Un país dominado por el imperialismo y sus lacayos; los cuales eran principalmente: la burguesía compradora -patronos de empresas de importación-exportación a cuenta de las compañías extranjeras, y la burguesía burocrática -funcionarios corrompidos, en especial los oficiales del ejército que se enriquecían haciendo negocios con los comerciantes y algunos terratenientes.

En su libro «Phnon Penh libérée», Jérôme y Jocelyne Steinbach describían de esta manera la explotación viciosa que la burguesía compradora hacía sufrir a los campesinos jemeres:

«…esta burguesía compradora acaparaba las riquezas agrícolas bajo la forma de interés usurario: entre dos cosechas, los campesinos que no podían hacer frente a los múltiples gastos familiares, administrativos o religiosos, se dirigían al comerciante del pueblo que les compraba el arroz antes de la cosecha a la mitad de su valor o les prestaba el equivalente de 15 kg de arroz reembolsables… por el precio de 30 kg en el momento de la cosecha.

El dinero que realizaba así -a partir del trabajo de los campesinos- lo depositaba en bancos extranjeros, y compraba propiedades en Francia, oro o joyas. Algunos construían en Phnom Penh chalets que alquilaban a ricos extranjeros, en especial americanos -alquiler que solía pagarse en divisas extranjeras».

Pero para los revolucionarios camboyanos, la lucha de clases en Camboya es un problema complejo y exige adoptar una estrategia y una táctica justas. El príncipe Norodom Sihanouk, campeón del oportunismo y fino estratega político, supo utilizar las reformas pero también las contradicciones entre las diferentes fuerzas extranjeras con influencia en el país para perpetuar su régimen. De una parte, acepta la ayuda económica de EE.UU. y reprime el movimiento revolucionario y, de otra parte, participa en la conferencia de Bandung y reconoce a la China Popular. Además, rechaza integrar a Camboya en la OTASE, la organización militar anticomunista de Asia creada por EE.UU. para hacer la guerra a los revolucionarios de Vietnam y emprende la nacionalización del comercio exterior y del sector bancario. El peligro que representan las maniobras de la CIA para desestabilizar el gobierno de Sihanouk (agresiones armadas por intermediación del ejército tailandés, apoyo financiero a la organización fascista «Jemer Serei») obliga a los revolucionarios a determinar quiénes son los enemigos principales y los secundarios. El PCK va a comprender, por tanto, la necesidad de jugar sobre dos tableros: una lucha legal, sirviéndose de la tribuna parlamentaria para defender los derechos de los obreros y campesinos y apoyar la política de Sihanouk cuando ésta asesta golpes al imperialismo y una lucha clandestina que se apoya sobre varios factores: para eludir la represión de la policía de Lon Nol que persigue a los revolucionarios y en prevención de un golpe de estado de la camarilla Lon Nol-Sirik Matak. El PCK recordará cómo los trágicos acontecimientos de Indonesia en 1965 le convencieron de haber elegido la justa vía al prepararse para la lucha clandestina al mismo tiempo que organizaba la lucha legal, lo que le lleva a introducir entonces medidas de seguridad muy estrictas. El partido emprende a su vez un importante trabajo en el seno de las masas:

«Al caer la noche, entre 5 y 10 hombres, no todos armados, entran en un pueblo donde les esperan habitualmente algunos habitantes de confianza. Las medidas de seguridad son muy discretas y se instalan en la casa como simples visitantes, a veces en la sala de la pagoda, donde tradicionalmente los vecinos se juntan para escuchar a quien viene de lejos. Se charla, se bromea y se ríe, pero sobre todo se ayuda a los campesinos a que expriman sus quejas sobre los funcionarios y los policías, y a que tomen conciencia de las injusticias sociales que padecen. Después, tras haber deslizado algunas sugerencias sobre los medios para protegerse de los agentes del Estado y tras ir a saludar respetuosamente al superior del monasterio budista, el pequeño grupo continúa su ruta. Unas horas antes, el propio grupo ha enviado a un vecino al puesto militar más cercano con la misión de descubrir la presencia de los rebeldes antes de que acusen al pueblo de ser favorable a ellos… La próxima visita de los rebeldes permitirá analizar la corrupción y las infamias de los grandes mandarines y del entorno del jefe de Estado, dejando a los habitantes, algunas octavillas contra el régimen y la camarilla Lon Nol-Sirik Matak. Los «jemeres rojos» se esfuerzan siempre por evitar los enfrentamientos con las tropas gubernamentales, ya que lo que desean ante todo es tratar de hacer un trabajo de masas profundo».

Un trabajo en profundidad que asegurará al PCK la dirección de las luchas del pueblo. Se suceden las manifestaciones en las ciudades de Phnom Penh y Battambang y la organización de las luchas de los campesinos. En un país donde más del 80 % de la población son campesinos, las luchas en el campo eran numerosas. Los campesinos se rebelaban sobre todo contra los terratenientes y los funcionarios corrompidos que les expulsaban de sus tierras para aumentar sus beneficios. Las revueltas campesinas en Samlaut y Stung Kragnoung en 1967 marcan un punto de inflexión. La represión de los hombres de Lon Nol es terrible, las tropas reaccionarias masacran a miles de campesinos. Los diputados comunistas, que hasta ese momento continuaban llevando a cabo un trabajo legal en la Asamblea, son atacados por el régimen que los señala como responsables de la revuelta. Lon Nol demanda el levantamiento de su inmunidad parlamentaria y su comparecencia ante el Tribunal militar. Khieu Samphan y Hou Yuon se ven obligados a ingresar en los maquis revolucionarios para escapar a la represión. Varios de sus partidarios les siguen.

En 1968, el PCK, con un fuerte apoyo campesino, toma la decisión de desencadenar insurrecciones armadas en varias zonas del país siguiendo la estrategia de la guerra popular. Desde entonces, los comunistas desarrollan sus bases de apoyo y amplían sus bases guerrilleras.

Los imperialistas americanos, por su parte, no soportando ya las resistencias de Sihanouk a su política, organizan con la ayuda de sus servidores Lon Nol y el príncipe Sirik Matak un golpe de estado contra el gobierno mientras Sihanouk se encontraba en Francia. Sihanouk es destituido el 18 de marzo de 1970. Este golpe de estado tendrá como consecuencia la liberalización de la economía en beneficio de EE.UU. y la constitución de una base de apoyo más sólida para luchar contra los revolucionarios vietnamitas. Las tropas de Lon Nol apoyan a los marines americanos en su guerra contra Vietnam. En el interior de Camboya llevan a cabo masacres contra las minorías nacionales, en particular contra los vietnamitas, pero esta base de apoyo se demostrará poco sólida. Sihanouk, que había encontrado refugio en la República Popular de China, va a llamar a la resistencia armada contra el traidor Lon Nol, con lo que se amplía la resistencia dirigida por el PCK. El 23 de marzo de 1970 se crea el Frente Unido Nacional de Kampuchea. Sihanouk anuncia que el único gobierno legítimo es el Gobierno Real de Unión Nacional de Kampuchea creado el 5 de mayo de 1970. La resistencia camboyana va a desencadenar una guerra popular de formidable amplitud que ni la intervención de las tropas USA ni las de Saigón puesta a su servicio conseguirán hacerla retroceder. Bombardeos intensivos que alcanzarán sus más altos niveles en 1973, vertidos de productos químicos y de numerosas toneladas de clavos en los arrozales… son algunas de las prácticas genocidas por las cuales el gobierno de EE.UU. tratará de someter a un pueblo de 8 millones de habitantes. Pero los hombres y mujeres de la resistencia del pueblo, entre el fuego de la guerra, organizan cooperativas agrícolas para hacer frente a las necesidades del frente y del pueblo y construyen fábricas de instrumentos de arado y de armamentos según se ampliaban las zonas liberadas. Los obreros más combativos de las luchas populares se unen a los maquis. En el curso del año 1970 la resistencia se impone ya en la mitad del país. En las zonas liberadas, los campesinos celebran sus construcciones hidráulicas y la producción agrícola alcanzada con una canción revolucionaria cuya letra es sublime:

Ya no dependemos del cielo para nuestros cultivos,
Apoyémonos en la fuerza colectiva,
Estación seca o estación de lluvia,
¡Cultivemos el arroz todo el año!
Labremos, pesquemos,
Movamos las piedras pesadas,
Tiremos los árboles que nos molestan,
¡Las tierras vírgenes se convierten en campos fértiles!
Acarreemos sobre nuestra espalda, en la punta de nuestros balancines,
Declaremos la guerra a la naturaleza,
Aniquilemos al imperialismo y sus lacayos,
¡El grano en abundancia, la vida siempre más bella!
El arroz madura en los campos,
Sus ramas ondean al viento,
La revolución ilumina la tierra,
Inmensas extensiones doradas que son nuestra alegría.

La revolución camboyana es así; una lucha de liberación en el curso de la cual las masas comienzan a edificar el nuevo poder revolucionario basado en relaciones de producción socialistas para mejorar sus condiciones de vida. Los comentaristas burgueses, en realidad pseudoexpertos como solo la burguesía puede producir, se divierten difundiendo la calumnia de que los «jemeres rojos» eran malos combatientes que sólo tuvieron que hacer frente a combatientes peores aún que ellos. No nos engañemos, eso no tiene nada que ver con la realidad sino más bien con el odio de los lacayos del imperialismo ante la ineficacia de las potentes armas de sus amos frente al pueblo en lucha, mucho menos equipado pero llevando a cabo una guerra justa. Los periodistas chinos que cubrían el frente de Phnom Penh antes de la toma del poder por los «jemeres rojos» nos han ofrecido, por su parte, un divertido testimonio:

«Lo más interesante es que utilizan carcasas de aviones y de carros de combate para producir cazuelas. Una fábrica de herramientas en el este del país produce así entre 1.500 y 1.800 cazuelas de aluminio al mes, lo que es largamente suficiente para cubrir las necesidades de la población local. El resto es enviado al frente. Al llegar a las regiones liberadas, un amigo camboyano nos dijo: «Ahora, los aviones enemigos ya no dan miedo a la gente. Cuando ven los aviones, dicen que se les envía acero». Cuando los aviones sobrevuelan los campos, los campesinos ríen mientras dicen: «Podéis bombardearnos siempre que queráis. Un día os convertiréis en cazuelas». ¡Comprobad hasta qué punto esas palabras hacen notar la indiferencia y la ironía de un pueblo revolucionario ante los imperialistas que tanto se regocijan de la potencia de sus modernas armas!».

¡Malos combatientes que transforman los aviones en cazuelas! En cuanto a las amenazas de Kissinger de borrar el país del mapa en 72 horas si las fuerzas de liberación no se desarman, ello no demuestra otra cosa que la naturaleza de perrito faldero de este verdugo de los pueblos. Seguros de la victoria del pueblo en armas, el cual lleva a cabo una lucha sin concesiones, las FAPLNK (Fuerzas Armadas Populares de Liberación Nacional de Kampuchea) rodean Phnom Penh, bastión de Lon Nol, que sobrevive únicamente gracias a la ayuda del imperialismo americano. Pero, en el mes de abril de 1975, Lon Nol debe resignarse. Las bendiciones de los monjes, los amuletos mágicos, toda la superstición budista en la que tanto confiaba no impedirán su derrota. Aprenderá de primera mano que el pueblo es el único que hace la historia y no los dioses y los espíritus. EE.UU., por su parte, deja de ayudar a las tropas reaccionarias de la «República Jemer». Acuciados por la suerte que el pueblo les reserva, los traidores van desfilando. El mariscal Lon Nol encontrará refugio en Estados Unidos y el general Sosthène Fernández se verá obligado a pedir asilo político en Francia. El 17 de abril de 1975 los revolucionarios liberan Phnom Penh sin combatir a excepción de unos breves intercambios de disparos.

Para las masas la alegría es grande, lo que constituye un hecho importante de subrayar, a pesar de que quieran prohibirnos hoy decir que Phnom Penh fue «liberado». Por el contrario, entre los representantes del imperialismo que vivían en el interior de la ciudad, es el pánico. En la embajada de Francia, el matrimonio Steinbach es tratado de colaboracionista. Los burgueses franceses de Phnom Penh que ven «el fin de la civilización» en Camboya, califican a los revolucionarios de «nazis». Los revolucionarios, por su parte, darán cuenta de varios traidores como, por ejemplo, de Sirik Matak, ejecutado tras su captura. La victoria del FUNK está asegurada pero las dificultades no han concluido. Por culpa de los bombardeos mortíferos de los americanos, en la ciudad de Phnom Penh se han hacinado millones de refugiados venidos del campo. ¡De 600.000 habitantes antes de 1970, la población ha pasado a 3.000.000 de habitantes! El PCK había previsto mucho antes de la liberación de la ciudad que el aprovisionamiento de la población de Phnom Penh, totalmente dependiente de los lanzamientos de alimentos en paracaídas organizados por EE.UU., supondría un serio problema. Ello le lleva a tomar una decisión histórica, calificada por todas las burguesías del mundo y sus agentes como uno de los peores horrores del siglo pasado: la evacuación total de la ciudad. Sobre este acontecimiento, los reaccionarios al servicio del imperialismo rivalizan en fabulaciones y habladurías: locura de los «jemeres rojos», utopía agraria, barbarie gratuita, etc. Restablezcamos los hechos a la luz del materialismo histórico. Las declaraciones de los principales actores de esta decisión contribuirán a ello:

El 12 de agosto de 1975, Khieu Samphan, entonces viceprimer ministro y comandante en jefe de las FAPLNK, exponía así la situación al representante de la Agencia de Información de Kampuchea:

«Durante más de 5 años, el imperialismo americano y sus criados en el exterior del país, llevaron a cabo una guerra de destrucción sin precedentes, la más bárbara, la más cruel, contra la nación y el pueblo de Kampuchea. Nuestra economía estaba en gran parte destruida, las fábricas, arrozales, campos, vías de comunicación, escuelas, hospitales, viviendas, pagodas de las ciudades y de los campos, fueron en gran parte destruidos.

Nuestros compatriotas fueron apresados por la fuerza por millones y encerrados en campos de concentración en Phnom Penh y en las otras ciudades controladas provisionalmente por el enemigo. Las víctimas no tenían alimentos, el cólera las diezmaba de forma irremediable, las familias eran dolorosamente separadas y esparcidas por todo el país. Inmediatamente después de la liberación, el GRUNK, el FUNK y todo el pueblo y el ejército popular se lanzan con determinación a resolver todos estos problemas, que no eran sino las secuelas de la más salvaje guerra de destrucción y de agresión del imperialismo americano y sus agentes. ¿Cómo resolver estos problemas?

Por una parte, los habitantes del campo habían aceptado todos los sacrificios para vencer en la guerra de agresión y de destrucción de los imperialistas americanos y sus lacayos y sufrieron durante largos años. Por otra parte, los habitantes de las ciudades, por millones, que acababan de ser liberados, sufrían de la hambruna por culpa del enemigo y estaban en un estado lamentable. Este problema era de una gravedad sin precedentes, nosotros debíamos solucionarlo sin perder un instante, ya que era una cuestión vital para nuestra nación y nuestro pueblo».

El 4 de septiembre, el viceprimer ministro del GRUNK, Ieng Sary, vuelve sobre este asunto en una entrevista concedida a Newsweek América Latina sobre las dos motivos principales de la evacuación de Phonm Penh:

«Había dos razones, y la primera de ellas era los víveres. Habíamos estimado que la población de Phnom Penh era de unos 2 millones de habitantes, pero nos habíamos encontrado con casi 3 millones cuando entramos en la ciudad. Hasta ese momento, los americanos habían suministrado cada mes entre 30.000 y 40.000 toneladas de alimentos a Phnom Penh. Nosotros carecíamos de medios para transportar a la capital esa misma cantidad de víveres. Al mismo tiempo, la población tuvo que buscar alimentos allí donde se encontraran, y nosotros debíamos alimentar a esa población preservando nuestra independencia y nuestra dignidad sin demandar ayuda a cualquier país».

La segunda razón:

«Habíamos descubierto un documento del enemigo que revelaba todos los detalles de un plan secreto político-militar de la CIA americana y del régimen de Lon Nol para provocar disturbios tras nuestra victoria. Ese plan comportaba tres puntos:

  1. No seríamos capaces de resolver el problema de la falta de víveres para la población: el enemigo fomentaría incidentes entre la población provocados por sus agentes infiltrados entre la población.

  2. Numerosos soldados de Lon Nol que se habían rendido, escondían en realidad sus armas con las que pretendían atacarnos una vez que hubiéramos tomado Phnom Pehn;

  3. Habían previsto corromper a nuestros combatientes, debilitando su espíritu combativo con mujeres, alcohol y dinero».

Al adoptar la decisión de evacuar Phnom Penh, el PCK tomó una decisión política, quizás la más difícil pero también la más valiente y la más audaz que nunca se haya tomado. La movilización de las masas por la agricultura en las cooperativas agrícolas permitió escapar de la terrible hambruna que el gobierno de EE.UU. había previsto que ocurriría en el país. La evacuación de la población de Phnom Penh permitió al mismo tiempo efectuar una jugada maestra: la de neutralizar ¡en menos de 24 horas! la contrarrevolución organizada en la ciudad. Pero, desprovistos de los medios adecuados, las consecuencias serán trágicas para muchos de los evacuados. La mayor parte de ellos eran pobres, en especial campesinos que habían huido de los campos bombardeados, pero también había mendigos y culíes que, sin embargo, vieron más adelante mejorar su nivel de vida en las cooperativas. Los obreros -y también muchos campesinos que engrosan las filas de la clase obrera- irán regresando progresivamente a la ciudad para reparar y construir nuevas fábricas. Otra parte de la población de Phnom Penh estaba constituida por una minoría ínfima que vivía en el lujo y que debía compartir muy a su pesar el trabajo del pueblo para la reconstrucción del país. Asegurada la victoria militar y resuelto el problema principal que se planteaba en Phnom Penh, la revolución se impone una prioridad esencial: Todo está por reconstruir.

Uno de los países más pobres del planeta, escasamente poblado, en buena parte diezmado por muchos años de guerra, va a lanzarse a una gigantesca batalla productiva de la que nunca se ha subrayado su alcance histórico. La tarea era dura, muy dura. Pero en esta ocasión, el pueblo trabaja para sí mismo, para edificar un país independiente y próspero. Una vez libres de terratenientes explotadores, de usureros culpables de la miseria de los campesinos, y libres de los capitalistas de la ciudad y de la burguesía burocrática y compradora al servicio de las compañías extranjeras, Camboya recupera sus riquezas y decide su propia vía, lo que no dejará de enfurecer a todos los imperialistas que tenían interés en el país, ya que a la victoria de la revolución en Camboya le sigue la liberación de Saigón por las tropas del FNL y la debacle total de los marines americanos. Es el fin de la guerra de Vietnam. La historia ha enseñado una vez más que poco importan los capitales invertidos en la guerra, la tecnología y las armas modernas del imperialismo americano: ¡la guerra del pueblo es invencible! Y la esperanza que las victorias de los pueblos de Asia suscitaron entre los otros pueblos del mundo en lucha fue grande. En las metrópolis imperialistas, a su vez, las fuerzas comunistas y populares celebran la victoria de las guerras revolucionarias del sudeste asiático.

A partir de entonces, la prensa capitalista emprende una campaña de calumnias contra la revolución camboyana. Las acusaciones de «genocidio» aparecen muy pronto. Le Figaro fue uno de los primeros periódicos burgueses en hablar de genocidio. En un estilo racista que no sorprende viniendo de su parte, declaraba el 12 de mayo de 1975:

«Lo que hacen los Jemeres Rojos (que mezclan la barbarie asiática y el fanatismo revolucionario) es un genocidio puro y simple».

Los periodistas rivalizan en mentiras mientras que el ministerio del Interior francés precinta la embajada de Camboya en París y ocupa sus locales. Los comunistas de Camboya no ignoran las calumnias y las acciones dirigidas contra ellos desde el extranjero. Tratarán en la medida de sus posibilidades de mostrar, a través de la prensa, de visitas de invitados extranjeros y de reportajes, las conquistas de la revolución. Como hemos señalado más arriba, la lucha del pueblo camboyano se inscribe dentro de las numerosas luchas que oponen a los pueblos oprimidos con el imperialismo. Sin embargo, la revolución camboyana posee ciertas especificidades. En primer lugar, se trata de una de las raras revoluciones en un país dominado, tras la revolución china, en la que la dirección revolucionaria no llevó a cabo la conquista armada de la independencia con el apoyo de las masas para encaminarse hacia una nueva forma de dependencia de las potencias extranjeras sino que hizo todo lo posible para preservar su independencia y no transformarse en una semicolonia. El caso de las revoluciones cubana y vietnamita, por ejemplo, es significativo. La revolución no se detiene con la toma del poder. Una vez conquistado el poder, las transformaciones económicas y políticas revisten un carácter esencial para construir una verdadera independencia, lo que es imposible sin poner radicalmente en cuestión la división internacional desigual del trabajo. En el caso de Cuba, como en el de Vietnam, los dirigentes revolucionarios sometieron a su país y a su pueblo a esas relaciones desiguales en beneficio de la URSS socialimperialista al integrarse en el COMECON , lo que ha conllevado a consecuencias dramáticas tanto desde el punto de vista de su desarrollo económico como de los dramas políticos que ha supuesto. Sin una dirección firme ideológicamente que aplique los principios de contar con sus propias fuerzas y que comprenda que el socialismo no se puede reducir a la propiedad estatal de los medios de producción, es imposible llevar a cabo de forma correcta la construcción del socialismo. Es por esto mismo que la experiencia de Kampuchea Democrática es importante.

No hay que olvidar que el contexto en el que se desarrolla la construcción del socialismo en Camboya es inédito. En efecto, mientras que los otros estados socialistas habían podido contar con la ayuda económica internacionalista de la URSS de Stalin, Camboya tuvo que hacer su revolución en unas condiciones totalmente diferentes. La URSS, tras la toma del poder por los revisionistas jrushchovistas, se transformó en «socialimperialismo». La República Popular de China, que hasta ese momento representaba la única ayuda consecuente a los revolucionarios camboyanos, cayó en 1976 en poder de la camarilla revisionista dirigida por Deng Xiaoping, con lo que la cooperación económica que continuará existiendo con el régimen de Deng no será una garantía sólida en vista de las nuevas orientaciones de los revisionistas chinos. Contar con sus propias fuerzas va a ser un principio vital para el PCK que de todas maneras no va a mendigar ayuda nunca. Llevando a cabo la tarea que se había propuesto de desarrollarse en esas determinadas condiciones, el PCK traza el rumbo de su línea económica en los siguientes grandes rasgos:

«En la obra de edificación nacional, nos apoyamos sobre las realidades de nuestro país, un país agrícola atrasado y destruido por la guerra de agresión y devastación… Tomamos la agricultura como el factor fundamental y nos servimos del capital acumulado por la agricultura para edificar progresivamente la industria y transformar en un corto periodo de tiempo a Kampuchea, que tiene una agricultura atrasada, en un país moderno, en un país industrial, aferrándonos firmemente a la línea de independencia y de soberanía y de contar con nuestras propias fuerzas».

«En el ámbito de la agricultura concedemos la prioridad a la solución del problema del agua, que es el factor clave para obtener el máximo de producción de arroz, nuestro cultivo alimentario de base».

No solo se lleva a cabo la colectivización de la agricultura sino que también se emprende la construcción de nuevas fábricas para el trabajo de los metales y el desarrollo de la construcción naval. Así pues, la economía se reorganiza y, a pesar de las evidentes dificultades, se va a producir un auge económico. Un documento escrito por una investigadora ilustra bien este hecho y, aunque adolece de ciertos prejuicios burgueses, tiene el mérito de exponer bastante honestamente las realizaciones y los logros del PCK en materia económica:

«Dos factores van a contribuir al crecimiento del sector industrial. Por una parte, el principio de autosuficiencia según el cual el país debe producir, en la medida de lo posible, lo que es necesario para su supervivencia. Este principio será profusamente seguido y los dirigentes camboyanos no recurrirán a la ayuda extranjera (chinos, coreanos, yugoslavos, rumanos) con la excepción del suministro de máquinas y la formación técnica de los obreros. No se trataba para los camboyanos de importar productos acabados, era necesario fabricarlos ellos mismos. Y, por otra parte, la extensión gigantesca de la agricultura y, sobre todo, las construcciones hidráulicas, hacían necesario la obtención de las correspondientes herramientas: picos, palas, motobombas, arados, máquinas trilladoras de arroz, tractores…

Phnom Penh va a especializarse en la construcción de máquinas agrícolas, en la fabricación de piezas de repuesto y en el montaje de maquinaria pesada (tractores)»

Pero la edificación económica se hace un contexto de amenazas permanentes. En efecto, Vietnam atraviesa por dificultades pero no afronta esos problemas por la misma vía que los camboyanos: por la movilización de las masas para la reconstrucción del país. Va a escoger otra vía, consecuencia de la traición política de sus dirigentes. Vietnam, tras haberse resistido durante un tiempo, se adhiere al COMECOM. Y éste tiene proyectos para Camboya. Los soviéticos llegan en esa época a un acuerdo con la camarilla de los traidores vietnamitas para someter a Kampuchea Democrática a una especialización del trabajo que Kampuchea rechaza. En su marco económico, Camboya deberá limitarse al monocultivo de arroz. Es el mismo procedimiento con el que la URSS ha sometido a la economía cubana con el azúcar. Los dirigentes vietnamitas están de acuerdo con esto. Con una población de 50 millones de habitantes a alimentar y teniendo en cuenta las monumentales destrucciones causadas por la guerra imperialista, los vietnamitas emprenden la tarea de someter a sus vecinos, en otro tiempo hermanos de lucha . La ocupación y rapiña de Laos y sus 2 millones de habitantes y la de Camboya y sus 8 millones de habitantes y sus tierras abundantes son los objetivos que se han fijado. Ya en 1977 se frustra una tentativa de golpe de estado fomentada por agentes vietnamitas con el objeto de derrocar al gobierno de Kampuchea Democrática. Desde entonces, las investigaciones para encontrar a los traidores que actúan enmascarados bajo las órdenes del Partido del Trabajo de Vietnam se intensifican. Y con ellas, la represión. Algunos conspiradores logran escapar. Entre ellos, Hun Sen, actual presidente de Camboya, que volverá en 1979 gracias a los tanques vietnamitas. En diciembre de 1977, una primera agresión armada es efectuada por el ejército vietnamita; más adelante, en abril de 1978, tiene lugar una segunda agresión, pero ambas son rechazadas por las fuerzas armadas de Kampuchea. En septiembre de 1978, una delegación del PCMLF (Partido Comunista Marxista-Leninista de Francia) visita Kampuchea Democrática. En su despedida, el secretario general del PCK se referirá al futuro del conflicto en estos términos:

«Camaradas franceses, vosotros regresáis a vuestro país. En poco tiempo conoceréis la noticia de que Vietnam, apoyado por el socialimperialismo soviético, habrá lanzado un nuevo ataque de gran envergadura contra Kampuchea y tratará de invadir el país.

Llegado ese momento, existirán dos opciones: o bien nuestras fuerzas se desmoronarán, y eso demostrará que el pueblo no estaba satisfecho con nuestra política; o bien nuestras fuerzas resistirán victoriosamente y rechazarán a los agresores vietnamitas, lo que probará que nuestro pueblo está satisfecho con nuestra política y, en consecuencia, la apoyará».

Unos meses más tarde, Vietnam lanza una gran ofensiva sobre Camboya. Una potente ofensiva en la que 100.000 hombres entran en el país apoyados por material soviético y consiguen derrocar al gobierno de Kampuchea Democrática. Los vietnamitas serán los primeros, junto con los soviéticos, en fomentar una poderosa máquina de propaganda contra el gobierno de Kampuchea Democrática con el fin de imponer uno nuevo bajo sus botas. Los apilamientos de cráneos, de los cuales toda la propaganda reaccionaria se sirve aún hoy para mostrar la barbarie de los «jemeres rojos» será una de sus puestas en escena. Los camboyanos deben a partir de entonces reorganizar la lucha a través de la guerra de guerrillas contra un partido y un pueblo en apariencia «hermano». Estamos por tanto ante un acontecimiento trágico que va a empañar los sacrificios de la lucha de los pueblos asiáticos por su liberación. Más aún teniendo en cuenta que el ejército invasor está dirigido por el general Vo Nguyen Giap, héroe de Dien Bien Phu. Esta traición al internacionalismo proletario por parte de la República «socialista» de Vietnam supuso una dura lección y una amarga decepción para el movimiento comunista internacional. Además, tuvo lugar en un momento en el que la economía y las condiciones de los trabajadores comenzaban a mejorar, fruto de tres años de un muy duro trabajo. Las consecuencias de la adhesión de Vietnam al COMECON ilustran claramente la política imperialista de los revisionistas soviéticos. Durante la invasión, las cosechas son saqueadas y las máquinas industriales son desmontadas y llevadas a Vietnam. Millares de campesinos vietnamitas son llevados a ocupar las tierras de Camboya. Vietnam crea e impone un partido «comunista» y un nuevo gobierno a su servicio con la ayuda de traidores camboyanos y jemeres khroms (minoría camboyana de Vietnam). Una práctica de colonización, en definitiva, tendente a entregar Camboya a los jemeres minoritarios, lo que demuestra bien a las claras la forma de actuar de los revisionistas vietnamitas y su traición a un pueblo hermano. Para los revolucionarios camboyanos, a pesar de una fuerte resistencia, es la debacle. Esta nueva situación conlleva un cambio radical de estrategia. Para hacer frente a esta agresión se hace necesario entonces la organización de «un amplio frente nacional de todas las fuerzas patrióticas y democráticas tanto en el interior como en el exterior del país» contra el invasor. Se elabora un programa político para la constitución de un «Frente de Gran Unidad Nacional Patriótica y Democrática de Kampuchea». La orientación democrático burguesa del programa del Frente y las alianzas de clase que se producen en la lucha de Resistencia son la prueba de que la sociedad camboyana no había alcanzado la «gran concordia» como se suponía ingenuamente en la constitución de 1976.

La guerra jemer-vietnamita va a implicar a otros actores extranjeros con sus propios intereses. EE.UU., deseoso de no dejar que la influencia de la URSS se extienda en Asia, va a apoyar al gobierno de Kampuchea Democrática contra Vietnam, al igual que la China de Deng Xiaoping, en este caso también a causa de sus conflictos con la URSS. Lo que es importante subrayar es que las misiones de la ONU en Camboya (MIPRENUC Y APRONUC) no consiguen imponer el desarme de los resistentes «jemeres rojos» ni su estrategia de acuerdos de paz con la vista puesta en la celebración de elecciones «democráticas». Y eso a pesar de los compromisos que trataron de imponer a los dirigentes chinos. La ocupación vietnamita se retirará del país en 1991 y la ONU pondrá fin a su misión en 1993, después de haber dejado el triste recuerdo de numerosos casos de violaciones de niños cometidas por los soldados de la APRONUC. La misión de la ONU fue un fiasco total. Los «jemeres rojos» continuaron siendo una fuerza de guerrilla importante hasta 1998, fecha de la implosión del movimiento. En 1996, Ieng Sary toma la vía de la traición llevándose con él a 4.000 combatientes. El movimiento se encontrará debilitado con una última bolsa de resistencia en Anlong Veng. La traición de Ta Mok, organizando una parodia de tribunal popular contra el antiguo dirigente Pol Pot y otros cuadros, significará la caída definitiva de los «jemeres rojos». Los últimos «jemeres rojos» que juzgaron a Pol Pot como «traidor» serán los mismos que liquidarán el movimiento armado, lo que comportará el abandono de las riquezas de Camboya y de su fuerza de trabajo en beneficio de los imperialistas. La historia ha dictaminado quiénes eran los traidores.

II. LA VENGANZA DE LOS IMPERIALISTAS

El imperialismo es misericordioso. No tiene problema alguno en rendir homenajes a Mandela por haber tendido los brazos a los opresores de su pueblo y unirse a su causa. Pero como el dios de la Biblia, su misericordia sólo es equiparable a su venganza contra los insumisos. Los condena a cadena perpetua en su vida material y emprende la tarea de ensuciar su memoria y su lucha en las cabezas del pueblo por los siglos de los siglos, cuando no los asesina como en el caso de Ernesto Guevara, Amilcar Cabral, Um Nyobé, Thomas Sankara, Edith Lagos y tantos otros dignos hijos e hijas del pueblo.

Conviene en este punto volver a la reciente condena a perpetuidad de los últimos dirigentes todavía vivos de Kampuchea Democrática pronunciada por el tribunal imperialista que lleva el nombre de «Cámaras extraordinarias en el seno de los Tribunales Camboyanos» (CETC). No es un secreto que ese tribunal ha sido instaurado gracias al dinero de los imperialistas, entre los que se encuentran los explotadores de Camboya: EE.UU. y Francia. También participaron otros países que ayudaron con equipamiento y formación militar al régimen de Lon Nol, como Japón y Australia:

«El pago de los salarios del personal nacional depende íntegramente (subrayado por nosotros) de las contribuciones voluntarias de los países amigos de las CETC. Los principales países donantes según su composición nacional son Japón, la Unión Europea, Australia, Alemania y el Reino Unido».

Se comprenderá fácilmente que este tribunal no es el de la «Justicia» con una gran «J» como nos lo quieren presentar, sino el de la venganza organizada de los saqueadores imperialistas en una gran campaña de criminalización del Comunismo y de sumisión de Kampuchea. El abogado de Nuon Chea, Victor Koppe, tuvo la valentía de poner en cuestión la legitimidad del tribunal, manifestando que éste tenía como objeto en realidad llevar a cabo «una ofensiva generalizada contra el comunismo como tal». En efecto, ¿no reprochó el tribunal a Nuon Chea, el cual aún se considera marxista-leninista, de haber leído a Stalin y a Mao? Dejando de lado las maniobras deshonestas del tribunal, como el hecho de que la mayoría de los testigos fueron de la acusación -35 testigos por los co-fiscales, contra 4 para la defensa (!)- y que ni Norodom Sihanouk ni seis altos funcionarios del partido en el poder no respondieron a la convocatoria de los jueces, lo esencial está en la sentencia pronunciada por el tribunal. El 7 de agosto de 2014, Nuon Chea y Khieu Samphan fueron condenados a cadena perpetua. ¿Su delito? «Crimen contra la humanidad», ¡por supuesto! He aquí según las palabras del tribunal, lo que constituye un crimen contra la humanidad:

«…Nuon Chea y Khieu Samphan, junto con los otros miembros del Comité Permanente y del Comité Central y los ministros del gobierno y los secretarios de Zona, participaron en una empresa criminal común. Este grupo de personas tenía como proyecto común realizar una revolución socialista rápida, por todos los medios, a favor de un «gran salto adelante». La Cámara está convencida de que ese proyecto común fue puesto en práctica con la ayuda, entre otros medios, de políticas que tenían por objeto trasladar por la fuerza a los habitantes de las ciudades y proceder a desplazamientos forzados de poblaciones entre las distintas zonas rurales. En consecuencia, en abril de 1975, durante la primera fase de desplazamientos de la población, los soldados jemeres rojos procedieron a llevar a cabo la evacuación forzosa de Phnom Penh y a desplazar al menos a dos millones de personas bajo pretextos falaces y amenazas, a menudo bajo la presión de las armas, prácticamente sin avisar, y en una situación dominada por el terror y los actos de violencia. Una vez expulsada, la población de Phnom Penh padeció un asedio prolongado caracterizado por las penurias alimentarias, de tal manera que resultó gravemente debilitada. Es en tal estado de debilitamiento que la población fue obligada a marchar hacia las zonas rurales durante el mes más cálido del año, prácticamente sin alimentos, sin agua ni cuidados médicos, ni alojamiento o medios de transporte. Toda la población de Phnom Penh sin excepción fue evacuada, incluidos los monjes, los ancianos y los niños, los enfermos y los heridos que se encontraban en los hospitales, las mujeres embarazadas y las que acababan de dar a luz. Hay numerosos casos en los que los soldados jemeres rojos fusilaron y mataron a civiles durante la evacuación y numerosas personas murieron de agotamiento, de malnutrición o de enfermedad».

«La Cámara de primera instancia está igualmente convencida de que Nuon Chea y Khieu Samphan pusieron en obra el proyecto común recurriendo a una política consistente en llevar a cabo medidas específicas contra los antiguos soldados y funcionarios de la República Jemer. Esta política tuvo en especial por resultado la ejecución de Tuol Po Chrey inmediatamente después del 17 de abril de 1975, y de al menos 250 soldados y funcionarios de la República Jemer que habían sido llevados de Pursat».

Se observa claramente que en ninguna parte del informe del tribunal se menciona la palabra «genocidio», lo que -estamos seguros- no impedirá a los medios burgueses y a los intelectuales reaccionarios propagar esa palabra cada vez que se refieran a Pol Pot y a Kampuchea Democrática (el término tiene como objetivo asustar a la opinión pública). Así, lo que ha sido considerado como «crimen contra la humanidad» es principalmente:

  1. La evacuación de la población de Phnom Penh..

  2. La ejecución de antiguos soldados y funcionarios del dictador Lon Nol.

Hemos visto más arriba por qué los dirigentes del PCK habían tomado la decisión de la evacuación de Phnom Penh. Pero los acusadores hacen como que desconocen las circunstancias de esta decisión. No se atrevieron a dar su opinión sobre lo que había que haber hecho. Así pues, el propio documento de la sentencia estipula:

«Una vez expulsada, la población de Phnom Penh padeció un asedio prolongado caracterizado por las penurias alimentarias, de tal manera que resultó gravemente debilitada».

Pero por supuesto el tribunal hace como que no sabe que los evacuados fueron llevados a las cooperativas precisamente para solucionar el problema alimentario, y que, por tanto, no se les desplazó gratuitamente con el objetivo de hacerlos morir. Y de esta situación que atravesaba Phnom Penh, el tribunal pretendía responsabilizar a los «jemeres rojos» y no a los culpables de esa situación; es decir, a los imperialistas americanos y sus terribles bombardeos. Y además hay que tener en cuenta la situación en la que se encontraban todos los países dominados, en su gran mayoría países agrícolas que podían autoalimentarse pero que estaban sujetos -en razón de la división del trabajo impuesta por las grandes compañías extranjeras- a tener que exportar sus cultivos alimentarios en beneficio de los países imperialistas y a estar obligados a importar los alimentos de esos mismos países. Pero ni mucho menos era la intención de los acusadores -asalariados del imperialismo- la de poner en cuestión una situación catastrófica creada por el sistema económico de sus amos. Y sin hablar del negacionismo repugnante en lo que concierne a la intensidad de los bombardeos norteamericanos y sus consecuencias sobre la economía del país y el peligro que representaban para el futuro del pueblo de Kampuchea. En aquellas condiciones, no evacuar la ciudad habría significado la muerte para todos sus habitantes. Si no hay nadie o demasiados pocos brazos para cultivar la tierra en un país arrasado por la guerra y cuya economía está esencialmente dominada por la agricultura, es evidente que la hambruna habría golpeado fuerte y que una masa considerable de personas acabarían muriendo. ¡Quién no reconoce esta verdad tan simple es, o bien un hipócrita o bien un cretino!

Lo que realmente quieren decir los miserables que se horrorizan por la evacuación de la ciudad es que las fuerzas de la Resistencia no deberían haber ganado la guerra, y que Phnom Penh debería haber quedado bajo control de los norteamericanos y sus lacayos de la camarilla Lon Nol- Sirik Matak. Lo que ellos atacan realmente es el cambio de clase en el poder en la sociedad que se produjo tras la caída de Phnom Penh.

En cuanto a la acusación hecha contra los dirigentes camboyanos de haber matado -en tiempo de guerra- a sus enemigos más peligrosos, es muy ridícula y no sirve, ni más ni menos, que para atacar a la revolución como tal. Se percibe en este caso la influencia de la diáspora camboyana en el extranjero, entre la que se incluyen los antiguos funcionarios y partidarios del régimen del golpe de estado de Lon Nol-Sirik Matak, los cuales encontraron refugio en EEUU y en Francia, países protectores tanto de Lon Nol, fallecido bajo el sol de Miami, como de Sosthène Fernández, quien tras llevar una vida confortable en «el país de los derechos del Hombre», retornó a Camboya donde florecieron sus buenos negocios tras la liberalización de la economía.

Evidentemente, es fácil tener razón cuando se monopoliza la palabra, la información, etc. «La mentira viaja con los gastos pagados por el gobierno», decía Robespierre. Ante los apabullantes medios de propaganda del imperialismo es difícil restablecer la verdad histórica sobre Kampuchea Democrática. De esta forma, la historia de Camboya no comienza el 17 de abril de 1975, contrariamente a las elucubraciones sobre «el año cero» del sacerdote Ponchaud y del diario France Soir. Sin embargo, podemos compartir aquí unas declaraciones de Nuon Chea durante su proceso. Que el lector no se enfade por su extensión. Son palabras demasiado justas como para ser silenciadas. En cambio, en lo que respecta a las otras versiones, aún no hemos acabado de escucharlas.

«…me gustaría responder a las alegaciones de los fiscales en las que afirman que el PCK empleó la violencia revolucionaria incluso antes de 1975. Esas afirmaciones muestran que ellos abordan los acontecimientos de Camboya desde un solo punto de vista. Pretenden no saber nada, no haber visto nada y no haber escuchado ningún otro punto de vista. En la jerga jurídica eso se llama «la justicia de los vencedores». Os recuerdo que antes de decidirse a emprender la lucha armada para la liberación del país, numerosos miembros del PCK así como civiles fueron ejecutados, detenidos, torturados y desaparecidos clandestinamente todos los días. Todos los camboyanos recuerdan todavía esos sucesos. Este tipo de violencia existió bajo todos los regímenes que gobernaron Camboya, y las víctimas eran campesinos y todos ellos inocentes. Para comenzar, tomemos el caso del colonialismo francés. Francia colonizó Camboya durante cerca de un siglo. Este régimen recurría siempre a la violencia por medio de detenciones, ejecuciones de campesinos desarmados… en el pueblo de Krang Leav, en la provincia de Kampong Chnang, esos campesinos no tenían los medios para pagar los impuestos y se manifestaron para exigir justicia. Pero, finalmente, los campesinos fueron los perdedores y el nombre de su pueblo fue cambiado por los franceses para pasar a llamarse «Pueblo de la bestialidad», o «Phum Tearunakamm» en lengua jemer. ¿Acaso no es eso violencia?

En Sangkum Reastr Niyum, los bulldozers demolieron las casas y los arrozales que pertenecían a los campesinos de Andaeuk Haeb, en Samlaut, en la provincia de Battambang. Se apoderaron de las tierras de la gente que habitaba allí desde hacía varias generaciones. Cuando protestaron con el fin de proteger sus bienes, los soldados dispararon sobre esas gentes que estaban desarmadas sin preocuparse de saber si eran hombres, mujeres, jóvenes o ancianos. Y, lo que es aún peor, las autoridades trataron de matar a más personas que habían cogido miedo y habían huido al bosque. Después, las autoridades acusaron a los propietarios de esas tierras de ser jemeres rojos. ¿No es sino en casos como éste donde se encuentran los orígenes de la violencia y del sufrimiento de la población?

Bajo el régimen de Lon Nol, apoyado por Estados Unidos, los soldados violaban a las mujeres, robaban los bienes del pueblo y mataban en todas partes adónde iban. Decapitaban a las gentes y clavaban sus cabezas sobre estacas, simplemente porque sospechaban que la población se oponía al régimen o porque estaban implicados en la revolución de los jemeres rojos. Los soldados de Lon Nol violaban sistemáticamente a las mujeres, saqueaban sus pertenencias y expulsaban por la fuerza a la gente de sus hogares.

Las minorías vietnamitas fueron masacradas por toda Camboya. Los Estados Unidos arrojaron toneladas de bombas sobre los pueblos, las casas, los arrozales y las pagodas. Decenas de miles de personas, civiles entre ellos, niños, ancianos y mujeres embarazadas y personas discapacitadas fueron asesinadas. ¿No es acaso esto un crimen contra la humanidad o un genocidio?

En 1979, Vietnam invadió y ocupó Camboya. En los años siguientes trasladaron la artillería para bombardear los campos de refugiados situados a lo largo de la frontera entre Camboya y Tailandia. Las viviendas fueron quemadas, las propiedades destruidas, numerosas personas perdieron la vida, entre ellas niños, mujeres, personas mayores y discapacitados.» (…)

«Si se afirma que el PCK recurrió a la violencia antes de 1975, ¿por qué los co-fiscales no presentan la realidad concerniente a los acontecimientos que se produjeron en el otro lado, cometidos contra el pueblo camboyano? Quiero constatar que los co-fiscales han insistido en recalcar las ejecuciones durante la guerra y han tratado de establecer una relación con las ejecuciones que se produjeron inmediatamente después del fin de la guerra. Obrando de esta manera, tratan de demostrar a la cámara que el PCK tenía un plan sistemático. Pero es injusto establecer esta relación. Si matar durante una guerra constituye un plan sistemático, ¿por qué entonces la parte contraria en esa guerra no es perseguida por los co-fiscales?

El PCK tenía un plan para hacer la guerra con el fin de liberar al país de la destrucción. La estrategia en el combate era la de vencer al enemigo, lo que en sí mismo no es un acto ilegal. En numerosos países del mundo, las personas luchan contra su gobierno en nombre de la causa en la que creen, y exigen cambios y, en especial, el derecho a decidir su propio destino y el de sus países.

Por citar algunos ejemplos, Sri Lanka, Siria, Libia, Vietnam e Iraq. Todos esos países han conocido una guerra civil y, durante esas guerras, las diversas facciones elaboraron planes para destruir al enemigo.

Si la Cámara estima que la planificación de una guerra constituye una intención criminal, como afirman los co-fiscales, entonces hay que perseguir a los dirigentes de esos países, y a los gobiernos… y a los jefes de la oposición, y sobre todo, a Estados Unidos, Vietnam y los dirigentes camboyanos actuales. No basta con perseguir únicamente al cuerpo del cocodrilo y permitir a la cabeza y a la cola escapar a la ley».

«Los co-fiscales pretenden que el PCK cercó Phnom Penh y que ello provocó penurias alimentarias. La acusación señala igualmente que fue inhumano bombardear las bases militares de Lon Nol establecidas en la ciudad. Sin embargo, la acusación no dice que los soldados de Lon Nol estaban equipados con artillería suministrada por Estados Unidos y que éstos arrojaron millones de municiones, así como más de 500.000 toneladas de bombas que devastaron el país, destruyeron casas, bienes, animales, granjas… y mataron a decenas de miles de personas (…) ¿No es esto un crimen o un acto inhumano?

Los americanos lanzaron sobre Camboya tres veces más bombas que sobre Japón durante la segunda guerra mundial. Para el PCK, los habitantes de las ciudades no eran enemigos, contrariamente a lo que adelanta la acusación. Los habitantes de Phnom Penh eran principalmente obreros, campesinos, pequeño-burgueses e intelectuales, de los cuales el PCK tenía de necesidad de contar con sus fuerzas para construir la revolución».

«Me gustaría igualmente responder a las alegaciones de la acusación en relación sobre que el régimen de Kampuchea Democrática habría sido un Estado esclavista. Eso no es verdad. Mis compatriotas saben que el PCK no luchó por liberar el país con el objetivo de sojuzgar a la población, como manifiesta la acusación. Muy al contrario, el PCK liberó al pueblo, el cual estaba siendo sojuzgado. Debemos todos comprender bien que antes de la liberación del 17 de abril de 1975 la mayoría de los campesinos eran pobres: no podían satisfacer sus necesidades básicas cotidianas, estaban enfrentados a grandes dificultades, no había servicios públicos ni protección social para los pobres, la corrupción era omnipresente, la corrupción y la injusticia estaban profundamente enraizadas en las altas jerarquías camboyanas… Así, la gente fue volviéndose cada vez más pobre. Los pobres debían pedir dinero prestado a los ricos para poder cubrir sus necesidades básicas, acudir al médico y pagar sus impuestos. Los ricos, por su parte, se aprovechaban de esta situación y acosaban a los pobres, exigiéndoles un interés a su discreción y practicando tipos usurarios. Los intereses mensuales podían alcanzar no menos del 50 por ciento del capital prestado. Teniendo en cuenta este tipo de interés excesivo, la gente no tenía los medios necesarios para devolver sus deudas. De esta forma, los acreedores confiscaban su granja, su arroz y su casa, y cuando la gente ya no tenía ni granja, ni arroz, ni casa, se veían obligados a trabajar como esclavos para poder devolver una deuda de la que no podrían nunca hacer frente. Muy a menudo, se veían obligados a vender a sus hijos para que trabajaran como esclavos para otras personas a cambio de alimentos. Este tipo de explotación y la miseria de la población era uno de los numerosos problemas que el PCK estaba determinado a resolver al liberar al país y a su pueblo de la esclavitud, de la explotación de los seres humanos y de la invasión de su territorio por parte de otros países. Y, para ello, había que construir un país donde cada uno viviera en igualdad, beneficiándose de la independencia, de la autonomía; un país que decidiera por sí mismo su destino (…) el PCK no concibió nunca una política cualquiera o un plan destinado a reducir a la población al esclavismo, a privarles de alimentos, a forzarles a trabajar o a matarlos. Al contrario, a mediados de 1976, el Comité Permanente preparó y adoptó un plan para cuatro años para la construcción del socialismo en todos los dominios».

Nuon Chea, y Pol Pot antes que él, no negaron nunca que haya habido errores y crímenes, pero los resitúan en su contexto: mentiras de ciertos cuadros locales sobre las condiciones de trabajo en las cooperativas, venganzas personales contra los habitantes de las ciudades por parte de campesinos que habían sufrido durante la guerra, la inexperiencia y las presiones ejercidas por los complots vietnamitas, etc. Es evidente asimismo que los cuadros del PCK tienen grandes responsabilidades. Por ejemplo, debilidad en la aplicación del centralismo democrático, un punto de vista metafísico de la lucha de clases bajo el socialismo, etc. Pero las condiciones históricas objetivas no deber ser olvidadas. «Los revolucionarios son los herederos de situaciones envenenadas», como decía muy justamente Catherine Quiminal. Hay que tener en cuenta que Kampuchea Democrática no ha tenido más que tres años y ocho meses para reconstruirse y desarrollarse, y tanto el aislamiento de la revolución camboyana como el grado de destrucción sufrido durante la guerra, además de la traición de Vietnam, no ha sido escogido por los revolucionarios de Camboya, sino que han tenido que hacer frente a ello. Era eso o no continuar con la revolución.

Y entonces los monopolios imperialistas imponen a Camboya la división internacional desigual del trabajo que las masas obreras pagan con sus vidas. El canalla del fiscal Andrew Cayley tuvo la vergüenza de declarar: «Los acusados que están ante vosotros son ladrones del tiempo y vulgares asesinos de una generación entera de camboyanos. Han robado decenios de desarrollo y de prosperidad a ese país». Se quería hacer creer a las masas que no es el imperialismo el responsable de la miseria pasada y presente de Camboya, que no es el que «roba decenios de desarrollo y de prosperidad a ese país». Evidentemente Kampuchea Democrática no ha llevado a cabo la reconstrucción del país con la ayuda de las instituciones financieras internacionales que entregan las riquezas del pueblo en las manos de los monopolios imperialistas. Evidentemente cuando ni la tierra ni las fábricas pertenecen a los imperialistas y a sus marionetas locales, cuando los explotadores no pueden sobreexplotar la fuerza de trabajo de los pueblos dominados, consideran a la producción agrícola de Kampuchea Democrática como un «sometimiento a la esclavitud».

¡Mentiras y calumnias enormes se han arrojado contra esta revolución! Y no hace falta ser comunista para reconocerlo. El intelectual norteamericano Noam Chomsky, al que no se le puede acusar de simpatía por el Comunismo, declaraba sin embargo con honestidad lo siguiente a propósito del término «el genocidio de los Jemeres rojos»:

«Hay que ser un poco prudente a propósito de este asunto de «genocidio» (…). No es evidente que Pol Pot haya matado a tantísima gente, o incluso simplemente a más gente que la que Estados Unidos mató en Camboya en la primera mitad de los años 70. Nosotros no hablamos de «genocidio» más que cuando son los otros los que masacran [Estados Unidos bombardeó e invadió Camboya a partir de 1969, y apoyó a las fuerzas de las derechas anti-parlamentarias durante una guerra civil que duró hasta 1975; Pol Pot gobernó el país entre 1975 y 1978]. Hay, por tanto, mucha indeterminación en cuanto a la importancia exacta de la masacre perpetrada por Pol Pot, pero el mejor estudio que existe hoy estima las muertes en Camboya, entre todas las causas posibles, durante el periodo de Pol Pot, en una cifra de varios centenares de miles, hasta un máximo de un millón. Así pues, echad simplemente un vistazo a la masacre que tuvo lugar entre 1970 y 1975, el periodo en el cual nosotros somos los responsables, en este caso los muertos fueron también centenares de miles.

Además, si realmente se quiere tomar esta historia en serio -digamos que un millón de personas murieron durante los años de Pol Pot, por tomar la cifra superior-, es preciso recordar que cuando Estados Unidos puso fin a sus ataques en el interior de Camboya en 1975, oficiales americanos predijeron que en la posguerra alrededor de un millón de camboyanos más morirían a causa de los efectos de la guerra americana. En la época en la que Estados Unidos se retiró de Camboya, solamente en Phnom Penh -olvidando el resto del país- la gente moría de hambre a un ritmo de 100.000 personas al año. La última misión de la USAID [la agencia de cooperación y desarrollo americana] en Camboya pronosticó que harían falta dos años de un trabajo de esclavos y de la hambruna antes de que el país pueda a penas comenzar a volver a funcionar. Así pues, no es tan sencillo calcular el número de muertes que deben atribuirse a Estados Unidos durante el periodo de Pol Pot, si bien es claramente una cifra grande: cuando se aniquila el sistema agrícola de un país y se desplaza a un millón de personas de sus casas hacia las ciudades en las que se convierten en refugiados, por supuesto que mucha gente va a morir, y la responsabilidad de su muerte no es del régimen que tomó el relevo sino de los que trazaron el camino».

«En conclusión, si somos honestos a propósito del término «genocidio», distinguiremos de entre las muertes en la era Pol Pot una parte principal que son de nuestra responsabilidad, de la responsabilidad de Estados Unidos».

Esto está muy claro. Pero los imperialistas han inventado muchas otras calumnias y han propagado muchas otras tonterías, como es el caso de la mentira estúpida de que los «jemeres rojos» reprimían a todos los que llevaban gafas (¡). He aquí una mentira al más puro estilo Goebbels: cuanto más grande, más gente la creerá. «Miente, miente, miente, que algo quedará», como pregonaba el propagandista nazi. Así, Kampuchea Democrática no habría supuesto otra cosa que el «caos», la «nada» y el «oscurantismo»; ¿el caos? ¿la nada? ¿Cómo se puede calificar así a la lucha productiva por la reconstrucción de un país arrasado por la guerra? ¿Y las construcciones hidráulicas y las obras realizadas por el pueblo que permitieron proporcionar dos cosechas por año (lo nunca visto en ese país hasta entonces)? ¿Y la reconstrucción de carreteras y puentes y la aparición de las primeras infraestructuras para la industria pesada? Se trata de un insulto contra el pueblo y su historia. ¿Oscurantismo? Podrían testimoniar de ello las heroicas partisanas de Kampuchea Democrática. El papel que jugaron en la revolución fue inmenso, tanto en la lucha armada como en la producción, en un país en el que las mujeres no tenían ningún derecho. Hoy, han sido desarmadas para así más fácilmente integrarlas en la economía del turismo sexual que los capitalistas llaman «sector del divertimiento». Y, prueba de que el feudalismo y el oscurantismo sobreviven gracias al imperialismo, es que hasta se venden incluso las jóvenes vírgenes. A las mujeres obreras se las asesina en respuesta a sus huelgas en la industria textil. ¡¡Y aún pretenden equiparar a los «jemeres rojos» con los mercenarios del Estado Islámico!! Es necesario recordar que la prostitución había sido erradicada en Kampuchea Democrática, y eso con el fin de que cada mujer pudiera encontrar los medios necesarios para vivir teniendo de esa manera un papel a jugar en la tarea común de edificación del socialismo. Los charlatanes intelectuales describen la prostitución como un mal inevitable de todas las sociedades humanas bajo el pretexto de que se trata de «la profesión más antigua del mundo». La historia muestra que solo la Dictadura del proletariado logra barrer la prostitución, y lo hace atacando las raíces sociales de la explotación sexual y a las mafias, ¡y eso desde la Comuna de París! Pero, evidentemente, para muchos burgueses occidentales es mejor ir de vacaciones a la Camboya de las prostitutas que a la Camboya de las partisanas. Una mujer con un fusil y un trabajo es menos fácil de prostituir…

Se dice que los «jemeres rojos» eran racistas. Es ciertamente fácil acusar de racismo a un pueblo agredido por fuerzas armadas extranjeras. Nosotros prescindiremos por tanto de refutar la acusación de racismo antivietnamita, más aún habida cuenta de que podríamos acusar de racismo por eso mismo a los corsos, a los kanaks e incluso a los comorianos hacia los franceses, por ejemplo. Ni tampoco acusaríamos de racismo de los franceses contra aquellos a los que, en los años 40, se llamaba «boches». La acusación de racismo hacia los vietnamitas y los chinos de Camboya soslaya categóricamente el hecho de que, en un país dado, las diferentes nacionalidades pueden revestir un carácter de clase. El desarrollo histórico de Camboya ha dado lugar a que fueron numerosos -por no decir la casi totalidad- los comerciantes compradores que eran de origen chino, o chino-jemer, y es desde ese hecho objetivo en el que hay que situar la represión de los «jemeres rojos» contra los chinos de Camboya.

Y, por supuesto, hay otro hecho que exaspera a los intelectuales burgueses: la abolición de la moneda. Los filisteos educados en prejuicios burgueses conciben la moneda como algo indispensable para la humanidad, pero la moneda no aparece en la naturaleza del mismo modo que los árboles y los pájaros, sino que tiene una historia social que se inscribe en las relaciones de producción de explotación entre los humanos. Introducida por el colonialismo para, entre otros motivos, hacer pagar los impuestos a los campesinos, la moneda ha jugado en todos los países colonizados un papel destructor. Así pues, es normal que la prensa capitalista haga mucho ruido en torno a esta cuestión. En la sociedad capitalista en que todo se compra y todo se vende, la moneda es el Dios supremo. Sin ella, el ser humano estaría separado de toda relación social. Incluso nuestros adolescentes, bajo la influencia de la ideología dominante, no dejan de alabar sus virtudes. No acabaremos nunca de escuchar decir la mucha falta que hace y lo mucho que se desea. Sin embargo, la moneda no existe en las sociedades en las que subsisten formaciones económicas precapitalistas, como fue el caso de Camboya. Sobre la cuestión de la moneda y los salarios, Pol Pot respondió así a los camaradas franceses que visitaron Camboya en 1978:

«En lo que concierne al papel de la moneda, el sistema de salarios y el comercio, quería decir lo siguiente: en 1970-1971, nosotros habíamos liberado ya entre el 75 y el 80 % de nuestro país. En ese momento, teníamos el poder político y el poder militar, pero no teníamos el poder económico, ya que la economía estaba en manos de los terratenientes y los capitalistas. A su vez, estos últimos acaparaban toda la producción porque tenían el dinero (…)

En cuanto a nosotros, no teníamos nada. La población padecía muchas dificultades en el plano alimentario, al igual que nuestro ejército. Esas dificultades repercutían negativamente en la guerra de Liberación Nacional. Así, tras haber estudiado bien esta situación, decidimos crear cooperativas con el fin de controlar la economía y la producción agrícola en el campo y ocuparnos de la gestión, distribución, aprovisionamiento y de los intercambios entre las cooperativas, por una parte, y entre las cooperativas y el Estado, por otra parte. Es así como pudimos controlar la producción agrícola y resolver los problemas de las condiciones de vida del pueblo. El pueblo estaba entusiasmado con esta situación y enviaba a sus hijos al ejército para combatir al enemigo. Cuando las cooperativas comenzaron a colaborar y a desarrollar entre ellas intercambios de productos, el papel de la moneda fue progresivamente disminuyendo. En 1974, la moneda disminuyó en un 80 %. Antes de la liberación, sólo el Estado [se refiere al gobierno revolucionario] utilizaba la moneda, y la utilizaba para comprar diversos productos en la zona que no estaba aún liberada para cubrir las necesidades de la zona liberada que se situaba bajo su control. Después de estas experiencias, nosotros consultamos al pueblo y éste estimó que el dinero no tenía ninguna utilidad porque las cooperativas podían efectuar los intercambios entre ellas sin necesidad de recurrir al dinero. Así, en ese momento, en la zona liberada que se extendía sobre más del 90 % del país con cerca de 6 millones de habitantes, habíamos resuelto ya ese problema. Cuando los habitantes de las ciudades fueron transferidos al campo, las cooperativas se hicieron cargo de ellos en su totalidad. En definitiva, esta experiencia nos condujo a no hacer uso de la moneda hasta el momento. ¿Qué ocurrirá en el futuro? Eso depende del pueblo. Si el pueblo estima que hay que utilizar la moneda de nuevo, nosotros la utilizaremos, pero si cree que eso no es necesario, se decidirá en consecuencia (…)

En relación al sistema de salarios, también las prácticas adquiridas en el pasado en el movimiento revolucionario, sobre todo durante la guerra de Liberación nacional, que determinaron que, tanto los cuadros como el ejército, no tenían salario. Los habitantes tampoco tenían salario. Antes de la Liberación, en la zona liberada, los cuadros, el ejército, la población… es decir, cerca de 6 millones de personas, se habituaron a vivir sin salario. Nosotros habíamos destacado que anteriormente la mayor parte de nuestro pueblo no tenía salario, a excepción de los funcionarios. Así, con esas prácticas adquiridas, la población de las ciudades se incorporó a las cooperativas. Los cuadros civiles y militares, los combatientes hombres y mujeres del ejército y los obreros continuaron con este régimen de abastecimiento en vigor durante la guerra. Nosotros estimamos que esto evita que no recaiga una pesada carga sobre las espaldas del pueblo y permite reservar dinero principalmente para la defensa y la edificación nacionales. ¿Qué pasará en el futuro en relación a esta cuestión? Eso dependerá de la situación concreta y del pueblo.”

No hemos dicho que Camboya habría podido realizar su proyecto de desarrollo siguiendo esta vía si no se hubiera producido la agresión soviético-vietnamita. El economista Samir Amin había hecho en 1977 una crítica positiva de la orientación económica seguida por el PCK en la construcción del socialismo, analizando que bien podía aplicarse a otros países de características similares (especialmente en África). Sin olvidar que la construcción del socialismo se determina ante todo por su orientación política -es la política la que guía a la economía-, la experiencia de Kampuchea Democrática, estudiada de manera crítica, podría servir a las luchas futuras del proletariado y de los pueblos de los países subdesarrollados. (32)

Si los imperialistas y la reacción en el poder en Camboya quieren ensuciar las realizaciones de Kampuchea Democrática se debe a que, por una parte, el proceso contra los «jemeres rojos» proporciona una ocasión importante para hacer propaganda anticomunista ante todo el mundo, y, de otra parte, a que en Camboya se desarrolla una intensa lucha de clases, hasta el punto de que Hun Sen tuvo que recurrir el año pasado al estado de emergencia frente a las huelgas obreras. ¿Qué harán los campesinos expulsados de sus tierras y las obreras del textil duramente explotadas y reprimidas si vuelven a tomar la herencia revolucionaria en sus manos? ¿El análisis marxista de la sociedad efectuado por los proletarios de Camboya seguirá haciendo comprender al pueblo camboyano dónde se sitúa la verdadera independencia en un país desgarrado entre el imperialismo USA y el imperialismo chino? ¿Dónde está la verdadera independencia cuando una filial de EDF (francesa) gestiona la electricidad en Phnom Penh? ¿O dónde está cuando la australiana Toll controla los ferrocarriles y la agricultura? Durante el periodo de Kampuchea Democrática, ¿no eran acaso sus hijos los que se ocupaban de las instalaciones eléctricas? Hoy, nuestros imperialistas nos dirán sin duda que se ocupan ellos porque ellos tienen el «savoir faire ». Los camboyanos han debido olvidar cómo funciona la electricidad…

El tribunal imperialista no sólo ha condenado a los antiguos resistentes «jemeres rojos» sino que ha anunciado igualmente proyectos cuyo objetivo es la confiscación de la memoria del pueblo de Camboya con el fin de dirigirlo hacia la vía de la sumisión: la instauración de una jornada nacional oficial de conmemoración y la edificación en Phnom Penh de un monumento conmemorativo en homenaje a las víctimas de la evacuaciones forzosas así como un ridículo «centro de aprendizaje de la paz» (o cómo enseñar la «paz» al pueblo para mantener el monopolio de la violencia). Esperemos que el pueblo camboyano, heredero de una larga tradición de lucha contra el colonialismo desde el siglo XIX, no permitirá que le dicten durante mucho tiempo su historia y su futuro los explotadores de su tierra y de sus hijos. Por lo que respecta a los comunistas internacionalistas, deben celebrar el día 17 de abril como el día de la victoria de un pueblo heroico sobre el imperialismo.

Abel Kelen, 17 de abril de 2015.

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